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El debate secesionista de la ¿participación?

A la espera de ver si se tramita o no por los cauces normales la Ley del Referéndum secesionista, pocas cosas hay para comentar sobre el proceso separatista.

Entre lo poco que hay, sí que existe un goteo constante de artículos publicados en medios y canales secesionistas sobre los mínimos de participación supuestamente exigibles a su referéndum, que se solapa, también desde el secesionismo, con una paradójica promoción de la participación dirigida a los contrarios a su antidemocrático, inmaduro e ilegal proceso separatista, que no son necesariamente los mismos que los “contrarios a la secesión“.

El asunto carece de excesiva importancia, ya que se trata de crear un argumentario de autoayuda entre su público, puesto que es bien sabido y conocido que, de forma abrumadora, solo se sienten concernidos por el supuesto referéndum separatista los partidarios de la causa separatista. Este hecho, nada difícil de percibir, pretende ser revertido por el secesionismo con argumentos poco elaborados, del tipo “no hace falta establecer un mínimo de participación, con lo que si no vienes a votar, será tu problema” o “si los contrarios a la secesión sois más, lo tenéis muy sencillo: venid a votar y demostradlo”.

A partir de aquí, la proliferación de artículos, algunos más elaborados, otros menos, con los que se quiere inocular a los más entregados a la causa el argumentario de autojustificación: la participación no es elemento a tener en cuenta en un referéndum de secesión.

Empecemos por mi argumento principal: y a mí qué más me da si se fija o no un mínimo de participación en un referéndum ilegal y antidemocrático. Y también inmaduro, porque si, desde el mismo secesionismo, alguien se plantea todavía a estas horas la necesidad o no de fijar mínimos de participación significa que no han pensado suficiente sobre la cuestión. Que la tienen un poco verde. Porque si tú has pensado y debatido en profundidad, esto sería una cuestión resuelta que no pasaría de lo marginal. Se conoce, sin embargo, que no se ha pensado ni debatido. Ni mucho ni poco. Nada.

Con todo, que se esté creando este argumentario autojustificativo no tiene nada que ver con un supuesto boicot al referéndum (me pregunto: ¿es boicoteable un referéndum ilegal y antidemocrático?), sino con algo que muy acertadamente describía Josep Costa el pasado 8 de enero de 2017 en su artículo “La participació no és el problema d’un referèndum unilateral”. Me atrevería decir, incluso, que tenía toda la razón del mundo:

L’independentisme haurà de demostrar una fortalesa social i institucional que a dia d’avui encara no ha hagut d’exhibir mai. Si convoca el referèndum i aguanta el pols amb l’Estat fins a la data fixada, no hi haurà un 9N bis”.

Efectivamente, se trataría -caso de convocarse y realizarse de manera efectiva- de un referéndum convocado (y organizado y regulado) por el independentismo. No es preciso mayor desarrollo argumental para justificar que el supuesto referéndum es exclusivo del independentismo. Tampoco es que vaya a escandalizarme por esto: si convoco un premio para zurdos, las reglas están pensadas para zurdos y quiero que gane un zurdo, es normal que no cuente con los diestros (el ejemplo no es brillante; de hecho, odio esta clase de ‘ejemplos’) a la hora de diseñar el premio y la convocatoria. Eso sí, les animaré a participar, que para algo son muchos más en la sociedad: que vengan y demuestren que pueden ganar el premio. Y si gana el premio un zurdo (bueno, el premio está pensado para zurdos), que no se quejen.

Un referéndum convocado (si se convoca de verdad, no de mentirijillas) por el independentismo -obviemos ahora mismo las cuestiones democráticas y de legalidad- es un referéndum para el independentismo uniforme dominante. Eso lo ve cualquiera. Hasta Jordi Muñoz, en su artículo del 2 de agosto (Convindria fixar un llindar de participació l’1-O?) escribía: “…la majoria parlamentària sobiranista aposta per no fixar cap llindar mínim de participació, ni a la llei ni com a compromís polític explícit”.

La cuestión, amiguitos, no es de fijación de mínimos de participación. Al fin y al cabo, si el referéndum fuera legal y se convocara en su día con todos los requisitos exigibles, nadie se plantearía la existencia de un mínimo de participación: las reglas se habrían establecido con anterioridad, serían conocidas desde tiempo atrás y habrían contado con la participación, consentimiento y aceptación -incluso en el caso de ser contrarios a una regulación de esta clase- de la abrumadora mayoría de agentes implicados.

Aquí solo hay un agente implicado, que tanto Costa como Muñoz identifican con total exactitud y les doy la razón: el independentismo, la mayoría parlamentaria (sic) “soberanista”. Ni Cataluña, ni los catalanes, ni una abrumadora mayoría de ciudadanos catalanes, ni nada que se le parezca (ni, por supuesto, el conjunto de ciudadanos españoles). Sólo el independentismo (y algún diputado más que parece dispuesto a avalar al independentismo). [Nota: si el 70-80% de los catalanes desean un referéndum de secesión, el tema era muy fácil de desencallar. Se organizan unas elecciones plebiscitarias y se dice: “el que vote SÍ, quiere referéndum; el que no vote SÍ, estará votando NO”. Nótese la ironía y la sonrisa del autor, parafraseando a Romeva en la presentación de JuntspelSí]

El supuesto debate sobre eventuales requisitos de participación, pues, resulta superfluo. Pero tiene una justificación de fondo, que es la realmente buscada por el secesionismo, al margen de la ilegalidad del referéndum que se dice querer celebrar. Es de puro sentido común, pero ya fue observado por la Comisión de Venecia en su dictamen sobre el proyectado referéndum de independencia de Montenegro (sobre el que, por cierto, existía una previsión constitucional):

(a) the higher the level of participation, the more political authority will be attached to the result of the referendum, both inside and outside Montenegro”.

