¿Se puede hacer trampas uno solo?

Entretenido en leer los comentarios que están arrasando el blog (tenéis casi todos un WARNING por comentariorrea) y los patéticos insultos a los Comunes, que suelen contener un concepto del tipo “sois los enemigos de Cataluña”, ha caído en mi pantalla -no sé quién la ha dado a retuit- otro artículo de Josep Costa.

En este caso, de opinión, no jurídico, titulado “Es pot impedir el referèndum amb només 52 diputats?“. Creo que vale la pena, ya que estáis tan aficionados a inundar de comentarios el blog, examinar esa opinión, que opina sobre los fundamentos de la Ley Inexistente.

Escribí que resulta inevitable referirse a la Ley Inexistente, por mucho que ello implique, paradójicamente, aceptar su existencia. Sin embargo, en tanto que inexistente, el comentario solo puede ser de opinión -pues se trata de un mero ejercicio de especulación, un artificio creado para llamar la atención- y no jurídico, que es lo que pasaría si el texto fuera una realidad. ¿Y qué dice Costa? Apenas comentaré un par de párrafos, porque cuando se contraponen opiniones sucede como últimamente en el blog (nuevo Warning, por si alguien se despista): discusiones inacabables en las que uno hasta acaba perdiendo el hilo.

Veamos, pues, estas breves notas:

1. La majoria independentista no es disposa a fer la independència. El que s’ha anunciat és un referèndum sobre la independència. Si fa no fa, la diferència és la mateixa que entre proposar i decidir. (…)  De fet, la modificació de l’Estatut requereix 2/3 dels diputats, però la ratificació en referèndum posterior es fa per majoria simple.“.

Qué queréis que os diga. Teniendo en cuenta que la Ley Inexistente establece un mandato imperativo a los Diputados para hacer efectiva la secesión (art.4) en caso de que en las cajitas (hay que ver lo mal que encajan algunos las bromitas; eso sí, cuando alguien dice que España es autoritaria hay que reírle la gracia y darle la razón) haya más votos a favor de una opción que no sé cuál es porque no he visto la Ley ni el Decreto, cualquiera podría opinar que la propia pregunta de la encuesta implica una proclamación encubierta, a la vez que condicionada, de la secesión. Opino, ¿eh?, no es jurídico porque la Ley de las Cajitas no existe.

Es decir: con la formulación de la pregunta y el anuncio de que la respuesta es vinculante, los diputados ya están modificando el Estatuto de Cataluña. O sea: 71 (+1) diputados formularán una pregunta susceptible de modificar el Estatuto de Cataluña; su electorado (destaco el “su”) les da el O.K. y…¡voilà!, Estatut modificado sin mayoría de dos tercios.

2. Como esto de los dos tercios lleva por la calle de la amargura al secesionismo, Costa sigue opinando. Insisto, no es jurídico, es opinión. En su opinión (parte final del artículo), sobre este asunto dice: “No es pot pretendre que havent desnaturalitzat l’Estatut sencer, amb una sentència que entre d’altres coses diu que moltes de les seues previsions no són vinculants per a l’Estat, l’article que requereix 2/3 per modificar-lo sigui sagrat. Després d’això, la legitimitat democràtica de l’Estatut és més que dubtosa. És més, si no és vinculant per a l’Estat, en justa reciprocitat tampoc ho pot ser per al poble que ja no el reconeix com a propi. Si no és apte per fixar límits al poder de l’Estat, menys ho hauria de ser per limitar el poder del poble.

Parece ser que el Estatut ha sido derogado o que no está vigente, en todo o solo para lo que interesa.

Es curioso, porque yo opino que, además del marco que proporciona un Estatuto de Autonomía en el conjunto de la organización territorial de España, un Estatuto también proporciona una serie de reglas de organización interna en Cataluña. La organización de “los catalanes”.

