La manifestación a la que he ido (y sus consecuencias)

Este mediodía, como tantos centenares de miles, he asistido a la manifestación de Barcelona. Por primera vez en mi vida, llevaba un cartel con una reivindicación: el lema “No Estamos Solos”. Me pasé toda la tarde para montar un cartel medianamente potable: como no se me ocurrió antes, tuve que hacerlo a mano, con regla, escuadra y cartabón para que las letras tuvieran un cierto empaque y seriedad. Me quedaron regulín las eses y las oes y, aun así, está bastante bien. Es lo que pasa cuando eres un neófito de la manifestación, así que el próximo día ya me compraré una plantilla de letras. Así ha sido mi manifestación:

 

En cuanto al trayecto, lo simplifico: entramos en la manifestación alrededor de las 11:40 en Pau Clarís con Aragón. Salida a las 13:45-13:50 en Pau Clarís/Caspe, es decir, sin haber logrado siquiera llegar a Urquinaona. La manifestación se ha disuelto espontáneamente, al comprobarse la imposibilidad de avanzar más.

¿Y qué he visto? Pues algo muy parecido a esta crónica de Emilia Landaluce. Una manifestación preparada con buena voluntad y que ha superado cualquier expectativa de los organizadores. O sea, un poco de desorganización. No lo digo como crítica a una manifestación que, cuando fue convocada, quizás sus organizadores se daban con un canto en los dientes si llenaban Urquinaona y algunas calles adyacentes. Lo digo como reconocimiento a la espontaneidad que ha acompañado a la afluencia de gente presente: sin consignas predeterminadas desde la organización, sin dirigir los ánimos en una dirección u otra, sin coreografías ni homogeneizaciones predispuestas.

Porque, amiguitos, eso es lo que yo (repito, yo) he captado: un montón de gente harta de que pisoteen sus derechos. Mientras el independentismo (del que luego hablaré; y no muy bien) se dedicaba a escudriñar en busca de Franco resucitado, los asistentes recitaban lemas bastante simples, del tipo “no nos engañan, Cataluña es España“, “visca Catalunya, viva España y viva Europa“, “dónde está TV3” o “luego diréis que somos cinco o seis“, entre muchos otros. Mi cartel, como esperaba, ha tenido su éxito: varias personas se me han dirigido diciéndome “es que parecía que estábamos solos“, alguna hasta me ha pedido hacerse una foto (con el cartel, no conmigo; quizás, también, de paso) y muchas tomaban fotos (del cartel, no de mí). Sin magnificar el contenido del cartel (lástima que no haya llegado a Laietana, seguro que sale en la tele) y sus efectos, allí había mucha gente liberándose de la presión nacionalista. El ambiente era relajado y distendido, pero no era “festivo”, ni de “somriures”, ni mucho menos épico. Lo que yo he captado es una reivindicación de nuestros derechos. Y los asistentes han aprovechado que estaba convocada la manifestación de SCC para hacerlo, sin un guion previo marcado y machacado por la organización y los medios de comunicación a su servicio.

Me ha alegrado, y mucho, ver a mucha gente joven -difícil de ver, todos lo sabemos- y, todavía más, ver que el grupo vamos a llamar dominante, al menos en el sector en que hemos circulado, se situaba entre los 30-35 y los 55, aproximadamente. Es el grupo en que he sentido con mayor fuerza esa liberación: el que no puede hablar del asunto en el trabajo sin que se le echen encima o le llamen facha. Y también me ha alegrado ver que la presencia de niños era anecdótica. Oh, claro que los había, pero he visto tan pocos… Y por la edad de la gente en mis zonas del recorrido, seguro que podían haber venido muchos más.

No sé si puede calificarse la manifestación de “histórica”. Lo que sí sé es que, al menos entre quienes he podido ver o charlar durante la manifestación, nadie ha venido para “hacer historia”, ni marcar un récord o “hacerle ver” a “la comunidad internacional” que somos no sé cuántos. Han venido para defender sus derechos. (Oh, sí por favor, seguro que alguien habrá venido para defender las esencias de España desde la época de los romanos y tal, etc, blablabla).

Concluyo mis sensaciones de la manifestación. Reconfortante comprobar que tanta gente se ha movilizado, de manera espontánea, en apenas cinco días, que son aquellos en que la manifestación ha tomado la dimensión que finalmente hemos visto. Triste porque, en el año 2017, haya que manifestarse ante el claro riesgo de que unos gobernantes estén a punto de llevarnos al abismo.

