Descomposición moral

Un (des)gobierno en contra de la propia Policía a la que dirige. Una buena parte del conjunto de la sociedad -para más señas, la de tendencia independentista- que «clama» por una reforma del modelo de orden público, cuando, aparte de dirigir ese mismo cuerpo de Policía, han dispuesto y dispondrán de largos años para «revisar» ese modelo.

Pura demagogia, cinismo y descomposición moral de una parte de la sociedad que solo entiende el respeto a las instituciones, incluidas las mismas que gobiernan, si estas instituciones se pliegan a sus deseos. Porque, a ver, si desde el mismo (des)Govern se apuesta por reforzar el modelo de «policía democrática», ¿significa que esa policía sobre la que mandan no lo es? ¿Y lo han tolerado y consentido? ¿A sabiendas o por pura negligencia?

Por supuesto, aquí no hay debate serio ni real sobre el modo de actuar de los antidisturbios. El debate serio y real para los Mossos -aunque esto parece que lo aprendieron a partir de octubre de 2017- es que sus mandos políticos distan mucho del ideal democrático y abogan por el ideal arbitrario.

Descomposición moral que a nadie le pasa por alto. Ni siquiera al ARA: «…el Govern ha d’estar al costat de la seva policia i no posar-la constantment sota sospita. Sobretot si, com és el cas, es fa més per raons electoralistes que per convicció…» .

Poco más hay que decir.

Dejar la democracia sin efecto

Al principio de la pandemia, cualquiera andaba preocupado sobre si el estado de alarma permitía o no tal o cual cosa. Si se trataba de restricciones o limitaciones a la libertad e, incluso, si se estaba produciendo una suspensión de derechos fundamentales y, de hecho, un estado de excepción encubierto. Con razón o sin razón, con argumentos jurídicos o no, lo cierto es que era legítimo y sano planteárselo, ya que estábamos encerrados en casa.

Ha pasado el tiempo. Inicialmente, la autoridad de turno (en lo que atañe a este blog, la Generalidad de Cataluña) se atrevía a imponer restricciones concretas, con resultado desigual en cuanto a la autorización judicial. Hasta que, al final, a fuerza de la repetición de restricciones, se ha instaurado un sistema en que ya nadie apenas discute ni se plantea la resistencia contra CUALQUIER restricción de derechos. Llamarlo autoritarismo es tremendista y demasiado fuerte; decir que estamos en una situación alejada de un verdadero respeto a los derechos individuales no me parece tan exagerado. Y que de esta segunda situación, el alejamiento, uno se puede acercar al autoritarismo, es absolutamente cierto.

El ejemplo lo tenemos, otra vez, en Cataluña. Resulta que las elecciones del 14 de febrero han quedado «sin efecto» (enlace al Decreto por el que «se deja sin efecto la celebración de las elecciones al Parlamento de Cataluña del 14 de febrero de 2021 debido a la crisis sanitaria derivada de la pandemia causada por la COVID-19«). O sea: se han suspendido las elecciones. El derecho fundamental a la participación política ha quedado suspendido.

Esto, en primer lugar, nos lleva al primer párrafo de la entrada: si decretar el estado de alarma y, después, restringir determinados derechos, rozaba o era un estado de excepción encubierto, suspender unas elecciones cuando, actualmente, no tenemos restringido salir de casa, ¿es estado de excepción encubierto o no? ¿Tiene soporte legal o no? ¿Qué garantía tengo de que el día 30 de mayo se celebren las elecciones, cuando además resulta que la fecha está «más o menos» fijada, pero no existe convocatoria?

Porque el artículo 2 del Decreto dice: «Artículo 2. Las elecciones al Parlamento de Cataluña se convocarán para que tengan lugar el día 30 de mayo de 2021, previo análisis de las circunstancias epidemiológicas y de salud pública y de la evolución de la pandemia en el territorio de Cataluña, y con la deliberación previa del Gobierno, mediante decreto del vicepresidente del Gobierno en sustitución de la presidencia de la Generalitat.«.

O sea, que el Gobierno de la Generalidad se sigue reservando la facultad de convocar elecciones según le parezca.

Es claro y evidente que estamos ante una situación epidemiológica grave. Muy grave. Opinar en contra de las restricciones de derechos no es muy popular. Pero depende del día y del viento que sople, lo cual no es muy respetuoso con los derechos fundamentales. Incluso la prensa subvencionada reconoce interés electoral de los partidos separatistas, lo cual indica que la suspensión de nuestros derechos no tiene tanto que ver con la salud como con el temor a las urnas y las ganas de seguir en la poltrona. Porque el que se ha denominado «efecto Illa» a mí me parece que tendrá, en el mejor de los casos, un alcance limitado. Eso, en el mejor, así que casi ni lo contemplo.

