Libros: “El derecho a decidir. Una salida para Cataluña y España”, de Joan Ridao.

Vivimos días de una relativa calma en la pulsión separatista. No por ello debemos relajarnos porque en cualquier momento aparecerá un nuevo movimiento, ya sea en forma de lista unitaria, convocatoria electoral o el invento del día.

Así que escribiré sobre el libro de Joan RidaoEl derecho a decidir. Una salida para Cataluña y España“. En principio, este libro debería servir para ilustrar visiones desde el lado declaradamente secesionista que encuentren un encaje razonable a un referéndum. De este modo, debería incluir, al menos una parte, en la serie que he desarrollado estas últimas semanas. Pues no me sirve demasiado.

La razón es que Ridao da por supuesto e indiscutible el derecho a celebrar un referéndum (o una consulta en que se exprese la opinión del cuerpo electoral) como ejercicio innegable del principio democrático. Sin embargo, obvia que este principio democrático lo debe ser con sujeción a la legalidad. Un ejemplo pedestre (y así nos ahorramos valoraciones sobre si es equiparable o no): si el 80% de los ciudadanos andaluces creen que Isabel Pantoja debe salir de prisión, no por ello tiene que salir en libertad. Para que salga en libertad, deberá cumplir determinados requisitos; o, si sale en libertad gracias al principio democrático, previamente tendrá que haberse tramitado la modificación legal oportuna que permita la salida de prisión de la señora Isabel Pantoja, etcétera. A estas alturas, seguimos en nivel infantil con el principio democrático y, por desgracia, Ridao se suma a ello.

Joan Ridao -como una buena parte del secesionismo- nos dice que como una mayoría de catalanes quieren el referéndum (o lo que sea) hay que celebrarlo. El argumento es atractivo y parece imbatible, pero tiene trampa. Deliberadamente, se «olvida» de indicarnos de qué modo llegamos hasta el referéndum: cómo lo convocamos, qué requisitos exigiremos a la convocatoria, etcétera. Mucho principio democrático y poca Ley. O sea, que primero disparo y luego pregunto.

Esta crítica me sabe especialmente mal, porque cuando comenté el libro «¿Existe el derecho a decidir?», dije que el fragmento de Ridao era el que me había gustado más. Tendré que releerlo, porque dije que aun teniendo una opinión que yo no compartía, había realizado un esfuerzo por exponer visiones en contra. Esto es mucho menos evidente en este libro, al que le sobra la segunda parte del título: “Una salida para Cataluña y España”. No critico que tenga una determinada visión (yo tengo la mía, totalmente opuesta) sino un partidismo cerrado que convierte algunos razonamientos en algo del tipo «sí o sí».

Algunos ejemplos de lo que digo: el manido tema de la Unión Europea. Joan Ridao defiende que en caso de secesión se produciría una ampliación interna y que esta teoría es jurídicamente impecable e inapelable, acogiéndose a un ya viejo documento de la Fundació Josep Irla, y desdeñando los pronunciamientos más o menos explícitos que se han venido formulando en los últimos años por la UE, que no hace falta citar ya a estas alturas. Si habéis seguido este blog, en la comparecencia de Gregorio Garzón (Catedrático de derecho Internacional Público y exjurisconsulto en la UE) en la paralizada Comisión del Derecho a Decidir (supongo que paralizada porque recibían más malas noticias que buenas, y la exposición de Garzón fue un golpe muy duro) dijo algo así como que no se sostenía jurídicamente. Existen montones de documentos de análisis jurídico que dicen lo mismo y, en aplastante mayoría, dicen que la consecuencia de la secesión sería salir de la Unión Europea. Es legítimo defender posturas jurídicas minoritarias, faltaría más, pero es que hasta el presidente del CATN, Carles Viver Pi-Sunyer, ha llegado a reconocer que en caso de secesión Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea. Me ahorro los enlaces a todo lo que estoy diciendo, porque la decepción que me ha causado el libro de Ridao en aspectos como éste es tan mayúscula que no merece la pena que rebusque en anteriores artículos del blog que demuestran lo que escribo. Si alguien lo duda, tiene el buscador a mano.