Costa opina que ese pacto con el conjunto de España está muy erosionado o roto, lo cual me parece perfecto, nada a decir. Sin embargo, opino, no nos dice nada de cómo está el conjunto del pacto en Cataluña, entre los mismos catalanes. ¡Ah, sí! Que 71 (+1) diputados son “el pueblo”. Y como son “el pueblo” (hay 52 que no lo son y los 11 restantes, ya veremos) pueden interpretar y aplicar las reglas del Estatut a su antojo, según les convenga, incluso contra los demás catalanes. Para eso, los 71 (+1) diputados son “el pueblo” y actúan sin límites. Cómo se va a ver constreñido “el pueblo” por un límite que considera que no le vincula, dentro del catálogo de decisiones excepcionales que piensa tomar, si es soberano. Acabáramos. Quedan derogados los artículos 222 y 223 del Estatuto de Autonomía, que para eso son “el pueblo” en circunstancias excepcionales. Bueno, uno puede opinar que sí y otro puede opinar que no.

CONCLUSIÓN. ¡Oh!, claro que cada uno puede opinar lo que le venga en gana. Hasta puede crearse los argumentos que mejor se ajusten a su opinión. Faltaría más. El problema viene cuando alguien cree que esa opinión es unidireccional, es decir, funciona en una sola dirección, la tuya. Y para que te funcione, te basas en decisiones excepcionales que te otorgas a ti mismo, sin habilitación previa, que te permiten saltarte los límites.

En fin. Es solo opinión.

Un apunte sobre la Ley de las Cajitas (siempre confié en Podemos; desde pequeñito estaba convencido de que un día harían una gran aportación), que no tiene nada que ver.

Disposición Final de la Ley de las Cajitas: “Primera.- Les normes de dret local, autonòmic i estatal vigents a Catalunya en el moment de l’aprovació d’aquesta Llei es continuen aplicant en tot allò que no la contravinguin. També es continuen aplicant, d’acord amb aquesta Llei, les normes de dret de la Unió Europea, el dret internacional general i els tractats internacionals“.

Si fuera el examinador, le pondría un CERO. Pero no un cero cualquiera, no. Un CERO histórico, para que así pase a la Historia del Prusés™ y el fragmento sea conservado para la posteridad. Si os preguntan cuándo se extinguió de la faz de la Tierra el principio de jerarquía normativa (art.9.3 Constitución), podéis contestar: “En la Disposición Final de la Ley de las Cajitas. Disposición Final que, por otra parte, se parece mucho a una derogación bastante clara de la Constitución, o sea, que sí se ‘está haciendo la independencia’ aunque no se diga explícitamente. Que ese es un vicio del separatismo: si no se dice explícitamente, algunos no lo entienden o simulan no entender. Además, con esa derogación del principio de jerarquía normativa, Marta Rovira nos fulminaría con su argumento estrella: ‘la Ley es inimpugnable’. Jaque mate“.

Ahora sí que acabo. Contribuyo activamente al WARNING (tercer y último aviso) con este artículo de Félix de Azúa: “Superiores“. Moderación, por favor.

39 comentarios en “¿Se puede hacer trampas uno solo?

  1. S’haurà de recorrer a Brecht (abans de que també ens el prenguin)

    “Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”

    (Ah, i ho escric en castellà perquè em dona la gana)

    1. Creo que te equivocas.

      1. Lo que no se debe trivializar son las referencias al holocausto (eliminación sistemática de judíos y otros colectivos menospreciados por los nazis).

      2. Consignas para “señalar al enemigo”, acallar al disidente y algunos tics del separatismo catalanista, sí recuerdan a ciertos aspectos de la Alemania de la preguerra.


              1. No dic això, Coixet ve a dir que se sent enmig d’una baralla. A tu et sembla q exagera perque el teu entorn es molt de la teva opinió i et sents molt confortable amb aquesta situació, si defensesis el mateix a Madrid, Còrdova, Palència o on vulguis de la resta d’Espanya, tindríes (possiblement ) la mateixa sensació d’hostilitat.

      1. Llavors… que dos dirigents del PP hagin fet referència a que se senten com jueus senyalats em dona dret a mi a escriure un article com el de Azúa o no?

        1. Las libertades de opinión y prensa dan derecho a escribir sobre prácticamente todo, aún de lo que no existe. Por eso Javier nos deleita constantemente con estos excelentes artículos que últimamente versan… sobre leyes inexistentes y referéndums no convocados. Sobre fantasía pura y dura.