CONCLUSIÓN. Las urnas y votar han sido un valor supremo… hasta que les ha apetecido SUSPENDER las elecciones con la excusa de unas circunstancias conocidas y previsibles. Graves, sin duda. Conocidas, también. Previsibles, qué menos. Pero, oigan, que cada día millones de personas se mueven para ir a trabajar, hacer la compra en supermercados y en los comercios que no han tenido que cerrar… Hasta los niños van al colegio. En fin, que se trata de una suspensión en toda regla (en esto coincido con la entrada del blog de Ernesto López Vallet, «Las elecciones no se han aplazado«), con una débil justificación jurídica y de hecho (la suspensión de las elecciones es una medida más grave y limitadora que cualquier otra de las que están hoy vigentes). Una democracia sin efecto. Y, como escribe José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, una cacicada.

 

La ultraderecha siempre estuvo ahí (y 2)

Después de que Joan Canadell ganase las primarias de JxCat en Barcelona, en elcritic.cat se les ocurrió escribir un artículo de recopilación con algunos de sus «tuits más polémicos«. Hubiera sido más acertado describirlo como «línea de pensamiento (?!)«, pues refleja al personaje tal como es. Habrá quien dirá que es simple, habrá quien dirá que es sencillo, en cualquier caso, muy claro. No es Kant, si es que alguien tiene algún reparo por acercarse a la materia.

Ahora bien, el tuit más destacable de esa «línea» (abandonemos lo de «pensamiento», por respeto a la palabra) es el que a continuación veréis. Una pregunta de tono ultraderechista y hasta peor fue contestada con el mismo estilo. Hasta peor.

La traducción por si alguien cae en el blog y no entiende bien: «La mayoría de puestos de trabajo en los que somos deficitarios en Cataluña son de nivel competencial alto o muy alto… no te preocupes que los colonos no tienen este perfil«.

Colonos. En marzo de 2019. En esas fechas, incluso, se postulaba para la Cámara de Comercio que ahora preside. Esto es la élite separatista.

Los verificadores de entradas habréis podido comprobar que el tuit no existe, así que aporto un par de pruebas acreditativas de que existió y es cierto. No necesitan mucha explicación. La primera viene por la vía de enlazaros a la «pregunta» de Pep591. Aquí el enlace directo a su tuit y debajo la captura de lo que encontraréis.

Ya lo veis: la respuesta a @Pep591 ha sido borrada por su autor. No sabemos en qué fecha, pero borrada.

Y aún más. Si le damos a «Mostrar respuestas» nos sale una prueba documental. Como decía un reputadísimo abogado penalista: «A una testifical le puedes dar la vuelta, pero contra una documental, como sea evidente, no tienes salvación«. La documental consiste en un usuario que deja constancia de la existencia de la respuesta antes de que el aludido la borre. Aquí, el enlace directo al tuit del usuario Antuanico. Y la captura, en la que marco la clave para concluir que no se trata de un montaje, por si no fuera suficiente la evidencia del borrado.

Efectivamente, Antuanico tiene configurado el navegador de tal modo que la fecha le aparece en el orden anglosajón (mes, día, año). En la primera captura que os he mostrado, la fecha aparece con nuestro orden habitual de día, mes y año; es decir, que nos hallamos ante dos capturas distintas de un mismo tuit, con lo que las posibilidades de que se trate de un fake, unido a la «documental» del borrado del tuit justo en el lugar que debiera aparecer, corrobora que el tuit es tan real como todas las malas cualidades que atesoran personajes como Canadell. El más votado de las primarias de JxCat en Barcelona.

CONCLUSIÓN. En la anterior entrada se decía que el ultraderechismo (una amalgama difusa de cualidades bastante ajenas a la de una sociedad democrática) es algo inherente al separatismo que practica gente como Canadell y tantos otros. Un individuo que se postula para diputado y que insulta de forma soez y despectiva a no pocos conciudadanos, a los que obviamente no considera conciudadanos, sino una subespecie que carece de nivel «competencial alto o muy alto«. Dicho de otro modo: Canadell es superior a los «colonos». Esto es lo que hay. Qué vergüenza, ¿no? Pues el más votado.