Y ahora viene la parte oscura. La parte mala. La parte fea. La de unos intolerantes que no soportan que alguien no comparta su forma de ver la vida. Anoche empezó a llegarme, de nuevo, el cúmulo de estupideces surgidas desde el mundo independentista para intentar desacreditar la manifestación. La más sonora, como sabéis, la que sostiene que el grueso de los manifestantes venían “de fuera“. Tiene gracia porque esta objeción demuestra el nacionalismo inherente al independentismo: al aludir a los “de fuera” expresan claramente eso de “Cataluña, para los catalanes” o “los catalanes, primero“. Y se vanaglorian de inclusivos. Por favor. El cáncer del nacionalismo. Eso sí, a Otegi no le dicen que es “de fuera”. Cómo están algunas cabezas.

Amiguitos, cuando escribí el otro día que iba a asistir a la manifestación, entre otras razones, porque no puedo aceptar que me quieran extranjerizar, me quedé corto al prever las reacciones del independentismo. Gracias, José Antich (director de ElNacional; exdirector de La Vanguardia), por explicarme cuál es tu proyecto: el ninguneo y borrado de tus conciudadanos. Ese nacionalismo al que le molesta que unos pocos cientos o miles de nuestros conciudadanos que viven fuera de Catalunya hayan venido también; a ellos, los que han venido de otras comunidades, los considera extranjeros. A los que no compartimos este proyecto de exclusión, nos falta poco, como José Antich clarifica y Pilar Rahola confirma.

Por si alguien tiene dudas del proyecto excluyente del nacionalismo, recuperemos el tuit de Lluís Llach (diputado en el Parlament).

EDITO: Para incluir a Gabriel Rufián repartiendo catalanidad.

Si hay alguien que hace tiempo que nos decepcionó en el blog, fue Joan Tardà (diputado en el Congreso), a quien, bajo su expresión un tanto abrupta, siempre habíamos considerado una persona noble. No lo es.

De Toni Soler, por supuesto, no podemos esperar nada bueno. Ofender y poca cosa más.

Lo mismo de una diputada de la CUP, Mireia Boya.

Todo esto encaja, perfectamente, con el contenido del comunicado enviado por la ANC a sus socios: “Aquest diumenge 8 els qui vam anar a votar l’1 d’octubre buidarem els carrers de Barcelona i guardarem forces. Han convocat una manifestació espanyolista. La seva causa és ben legítima, i és normal que es manifestin –a la vegada que és lamentable que aquestes manifestacions tolerin la presència de grups violents d’ultradreta, que no representen gens els partidaris del No.“. Por supuesto, de aquí a relacionar a todos los manifestantes con la ultraderecha (y venidos de fuera), no hay ningún paso. Es la intención.

CONCLUSIÓN. La agresión (verbal) y el insulto por parte de unos conciudadanos (???) catalanes hacia quienes no compartimos su ideología es constante. No soportan la voz discrepante. El recurso es el que siempre hemos conocido: calificar como facha al que no sigue la línea oficial, excluirlo de la consideración como catalán. He puesto un montón de ejemplos. Todos relevantes. No hay nadie siquiera de segunda fila. Serán más importantes o menos, más conocidos o menos, pero todos están en primera fila. Si estos sujetos me insultan por manifestarme, qué no serán capaces de hacer en un futuro. Es evidente que no me consideran conciudadano suyo. Tranquilos, porque, con estos mimbres, yo tampoco. O sea, que sí, lo han conseguido: fracturar a la sociedad catalana. Dicen que no, pero sí. En el siglo XXI las fracturas no se visualizan a tiros, que es lo que al parecer entienden como “fractura”. Se visualizan de otra manera, por escrito, por ejemplo, como todas estas estupideces propias de malas personas, profesionales en generar odio. Y los niños no son inmunes a este ambiente repulsivo. Lo interiorizan.

Amiguitos, hoy muchos habrán tenido subidón al comprobar que “No Estamos Solos”. Eso está bien. Está muy bien.

Junto a la satisfacción, yo he sentido una intensa amargura por tener que manifestarme contra el nacionalismo y sus atropellos, su voluntad de exclusión y el insulto, expresado por esos nacionalistas de primera línea -que luego se las dan de ejemplares- y, como podéis imaginar, de manera brutal en foros incluso más o menos cerrados, en que todos se conocen de forma directísima.