          No hace falta la existencia de dos personas afirmando nada para escribir un artículo como el de Azúa. Podría haber hecho referencia a Heribert Barrera, ciertamente un científico de valía, y trabajar el artículo en base a algunas de las afirmaciones del Sr. Heribert, usándolas para analizar lo que sucedió en la primera mitad siglo XX al mezclar el racismo científico de finales del XIX, el romanticismo del XIX y el socialismo del XIX. Es un aspecto presente, todos esperamos que más o menos marginal, en el prusés dels somriures.

      2. Al Pirineu fa 1.000 anys que baixen torxes. Vaig a avisar a Nova Història: resulta que també vam inventar les tradicions nazis…

        1. Los nacional socialistas alemanes tomaron las tradiciones existentes y les dieron una vuelta de tuerca especial. Las recrearon vaciándolas de su sentido original. Como nacionalistas, tenían empeño en recrear las tradiciones. Como socialistas, tenían empeño en moldear la sociedad.

          Es un monstruo que hemos de evitar todos, sin excepción. Alimenta la vanidad de los más cultos y libera la violencia de los más burdos.

        2. Se me olvidaba: lo de 1000 años habría que documentarlo. ¿1000 años ininterrumpidos, siempre por la misma razón? ¿O ha habido solapamiento de tradiciones y razones? ¿Ha habido periodos de más de quince años en que se haya interrumpido? ¿Ha sido algo generalizado o ha afectado a unas pocas comarcas? Etcétera.

          Es como la sopa de galets, una tradición reciente. O comer carne en Navidad, según Muntaner la tradición catalana esa noche era no comer carne.

          Las tradiciones cambian mucho y muy rápido, pero siempre dejan la sensación de ser eternas.

          1. Documenta’t, documenta’t. Així ens treus de dubtes, que en aquest blog sempre s’aprenen coses útils! 🙂

        3. La esvástica es una cruz utilizada durante muchísimos años antes que los nazis, y por supuesto no representaba ni holocaustos, ni racismo ni ningún tipo de mal.

          ¿Pero que pasa cuando un ciudadano normal y corriente ve una esvástica? Irremediablemente se asocia con el nazismo, porque se apropió del símbolo.

          Utilizar una marcha de antorchas y no querer que se asocie con el nacismo o similar porque decimos que es algo de hace muchos años, es de gente que no tiene los pies en la tierra, y que hace las cosas sin importar si ofende o no al de enfrente. Exactamente igual que tatuarse una esvástica alegando que es un símbolo religioso previo a los nazis.

          En general, la gente suele asociar los símbolos según la importancia en épocas cercanas. De ahí que sea inevitable la asociación de las antorchas con los nazis.

          1. Fill meu, no sé si ets català o no, però si ho ets i en veureu una marxa de torxes penses abans en els nazis que el les falles dels Pirineus… Em sembla que la cosa ja no té remei.

            1. I la simpàtica mania de posar una bandera partidista a l’espai públic (rotondes cubanitzades)… Cal recordar uns senyors que varen convertir la bandera del partit en la de l’estat?

              1. Ni en la URSS llegó a suceder tal cosa, la bandera del partido por un lado, la bandera soviética por otro.

              2. Ho dius pels ajuntaments adscrits a l’AMI? És important, quan es vol modificar l’statu quo, evidenciar el màxim possible el suport que hom té. Si l’independentisme hagués de ser un moviment íntim, mai triomfaria. Bé, cap moviment, de fet.

                A més, serveix per ficar en evidència mancances de l’estat. Ja ho hem parlat moltes vegades: si la majoria absoluta (requerida per accedir a l’AMI) de ciutadans vol penjar una estelada a l’ajuntament, a sant de què ha de venir l’estat, que representa mínimament (o gens, en molts casos) aquella localitat a forçar que la treguin?

                I per cert: l’estalada no és la bandera de cap partit. Ni tan sols es pretén que sigui la bandera del nou estat.

                  1. Sistema polític que reuneix en mans d’un grup o partit tots els poders de l’Estat, no permet l’actuació d’altres partits, imposa la seva ideologia en tots els ordres de la vida del país i negligeix els drets humans en profit de la raó d’estat.

                    Ja em diràs.

                    1. “…imposa la seva ideologia en tots els ordres de la vida del país i negligeix els drets humans en profit de la raó d’estat.”