 

La ultraderecha siempre estuvo ahí

El asunto de la asistencia de Josep Costa a la reunión convocada por un grupito denominado Donec Perficiam y sus contactos con grupúsculos explícitamente de ultraderecha responde al guion habitual del separatismo: se hace algo fuertemente criticado o censurable y después se ofrecen las excusas y explicaciones de carácter más o menos infantil y hasta irresponsable para justificarse. Lo cierto es que esa asistencia, y su permanencia en la reunión, acredita, una vez más, que algunos de los postulados del ultraderechismo están normalizados entre el separatismo. Nada nuevo. Pongamos algo más de detalle sobre el asunto, del que una primera aproximación podéis leer en esta noticia de ElMon. El objetivo de la reunión, según leemos, era: «Representants de vuit forces polítiques independentistes es van reunir ahir telemàticament per estudiar la possibilitat de concórrer plegades a les eleccions al Parlament Catalunya del 14 de febrer vinent«.

Primera excusa: no conocía quién más asistiría. Demos por «buena» -no tenemos otros datos- la versión de que Costa no sabía quiénes asistirían a la reunión. Darla por «buena» no es incompatible con ser escéptico: un grupito sin representación de ningún tipo te convoca a una reunión para definir puntos comunes de acción entre partidos políticos y estudiar la posibilidad de «concurrir juntos a las elecciones«… ¿y no te interesas por conocer más detalles, como quién irá? ¿Te dejas convocar así como así por quien carece de relevancia política? ¿Asistes a la reunión sin estar interesado en sus objetivos? La ausencia de ERC o la CUP señala, en parte al menos, alguna de las respuestas lógicas a mis escépticas preguntas.

Segunda excusa. No se enteró de quién más estaba. Pongamos que es cierta la primera. Dice que se conectó tarde y no llegó a saber quién asistía; en algún sitio también he leído que «no estaba muy atento». Nos lo podríamos medio creer (nada más aburrido que una reunión telemática), si no fuera porque consta que uno de los asistentes manifestó haber expuesto claramente sus reservas por la ideología de algunos de los partidos asistentes. ¿De eso tampoco se enteró Costa? Sí que estaba poco atento. Por cierto: si alguien manifiesta su incomodidad por compartir reunión con ultraderechistas, parece que lo más normal sería abandonarla, ¿no? Más todavía si el objetivo es definir «unidad de acción». Se ve claro qué es lo que prima entre el separatismo.

Tercera excusa. Costa asistió «a título personal» y no en representación de JxCat o Laura Borràs, aunque por lo menos de esto último diversas fuentes afirman que hizo constar que estaba informada de su asistencia. Costa es vicepresidente primero del Parlamento de Cataluña. No es poca cosa. También uno de los personajes más visibles de JxCat en los planteamientos radicales. Tampoco es poca cosa. Y afirma asistir «a título personal» a una reunión para estudiar la concurrencia conjunta a elecciones. Pues menuda pérdida de tiempo: para él y para los demás. O sea, que esto ya no me lo creo. Como elemento periférico para no creérselo, Santiago Espot en Twitter. Ya digo que es periférico, porque menudo personaje para tomar como fuente: «Es más, en todo momento dejaste la puerta abierta para que los presentes se integrasen en una marca electoral con posibilidades de tener mayoría como sería Junts per Catalunya», como reproduce el enlace que en la anterior entrada ha puesto Cristóbal.

La cuarta excusa. «No nos vamos a hacer daño». Surge la polémica por la asistencia de Costa. ¿Solución? Los organizadores varían la versión de sus comunicados. Así lo explica Nació Digital: «En un comunicat, Donec Perficiam ha criticat ERC i la CUP, que han demanat la dimissió i explicacions a Costa, per dir que no van voler ser a una reunió «amb l’extrema dreta» quan no sabien qui hi hauria. La convocatòria que van rebre els partits era «a les forces polítiques» però no deia quines. També han donat per bona, contràriament al que feien divendres els seus portaveus i diversos dels assistents, la versió de Costa segons la qual hi era a «títol individual». Divendres explicaven que el vicepresident del Parlament hi era «en nom de Laura Borràs». La reunió de dijous està gravada, però no l’han volguda fer pública.«.

CONCLUSIÓN. El nexo general y común en el separatismo es la identidad, a partir de la que no se distingue concepción alguna del mundo. Igual da lo que se sostenga mientras la identidad se halle presente. Y eso es lo que movió a Costa para asistir y lo que, si fueran ciertas las tristes excusas presentadas, lo hubieran movido de la reunión para abandonarla. No la abandonó, claro.