No solo eso. También indicaba la Comisión otra obviedad: “24. First of all, the issue at stake is possibly the most important decision that a political communitymay take by democratic means: its independence. Hence, the matter requires the broadest possible commitment of the citizens to the resolution of the issue”.

Con estas simples líneas parece clara la intencionalidad del discurso secesionista: por una parte, instruir a su público con un “tranquilos, no hace falta ninguna clase de mínimo de participación; un resultado con un 40% de participación y un 90% de votos favorables tendrá de inmediato el reconocimiento de Angela Merkel”; por la otra, para el (incierto) caso de que se produjera la votación, cruzar los dedos y rogar un milagro por el que se hubiera logrado una participación significativa entre los contrarios a la secesión, tras crear un discurso imaginario de referéndum supuestamente vinculante. O sea, tras crear lo que se podría llamar un “discurso del miedo” del tipo: “oye, a ver si será verdad que el referéndum ilegal, si es que se aprueba, basado en una Ley Suprema de derogación parcial de la Constitución y del Estatut, acordada por un número indeterminado de diputados, superior a la mayoría absoluta e inferior a los dos tercios que requiere cualquier modificación del Estatut y que, entre otras cosas, ha sido un obstáculo insalvable para aprobar una Ley electoral catalana hasta la fecha, es vinculante” [risas-carcajadas-risas-nuevas carcajadas- nuevas risas]

Si esto no es así, uno no comprende haber leído recientemente:

a) Artículos recientes explicando que no es necesario fijar mínimos de participación en Vilaweb (Per què la participació no és un element determinant per a legitimar el referèndum de l’1-O?), ElNacional (Fixar llindar de participació per l’1-O: una mala idea?,) o ElPunt (Un referèndum de màxims). No podía faltar el soporte teórico de Jofre Llombart (Amb només un 48% de participació?). [La relación no es exhaustiva, ni lo pretende]

b) Artículos que, sorprendentemente, llaman a la participación de un hipotético “NO”, como este de Josep Costa (“Les urnes i les armes“) o Bernat Dedéu ( “Albano-Dante Fachin, portaveu del ‘no’“).

Qué sutileza, qué riqueza conceptual, qué fair play: partidarios de la secesión llamando a los contrarios (fachas, antidemócratas, franquistas, reaccionarios y no sé cuántas cosas más) para que, por favor, vayan a jugar con ellos a la pelota, que se dejarán meter un par de goles para disimular, pero no más.

CONCLUSIÓN. Al margen de la ilegalidad del referéndum y al margen de su (improbable) celebración en caso de que un día se convoque un referéndum con verdadera intención de ser celebrado, lo importante del asunto que comento es algo que no le pasa por alto a nadie con un mínimo de intelecto: si no existe siquiera un consenso interno (no existe, ni de lejos) y, además, tu referéndum es ilegal, no sirven para nada todos los esfuerzos argumentales -acertados, desacertados, ciertos o manipulados- que hagas.

El referéndum podría ser ilegal, pero contar con el apoyo claro y explícito de ciento veinte diputados. No es el caso. Lo entiende cualquiera y por eso el esfuerzo (de poca elaboración) para hacer creer que “si no participas, valdrá igual” o “si sois más, demostradlo”. Quieren organizar un evento, pero sospechan que muchos no se apuntarían incluso si se llegase a celebrar.

El referéndum del “independentismo” (Costa) o de la “mayoría parlamentaria soberanista” (Muñoz) sería su referéndum (si se celebra). Busquen participantes (si se celebra) en otro lado, que no cuela.

Epílogo: interesante artículo de Sergio de Maya en Revista Treball: “Si realment es volgués el referèndum”. Al margen de no estar de acuerdo con todo, etcétera y blablabla, suscribo el título del artículo.

Epílogo 2: esta entrevista a Suso de Toro y el titular “Tras el referéndum, el interlocutor será Angela Merkel”, en Elnacional. Leed con alguien al lado, porque las carcajadas pueden ser de atragantamiento y eso es muy peligroso.

 

El “derecho de excepción”, según Josep Rull

Afirmar que el discurso secesionista está dominado por la demagogia y la ignorancia puede resultar molesto para algunos y muy cierto para otros.

Hace unos días, escuchaba una entrevista al Conseller Josep Rull, quien aludía, como base legitimadora de la Ley del supuesto referéndum, al derecho internacional. Citaba el principio democrático y un misterioso principio – derecho (no tengo claro si es un principio o un derecho, tras escuchar a Rull) denominado “derecho de excepción. Según Rull, tal derecho es invocable cuando, supuestamente, uno ha intentado de buena fe, de todas las maneras posibles, conforme al derecho interno [en este caso, español], “poner las urnas”. Si la respuesta, se entiende, ha sido negativa, entonces surge el supuesto habilitante para crear “una ley propia” que permita “poner esas urnas”.

