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Entrevistas en que no se hacen preguntas

Mientras espero, ansioso, el borrador de Proyecto de Ley de referéndum de Nicola Sturgeon y lo que pueda decir el Gobierno del Reino Unido, he tenido el placer de leer en Elmon.cat una de esas entrevistas de los medios subvencionados en que a los líderes separatistas, en este caso Artur Mas, no se le formula una sola pregunta incisiva. Ni siquiera se le pide una explicación razonada por el nuevo formato (referéndum) de la secesión, que recupera el antiguo formato (referéndum), olvidando el verdadero formato (el full de ruta del 27-S, ese que ha ido al vertedero de los recuerdos olvidados).

Veamos los apartados concretos de la entrevista y las respuestas:

«Hi ha el risc que el referèndum es converteixi en un nou 9-N? No, perquè per tornar a fer un 9-N no es farà cap referèndum. Si es vol fer un referèndum és per resoldre les dues qüestions que no van quedar resoltes amb la consulta: una pregunta binària i vinculació jurídica. Si no es compleixen aquestes dues condicions no seria un referèndum, i no tindria cap sentit tornar a repetir el 9-N.» (¿Existe el riesgo de que el referéndum se convierta en un nuevo 9-N? No, porque para volver a hacer un 9-N no se hará ningún referéndum. Si se quiere hace un referéndum es para resolver las dos cuestiones que no quedaron resueltas con la consulta: una pregunta binaria y vinculación jurídica. Si no se cumplen estas dos condiciones no sería un referéndum, y no tendría ningún sentido volver a repetir el 9-N)

TRADUCCIÓN REAL DE LA RESPUESTA (que no literal): El 9-N fue una pantomima. Si, por una de aquellas casualidades, hubieran podido presentar un resultado arrollador y homologable, hubieran dicho que era la mejor consulta de la historia. De hecho, Artur Mas dijo un día que el 9-N había puesto al Estado contra las cuerdas. Pero las dos cosas a la vez no puede ser: o es una pantomima, o pone al Estado contra las cuerdas.

«Per tant, vostè està d’acord amb l’expressió “referèndum o referèndum”. Sí. Però jo estic d’acord en què hi ha d’haver una pantalla democràtica on es compti si els independentistes superen el 50% dels vots o no. Fins que això no passi sempre tenim la sensació que som molts, que estem gairebé a prop del 50%, que tenim majoria absoluta al Parlament, però no hem pogut acreditar que hem passat del 50% dels vots d’una manera clara. Això vol dir una pantalla democràtica, i només n’hi ha dues de possibles: o un referèndum o unes eleccions. El semireferèndum està fet: el 9-N del 2014. Les eleccions estan fetes: plebiscit del 2015. En el full de ruta hi ha previstes unes noves eleccions, constituents. Si al mig s’hi vol posar una pantalla democràtica, com és el referèndum, que ens permeti comptar-nos i acreditar que som més del 50% em sembla bé.» (Por lo tanto, usted está de acuerdo con la expresión referéndum o referéndum. Sí. Pero yo estoy de acuerdo en que debe haber una pantalla democrática donde se cuente si los independentistas superan el 50% de los votos o no. Hasta que esto no ocurra siempre tenemos la sensación de que somos muchos, que estamos casi cerca del 50%, que tenemos mayoría absoluta en el Parlamento, pero no hemos podido acreditar que hemos pasado del 50% de los votos de una manera clara. Esto significa una pantalla democrática, y sólo hay dos posibles: o un referéndum o unas elecciones. El semireferèndum está hecho: el 9-N de 2014. Las elecciones están hechas: plebiscito de 2015. En la hoja de ruta hay previstas unas nuevas elecciones, constituyentes. Si en medio se quiere poner una pantalla democrática, como es el referéndum, que nos permita contar con nosotros y acreditar que somos más del 50% me parece bien.)

Siguiente pregunta a semejante respuesta: «Potser es busca més una reacció que efectivament fer el referèndum?» (¿Quizás se busca más una reacción que efectivamente hacer el referéndum?)