 

El cortijo independentista

Estamos muy acostumbrados a escuchar que en Cataluña todo se hace mejor, de forma distinta al resto de España y que no hay punto de comparación. En cambio, en las últimas semanas o meses, de forma tangible se ha podido comprobar que, en lo sustancial, no hay diferencias. Y, si las hay, incluso son a peor, aunque nunca faltará eso de «la culpa es de Madrid«. Un breve repaso, de esos «para no caer en el olvido«.

La captura de las instituciones. Uno de los muchos males que aquejan al conjunto de España -y focalizados, a menudo, en el centro de poder- es el de la llamada «captura de las instituciones» por determinados grupos. Esos que se nutren del «BOE» o de sus influencias. Un poco en plan de estar por casa, pero de forma muy sangrante, lo hemos podido comprobar estas semanas con los audios que involucran a Vendrell, Madí o Rahola, ya sea como conseguidores o como personas que se jactan directamente de sus influencias directas en los «centros de poder» de Cataluña.

No hace falta que esas conversaciones contengan delitos. Lo que sucede es que reflejan eso que, supuestamente, no pasa en Cataluña y sí en Madrid: el control de los medios de comunicación público, el uso de influencias directas para lograr objetivos fuera de los cauces normales legales…

La excusa ofrecida, y en esto destacó Pilar Rahola, fue: «esto pasa en todas partes«. ¿En todas partes? No, en todas partes, no. Según el credo independentista, en Cataluña, no. Pero se ve que sí. Que era mentira.

La gestión de la pandemia. Hace días que se han acabado los tuits del tipo «de Madrid al cielo«, «España es muerte, Cataluña es vida» o ignominias similares. Desde que la gestión corresponde a la Generalitat se ha demostrado que sus técnicas son, como mínimo, igual de malas y mediocres que las demás. Tanto clamar por la «gestión propia«, que iba a deslumbrar al mundo, para acabar diciendo que «la culpa es de Madrid«.  La técnica infantil de siempre: si se hace bien, somos los mejores; si se hace mal, «la culpa es de Madrid«.

La web de ayudas a autónomos. Vamos al grano: he leído que si la web no funcionaba era «culpa de Madrid«. Claro que puede caerse una web por sobrepasar en mucho la capacidad. Pero eso es algo que, hasta la fecha, tampoco podía suceder en la Cataluña gestionada por el independentismo. Hasta que sucede y, entonces, la «culpa es de Madrid».

Trapero y la confusión moral. Salía el otro día en El Periódico que, a raíz de la declaración de Trapero ante el Tribunal Supremo, donde entre otras cosas dijo que tenía preparado un dispositivo para detener a Puigdemont, le cortaron temporalmente el pago de los honorarios a su abogada. Lo que se llama una represalia en toda regla. Aun así, después no tienen problema en sugerir que Trapero declaró en falso (recordemos: ante el Supremo declaró como testigo y, por lo tanto, tenía obligación de decir verdad) respecto al plan para detener a Puigdemont. ¿Dice Sàmper que nombra a Trapero sabiendo y conociendo que dijo una mentira? ¿O dice eso, comprometiendo la honorabilidad de Trapero, porque el independentismo siempre tiene que darle la vuelta a todo para darse la razón? Los hay que carecen de todo escrúpulo moral.

La ultraderecha identitaria. Todos recordamos ese famoso vídeo del año 2013 de Carme Forcadell determinando quién era catalán y quién no, refiriéndose al PP y C’s .

La versión 2020 corre a cargo de Pere Aragonès con este tuit, en el que, con la clásica suficiencia de quienes se consideran los «true catalans» y dueños del cortijo, se permiten considerar extraños a quienes no forman parte de su grupo «true catalan«.

CONCLUSIÓN. Tantos esfuerzos para hacer creer que lo hacen todo mejor y al final la realidad y un tuit demuestran que no hacen nada mejor -incluso hasta peor-. Su única y verdadera aspiración consiste en ser dueños absolutos del cortijo.

Estado de alarma, pandemia y conocimiento

Otra vez bajo el estado de alarma, se repiten las acusaciones de dictadura, totalitarismo y demás. En mi opinión, ni tanto ni tan poco. Vayamos por pasos:

Primero. ¿Es necesario el estado de alarma? Está claro que sí, qué remedio. Llamadlo como queráis: emergencia sanitaria, incidencia epidemiológica o lo que se os ocurra. La situación es nefasta desde hace semanas, no desde el jueves o el viernes. Si algo sabemos los que no sabemos de epidemiología es que si los datos son malos hoy, lo continuarán siendo dentro de una semana. Así que si eran malos hace dos semanas y no se tomaba ninguna medida restrictiva (cosa distinta es cómo se ha llegado hasta aquí), cualquiera sabía que serían malos hoy.