                      La raó d’estat, pot ser també la raó de l’estat FUTUR?

                      Jo m’ho preguntaria

                    2. Però la ideologia no s’imposa!
                      Ningú ha tret la bandera espanyola per ficar l’estelada (puntualment, potser, però no pas de forma continuada ni generalitzada) i ja no diguem en la resta d’àmbits. Que potser s’ha cancel·lat la feia de Abril? S’ha impedit parlar castellà a l’administració les escoles? (i d’això SÍ que tens precedents recents, en aquest país) No hi ha llibertat de premsa i opinió?

                      Lo dels drets humans ja és de broma. Aquí l’únic dret humà violat sistemàticament és el primer. Sinó pregunta-li a un tal Felip que té molt bona feina per dret seminal.

                    3. A veure si ens entenem i deixem de fer trampes al solitari:
                      – Posar una bandera de part a l’espai de tots de manera sistemàtica i permanent, es TOTALITARISME.
                      – Adherir el que és comú (ajuntaments, institucions, associacions ciutadanes,..) a entitats polítiques de part, és TOTALITARISME.
                      – Posar les raons de l’Estat FUTUR, per damunt de les lleis d’un estat de dret, les quals són les que garanteixen els drets de tots els ciutadans, ÉS TOTALITARISME.

                      Queda clar?

                    4. – Sempre que la bandera no sigui “la oficial”, entenc, oi? Pq per mi també és totalitarisme veure la bandera espanyola a l’ajuntament, a les comissaries i qualsevol altre edifici oficial. Pq si et penses que la bandera espanyola no és una bandera de part…

                      – Mira, aquí podria estar d’acord si l’adhesió a aquestes entitats suposés un retrocés en els drets de “l’altra part” (accepta’m el terme per resumir) però com que no és així… doncs no.

                      – De moment s’està fent tot d’acord a llei. Si fins i tot la famosa moció de desconnexió es va recórrer dient que era de broma. Així que tampoc.

                      Vaja, que em queda clar que no parlem del mateix.

                    5. Em rendeixo, tinc coses millors a fer que perdre el temps donant arguments a una pared

                    6. Mira, per aquesta mateixa raó vaig “desaparèixer” jo una temporada. Una abraçada!

  2. Ojo al matiz: “És més, si no és vinculant per a l’Estat, en justa reciprocitat tampoc ho pot ser per al poble que ja no el reconeix com a propi. Si no és apte per fixar límits al poder de l’Estat, menys ho hauria de ser per limitar el poder del poble”.

    No dice que si no es vinculante para el Estado tampoco lo es para el Govern o el Parlament, sino para el Pueblo, esa entelequia no corpórea superior a todas las cosas, cuyos derechos están por encima de los derechos de los ciudadanos.

    1. Fixa’t si es dóna vergonya ell mateix del que està dient, que no té nassos de ficar “si voten 3 persones i 2 voten que sí”…

      1. Sería más sangrante. “Si votan 3 personas de una población de 9 millones y 2 votan que sí”… 😉

      2. Eso ya lo dijo Franklin. “La Democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué se va a comer. La Libertad es la oveja, armada, impugnando el resultado”
        Rara vez se cita la frase final

  3. Últimamente anda confundiendo la academia con la práctica. Esa es mi impresión.

  4. Lliure, la respuesta que me pediste sobre el tema del nacionalismo-etnicista-supremacista-racista?. Releyendo por encima lo que he escrito me disculpo Javier por anticipado, porque creo que me he saltado la norma suprema del foro a la torera, como un prusesista cualquiera. Si quieres moderarlo y eliminarlo lo entiendo perfectamente. Si lo dejas, decirte que me apunto un warning como una casa y prometo de ahora en adelante enmendarme y ceñirme a tus entradas y tus parámetros como un buen chico. 😋