TRADUCCIÓN REAL DE TODO LO ANTERIOR: Hicimos la consulta del 9-N y no nos acercamos al 50% del censo. En las elecciones del 27-S, que dijimos plebiscitarias, no logramos el 50% de los votos emitidos y no te digo ya del censo electoral. Así que vamos a intentarlo otra vez, que tanto va el cántaro a la fuente que al final quizás lo conseguimos por las malas. Y si no lo logramos, diremos que es culpa de Madrit. ¡Ah, por cierto! Os habréis fijado en que Mas dice que se han acercado al 50% (de los votos emitidos, no del censo electoral), que están casi cerca del 50%… Lo lógico (si hay algo lógico) sería que «aceptara» el «resultado» y reconociera que no existe apoyo suficiente para la secesión, ¿no? Ese es su «juego democrático«…

Traducciones aparte, echaréis en falta, como yo, que alguien le pregunte (y eso que la entrevista la hacen entre dos) por el abandono del full de ruta original: ¿qué pasa con la proclamación de la independencia? ¿por qué ya no sirve el formato previsto en 2015?

¿Un periodista como Salvador Cot es incapaz de realizar ese par de preguntas? No lo creo. Quién sabe si Cot temía, al realizar ese tipo de pregunta, comprometer de forma grave el objetivo secesionista, de igual modo que Basté en su día no inquirió a Puigdemont sobre el mismo asunto. Entrevistas sin preguntas, una nueva modalidad.

En la entrevista sí que se pregunta lo siguiente: «El full de ruta del procés contempla unes eleccions constituents. El president Puigdemont ha de ser candidat?» (La hoja de ruta del proceso contempla unas elecciones constituyentes. ¿El presidente Puigdemont ha de ser candidato?). Sin embargo, ya no estamos ante la hoja de ruta original, sino ante una hoja de ruta de la que se ha caído una explícita proclamación de la independencia (esto el separatismo no lo explica abiertamente, pero es el concepto inherente a la llamada Ley de Transitoriedad Jurídica) y las elecciones «constituyentes» que la seguían.

¿Qué clase de entrevistas hace el periodismo nacionalista, que no pide explicaciones por los cambios en el supuesto ‘mandato democrático’ del 27-S? ¿Tan difícil resulta preguntar las razones por las que se apartan de la hoja parroquial de ruta?

¡Ah, claro, cómo no me había dado cuenta! El periodismo nacionalista es más de titulares como el siguiente: «Caldrà que la mobilització sigui persistent i no d’unes hores, haurem d’aguantar un pols» (Será necesario que la movilización sea persistente y no de unas horas, tendremos que aguantar el pulso). Aguantar el pulso. Siempre me chirría el uso de esta clase de términos para alguien de la dignidad que corresponde a un expresidente de la Generalitat de Catalunya.

La alergia a la concreción (y el colosal engaño)

Una de las bases de mi crítica habitual al supuesto referéndum que dice proponer el secesionismo ha sido siempre su ausencia de concreción. Todo eso que ahora Puigdemont dice que está dispuesto a pactar, como el quorum necesario o el tiempo que tardarían en volver a repetir el referéndum. Del apoyo parlamentario necesario para la celebración no dice nada, porque eso ya se da por supuesto: el que le parece oportuno al secesionismo.

En definitiva, lo que tenían que haber planteado y argumentado hace cuatro años, lo empiezan a plantear ahora, con timidez, sin concretar nada de lo que dicen estar dispuestos a pactar. Ello demuestra la pobreza argumental que ha acompañado todos estos años al derecho a decidir y todos los artefactos creados para engañar a quien ha querido creer: ¿más de cuatro años después todavía no son capaces de ofrecerme ipso facto las bases de su referéndum de secesión?

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El peligro de confundirse con el consumo propio

El esperado anuncio de un referéndum para el año que viene no me ha generado emoción alguna: por una parte, era un secreto a voces a falta de la concreción final; por otra, se trata de otra de las muchas vueltas atrás del secesionismo, incapaz de sostener su propia Hoja Parroquial, digo, folio de ruta. No merece la pena recordar que el voto de su vida no era tan decisivo como tantos quisieron creer, o que el mismísimo Artur Mas escribía en Libération que las elecciones del pasado mes de septiembre de 2015 se transformaban en ««référendum» sur l’indépendance«. Es todo consumo propio.

Ahora bien, no hay que confundirse con el consumo propio. De fondo, algo en bruma, aparece la Ley de Transitoriedad Jurídica, que ya han mencionado muchos políticos (Rovira o Junqueras) y periodistas de la cuerda secesionista. Sin ir más lejos, Antoni Bassas: «I culminar-ho vol dir que d’aquí nou mesos s’hagi aprovat la llei de transitorietat jurídica per passar de la legalitat espanyola a la catalana, i amb aquesta legalitat, convocar el referèndum«.