Siguiendo con la UE, Joan Ridao apela a otro argumento que de tan usado ya se ha visto su éxito: la Unión Europea intervendrá y obligará a España a aceptar un referéndum. Bueno, todos conocemos las causas generales abiertas contra España y el Gobierno de la Nación por este motivo. En la imaginación de quien formula semejantes afirmaciones. Por favor, un poco de seriedad. Si el secesionismo cree que eso puede llegar a suceder, si se es mínimamente serio también sabrá que le falta por agotar muchas etapas antes de dotarse de legitimidad suficiente: ¿han instado alguna reforma legal que permita el referéndum? No. ¿Han instado la reforma de la Constitución? Tampoco. ¿Llevaban en su programa todos ellos claramente la independencia? No es el caso de CiU. Podría escribir más preguntas, pero no vale la pena. Si no se ingresa en la UE a base de enviar cartas (como le dijo Juncker a Terricabras), tampoco se celebran referéndums simplemente diciendo “queremos votar“. Esto es algo que no se quiere aceptar porque obligaría a definir reglas claras, cosa que Ridao no parece muy interesado en señalar, salvo las más laxas posibles.

He señalado antes que sobra el subtítulo del libro. Porque, en realidad, no formula salida o solución alguna, que en el libro consiste en lo siguiente: se hará lo que digamos los catalanes y punto, gracias al principio democrático. Apelar a ese principio y la regla de la mayoría es atractivo, pero ya he señalado antes que si no definimos previamente las reglas con las que jugamos nos arriesgamos a que se quiera hacer trampas. Pues eso es lo que pasa. Mi reciente artículo sobre la cuestión de las mayorías necesarias para una secesión (tema discutible) lo pone claramente de manifiesto: de hablar de “amplia mayoría social” a hablar de mayoría simple de los votos válidos emitidos. Me daría la risa si no fuera un tema tan serio.

Ridao no escapa a este fenómeno. Se refiere a la “mayoría social” (p.19), “mayorías claras” (p.45) o “amplia mayoría social p.84“, por no mencionar otros pasajes en que la expresión “mayoritaria” tiene un indudable sentido superior al 50 + 1. Pues bien, cuando se trata de votar un referéndum o de declarar la independencia en el Parlamento, Ridao se conforma con la mayoría simple de los votos válidos emitidos o, incluso, del número de Diputados a favor. No me extenderé, pero llenarse de argumentos con la “amplia mayoría social” y luego vaciarlos con una mayoría simple denota una absoluta falta de coherencia y rigor. De ahí el sesgo partidista evidente del que peca la exposición de Ridao: primero expongo unos conceptos más o menos objetivos que abandono cuando se trata de llevarlos a la práctica.

Ridao explica los procesos de independencia de las repúblicas bálticas y en los Balcanes, allí donde se celebró referéndum. Los apoyos populares eran absolutamente masivos. Lituania: 84% de participación y 90% a favor (o sea, 75,6% del censo electoral). Estonia: 83% de participación y 79% a favor (65,57% del censo). Letonia: 80% de participación y 74% a favor (Un 59,2% del censo electoral). Los ejemplos de Eslovenia o Macedonia -con el pánico y escalofrío que produce mencionar los Balcanes, aunque la guerra «sólo» durase unos días y causara «pocos» muertos en Eslovenia, como le he podido leer a algún impresentable- también arrojaban apoyos aplastantes. Aquí en Cataluña, por lo que se ve, se conformaría con el apoyo del 35% de la población, por decir algo (o el 40%, me da lo mismo). A todas luces, un apoyo contestable. En esto no entra. Bueno, sí que entra, como se ha visto, para considerar suficiente la mayoría simple.