    Es el nacionalismo catalán hegemónico racista?, preguntaba Lliure. No. Pero a la postre la línea que separa lo nacional, lo étnico y lo racial es casi filosófica. Lo realmente sustancial es la creencia en una división maniquea entre ‘lo propio’, que es por definición lo bueno, lo bonito y lo verdadero, y lo de los otros, que es básicamente una mierda. Es decir, que el veneno está en el ‘istmo’, como todo el mundo sabe. Luego vendría ya esa manía de atribuirse derechos especialísimos partiendo de la diferencia, por lo general a costa del vecino, que daría su característico acabado totalizante al invento. Y aunque efectivamente no es lo mismo plantar está división sobre el suelo de lo racial (que remite a un ser inmutable: dado de una vez para siempre) que sobre lo étnico-cultural (a lo que quizás uno puede asimilarse o disimularse), la constante es en sí misma perversa: una falsa dualidad mística luz-oscuridad tendente a sobreponer la esencia sobre las existencias concretas, y que, a diferencia del mero patriotismo, que es un tipo folclórico de onanismo que hasta puede ser edificante, necesita la confrontación externa para cohesionarse hacía dentro. Lo nacional, lo étnico y lo racial son sólo puntos de anclaje. El supremacismo es la constante de esta dialectica: sobrepujar atribuyendo a la diferencia valores opuestos e irreconciliables. A veces la línea entre los istmos se desvanece de puro fina, como le sucedió a Oriol Junqueras en aquel artículo en el que babeaba imaginándose más emparentado genéticamente con los franceses que con los castellanos, o cuando damos por cierta la metáfora del ADN imperial castellano o creemos a píes juntillas el eslogan de la España irreformable: cuando pillas el hábito de ensimismarte en tus virtudes, y recrearte en las miserias del resto, el pretexto da un poco igual. Por lo que respecta al estado de la cuestión, te recomiendo que te dirijas tu que anclaje hay para el istmo en las estrategias de la sectorial de psicología de la ANC (su mera existencia ya es de por sí inquietante) para convencer literalmente a ‘las Maris’ de que voten independencia. En fin, que sin necesidad de ser estrictamente racista, se puede ser un capullo de cuidado…

    Ahora bien, supongo, un poco al hilo de tu pregunta y posterior respuesta a la mía, que lo que tú querías que respondiésemos es hasta qué punto consideramos que todo el independentismo es por defecto nacionalista (o sea, poco respetable), y hasta qué extremo (el del istmo holístico estilo nazi sería el máximo) estábamos dispuestos a demonizarlo por ello. ¿Me equivoco?

    Pues bien, en este sentido yo distinguiría la ‘oferta’ del ‘consumidor’. La superestructura que genera el mensaje, por así decirlo, del tipo a pie de calle que lo metaboliza. El nacionalismo es casi por definición una oferta narrativa; por lo que antes de evaluar la participación de los ciudadanos, yo me fijo en su grado de implantación pública, lo desacomplejado de la misma, y la cantidad de espacio cívico que domina. Lo que opinan en mi entorno viene después…

    A nivel macro -lo que implica su naturalización en la agenda y la retórica política, su presencia en medios de comunicación, su infiltración en la educación, su capacidad de visibilización y movilización callejera, su hegemonía desproporcionada a nivel Generalitat, etc- yo diría que ‘la cuestión nacional’ es en Cataluña obsesiva. Monotema, vamos. Y también que es la única ratio que explica, por ejemplo, una unión tan contraintuitiva como la de la CUP y la burguesía Convergente, que no puede basarse ni de coña en ninguna fantasía de país compartida al hilo del proceso constituyente. Obviamente. Es más, desde los tiempos del pujolismo creo que en Cat se está practicando un nation-building de manual, y además sin esforzarse mucho en disimularlo. Pero, en efecto, convertir la cuestión nacional en alpha y omega de toda actividad, en la razón de ser en el mundo de una constelación hiperactiva de asociaciones cívicas, medios de comunicación comprometidos con la causa, programas culturales y educativos sesgados en la misma línea, y de prácticamente (desde hace cinco años sin el ‘prácticamente’) de todo conato político, no convierte instantáneamente el afán nacional en nacionalismo. Para alcanzar el sello del ‘istmo’ se requiere, como decía en el primer párrafo, un enemigo externo al que denigrar y acusar de todos los males propios y ajenos, y una mentalidad binaria que reconcilie en un sistema semiótico bien apretadito dos hábitos sistemáticos: el desprecio por el otro, unido a la constante exaltación de lo mío. Y siento decirlo pero la idea de nación proyectada en Cataluña tiene, me parece a mí, estos rasgos. Y hasta un punto de mitologización a veces ridículo… Porque mira, si renegar de España por momentos puede parecer hasta razonable, el segundo artículo, convencerse de la gran diferencia que nos separa del otro por el mero hecho de ser catalanes y tocar la gralla y haber heredado el espíritu de resistencia y el pulso austracista respetuoso y pactista y protodemocratico de los ídolos de 1714, aún no habiendo estado allí, toda esa absurda arrogancia, toda esa morralla que oscila entre lo pasivo-victimista y lo agresivo-perdonavidas, habiendo compartido todos los vicios y taras de España en 40 años de democracia, y siendo corresponsables de su arquitectura y praxis política, eso ya, de pura sci-fi no tiene nombre.