Pocas veces se escucha (sí que lo dijo Marta Rovira), pero eso de «pasar de la legalidad española a la catalana», representa un golpe de Estado a la vez que una declaración (o proclamación, como más guste, que a efectos prácticos tiene poca diferencia) de independencia. Lo escribí cuando comenté hace meses la Hoja de Ruta: cualquier referéndum de ‘validación’ de la Constitución era posterior a la proclamación de la independencia.

Lo mismo se explica en esta noticia de hoy 28 de septiembre en el ARA: «Una de les vies estudiades -que no està tancada-és que la norma estigui composta per una declaració de sobirania, la regulació de la convocatòria del referèndum i el règim de transitorietat per no fer salts al buit (les normes espanyoles que se seguiran aplicant l’endemà de la independència)«.

Paradójicamente, quien no lo ha explicado exactamente de esta manera ha sido Puigdemont, quien ha dicho que a finales de julio de 2017 el Parlament aprobará las leyes necesarias para que Cataluña funcione como un Estado independiente y convocará a los ciudadanos a las urnas para que permitan, con su voto, la proclamación de la independencia. Si no es mediante «legalidad catalana», o sea, declaración de independencia, ¿cómo piensa convocar ‘legalmente’ el referéndum? Hasta para explicar esto el secesionismo es poco claro, la eterna cuestión que nunca se han atrevido a verbalizar de modo directo.

Conclusión. El referéndum en sí mismo es consumo interno, maniobra de distracción. Mucho más peligrosos e inquietantes, en todos los términos, son los preparativos que lo acompañan. Como para tomárselo a broma y confundirse con un referéndum para consumo propio.

Las dieciocho veces que han solicitado un referéndum de secesión

El otro día polemizaba sobre las quincediecisiete o dieciocho veces que el separatismo dice (enlace a vídeo de Marta Rovira) que ha solicitado un referéndum de secesión, afirmación que se ha asumido como uno de los latiguillos con que se suelen redondear los argumentos. Por supuesto, mi escepticismo se pone en alerta: ¿tan poca atención le he prestado al separatismo que sólo recuerdo una petición por el cauce formal adecuado, la planteada en abril de 2014 ante el Congreso de los Diputados?

Llama la atención que nadie haya desglosado de forma clara y detallada esas dieciocho veces. Si se lleva la cuenta, ¿cómo es que no he encontrado una lista?

Hallé una entrevista a Joan Tardà, donde manifestó que los catalanes [lo de «los catalanes» lo dice Elmón, no yo] han intentado acordar un referéndum: «…fins a divuit vegades, una de les quals de forma solemne portant a les Corts del Regne d’Espanya una iniciativa del Parlament de Catalunya que tenia el suport del 80% de la cambra». (…hasta dieciocho veces, una de las cuales de forma solemne llevando a las Cortes del Reino de España una iniciativa que tenía el apoyo del 80% de la cámara).

Ajá, o sea que se ha pedido dieciocho veces y sólo una de manera solemne o formalmente adecuada. Una forma de contar hasta dieciocho bastante particular.

En línea parecida, Xavier Eritja (ERC): «des de Catalunya ja s’ha demanat divuit vegades al llarg de la història i mai se’ns ha fet cas” (desde Cataluña ya se ha pedido dieciocho veces a lo largo de la historia y nunca se nos ha hecho caso).

Entonces, ¿qué pasa con las otras diecisiete? ¿Eran peticiones serias, o eran simbólicas, o ni siquiera contenían una petición? Veamos qué he encontrado. La lista no llega hasta dieciocho «peticiones». Tampoco pretendo reconstruir completa la lista, porque si el separatismo no la desglosa, ¿cómo lo voy a hacer yo? Lo que sí veremos es que entre lo que dicen y la realidad parece mediar una cierta distancia.

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Un referéndum vinculante, ¿a quién vincula?

El soporífero asunto del BUI (Butifarréndum Unilateral de Independencia) está consumiendo buena parte de las energías del procesismo, a la vez que manifiesta sus numerosas contradicciones.