Literalmente, esto es lo que dijo Rull en RAC1:

“(…) Haurà d’obeir a una llei, insisteixo, emanada d’un Parlament, que és un Parlament legítim, i un parlament democràtic, incorporant dos principis de dret internacional: el principi democràtic per una banda i el dret d’excepció. Quan tu has provat de bona fe, de totes les maneres possibles, d’acord amb el dret intern espanyol, de poder posar les urnes, aleshores tu estàs legitimat, per d’acord amb una llei pròpia, posar aquestes urnes”.

[“Tendrá que obedecer a una ley, insisto, emanada de un Parlamento, que es un Parlamento legítimo, y un Parlamento democrático, incorporando dos principios de derecho internacional: el principio democrático, por un lado, y el derecho de excepción. Cuando tú has intentado de buena fe, de todas las maneras posibles, de acuerdo con el derecho interno español, poder poner las urnas, entonces tú estás legitimado para de acuerdo con una ley propia, poner estas urnas”.]

Si alguien quiere, puede perder una parte del valioso tiempo de su vida en Google buscando un principio de derecho internacional llamado “derecho de excepción”. No lo encontrará.

A lo sumo, encontrará referencias a los “estados de excepción”, en los cuales se regula, como sabe cualquiera sin necesidad de especiales conocimientos, la suspensión de derechos fundamentales o la alteración de los equilibrios entre los diversos poderes del Estado, de forma usual mediante concentración de poderes en el Ejecutivo. Así se explica en la siempre interesante sinopsis de la Constitución en la página web del Congreso, en el comentario al artículo 55: “Porque un Estado de Derecho que se precie de serlo ha de contemplar no sólo el funcionamiento de las instituciones en situaciones de normalidad, sino que ha también de prever, en la medida de lo posible, las situaciones de crisis o anormalidad. Y lo hace a través del llamado “Derecho de excepción”, que se resume en la previsión de dos medidas: la suspensión de derechos y libertades, por una parte, y, por otra, la alteración del equilibrio de poderes Ejecutivo-Legislativo.

Si no os da sueño, con esta tesis doctoral (Meléndez Padilla, Florentín (2003) Los derechos fundamentales en los estados de excepción según el Derecho internacional de los derechos humanos) se puede aprender mucho sobre los estados de excepción y su enfoque internacional. No dice nada de la convocatoria ilegal de un referéndum, ni de la derogación por la vía de hecho de derechos fundamentales, ni de la arrogación ilegal de poderes ejecutivos. Incluso, he leído algún fragmento inconcebible para el separatismo dominante: el estado de excepción es un medio de defensa de la Constitución y, para más inri, basado en la Ley.

Así que, como de costumbre, una de dos: o el “derecho de excepción” invocado por Rull no existe -por lo menos, de la manera en que lo anuncia, que parece copiada o inspirada en algún discurso de Santiago Vidal-, o lo que quería decir era que el Govern de la Generalitat piensa aplicar un “estado de excepción” cuya validez internacional sólo existe en las palabras del Conseller y en ninguna otra parte, salvo alguna perturbadora tesis de Carl Schmitt.

CONCLUSIÓN. Si hubiera que marcar en un mapa dónde se ubica el lugar en que habita la demagogia, es sencillo localizar una candidatura bastante fuerte.

Si la escuchamos por voz de un Conseller, se acredita -una vez más- que la supuesta fortaleza argumental del secesionismo no pasa de la propaganda, que alcanza en su público objetivo un total grado de certeza.

Tres lecturas pausadas

Con este (temporal) ritmo mucho más relajado de entradas deviene sencillo apreciar las cargas de profundidad que contienen algunas entrevistas y artículos, que leo de modo no tan apresurado. Incluso, abandonar por unos días la lectura de Vilaweb y demás digitales de escasa calidad periodística está contribuyendo a una cierta pausa. Únicamente conservo cierta afición por el ARA y los impagables comentarios que se pueden leer a los artículos de corte secesionista, que, como escribió un día Alex, son “de comer aparte”.

A lo que iba. Lecturas pausadas, para leer con atención y discriminar aquello con lo que estoy de acuerdo y lo que no.

1. Entrevista a Iñaki Anasagasti en e-noticies. No es que esté en desacuerdo con Anasagasti en la mayoría de asuntos; estoy todavía más lejos. Sin embargo, llama mucho la atención lo que dice sobre la antigua Convergència y cómo lanza más de uno y de dos fuertes golpes.

Por ejemplo: “– Què ha fallat a Mas si considera que ha fallat alguna cosa? Crec que sí perquè si no continuaria sent president.

No haver-li fet cas a Duran i haver-li fet a un personatge tan inconsistent i que s’escolta a si mateix com Quico Homs“. 

Lo más jugoso, no obstante, está aquí:

Per què Catalunya va renunciar al concert a l’inici de la Transició? Pujol em va dir en una ocasió que, durant el debat de l’Estatut de Sau (1979), tots excepte els de Convergència estaven en contra. Però no sé si recaptar impostos estava també mal vist llavors. Una mica la idea: que recaptin ells.