¿Y la articulación del referéndum o consulta por parte de Ridao? He dejado para el final este apartado, que en buena parte se enlaza con la conclusión final de esta reseña del libro. En primer lugar, señala la celebración al amparo del artículo 92 de la Constitución. la línea señalada por Ridao es más o menos adecuada e incluso apunta a una eventual reforma de la Ley Orgánica de modalidades de referéndum. Hasta aquí bien. No obstante, sucede que no puede evitar su visión partidista del asunto, que no es política como a menudo afirman los secesionistas, sino partidista, para abogar por la conveniencia de articular el tema con la base del artículo 150.2 de la Constitución (la que fue rechazada en el Congreso). Simplifico: por la vía del 150.2 se pretende el control total del referéndum y sus reglas, cosa de lo que uno no puede fiarse a la vista de cómo se ha conducido hasta ahora el tema. Lo anterior puede ser tachado de argumento partidista. Pues bien, además, la mayor parte de la doctrina jurídica afirma que esta no es la vía adecuada. Dejémoslo en discutible.

Sigamos. A continuación, Ridao examina la eventual convocatoria con base a la Ley de Consultas. Obviamente, defiende llevar a cabo la consulta y que no hay problema alguno. Yo me pregunto cómo de una opinión (que es lo que se defiende) se puede obtener un mandato o decisión política para iniciar la secesión. A algunos esto les parece bizantino. A otros, nos parece democracia, aunque se nos tilde de antidemocráticos. El tema de la inadecuación de la consulta para votar la secesión también la he tratado en alguna ocasión.

Por último, también menciona las cuestiones de Escocia o Canadá, y, como hemos vistos, los procesos de independencia de otros países. Pero de aquí no extrae una conclusión explícita.

Os parecerá poco lo que comento. Evidente. ¿Y por qué? Porque si el libro se subtitula “Una salida para Cataluña y España“, sinceramente, esperaba una propuesta seria y sólidamente fundada para la celebración de un referéndum de secesión. No se trata solamente de discutir el artículo 92 CE, el 150.2, el 1, el 2 y el que sea, sino que los secesionistas digan claramente qué proponen. Este libro era ideal. Pues no lo hace.

Me parece perfecto que mencione a Canadá o Escocia, pero ¿cuál es su propuesta concreta? La estoy esperando.

Conclusión. O yo ya llevo consumidos demasiados libros sobre el tema y tengo una idea bastante clara del tema -cosa que es cierta- o Ridao se ha pasado en su sesgo partidista. Tildar de antidemocrática constantemente la negativa al referéndum puede estar bien de cara a tus fieles, pero hay que dar una mayor argumentación, a mi entender. El problema fundamental del secesionismo es el siguiente:

1. Tiene una aspiración secesionista. [No estoy de acuerdo, pero cada uno es libre de defender lo que crea oportuno.]

2.

3. Quiere votar. [Yo preferiría no hacerlo, aunque si un día hay que ir, se va]

Deliberadamente me he dejado el punto 2, que es el que articula y permite llegar a la votación. Habitualmente el secesionismo se lo salta, por complicado e incómodo, y Ridao hace lo mismo. Aunque a menudo se citan las experiencias de Canadá (Ley de Claridad) o Escocia, que serían el punto 2, vengo manteniendo desde hace mucho tiempo que el secesionismo los cita por vicio, no porque les interese. ¿Cómo es que Ridao no formula, ni que sea de manera esquemática, una propuesta como la del artículo de José María Ruiz Soroa? ¿O como la de Joaquín Tornos?

La excusa típica y tópica consiste en decir que eso corresponde a la negociación política. De acuerdo. Aun así, ¿usted no tiene una propuesta? No me lo creo porque usted no la ha explicado. Y como no me lo creo, considero que el secesionismo -en general, y refiriéndome a las élites que dirigen esto- me quiere hacer trampas.

Este libro es un claro ejemplo de cómo se conducen, interesadamente, las argumentaciones a favor del referéndum y la minimización de las consecuencias, obviando lo que el otro día Salvador Pániker en una entrevista llamaba el “pensamiento difícil”, la necesidad de abordar, pese a las dificultades, las cuestiones de difícil y tortuosa solución. Decir “queremos votar” a mí me parece simplón. Se diga lo que se diga, en su mayor parte el discurso acerca de la votación es simplón.