Tenemos a Jordi Sànchez de gira por los medios de comunicación explicando las supuestas virtudes del BUI. Como ya sabe el lector habitual de Cita Falsa, la defensa del BUI por parte de Sànchez no aguanta la primera página de resultados de Google. Si recordamos lo que decía el separatismo y el mismo Sànchez hace un año, estábamos en unas plebiscitarias: «Hem entrat en una lògica plebiscitària, ahir ho va reconèixer Mariano Rajoy. El que estarem votant és una llista favorable al sí o una llista favorable al no.». Y como el resultado de su autoplebiscito no les fue favorable, la solución es inventar el BUI.

Mi mayor crítica al separatismo no es que cambie de opinión, sino en la velocidad con la que lo hace y cómo se contradice de un año para otro, hasta olvidarse de sus propias reglas. La deshonestidad de la estrategia seguida es impresionante. Y luego dicen que esto va de abajo a arriba. En fin, sigamos con Sànchez.

Entre las inconsistencias de Sànchez de un día para otro, me llama poderosamente la atención que, a finales de 2016, el separatismo sea totalmente incapaz de articular un discurso coherente con el referéndum. Probablemente sea a causa de la aplicación de uno de los principios fundamentales del separatismo: «lo tenemos todo previsto, pero no vamos a enseñar las cartas»  (en esta entrevista en Gara, de julio del año pasado, Sànchez, fiel a los principios del movimiento, dijo: «Hay todo un trabajo y una estrategia encima de la mesa, está perfilada, pero no es necesario explicar todos los detalles«).

Algo que repite Sànchez en sus entrevistas es que el referéndum sea vinculante. Huelga decir que afirmar que un referéndum es vinculante no le da esa cualidad, como han llegado a reconocer algunos ilustres defensores de la secesión, así que la cuestión de esta entrada es el alcance que tendría esa vinculación en caso de que el hipotético referéndum se llevase a cabo.

Es decir: ¿a qué vincularía el referéndum separatista? (Nota: al contrario de la cortísima memoria del separatismo, yo sí recuerdo haber escrito algo sobre irreversibilidad de la secesión y otras minucias de un referéndum).

Si ganase la opción favorable a la secesión, parece que, según Sànchez, el resultado vincularía de tal modo que la secesión sería obligatoria. Y, como bien sabemos, la secesión es irreversible.

Si ganase la opción contraria a la secesión, ¿a qué se vincula Sànchez? Si la vinculación es a que Cataluña continúe integrada en España, no está mal pero es insuficiente. Insuficiente porque es la situación actual. Haría falta algún incentivo, ¿no? Yo qué sé: vinculación para que que nunca más se pueda celebrar otro referéndum. Venga, para que no se diga que exagero: como mínimo, no se podrá votar otra vez hasta que fallezca el último de los votantes en el referéndum de secesión. Eso es vinculación. Ahora, si la vinculación es la misma que la generada por su autoplebiscito (poco más de tres meses), casi mejor lo dejamos para otra era.

Conclusión. En primera instancia, la palabrería del separatismo hasta resulta efectista. ¡Un referéndum vinculante! ¡Decisivo! Es aplicarle un mínimo juicio crítico -y recordar alguna entrevista en que se dijo lo contrario a lo que ahora se defiende- y el efecto se desvanece.

No me extrañaría nada que el próximo 11-S, en alguna de las manifestaciones, se diga que el BUI es de verdad, como en este vídeo, que los más jóvenes quizás no acabaréis de situar (lo siento; por cierto, los vídeos dan pereza de ver, pero sólo son unos segundos y seguro que estaréis de acuerdo con su contenido)…

La coherencia de la CUP

Si existe un grupo en Cataluña al que nadie gana a coherentes, es la CUP. Sus métodos radicalmente democráticos aseguran siempre que, sea cual sea la decisión, a coherentes no les gana nadie. Lo malo es que esos métodos no se los aplican cuando no les interesa. O sea, que de coherentes, nada. Tan demagogos como los políticos clásicos. Diría que más demagogos, incluso, ya que al político clásico la demagogia se le supone, mientras que los de la CUP presumen de ausencia de demagogia.

Y es que está muy bien eso de pedir un referéndum que, al margen de cien mil otras cuestiones, polarizaría todavía más el ambiente y, a la vez, renunciar al método asambleario ¡¡¡para evitar polarizaciones y enfrentamientos!!!