    A veces el istmo me parece tan fetén, la verdad, tan rematadamente perfect -como cuando España nos robaba vestido de ladrón del Follow Me- que tengo que darme bofetaditas en la cara para creerme la cantidad de mamonadas que coleccionan ya los máximos representantes del establishment soberanista, con Puigdemont y sus barquitos y sus siestitas, Junqueras y sus genealogías y sus cuentas de la vieja, y Forcadell y sus disyuntivas pueblo-enemigo. Por no hablar de Rufián, que da la medida de tantos clichés y tan seguidos que prefiero no comentar la opinión que me merece. A veces, te lo prometo Lliure, me parece que el volkgeist que nos predican Cardús, Partal y Vila, y que es el que da realmente sentido a esa idea tan poco cívica y tan natural en el soberanismo de que ‘pueblo’ es sólo aquel que comulga en el altar, que Cataluña me parece una categoría puramente negativa y sin contenido real: lo contrario de ese container de basura que es Españistán. Nada más. Y sí, es cierto, no es un discurso violento, no llama a arrinconar directamente a las cucarachas españolas, cosa que agradezco, aunque a menudo últimamente patina sobre la irresponsabilidad. Pero es literalmente imposible sumergirse en el universo narrativo indepe-nacionalista y encontrar ni que sea de chiripa, por error, una palabra amable, una sola vez en la que aparezca España y no venga seguida detrás por una ristra de atributos negativos.

    Oh sí, se practica mucho ese eufemismo de referirse al ‘Estado’, nunca al españolito de boina y pitillo… como si una simple palabra bastase para exorcizar mágicamente el vicio del ying y el yang. Pero es un truco para aligerar conciencias. Poco más. Cuando agitas un espantajo azulito en forma de mapa binacional y declaras la irreformabilidad del otro, o como cuando como Basas en el artículo que cita Javier describe a los no partidarios de seguir tu agenda política poco menos que como esbirros atolondrados de una maquinaria dictatorial, ya estás apuntando que el fraternal pueblo español participa, como no puede ser de otro modo, de su Estado, y comparte así sus rasgos degradados: casposo, corrupto, ignorante, facha, dictatorial…