Segundo. ¿De quién es responsabilidad? También está claro que una buena parte de haber llegado, de nuevo, a esta situación es responsabilidad de los políticos, que han dirigido mal la desescalada y no han actuado siquiera con previsión. No se escapa uno solo. Especialmente, los responsables autonómicos por su nefasta dirección. Sí, también el Gobierno de la Nación, claro, que para algo está si los demás se desmandan. Y también sabemos que es verdad que ha dejado que todos se quemasen por «listos».

Tercero. ¿Nos acercamos a la dictadura, al totalitarismo? Leamos lo que dicen quienes tienen estudios superiores y son capaces de procesar mejor la información, es decir, independentistas. Y qué mejor que leer ElNacional, nuevo faro de información.

Según José Antich: «Pues bien, a la cacareada cogobernanza Sánchez le ha dado dos estocadas importantes: en primer lugar, fijando un estado de alarma hasta el 9 de mayo, un período de casi medio año, cuando en la ola anterior las prórrogas que se llevaron al Congreso de los Diputados fueron de quince en quince días. Seguro que se hubiera podido encontrar una fórmula que lo dejara en manos de las Cortes, una fórmula que no fuera tan unipersonal.«

Según David González: «….Pedro Sánchez (…) impone un estado de alarma sin necesidad de renovación, es decir, de convalidación parlamentaria ¡¡¡hasta el 9 de mayo!!!! (evolución de la pandemia mediante)? (…) No descarten que vuelva el confinamiento total y absoluto. Limitación de la movilidad, policía nocturna, multas, multas, multas… Al fin y al cabo, España fue siempre, por desgracia, el país del ¡Vivan las caenas!«

Sin salir de ElNacional, ayer domingo también destacaban un tuit del informadísimo Xavier Sala-i-Martin: «Jo m’he perdut: el govern de l’estat espanyol pot decretar l’estat d’alarma per 6 mesos???«. En ELNacional, ese medio de gran confianza, destacaban que: «El economista Xavier Sala-i-Martin se ha mostrado indignado por la decisión del gobierno español de declarar el estado de alarma hasta el mes de mayo.«

En defensa de estos destacados superinformados, he de decir que no son los únicos a quienes he leído convencidos de que el Presidente del Gobierno anunciaba estado de alarma hasta el 9 de mayo. Claro que solo con escuchar distraídamente su alocución y sin entender mucho de Derecho, cualquiera -quizás no tan superior en sus estudios ni tan capaz de procesar información- entendía que el Presidente decía que se declaraba el estado de alarma y que lo más rápido posible se pediría al Congreso la prórroga hasta el 9 de mayo. No soy tan listo ni tan superior, pero lo entendí.

¡Ah! Y sobre las medidas tan restrictivas he de decir que a mí tampoco me gusta. Y creo más prudente y respetuoso que la prórroga sea por tiempo más limitado. Del primer estado de alarma sabemos que quince días es muy poco y un mes, escaso. Quizás seis semanas, o las ocho que ha dicho Casado, encajen más con el espíritu que debe regir en el sentido de que las limitaciones y restricciones deben durar lo mínimo posible. Es opinable, pero seis meses, para un contexto de restricción de derechos, me parece demasiado.

¡Ah! Y los primeros a los que las restricciones les parecen pocas son los independentistas. Que nuestros amigos informados escriben artículos despotricando del Gobierno de Pedro Sánchez y de España como fuente de restricciones de derechos y se callan como buenos siervos respecto a las manifestaciones de Miquel Sàmper, que no se limitaron solamente al titular que habréis leído, cuando dijo que: «Es insuficiente». No, todavía dijo más: «Nosotros pensábamos que podríamos regular más cosas, que sería total. Pensamos que en una situación excepcional nos darían estas condiciones excepcionales«.

Desde que leí a Carl Schmitt y su «El Concepto de lo Político» no había visto nada tan exorbitante. Poderes absolutos para dominarnos a todos. Caray, quizás sí que se adviene la dictadura anunciada por Antich, González y Sala-i-Martín… Todo ello sin olvidar el plan de encerrarnos en casa los fines de semana, que debe ser la quintaesencia de la libertad…

CONCLUSIÓN. Tan listos y con estudios superiores, pero no atinan a entender siquiera lo que sencillamente explicó Pedro Sánchez. Si no entienden que se declara el estado de alarma y que después se pedirá la prórroga por seis meses, ¿de verdad es su superior capacidad de entendimiento la que les conduce a apoyar la secesión? En fin, la prueba evidente de que hablan sin saber nada de nada. Eso sí, cuando «los suyos» hablan de las mayores restricciones, de acumular el poder total de decisión, para eso sí que están callados. Debe ser que tampoco lo entienden y por eso no leo nunca editoriales o artículos sobre ese tema…

En Cataluña es donde se quieren tomar las mayores medidas restrictivas, pero la culpa es de Pedro Sánchez. Ya.