Llegeixi vostè el treball de Pedro Luis Uriarte, negociador del Concert el 1980, perquè se li tornés a Guipúscoa i Biscaia tal figura que havíem perdut en 1937 en ser considerats “províncies traïdores”. Aquí es parla dels negociadors catalans. Pujol i Roca ens van dir que no negociéssim antigalles i que recaptés Madrid doncs no hi havia res més odiós que la recaptació. Es van equivocar i encara no han demanat perdó pel mal que li van fer a Catalunya. Igual Pujol no volia una fiscalitat tan propera ….

Esta respuesta y mis investigaciones posteriores dan para un artículo. Como no sé si lo redactaré, dejo el enlace a “El Concierto Económico Vasco: Una visión personal“, de Pedro Luis Uriarte. Os podéis descargar toda la obra, pero yo os enlazo directamente esta parte, en la que se lee:

Uno de los hechos que posteriormente se han convertido en muy relevantes y que viví, personalmente, con motivo de la negociación del Concierto Económico en 1980, fue el ofrecimiento que se realizó al Govern de la Generalitat de Catalunya de una fórmula similar al sistema concertado que veníamos negociando.
El ofrecimiento del que fui testigo privilegiado se produjo en una reunión tripartita en la que estuvimos presentes, el entonces Ministro de Hacienda, Jaime García Añoveros, Ramón Trias Fargas, Conseller de Economía y Finanzas de la Generalitat y yo mismo, como Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno Vasco”

Como ahora no puedo -ni quiero- desarrollar el asunto (quizás lo haga este verano), emplazo a quien interese a leer el resto. Qué callado se tienen algunos estas cosas y cómo se escudan en sus posverdades (según Pujol y Roca, nunca se accedió a una fórmula parecida al Concierto -con el que no estoy muy conforme, por cierto- porque durante la redacción del Estatuto de 1979 no lograron convencer a los demás. Según Uriarte, este ofrecimiento sucedió entre junio y septiembre de 1980. Así que, aun cuando pueda ser cierto lo de 1979 -mis “indagaciones” así lo indican-, parece ser que alguien se olvida de lo que, al parecer, sucedió en 1980).

2. Artículo de José Antonio Zarzalejos en La Vanguardia: “La subestimación del Estado. Hace mucho tiempo que Zarzalejos escribe con criterio y buen juicio sobre Cataluña. De su razonadísimo y argumentado artículo me quedo -pura paradoja- con el texto de su tuit, en que lo enlazaba: “Los secesionistas creen que el Estado es incapaz y que Cataluña es homogénea. Se confunden en las dos cosas.“. Cuánta razón y con qué poco texto se pueden señalar dos razones tan profundas.

La primera. Recuerdo que, en la Facultad, el Catedrático de Derecho Administrativo nos dijo en su primera clase que la Administración es una apisonadora que primero aplasta y luego pregunta. El secesionismo ha vendido estos años que desobedecería “a tope”, que no pasa nada porque “nos vamos ya“. Y cuando le llega la apisonadora, lo que hace es protestar.

La segunda. El tema de la homogeneidad. Tiene toda la razón Zarzalejos. Es uno de los objetivos del secesionismo. Si recordáis, en el documento “Razones para pactar, motivos para convivir” (defendido por Convergència, Demòcrates i Reagrupament), se decía esto: ““Empíricamente, el gasto social como porcentaje del PIB es superior en los países más homogéneos. (…) En países grandes, los gastos administrativos y los derivados de la congestión pueden superar las ventajas sustanciales de sus dimensiones. Cuando los países crecen, aumenta la diversidad de preferencias, cultura, lengua e “identidad” de la población. En este sentido, los estados más pequeños serían más homogéneos y se beneficiarían de un mayor grado de eficiencia.”.

3. Artículo de Lluís Bassets en EL PAIS: “El descrèdit dels independentistes“. Bassets escribe verdades que cada día son más perceptibles sobre los modos del secesionismo. Me quedo con esta frase: “Si l’independentisme creu que la seva obligació és aprofitar una precària i insuficient majoria parlamentària, aconseguida en circumstàncies excepcionals i en un clima d’agitació que ja té cinc anys de vida, és que la seva idea d’independència és molt elemental i la seva estratègia per aconseguir-ho encara més“. Elemental. No será que no se ha dicho antes. Claro que, con una palabra tan elemental, muy pocas veces.

CONCLUSIÓN. Entrevistas, enlaces y artículos para leer pausadamente, sin alterarse. Si a alguien le quedan ganas de emociones fuertes, siempre puede leer a Empar Moliner, pero no voy a cometer la grosería de situar a Moliner al mismo nivel que Anasagasti, Zarzalejos o Bassets.

Si acaso, recurramos a figuras que se puedan ubicar a un nivel similar. Por ejemplo, el Jefe de Gabinete de Comunicación del Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ay, perdón, quería decir del President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont.

Si es que cuando parece que la Administración Trump no me puede sorprender más, va y se supera. Ay, perdón otra vez por lo de Trump.

 

Las lecciones de Stéphane Dion

Leer entrevistas y discursos de Stéphane Dion suele ser una buena decisión, por su claridad argumental, su honestidad intelectual y, cómo no, porque su nombre representa al antagonista por excelencia del separatismo. [Reconozco que el separatismo nos ha presentado recientemente algunos ejemplos de gran valor para su apoyo intelectual, como Yoko Ono o Hristo Stoichkov].

