El secesionismo es un compartimento estanco

Una rápida visión de las portadas de la mayoría de medios digitales subvencionados. Tengo la impresión de que el secesionismo se ha convertido en un compartimento estanco, en cuyo interior se amontonan sucesos que en poco me conciernen.

La anulación de la prohibición de los toros, el acto de apoyo a Forcadell, la estatua de Franco en El Born… Estos son los asuntos con que la parroquia secesionista se distrae. Un mundo estanco cuyas tribulaciones identitarias pueden entretener un rato, hasta generar una entrada en un blog, y no acaparar toda la atención, como sucede a diario.

Me voy a leer unos cuantos artículos más de Teoría y Realidad Constitucional. Durante la fase de insomnio de esta noche, me ha parecido muy interesante el de José Tudela Aranda, «El derecho a decidir y el principio democrático«.

Entre las valiosas reflexiones de Tudela, destaco esta: «El independentista persigue una solución abrupta. Considera que la coyuntura puede ser adecuada y que hay que actuar en consecuencia. No hay que esperar porque mañana las cosas pueden haber cambiado. La crisis económica puede haber acabado y un nuevo mapa político ofrecer más ilusión a los ciudadanos. Es ahora. Precisamente, sus argumentos son los que ratifican la necesidad de proyectar una decisión favorable en un tiempo determinado. Declarar una secesión es una decisión sin parangón. Es una decisión sobre decisiones. Si, como se ha recordado, el ordenamiento jurídico muestra toda clase de ejemplos en los que para determinadas decisiones se exigen condiciones adicionales, no parece nada exagerado, ni, por supuesto contrario al principio democrático, demandar un marco excepcional para un referéndum de secesión. Más bien, lo que no parece coherente con el propio principio democrático, es que una decisión que determina la condición de extranjero a muchos de los conciudadanos; que afecta, necesariamente a múltiples derechos individuales; que, por no seguir, provoca una honda fractura social, pueda ser adoptada al albur de una coyuntura, con prisas provocadas porque mañana podría ser diferente.«

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Pedro F.G.
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Pedro F.G.

Hay algo que los contrarios a la independencia tendemos a olvidar: los separatistas no nacen, se hacen. Y en Cataluña llevamos más de 30 años con una sistema educativo que es una verdadera fábrica de nacionalistas, sobre todo en los colegios e institutos de las comarcas interiores de Cataluña. Y en el horizonte no veo ninguna fuerza política que se tome en serio la necesidad de acabar con la instrumentalización ideológica de las aulas.

Alex
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Alex

Muy de acuerdo con la cita. El asunto, tal y como lo veo, es así: o ‘derecho a decidir’ o el derecho de los otros a no ser considerados extranjeros en Cataluña sin decir la misa la media. Que cada uno privilegie el que mejor le parezca, pero por lo menos que quede claro que los que no vemos inmediatamente la evidencia del planteamiento independentista también nos movemos por criterios democráticos. Vamos, que la libertad de Cataluña no es un fenómeno absoluto; colinda con otras libertades.

Viure Lliure
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Viure Lliure

La cita em recorda MOLT al que vàrem comentar d’escòcia i la UE…

Juanmari
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Juanmari

Me alegra que se cite a Soroa y no a Buchanan. Añado, y también soroizando, que hay otra manera en la que el principio de legalidad y el principio democrático están indisolublemente imbricados, tiene que ver con la distinción entre democracia sustantiva y democracia procedimental y las consiguientes paradojas. Cómo dice Soroa, librarse de las reglas en aras de la afirmación pura del principio democrático no es tan fácil porque hay que regular quién vota, qué vota, qué es un voto nulo, etc. Cuestiones que, a su vez, solo pueden decidirse mediante acuerdos mayoritarios. Un bucle. Afirmar la primacía del principio democrático, no puede ser, por tanto, negar el principio de legalidad, sino que solo es adherirse a otra ad hoc de forma arbitraria y por conveniencia.