Diversos medios publicaban una información de Europa Press (enlace a Vilaweb), que recogía unas declaraciones de Benet Salellas en que sobresalía lo siguiente:

«El que sí que ha descartat és que la decisió que prengui la CUP sobre la qüestió de confiança es prengui en la seva assemblea: ‘Posem molt en valor el mètode assembleari i continua sent vàlid i útil, però no tenim cap tipus de ganes de repetir situacions de polarització de l’organització i d’enfrontament del 50-50«

Traducción literal jurada: No se someterá la cuestión de confianza a asamblea, no vaya a ser que gane el voto en contra de Puigdemont.

Coherentes 100%.

La mediocridad del secesionismo

Quién iba a decir que, en julio de 2016, esto del separatismo generaría bostezos y aburrimiento, incluso al mismísimo secesionismo. Explicadme, si no, cómo es posible que el «Manifest per un referèndum sobre la independència de Catalunya» apenas haya tenido repercusión en los medios de la caverna catalana: apenas un recuadro en Vilaweb, perdido en Nació Digital, ni siquiera se dignan a mencionarlo en el ARA…

Perdidos en el debate sobre «cómo hacer» la independencia, cada vez que generan una nueva idea, tengo la sensación de que se produce un doble efecto:

  1. Entre quienes apoyan la secesión, detecto reacciones entre el fastidio («una altra ximpleria més«) y la indiferencia («buffff…»).
  2. Entre quienes no apoyan la secesión, genera un Zzzz…Zzzzz…Zzzz…

Ya sabéis que como estoy en el grupo 2, de un tiempo a esta parte he renunciado a grandilocuentes análisis de la nada. Porque, con todos los respetos para los firmantes y adherentes al Manifiesto, sus supuestas nobles intenciones se sustentan en la nada. Es la mediocridad del que ha «perdido» con sus propias reglas y se niega a aceptarlo.

Y vuelvo a lo de siempre. Es suficiente con la siguiente frase: «Considerem que la via de les eleccions plebiscitàries s’ha mostrat poc clara, poc útil i amb diversos problemes per substituir el referèndum d’Autodeterminació«.

Mirad, es cierto que algunos de los firmantes en más de una ocasión pusieron en duda que las elecciones del 27S fueran verdaderamente unas plebiscitarias (p.ej. Elisenda Paluzié y hasta Toni Soler), pero ¿creéis que si JxSí+CUP hubieran sumado un 50,01% de los votos existiría este Manifiesto por el referéndum? Lo escribí hace unos días y lo vuelvo a repetir: a saber si se habrían atrevido a jugar a declarar la independencia. Pero como ni siquiera sumaron ese 50,01% -y no vale, no vale- pues a volver a la ficha del referéndum.

Lo que digo: un aburrimiento total. Al paso que voy, hasta tendré que escribir un artículo sobre castellano y catalán…

El referéndum del referéndum

El título de esta entrada no es mío. Lo vi en Twitter -referido a la consulta interna de la ANC- y acierta por completo: necesitan un referéndum para determinar si el referéndum (unilateral) debe ser o no una herramienta para no se sabe qué exactamente.

Al hilo de esta cuestión, algunos medios separatistas siguen intentando que la gente crea en la supuesta madre de todos los referéndums, con argumentos que, aparte de contradecirse con sus anteriores (nada nuevo), están sacados a toda prisa y sin apenas reflexión (tampoco es nuevo). Veamos algunos artículos o entrevistas que han caído en mi pantalla estos días, con un carácter mucho menos exhaustivo que en otras ocasiones, porque como dije hace unos días el tema no es serio:

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Más sobre el RUI: Hèctor López Bofill

Esta es otra entrada que iría acoplada a los comentarios y que genera una breve mención para seguir el hilo de esa cosa tan divertida, y aburrida a la vez, llamada RUI. Hace un rato he seguido un par de minutos la tertulia del 324 y creo que volvían a hablar, en este caso, del referéndum «a secas», de Podemos, En Comú y lo malos que son porque ya no es una línea roja. Es patético ver o escuchar a los de la pantalla pasada, hemos ganado, ya no volveremos más a presentarnos a unas elecciones arrastrándose por el referéndum ¡echándole las culpas a los demás! Repito una y mil veces: los de la pseudoDUI – pseudoinsurrección del 9 de noviembre de 2015 se cargaron cualquier posibilidad (pequeña) ese día. Es su problema.