Hace unos días, EL PAÍS publicó una entrevista a Dion, con un titular sin duda impactante para el separatismo: “La democracia y el principio de legalidad son inseparables“. El titular es fuerte para quien no cree en la Ley. Todavía más las frases que deja Dion a continuación, si nos leemos entera la entrevista: “Que en una democracia un gobierno se aparte de la ley de leyes, la Constitución, e imponga a sus ciudadanos la obediencia fuera de la ley… Imagine lo que eso significaría para el vínculo entre democracia y legalidad“. Suficiente.

Ahora bien, a mí lo que me interesa es retroceder en el tiempo. Hasta 2003, en que Dion fue entrevistado también por EL PAÍS, en una época en la que el asunto candente era el Plan Ibarretxe. Dion contestaba -sin explícitas referencias al caso- preguntas y daba justificaciones argumentales que sigo sin leer entre el separatismo. [Rectifico: alguna justificación argumental sí que he leído, pero es de Jofre Llombart, quien creo que todavía está buscando a los fascistas que colgaron los carteles de Franco el día 18 de julio].

Aunque sea darle vueltas a asuntos mil veces tratados, siempre viene bien leerlos de nuevo y captar matices que desnudan la ausencia de reflexión separatista:

P. ¿Por qué no le vale a usted el 50% más uno de los votos de un referendo secesionista?

R. Porque es una decisión extremadamente grave y probablemente irreversible que afectaría también al resto de los ciudadanos del Estado. Lo que está en juego es el derecho de los quebequeses y de sus descendientes a ser canadienses. Pedir, luego, el reingreso en la federación sería muy difícil e improbable. Una decisión tan trascendental exige un consenso muy serio y no una mayoría ocasional que puede cambiar según sople el viento de la política o de la economía.

Dion  también explica algo sobre caminos unilaterales. Se apoya en el dictamen del TS canadiense y, de nuevo, está bien recordar: “(…) Pero si el Gobierno de Canadá solicitó el dictamen del Tribunal Supremo no fue con el ánimo de preguntarle si la secesión de Québec, que es un asunto político, estaba bien o mal. Lo hicimos para saber cómo podía llevarse a cabo la secesión desde el punto de vista jurídico, para saber si la escisión podía llevarse a cabo por la simple voluntad del Gobierno de esa provincia, que entonces era independentista. Lo que nos respondió el Tribunal Supremo fue que ni el derecho internacional ni el derecho canadiense avalaban esa pretensión porque Québec no es obviamente una colonia. (…)

Por no decir sobre la “desobediencia selectiva” que propugna el separatismo y las consecuencias de la misma:

P. El hecho de que un Gobierno ignore las reglas de juego comúnmente establecidas ¿le invalida moralmente para plantear propuestas de ruptura?

R. Si envía a sus ciudadanos el mensaje de que se puede burlar la ley, ¿cómo conseguirá luego que esos mismos ciudadanos acaten sus leyes? Es el problema de la secesión unilateral. ¿Se puede situar fuera de Canadá a millones de quebequeses que desearían seguir siendo canadienses y hacerlo burlando las leyes constitucionales? Esos ciudadanos podrían denunciar a ese Gobierno ante los tribunales. ¿Y el Gobierno de Canadá tendría que ignorar esa tentativa ilegal de secesión o debería quedarse responsablemente, pacíficamente, en territorio quebequés? ¿Qué podría hacer el Gobierno independentista? ¿Utilizar a la policía? Es una locura. No es así como se funciona en la democracia. Tenemos que regirnos por el derecho. Si hay que negociar la separación, lo haremos, por muy triste y lamentable que sea, pero siempre de acuerdo con la ley y en el respeto a todas las partes.”

Por no decir del objetivo primordial, inherente al separatismo: “En la democracia caben necesariamente todos los ciudadanos. No se puede relativizar la solidaridad en función de la lengua, la religión o la pertenencia territorial. La secesión, por el contrario, obliga a elegir entre tus conciudadanos, a optar entre los que consideras los tuyos y los que quieres transformar en extranjeros.

Si la entrevista y los argumentos son valiosos, todavía más interesante es el contenido de la carta dirigida, en 1997, a Lucien Bochard, con relación a una hipotética Declaración Unilateral de Independencia. El texto completo, en inglés, está disponible aquí.

Por su interés, reproduzco la mayor parte de la carta. Como leeréis, y con las lógicas salvedades y diferencias de cada caso concreto, Dion argumenta contra las tesis que el separatismo repite en cualquier lugar del mundo y en cualquier época. Me permito la licencia de destacar en negrita lo que más me interesa:

Your argument is based on three rules that you claim are universally accepted: that a unilateral declaration of independence is supported by international law; that a majority of “50% plus one” is a sufficient threshold for secession; and that international law rejects any changes to the borders of the entity attempting to secede. We are convinced that such assertions are contradicted by international law and state practice.

Let me start with the question of a unilateral declaration of independence. The Government of Canada has always maintained that if Quebecers expressed very clearly a desire to secede from Canada, then their will would be respected. As you know, this position is highly unusual in the international community. Most countries do not allow constituent parts to secede under any circumstances. For example, the constitution of the French Fifth Republic, that of General de Gaulle, provides that “La France est une République indivisible,” while the United States Supreme Court has found that our neighbour forms an “indestructible union.”