Joan
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Joan

No sé si es el momento, pero me iré un poco por las ramas haciendo un esfuerzo por intentar comprender el separatismo.
Y en ese esfuerzo positivo, puedo llegar a entender que los separatistas intentan algo nuevo, una nueva vía. La vía de la PRESIÓN, vía intermedia entre las dos clásicas: la vía de la razón y la ley, y vía de la de la fuerza.
Vivimos lo que alguien ha llamado el “siglo de los derechos”, donde existe la convicción, o la moda, de reclamar el derecho al reconocimiento de todo tipo de peculiaridades, a veces pintorescas; hace poco leí a un animalista (no muy destacado, ciertamente) reclamar el reconocimiento a los “derechos humanos de los animales”. Solo en este contexto se puede comprender la insistencia en alegar un derecho nuevo, un derecho inventado, como es el “derecho a decidir”.
Además, en este mundo actual de democracia mediática, las cosas se consiguen muchas veces por la presión pública, independientemente de la razón. Esto ha sido así siempre (alguien escribió hace mucho que “la razón es una pordiosera si no está respaldada por la fuerza”), pero ahora la fuerza puede ser la del número, la presión de un “colectivo”.
El separatismo ha descartado de entrada la vía legal (apenas han hecho la pose de intentarla, como de probó hace poco en esta página). Sabe, por supuesto, que no cabe la vía de la fuerza. Y ha centrado todos sus esfuerzos en una estrategia perfectamente planificada con una feroz campaña de propaganda (contratada a la Blue State Digital, no lo olvidemos), mediante instrumentalización de los medios, movilización social, subvenciones, adoctrinamiento, etc., etc., que todos conocemos perfectamente, con el fin de ejercer presión. No importan los contenidos, no importa la razón (las razones se inventan), no importan los argumentos (aquí se demuestra todos los días); todo eso forma parte de la propaganda, solo importa LA PRESIÓN, con la que esperan tumbar el paradigma. En el fondo, el único argumento real que mantiene el secesionismo es “porque nosotros lo queremos, y somos muchos”.
A partir de aquí me hago miles de preguntas de todo tipo, entre ellas si esta “vía de la presión” es viable y a dónde puede llevarnos. Pero no quiero alargarme demasiado; dejo aquí esta breve reflexión por si a alguien pudiera interesar.

Juanmari
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Juanmari

He leído el artículo de Javier Tajadura pensando que iba a ser una lectura ligerita y no. Más bien no. No es lectura para después de cenar. Por avisar.

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Juanmari
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Abraham Benyosef
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Abraham Benyosef

Relativo al tema de la presión que citaba Joan, hay un interesante artículo de Siscu Baiges titulado ¿Corales o cantores por la independencia?. Ahí describe el caso de un amigo de él que canta en un coro. Esta agrupación ahora tomó la costumbre de cerrar sus presentaciones entonando Els Segadors. En su última actuación, varios miembros del público lanzaron gritos de «independència!», y algunos miembros del coro aplaudieron, lo cual puso muy incómodo al amigo de Baiges, que no es indepe, pero que no atinó a decir nada en el momento.

En el ensayo siguiente, este coreuta disidente sí habló, y planteó que no es correcto que algunos miembros de un colectivo expresen su opción independentista en público, cuando puede haber otros miembros que no la compartan. Quedaron en que lo hablarían más tarde, pero al terminar el ensayo se le acercaron cuatro otros miembros, en privado, y le expresaron que estaban de acuerdo con todo lo que había dicho.

Y así funciona el bullying social independentista en Cataluña: con hechos consumados que ponen al no independentista en la antipática posición de enfrentarse a ellos, sin siquiera poder contar con la solidaridad explícita de otros que también se oponen a la secesión, los cuales por comodidad prefieren seguir callando. Se podrá decir que no es una coerción violenta, y que a nadie se le pegó por decir que no era indepe, pero la amenaza se ser el señalado, el diferente, es un arma muy efectiva, ya que el ser humano no tiene una particular tendencia a entrar en el martirologio social por defender sus ideas.