La gestión de la pandemia, la crítica y el lenguaje

Si hay un sitio del mundo en que la gestión de la pandemia ha sido especialmente pésima es Cataluña. Sí, oigo los gritos que dicen: «¡Madrid!, ¡Madrid!». Por supuesto. Pero Cataluña…

En Cataluña partíamos de la base de que contábamos con el (des)gobierno de los mejores, esos que se ufanaban de que con la independencia «no tendríamos tantos muertos ni tantos infectados”, según señalaba Meritxell Budó en su día. La realidad es que con la plena gestión en sus manos no se han distinguido por hacer un trabajo mejor que los demás. Y es por eso que ahora, fruto de la «excelente gestión», han tomado la decisión de cerrar la hostelería, lo cual es un fracaso y un desastre. Porque tomar tan drástica medida tiene su origen en el descontrol de la pandemia; y todos estaremos de acuerdo en que se trata de un asunto difícil y complicado, pero ¿no decían que lo hacían tan bien? ¿Acaso no era posible tomar medidas previas para distinguirse y controlar mejor la expansión del virus?

Son igual de malos que los demás, pese a las continuas y narcisistas apelaciones que oímos a menudo de que en Cataluña todo se hace mejor, con mayor conocimiento y estudio. Ya sabéis: eso de que el apoyo a la secesión en Cataluña es mayoritario entre quienes ostentan estudios superiores, aunque esa afirmación -aparte de reiterar un pernicioso y extendido sentimiento de superioridad- solamente confirma que los estudios no necesariamente llevan anudadas otras capacidades básicas como la competencia en el trabajo o ser buena persona, capacidad esta última que no cura ni lleva ínsita la competencia, pero al menos no te jactas de estar por encima de los «otros».

Por eso su fracaso es «superior«: tanto postularse como el Cielo en la Tierra y después los resultados apenas se diferencian de los menos «estudiados». En fin, no hace falta explayarse porque es algo objetivo.

Claro que este desastre sin paliativos no sería posible sin la colaboración de los medios de comunicación afectos al régimen. ¿Habéis leído algún editorial crítico de la prensa subvencionada analizando los motivos y los fallos que han llevado hasta el cierre de la hostelería? Por supuesto que no, porque cuando tienes los ingresos asegurados por vía pública, ¿para qué criticar la gestión pública?

El ejemplo de estos días nos ha venido con la observación de Laura Rosel a Oriol Mitjà con su «ara això no tocava«. Claro, la crítica de Rosel a Oriol Mitjà (ahíto de protagonismo, todo hay que decirlo, y no exento de crítica) no lo es porque su opinión sea acertada y argumentada o no, ni siquiera porque quiera arrogarse un protagonismo que, por cierto, no hace tanto se le daba por erigirse como la verdad revelada. La crítica reside en que «no toca«. Un claro: «Oriol, ahora no hables, que molestas«. Cuando criticaba la gestión del Gobierno y en la Generalitat clamaban por gestionar, Mitjà era celebradísimo. Ahora, «no toca«.

El editorial de Rosel nos muestra, una vez más, algo muy propio de las superiores cualidades del independentismo: una periodista de un medio PÚBLICO (pero que considera SUYO, pues el independentismo considera todo SUYO), clamando por impedir la libertad de opinión y expresión de un ciudadano porque le molesta que haya criticado al gobierno. El pensamiento único expresado, de manera diáfana, desde un medio de comunicación público.

Después los hay que no hacen más que buscar por todas partes rescoldos de la extrema derecha, cuando en Cataluña esa extrema derecha que claramente representa Rosel tiene un discurso tan normalizado y asumido por la sociedad que apenas genera unas muy leves críticas. Es ese lenguaje que todo lo contamina y que ha colonizado a una parte sustancial de la sociedad catalana, de la que Laura Rosel es su reflejo.

¿Qué es eso de que desde un medio de comunicación público -ni que sea privado, porque es lo mismo- se inste a que un ciudadano no hable cuando tenga una opinión a expresar? Si la opinión de Oriol Mitjà no es acertada o es un disparate, ¿no se verá contrarrestada por otras opiniones, que es lo que sucede en una sociedad democrática? ¿O no será, acaso, que Laura Rosel -como exponente de esa parte de la sociedad a que me refiero- rechaza que en su modelo de sociedad se puedan exponer opiniones críticas con aquello que ella apoya?