The Government of Canada has never contested the right of the Government of Quebec to consult Quebecers on their future, but it has affirmed that the provincial government cannot have a monopoly on the establishment of a fair process that might lead to secession. There is no democratic country in the world where the government of a province or other constituent entity has been allowed to determine these procedures unilaterally.

The vast majority of international law experts, including the five experts consulted by the Bélanger-Campeau Commission, believe that the right to declare secession unilaterally does not belong to constituent entities of a democratic country such as Canada. If you believe otherwise, then I invite your government to ask the Supreme Court of Canada for the opportunity to submit your arguments on these questions as part of the present reference.

Turning to the “50% plus one” rule, it should be noted that it is customary in a democracy to require a consensus for serious, virtually irreversible changes that deeply affect not only our own lives but also those of future generations. Secession, the act of choosing between one’s fellow citizens, is one of the most consequence-laden choices a society can ever make.

It is no accident that all instances of secession effected through referenda have been supported by a clear consensus. It would be too dangerous to attempt such an operation in an atmosphere of division, on the basis of a narrow, “soft” majority, as it is commonly called, which could evaporate in the face of difficulties.

If I had enough space, I would cite a series of examples from other countries in which a referendum verdict that was too uncertain was not acted on, for decisions much less important than the break-up of a country. But let us confine ourselves to your secession project.

In the white paper that led up to Quebec’s Referendum Act, it is noted that, because of the consultative – and not decisive – nature of referenda, “it would be pointless to include in the law special provisions requiring a certain majority vote or rate of participation.” When the bill was tabled on April 5, 1978, its sponsor, Mr. Robert Burns, spoke of the “moral weight” of a referendum won on the basis of “a clearly and broadly expressed popular will.” You yourself acknowledged on June 15, 1994 that an attempt at sovereignty with a slim  majority would adversely affect “the political cohesion of Quebec.” And on September 12, 1992, in the case of a simple constitutional referendum (on the Charlottetown Accord), Mr. Bernard Landry linked the legitimacy of a “yes” vote to obtaining a substantial majority in Quebec.

As to the question of territorial integrity, there is neither a paragraph nor a line in international law that protects Quebec’s territory but not Canada’s. International experience demonstrates that the borders of the entity seeking independence can be called into question, sometimes for reasons based on democracy. For example, you are no doubt aware that France insisted on partitioning the island of Mayotte from the Comoros at the time the latter gained independence because the residents of Mayotte unequivocally expressed their desire to maintain their link with France.

Even the most prominent secessionists do not agree that Quebec’s borders would be guaranteed if secession were being negotiated. When he was a professor of international law, Mr. Daniel Turp stated his belief that, in the event of Quebec separation, Quebec’s Aboriginal peoples would have the right to remain in Canada if they so chose. During the recent federal election campaign, Mr. Gilles Duceppe also pointed to the special geographic position of Quebec territory occupied by Aboriginal peoples and suggested the issue might be referred to an international tribunal.

Neither you nor I nor anyone else can predict that the borders of an independent Quebec would be those now guaranteed by the Canadian Constitution.

These are crucial questions which, so that they can be better debated on their substance, require your government to choose between two contradictory positions. In effect, you are saying simultaneously: 1) that the procedure leading up to secession is a purely political matter, in which case the established law is not relevant; and 2) that the established law demonstrates you are right and those who contest the procedure you intend to follow are wrong.

If you hold the first assertion, you must alert our fellow citizens that you are prepared to plunge them into a situation of anarchy, outside the legal framework, which is not done in a democracy. If, on the contrary, you hold the second assertion, you must produce the rules of law that support your position and agree that our reference to the Supreme Court is a constructive and necessary exercise of clarification, whether or not its outcome is in your favour. One thing is certain: you cannot continue to deny the relevance of law while invoking it when it suits you.

Si cambiamos cuatro palabras, la argumentación de Dion mantiene la plena vigencia para refutar las tesis que suele esgrimir el separatismo sobre estos tema.

CONCLUSIÓN. Lo interesante de las muchas lecciones de Stéphane Dion es que, entre Dion y Yoko Ono, el President Puigdemont elige a Yoko Ono, con lo que me quedo mucho más tranquilo.

Hay más cartas de Dion (incluidas en su libro “La política de la claridad“, que a día de hoy sólo se puede encontrar en bibliotecas, o de casualidad, porque la edición en castellano está descatalogada), que rebuscando un poco se pueden leer en inglés. Sí, es un poco más difícil que celebrar el apoyo de Hristo Stoichkov y requiere algún esfuerzo intelectual adicional. Pero si es lo que le gusta al President, qué queréis que le haga.

* Por otra parte: asunto comentarios. Empezaré a aplicar moderaciones para comentarios que no tengan que ver directa, indirecta o tangencialmente que ver con el tema principal. Es indiscutible que los temas se desvían siempre y no se abre un artículo por mi parte para cada tema. Eso no es problema. Tampoco lo es un enlace a youtube o un .gif. Pero una cosa es que los temas se desvíen, o simplemente se aproveche un comentario para iniciar una discusión en que acaban participando varios, y otra inundar el blog de conversaciones cuasi-particulares (que también están permitidas, pero todo tiene un límite). Simplemente, creo que se pierde el interés por la conversación, desnaturalizando uno de los valores que hasta ahora ha tenido el blog, como son los comentarios.