    Por lo que respecta a la gente a pie de cafetería, a la sociología de la vida cotidiana en Cataluña, como corresponde al nivel subatómico en la física cuántica, encontramos una casuística y una variedad difícil de someter a pautas regulares. En general, quizás con otros porcentajes, porque mi pequeño cuaderno de bitácora de la perplejidad tiene ya varias páginas, comparto tu descripción, Lliure, del paisaje: hay de todo… lo que significa que el istmo se diluye en la variedad; mejor dicho, que se descompone en dos fases: a) cuando nos relacionamos unos con otros para cualquier asunto diario, y b) cuando ‘procesamos proceso’. En el primer supuesto la gente es realmente considerada y el istmo desaparece: parece y efectivamente vivimos en una sociedad pacífica, cívica y respetuosa. Cuando, por contra, sale el tema, entonces la tendencia se futboliza terriblemente. Mi experiencia personal (supongo que en el resto de España sucedería a la inversa) es que un ‘unionista’ tiene que andarse con pies de plomo para que no le cuelguen alguna etiqueta despectiva. Este doble nivel, no me entiendas mal, es sano que exista, y lo considero un buen síntoma de racionalidad y un mecanismo de defensa natural para que el istmo macro no consiga traspasar el ámbito de lo político (aunque me siento tentado de llamarlo ‘de lo prepolítico’), que es donde todavía es medio admisible. Por otro lado, también demuestra que todo independentismo no tiene que ser forzosamente nacionalista: hay, como tú señalabas, un independentismo crítico que se ha sumado al eminentemente völkisch de toda la vida, y que más que sentirse pagado en su patética vanidad con el rollo exaltación-negación, en plan masaje de autoestima, se plantea la indy como una ventana de oportunidad para hacer un nuevo país ‘más democrático’. Sin embargo, si te soy completamente sincero, me parece que este independentismo es muy residual (aunque mucho ista se parapeta tras él), y tremendamente ingenuo. De hecho, por el camino ha tenido que tragar tanta dialéctica nacionalista para confiar en la utopía interna, y justificar la obligatoriedad de la misma en una degradación total de España, que dudo mucho, la verdad, que al final sean capaces de arrastrar el innegable nacionalismo dominante hacia la utopía nórdica, en lugar de ser ellos los arrastrados, con la excusa de la utopía, hacia formas elementales del istmo. Es una duda. No una certeza. Pero siempre me ha parecido que lo del proceso constituyente y el país de las maravillas era la operación más farisea de largo del nacionalismo para darse carta de ciudadanía en la vida de una gente, por lo demás, bienintencionada. Como muestra de suspicacia me remito a una frase archiconocida, que es la palanca de arranque del dualismo nacionalista: ‘diferentes; ni mejores, ni peores’… que en mi oído resuena sin embargo: ‘diferentes; ni mejores, ni peores… pero, eso sí, capaces de maravillas que os exceden, españoles, con mucho’. Llámame descreído…

    Para terminar, podría pensar que este nacionalismo es una fase transitoria, y que responde únicamente al anhelo de proveerse de aquello de lo que se carece, un Estado, y que resulta que coincide con lo que la mera existencia del otro parece que nos impide. Puedo creerlo, pero lamentablemente no me reconforta ni me tranquiliza. Fallo mío. Quizás desde la tranquilidad de quién ha crecido en un momento histórico y en una cómoda relación nación-Estado, en la que parecía que el verdadero desafío del futuro, matanzas etnicas mediante, era desligarse la condición de ciudadano de la identidad, tenía la esperanza de que la posmodernidad deconstruyera productivamente la morralla nacionalista de manera que fuese posible, como un día se hizo con la religión, extraerla de los entresijos del Estado, limitando precisamente lo más sórdido de esta pretensión de asimilar y homogenizar por las bravas, y liberando las identidades particulares de tener que pagar su cuota de fidelidad a la hegemonía dominante. En fin, que entiendo que la nación catalana aspire a lo mismo que la nación española consiguió un día para sí. Pero igualmente me sigue pareciendo un camino equivocado y un anacronismo peligroso e innecesario, y que no resolverá además los dilemas de la identidad, básicamente porque esos dilemas surgen y son en cierto modo la identidad misma…

    Más vale pues que la nación catalana que aspira a su propio Estado se conciba igual, ni mejor ni peor que España; exactamente con los mismos problemas para pacificar está inquietud fundamental que provoca la diferencia. Más nos vale porque en términos de identidades lo único que cambiarán, de consumarse la independencia, son las proporciones: menos españoles y más catalanes bajo el techo del nuevo Estado, no la propia diversidad, que seguirá existiendo. Y lo que vale para lo nacional vale para la sensibilidad política y la cálidas moral de la gente: la misma derecha, la misma burguesía capitalista y las mismas ganas de defraudar. En suma, y volviendo a lo nacional, la misma dificultad para el que quiera hacerlo complicado, y la misma facilidad para el que no establezca el patrón cultural como marca de distinción y privilegio.

    Y eso es más o menos todo lo que se me ha ocurrido.

    1. Lo veo colgado, y sí, me he sobrado. Sorry Javier, de verdad. Esto es la jungla…

      1. Excelente, como siempre.
        Los warnings se dirigen a que se limiten un poco las conversaciones tipo chat-twitter.
        Prefiero un comentario de cinco párrafos que cinco de cinco palabras. Que no están prohibidos, pero se habían desmandado un poco.

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