Qué proyecto de sociedad tienen. Continúo siendo pesimista.

EDITO. Para recordar el brillantísimo discurso de Josep Borrell:Las fronteras son cicatrices grabadas en la piel de la tierra. No levantemos más

EDITO por segunda vez: Por fortuna, ELPAIS se dedica a la caza de las citas y fotos falsas.

 

156 comentarios en “La manifestación a la que he ido (y sus consecuencias)

  1. Espero que Rajoy, junto al requerimiento haya enviado una de las papeletas requisadas, con la instrucción clara de marque SI/NO. De lo contrario, lo lleva claro.

  2. Bueno mi opinión es que Rajoy debería hacer algo YA. Yo no sé si el 155, versión Light o sin cafeína, pero si se que desde el 6 y 7 de Septiembre hicieron cosas muy, muy ‘feas’ y no hay todavía hoy consecuencias. Pero algo hay que hacer. También he de deciros que el discurso secesionista de que España es mala y atrasada y en fin caca, está tan imbuido en todos que hasta nos da vergüenza agitar la bandera española. O lo digo por mi. Justificar usarla porque no hay más remedio me suena a complejo. Y aunque sea así. ¿Por qué en su caso es un hecho absolutamente democrático y en el nuestro es vergonzante? Yo pienso ir mañana a la mani del 12. Nunca he ido pero para que ellos nos vean. Ya saben que estamos, sólo hay que ver el resultado en votos de las últimas elecciones legales, pero no les molestabamos y hasta ahora callabamos y bajábamos la cabeza. Para que nos sigan viendo en el resto de España y del mundo. Es la mejor propaganda y por eso voy. Os pongo un link de alguien que se explica mejor que yo.
    https://www.lanuevacronica.com/el-resurgir-del-sentimiento-nacional-1

    1. Es divertido. Los nacionalistas han conseguido despertar nuestro patriotismo. ¡Nos vemos mañana en la manifestación! Con bandera o sin ella (yo iré con bandera). Un abrazo.

  3. Me encantan tus artículos. Eres tan claro y directo, sin insultar ni menospreciar a los que piensan diferente.
    Por darles la razón a los independentistas, voy a decir que mi mujer y yo vinimos de Zaragoza. Mi mujer y mis hijos son catalanes de nacimiento. Ella con más de 8 apellidos catalanes, uno de ellos Pujol. Mis hijos sólo la mitad. Hace unos años tuvimos que irnos de Lérida a Zaragoza por cuestiones de trabajo.
    Pero eso no es óbice para negarnos el derecho a luchar y defender esta parte de España donde están sus raíces, donde están enterrados sus antepasados y donde permanece parte de su familia.
    Ellos también tienen derecho a opinar sobre el futuro de Cataluña, tanto o más que muchos recién llegados con aires surrealistas.

    1. Sí, pero a tu vez estás matizando a los separatistas: ustedes son un ejemplo de que muchos de los manifestantes “venidos de afuera” en realidad son catalanes que viven en otras partes de España. Un colectivo en el que el separatismo se caga olímpicamente.

      1. Si. Tienes razón. Quizás no me he expresado bien con mi argumento. Tu respuesta es la conclusión a la que quería llegar. A los catalanes que viven fuera de Cataluña se les quiere negar el derecho a decidir sobre su tierra. Independientemente que TODOS los españoles tenemos el derecho a decidir. No sólo los que están allí ahora por diversas razones. Y en este caso pienso en los inmigrantes que les secundan con buena fe o no.

    2. Gracias por tu comentario.
      Como se ha dicho tantas veces, una secesión es un asunto complejo, grave, que implica tantas consecuencias…
      El independentismo aboga por la simplonería y eso es inaceptable.

  4. El requerimiento de Rajoy (de Soraya, en realidad) a Puigdemont está muy bien redactado porque evita cualquier mareo de perdiz. Le pide que responda si declaró la independencia o no “independientemente de si esta está en vigor”; y además le avisa que la falta de respuesta o cualquier respuesta que no sea un simple sí o no será tomada como un sí.

    Por primera vez lo veo al Gobierno tomar la iniciativa en algo.

    1. Es evidente que la respuesta de Puigdemont será “ni sí, ni no, sino todo lo contrario”. Falta por ver si el Gobierno actúa luego con inteligencia y decisión.
      Y es cierto que finalmente parecen haber tomado la iniciativa y embretado al secesionismo.

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