El Campeonato de las Ocurrencias

Si no fuera por la inestimable colaboración de la caverna subvencionada, el Prusés™ tendría un alcance muy distinto. Dominados por la facción radical del independentismo (es decir, el separatismo), dan cobertura fáctica y argumental a la primera ocurrencia que llega a sus oídos, dándoles total credibilidad que transmiten a sus fieles lectores, oyentes y telespectadores.

La ocurrencia de esta noche, difundida a primera hora de la mañana, la de los carteles con la imagen de Franco, es de las que merecen ser recordadas por los siglos de los siglos. La lástima ha sido que se haya desvelado el “misterio” de la autoría unos minutos después de las nueve de la mañana. Si la intriga llega a durar hasta las diez, habríamos asistido a uno de los mayores borrados colectivos de tuits de la Historia, pero no ha dado tiempo. Aun así, resulta bastante instructivo escuchar cómo Jofre Llombart ha iniciado la tertulia de El Món a Rac1 (el programa matinal más escuchado en Cataluña) con este asunto.  Ha habido un momento en que el tema subía de voltaje con “un cartel de este tipo en Alemania sería delito”, la cosa estaba casi en su punto… y se ha desvelado la autoría. Como he escrito en algún comentario durante el día, el periodista (?) Llombart esperaba darse un baño de fascismo -ha tenido un breve momento de lucidez y, por un instante, ha expresado alguna tibia duda, pero le podía el baño de fascismo– y ha tenido que hacer un mutis Histórico, mientras Antonio Baños daba unas explicaciones que no se traga nadie, salvo fanáticos.

La lectura sobre esta ocurrencia -al margen de los que se la han tragado tal cual- es que, cuando vives en un mundo unánime y cerrado, te crees que todo el mundo va a reírse con eso que tanta gracia te hace. Es típico y tópico de mundos cerrados, como aquel en que viven los creadores (destaco comillas) de una idea que, ¡oh, sí, claro!, me han convencido de que hay que ir a votar al referéndum imaginario sin urnas y, además, votaré con una papeleta imaginaria en que ponga un texto que todavía no sé, ni ha sido publicado en el DOGC. Si será exitosa la ocurrencia, que han logrado que hasta la Fundación Francisco Franco se ría de ellos. Bravo por la ocurrencia.

La segunda ocurrencia del día. Esta no es menor que la anterior. Y, como decía, cuenta con la cobertura de un medio subvencionado, que hace pasar por normal uno de los mayores muchos disparates que genera este Campeonato, también conocido como Prusés™.

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Negar la realidad como sistema

Hubo un tiempo en que escribía, y bastante a fondo, sobre cuestiones de Derecho. Por ejemplo, sobre las inconsistencias de mantener que una Cataluña independiente permanecería de forma automática, o accedería mediante procedimiento ad hoc, en la Unión Europea. Léase, por ejemplo, este artículo de 24 de abril de 2014, titulado “El informe nº6 del CATN y las supuestas vías de integración en la Unión Europea” (lo cité en una entrada del mes de octubre del año pasado, por si alguien recuerda vagamente haber leído algo parecido). Hay enlaces que no funcionan, pero los fundamentos del texto no han cambiado.

Esta clase de artículos ahora ya no son precisos porque el surgimiento de múltiples iniciativas y voces han impedido el avasallamiento con el que se quiso imponer el separatismo en el periodo 2012-2014. Recuerdo, en esta línea, una entrevista a Elisenda Paluzié lamentándose de que, al no haberse ejecutado la secesión de manera inmediata, los contrarios a la secesión habían tenido tiempo “de organizarse”, es decir, de oponerse. En definitiva, que se lamentaba de que, de una manera u otra, existan y se hayan difundido argumentos opuestos a la secesión o, directamente, que desmientan las mentiras del Prusés™.

La mentira por antonomasia del Prusés™ es aquella que dice que una Cataluña independiente sería miembro automático de la Unión Europea. Cuando salen noticias que desmienten esa mentira, la respuesta consiste en negar la realidad. Que lo haga un usuario cualquiera de Twitter, mira, bah.

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Una extraña forma de conseguir apoyos

Si a alguien le faltan argumentos -que no creo- para ignorar el Misterio de la Ley de las Cajitas, Antoni Bassas proporciona un párrafo entero en el diari ARA en su editorial: “La gent que no vol que es voti“.

Yo no es que haga demasiado caso a Bassas, y menos desde que, cuando los disturbios de Can Vies, dijo esto en TV3:

El vídeo (de hace tres años; cómo pasa el tiempo) es para ponerse en antecedentes del nivel del periodista, que dice que no tiene pruebas, pero por si acaso lanza la piedra.

Bien, volvamos a la pieza de Bassas, que es un incunable para el Museo de los Horrores del Prusés™.