Una pena que el libro de Ridao, aun siendo valioso en cuanto a su contenido, acabe asumiendo esos postulados.

«El derecho a decidir. Una salida para Cataluña y España», de Joan Ridao. RBA Libros, 188 páginas. 20 euros.

7 comentarios en “Libros: “El derecho a decidir. Una salida para Cataluña y España”, de Joan Ridao.

  1. Noto un cierto hartazgo, especialmente en los dos últimos post. No sé si motivado por el aburrimiento del monotema o porque las personas, como Xala-i-Martín y Ridao, que debieran ser las encargadas de la racionalización técnica del voluntarismo (eso tan tedioso y tan necesario: procedimientos, reglamentos, etc.) no lo hacen y eso te ha decepcionado. O por ambos motivos.
    La verdad es que ver como autores declaradamente no independentistas hacen encaje de bolillos jurídico para concretar la posibilidad de realizar un referéndum y que un independentista se refiera al derecho a decidir y al principio democrático es frustrante y muestra más voluntad de agitar las aguas que de calmarlas. Creo que la referencia al derecho a decidir supone una anticipación del resultado del referéndum y lo hace innecesario porque supone un reconocimiento de soberanía que debiera ser posterior al referéndum y no fundamentarlo. La referencia al principio democrático, así a palo seco, supone un desconocimiento de cómo se organizan los valores de las democracias liberales porque absolutiza uno en detrimento de otros cuando los valores siempre funcionan de forma indisolublemente relacional no jerárquica (el supremo canadiense lo explica muy bien) y sólo tienen sentido como (y dentro de un) sistema. Además, como todo principio, su aplicación requiere inmediatamente recortarlo y limitarlo. Vale, votemos. ¿Quién vota? ¿desde los 18? ¿por qué? ¿Qué pregunta? ¿Qué mayoría? Todas esas preguntas van a acotar el principio democrático pero, paradójicamente, son necesarias para plasmarlo en el mundo. Reglas, leyes. No se puede ejercer (ni pensar sinceramente) la democracia sin reglas del mismo modo que no se puede jugar al ajedrez sin ellas.
    Nota: al releer el principio me doy cuenta de que me ha quedado tipo terapia de grupo. Lo siento. La verdad es que después de lo que habías comentado de Ridao y de leer el otro día un artículo suyo sobre la disfunción democrática que supone la partitocrocia esperaba algo más. Al menos un lenguaje común. Así no se va a ningún sitio.

    1. Aciertas. Pelín cansado, porque en una abrumadora mayoría de casos se divaga mucho con generalidades y otras vaguedades, pero no se afronta el meollo de la cuestión. También coincido en que se da por supuesto un resultado que no es para nada obvio.
      Aún me queda por comentar el último libro leído, de una Letrada de la Generalitat, Dolors Feliu, que aun cuando tampoco haga una propuesta concreta sí que formula unos planteamientos más o menos claros… porque escribió el libro a finales de 2012 – principios de 2013 y no está tan contaminada del resultadismo actual.

  2. Lo que me sigue haciendo gracia es lo de “la mayoría de catalanes”…Una mayoría que el 9N no apareció por ningún lado.Pero claro,es que para ellos sólo los nacionalistas son catalanes.Y además,como tú dices,siguen sin proponer nada,más allá de discursos poéticos sobre la democracia y el inexistente “derecho a decidir”…

    1. La mayoría de catalanes y la voluntad de Cataluña, como si fuera una legión romana en formación de tortuga. Una falsa sensación de unanimidad que no se cree nadie, pero siguen como si nada.
      Lo cierto es que cuanto más leo y me documento -aunque ahora voy a parar porque ya me cansa-, más claro tengo que buena parte del discurso que mantienen es falso, aunque haya mucha gente dispuesta a creérselo.

      1. O sea,que no les hace falta ni el referendo.Pues entonces a qué venía tanto dar la matraca…

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