Volvamos al RUI. Hay variedad de artículos, declaraciones (¡ya se hizo! ¡el 9 de noviembre de 2014!) o entrevistas. Merece la pena leer la que aparece en Vilaweb a Hèctor López Bofill, quien normalmente es muy radical en sus planteamientos y hasta salidos de madre, a la vez combinados con un conocimiento del Derecho muy cercano a la realidad. Ello tiene como efecto algunos (resalto que algunos) comentarios extraordinariamente lúcidos (otros son la misma melodía de siempre) y que me ahorran el trabajo de una entrada:

«PREGUNTA: Els defensors del RUI diuen que serviria per a internacionalitzar l’accés a la independència en termes polítics. No hi esteu d’acord?
HLB—El RUI seria un referèndum de fireta. Tindria una participació baixa perquè l’unionisme no entraria al joc. Ja va passar el 9 de novembre de 2014. I això et deixa sense legitimitat des de la perspectiva democràtica. A més, no crec que la legitimitat democràtica d’un referèndum sigui determinant per a la comunitat internacional, tenint en compte les circumstàncies polítiques. Tot i que som a Occident en un context de democràcies liberals, els exemples que tenim de referèndums unilaterals d’independència són a les repúbliques ex-soviètiques i ex-iugoslaves. I es van fer enmig de la descomposició dels estats respectius. I aleshores les potències mundials estaven interessades que es fessin referèndums d’independència per visualitzar les majories secessionistes.«

PREGUNTA—No són situacions comparables…
HLB—Aquest no és el nostre context. Aquests casos no són comparables en cap sentit amb el nostre.(…)»

Comentario: Ya era hora de que alguien desde la perspectiva secesionista dijera que los referéndums de Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Eslovenia o Croacia (hay que tener valor especialmente para fijarse en estos dos últimos casos y citarlos como si nada) y sus circunstancias no tienen nada que ver con el caso que nos ocupa.

«PREGUNTA—I si s’aconseguís la participació d’organismes internacionals en el referèndum, com diuen els qui ho defensen?
HLB—Ho veieu? Això és un exemple clar del pensament màgic. Com també ho és pensar que hi haurà res diferent del 9-N que farà que els unionistes aniran a votar. Quina condició hi haurà ara que no hi hagués aleshores? Això és esperar un miracle. L’unionisme hi participarà per inspiració divina? La comunitat s’hi implicarà perquè ho diem nosaltres? Això és una confiança absoluta en el pensament màgic. La comunitat internacional tan sols s’hi implica quan ja s’ha produït la ruptura. I aleshores hi intervé per pacificar la situació i per minimitzar el conflicte quan la situació ja s’ha deteriorat molt. Creure que hi haurà una intervenció d’organismes o institucions internacionals és pur pensament màgic.«

Comentario: López Bofill tampoco cree que la Comunidad del Anillo internacional vaya a intervenir. Pensamiento mágico. Ya tengo nuevo nombre para el RUI: A kind of magic.

Más allá de la anterior entrevista y recordando otras entradas, lanzo una pregunta. ¿Alguien sabe algo de aquel miembro de la Comisión de Venecia que entre el 7 y el 10 de junio iba a visitar Cataluña, interesándose por el borrador de Constitución (ese que ya ha quedado en el olvido), según Jordi Domingo? Pregunto porque estos días apenas sigo la actualidad digital del secesionismo.

La hemeroteca y el referéndum

Ahora que tenemos a la caverna subvencionada y demás tentáculos del secesionismo intentando inocular la idea de un referéndum unilateral que no se creen ni ellos, me ha parecido oportuno recordar la comparecencia de Josep Rull y Marta Rovira el mes de octubre pasado, en la que anunciaron que CDC y ERC se presentarían por separado a las elecciones del 20 de diciembre.

Según recogía La Vanguardia, en el transcurso de la misma:

«El día 27 de septiembre hubo un referéndum en el que ganó el sí, por tanto ahora toca defender en todos los ámbitos posibles esta voluntad», ha subrayado Rull, al tiempo que ha explicado que «no tendría ninguna lógica volver a hacer el referéndum que ya hemos hecho y que ya hemos ganado«

Por su parte, en Nació Digital:

La número dos d’ERC ha assegurat que “els plebiscits no tenen segona volta. Ara no tenia sentit que repetíssim la mateixa fórmula del 27-S”

O mentían o no sé qué ha pasado. Maldita hemeroteca.