El párrafo de Bassas, que contiene una de las mayores concentraciones de insultos  por letra cuadrada jamás leídas:

En efecte, a Catalunya hi ha molta gent que no és que vulgui votar que ‘no’, sinó que no vol votar. Que només votaria ‘no’ si l’estat espanyol li digués “Pots votar ‘no’ perquè jo, Estat, autoritzo el referèndum”. Persones que necessiten allò que deien abans del bons del Tresor: “Con la garantía del Estado”. Persones que per por de l’Estat, per por de quedar-se en minoria en la Catalunya independent, per convenciment, per segles de supeditació mental no conceben cap altra font de legitimitat que el que digui el govern espanyol, encara que des de fa 40 anys els hagin dit que la sobirania nacional els correspon a elles, com a part del poble espanyol. Gent que no vol votar. Que té un bloqueig a acceptar que el 48% dels seus veïns vulguin la independència. Els del ‘sí’ esperen el referèndum amb alegria, gairebé com un alliberament (amb por de perdre, només, però amb l’alegria de celebrar-lo), i donat el cas, molts del ‘no’ l’esperen amb aprensió, amb angúnia. D’això va tota la política comunicativa del govern espanyol i els partits que li fan costat: de convertir l’1-O en un assumpte brut i delictiu, de deslegitimar-lo.

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¿Se puede hacer trampas uno solo?

Entretenido en leer los comentarios que están arrasando el blog (tenéis casi todos un WARNING por comentariorrea) y los patéticos insultos a los Comunes, que suelen contener un concepto del tipo “sois los enemigos de Cataluña”, ha caído en mi pantalla -no sé quién la ha dado a retuit- otro artículo de Josep Costa.

En este caso, de opinión, no jurídico, titulado “Es pot impedir el referèndum amb només 52 diputats?“. Creo que vale la pena, ya que estáis tan aficionados a inundar de comentarios el blog, examinar esa opinión, que opina sobre los fundamentos de la Ley Inexistente.

Escribí que resulta inevitable referirse a la Ley Inexistente, por mucho que ello implique, paradójicamente, aceptar su existencia. Sin embargo, en tanto que inexistente, el comentario solo puede ser de opinión -pues se trata de un mero ejercicio de especulación, un artificio creado para llamar la atención- y no jurídico, que es lo que pasaría si el texto fuera una realidad. ¿Y qué dice Costa? Apenas comentaré un par de párrafos, porque cuando se contraponen opiniones sucede como últimamente en el blog (nuevo Warning, por si alguien se despista): discusiones inacabables en las que uno hasta acaba perdiendo el hilo.

Veamos, pues, estas breves notas:

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Hablar de lo que no existe

Como la Ley del Butifarréndum no existe, no vale la pena hablar de ella, pese a que, al escribir que no existe, acepte que puede que exista.

Antes de entrar sobre esa cuestión inicial, sí que me interesa hacer alguna mención a la frustración detectada entre el separatismo publicado (en especial, contra los Comunes; sin que falten las clásicas apelaciones los “traidores”), a consecuencia de la reacción entre displicente, de falta de adhesión, indiferente y de rechifla generada por la “presentación” de la Ley-Inexistente Con-la-Que-Se-Dice-Querer-Celebrar-un-Referéndum. Buena parte del separatismo no lo quiere entender (o no lo entiende), pero si no has logrado un consenso interno (es decir, en Cataluña; y resalto las comillas de “interno” para destacar el repelús de la etiqueta), cómo demonios vas a obtener el beneplácito “externo”. Que José Antonio Zarzalejos sea capaz de entenderlo, captarlo y explicarlo mucho mejor que la mayoría de los separatistas adoctrinados (ahora entro sobre esto) es una buena muestra de la ignorancia que gobierna en ese separatismo al que me refiero.

Sobre el adoctrinamiento, leía esta mañana a Josep Ramoneda, quien afirma en EL PAIS que: “L’independentisme és un projecte d’ampli espectre social, lluny del mite del nacionalisme com a recurs ideològic de la burgesia…” [El independentismo es un proyecto de amplio espectro social, lejos del mito del nacionalismo como recurso ideológico de la burguesía…]. Interesante apreciación, si no fuera porque Vilaweb (y otros medios) publica que: “L’ANC i Òmnium despleguen l’estelada més gran del món a Sant Cugat“. Nada  de nacionalismo; nada de recursos ideológicos. Risas aseguradas. Y eso que, según Ramoneda, no me entero.

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Lo que no existe

Dice un latinajo de esos cuyas palabras no recuerdo que “lo que no está en los autos, no está en el mundo“. Quiere decir que, si una prueba (un documento, el testimonio de una persona determinada) no está dentro del procedimiento, es lo mismo que si no existiera. O sea, que si te guardas el documento clave en tu carpeta y no lo aportas al proceso, no vale para nada.

Es lo que sucede con la Ley del Fraude, digo, del Referéndum, que unos señores dicen que la tienen elaborada, pero no la presentan en el lugar competente, que sería el Registro General del Parlamento de Cataluña. Pues si no está allí, no existe. Si no existe, lo de hoy ha sido lo mismo que dar largas para ganar tiempo, técnica que a veces uno tiene que usar cuando se le ha retrasado algún trabajo.

El que opine igual que yo, bien, y el que no, pues también; cada uno se engaña en esta vida como quiere. Unos, a base de alcohol (causa y solución de todos los problemas); otros, a base de Prusés™.

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