¿Y qué apoya?, se preguntará algún ingenuo. La respuesta nos la daba ella misma: «…com per haver d’escoltar uns dels metges de referència de la pandèmia carregant-se la confiança en el Govern, sigui del color que sigui…«. O sea, que una periodista, que por sistema debe desconfiar de cualquier gobierno, nos dice que debemos confiar en este, cuando además no se hace más que enlazar despropósitos y fracasos en la gestión. Y se ha molestado porque alguien opine contra este gobierno de su color. Si algo tengo claro del discurso de Rosel respecto a Mitjà es que los valores que refleja no son los de la democracia. Pero en Cataluña se dicen las mayores de las barbaridades y no pasa nada.

Así estamos con el lenguaje que utilizan los extremistas en Cataluña, con total libertad y desde cualquier medio de comunicación, dirigido para audiencias amplísimas: en primer lugar, obvian cualquier crítica a «su» gobierno, en el que se debe confiar por sistema; en segundo lugar, quieren acallar al crítico. Esto, la verdad, no encaja mucho con la democracia y sus valores (¿ o no representa el discurso de Rosel unos valores cercanos a la eliminación de derechos fundamentales  y la instauración de un sistema de «confianza» acrítica con el gobernante?), y pasa todos los días, desde hace muchos años, en Cataluña. Y, como en muchas otras ocasiones, encima lo pagamos todos.

El lenguaje del separatismo

En su momento, el blog se poblaba de citas y enlaces eruditos para analizar, explicar y criticar el movimiento separatista. Entre estos, recuerdo haber leído «La lengua del Tercer Reich«, de Victor Klemperer. Craso error. No hace falta ser tan sofisticado para asomarse a la red y llegar a la conclusión de que el separatismo es un proyecto peligroso, como se esfuerza en confirmar cada día, cuyo objetivo principal es acallar al discrepante.

Nada nuevo en los tiempos actuales, pero en versión exacerbada, disfrazada de «democracia» y con la nada insignificante diferencia de que en el caso que nos ocupa -el separatismo- se excluye por completo de la condición de conciudadano a todo aquel que no comparte su ideario.

Esta captura de un tuit es de Lluís Llach, de hace varios días, y en Twitter y otros lugares se comentó ampliamente su contenido.

Sí, diréis que el personaje objeto de la entrada es de dudoso fuste intelectual y que mueve más a la risa que a otra cosa. Pues será así, pero también es verdad que el personaje ha sido diputado y goza de notable difusión lo cual es suficiente para influir dentro de la irrealidad separatista. Con lo que ya nos podemos ir riendo, ya.

Alguien que propugna «fer net» es peligroso. Quien domine mínimamente el catalán sabe que «fer net» no se traduce literalmente por «hacer limpio» o «hacer limpieza». La expresión tiene una connotación de purga, vaciamiento o eliminación, de quitarse de delante algo que molestaba. O sea, que Llach aboga por la purga o expulsión de todo aquel que ose «juzgar» su pensamiento único. No es que roce, es que más totalitario no se puede ser.

Este lenguaje, inaceptable, está totalmente normalizado entre el separatismo. Y fuera de él, de tan acostumbrado que se está a escuchar semejantes enormidades, casi se toma más como una simple salida de tono «inofensiva» o de «baja intensidad» que como lo que de verdad representa: la expresión del deseo totalitario, en que solo tiene cabida una forma de «pensamiento».

A menudo, la tendencia ante este tipo de expresiones la reacción consiste en tomárselo a chanza. Es la reacción lógica. Sin embargo, el análisis de la expresión debe ir acompañada de su valoración crítica: inadmisible, totalitaria e incompatible con un Estado de Derecho y la democracia. Si hay que decirlo, pues se dice. Con risas y también con veras.

Pero este lenguaje del separatismo -recordad que, en vísperas de la manifestación del 8 de octubre, Llach nos llamó «buitres» a todos los que allí fuimos- es inaceptable y les retrata cada día. Solo hay que recordarlo y repetirlo. Cada vez. Con esta sencilla técnica os digo yo que a algunos se les acabará cortando esa verborrea gratuita e insultante.

La inhabilitación de Torra y el servilismo

El asunto de la inhabilitación de Torra no tiene mucha enjundia y, como apuntaba en el último comentario Cristóbal, tampoco es que nos despierte demasiado interés. Un señor que es Presidente, admite abiertamente la desobediencia y hace uso de las instituciones para su particular interés partidista, no merece muchos miramientos.

Especial mención, eso sí, a lo de la «desproporción». No, no me interesa si es «desproporcionado» aplicarle a Torra exactamente las mismas consecuencias penales que a todo aquel que haya sido condenado por el artículo 410 del Código Penal. Lo que me interesa es el servilismo al poder de todos aquellos que critican la «desproporción» de la pena impuesta y no son capaces de expresar la más mínima crítica a la desobediencia de todo un Presidente de la Generalitat. Porque si te quejas de «desproporción» significará que consideras que efectivamente ese señor ha cometido una falta y, por lo tanto, merece una sanción, ¿no? Entonces, ¿por qué critican la desproporción y no son capaces de criticar al infractor? Aaaahhhh, menudos serviles. Pues eso les he dicho esta mañana, mediante una breve carta escrita y firmada digitalmente, a mis colegas del Consell de l’Advocacia Catalana (CICAC), que el Manifiesto que han emitido se muestra servil con el poder. ¿No son capaces de criticar a una autoridad que manifiestamente reconoce desobedecer? Luego dicen no sé qué de democracia y en realidad practican la reverencia al líder de su ideología.

En fin, si queréis leer un artículo de magnífica construcción y factura, esto de Marc Molins en La Vanguardia: «Poder sin límites«. Y este final es de esos para aprenderse de memoria, aunque muchos de nuestros conciudadanos sean incapaces de comprenderlo: «…el hecho de obviar el cumplimiento de un mandato que tiene por objeto garantizar la libre formación del voto aduciendo la falta de límites externos evidencia una forma de entender el poder impropia de nuestros tiempos«.

Colar lo viejo por nuevo: la acusación contra la Sindicatura Electoral

El separatismo es gesticulación y victimismo, aderezado con notables dosis de autoritarismo y nulo respeto por cualquier posición que no sea la suya. Todo esto no sería posible sin un gran trabajo de propaganda, que ha logrado una fe ciega en cualquier mensaje. Lo mismo da que el mensaje sea antiguo, que es capaz de ponerlo de nuevo de actualidad, hasta el punto de que parezca que «no hicieron nada».

Una prueba más nos la brinda Quico Sallés y la publicación anoche de la noticia titulada: «La Fiscalia s’acarnissa amb els síndics del referèndum«, que se ha visto acompañada por una notable difusión en redes como Twitter, entre otros de la mano de uno de los acusados, Jordi Matas Dalmases.

Si os leéis la noticia, parece que Sallés haya conseguido una gran exclusiva: «Segons l’escrit de qualificació provisional de la Fiscal Sofia Oró, al que ha tingut accés El Món…». 

Ahora bien, uno diría que el periodista va algo retrasado, porque recordaréis que en diciembre de 2018 aquí ya comentamos el asunto en una entrada bastante recordada, «Cartas desde la ignorancia» y donde, para más inri, hasta enlazaba el escrito entero del Fiscal, esa gran exclusiva que ahora ha conseguido Sallés más de veinte meses después. [Lo cierto es que la noticia de la acusación salió publicada a finales de octubre de 2018 en los medios].

Así que, en realidad, ni hay exclusiva de Sallés, ni la noticia es el supuesto «ensañamiento». Ni siquiera si la conducta de los acusados encaja o no en los tipos penales por los que se les acusa, aunque algo habrá: Sallés, convertido en abogado defensor de los acusados, nos informa -con veinte meses de retraso- de que únicamente se logró alguna notificación con requerimiento personal a Marta Alsina, por lo que la acusación de desobediencia -según él- debiera decaer; jurídicamente, es plausible, aunque, claro, recordaréis que sin necesidad de requerimiento personal todos los miembros de la Sindicatura renunciaron al cargo cuando el TC acordó imponer multas coercitivas de 12.000 euros diarios… Ese día sí que se dieron por aludidos.

En fin, la cuestión, como siempre, es distinta a la inocencia o culpabilidad de los acusados. La cuestión es la capacidad de victimizarse después de provocar la situación por la que se les acusa. La capacidad de hacer pasar por nuevas unas «viejas» acusaciones de hace más de veinte meses, que ahora Sallés, Matas y la maquinaria propagandística venden a un dócil público como si nada.

En fin. Nada nuevo en el patetismo del ‘procés’ y solo destacar el retraso de Sallés, que como todo en el ‘procés’, sea lo que sea, siempre tiene éxito.