Unas rápidas impresiones

Hoy toca exponer impresiones. Opinión. Es decir, el contenido más discutible del blog. Cada uno tiene sus ideas, basadas en hechos interpretables y no objetivos.

Tras la sesión de la fallida investidura de Mas, me quedan las siguientes impresiones:

  1. El desasosiego de los que suelo llamar “los que viven por encima de la Diagonal” (sí, también los hay de la CUP). Por cerrar un poco el círculo, vamos a identificarlos como votantes conservadores, digamos que cercanos a CDC. A raíz de la votación de la resolución del lunes y del desarrollo de los acontecimientos, se ven de rodillas e implorando clemencia a la CUP. La incomodidad por este hecho -y la toma de conciencia de que la resolución constituye un error de cálculo y de procedimiento- es enorme y no sólo se trata del editorial de ayer de La Vanguardia y la nueva orientación que está tomando ese diario. No hay más que escuchar los dos últimos editoriales de Jordi Basté (hoy miércoles y ayer martes) en RAC1 y se detecta, sin tapujos, esa incomodidad. Existe, sin duda, un nutrido grupo para el que el fin justifica los medios y que continúa exactamente en sus mismas ideas, pero incluso así el entusiasmo no aparece.
  2. La investidura de Mas. Me quedo con la interpelación de Baños un tanto abierta y ambigua de “vuelva el jueves“. No sé, quizás me equivoco (en poco más de un día saldremos de dudas), pero me parece una puerta abierta a un giro de guión. La razón residiría en que, tras la suspensión de la resolución del Parlament por parte del Tribunal Constitucional, existirían “motivos” para la CUP que le dieran una justificación y abstenerse en la votación del jueves, ni que fuera con la abstención de dos diputados. Por lo que informan los periódicos, hoy mismo se presentará el recurso al TC, con lo que la suspensión se puede producir esta tarde o mañana, antes de la votación. No sé, veremos cómo se desarrollan los acontecimientos. Por las declaraciones de la CUP, nada indica que pueda suceder. Sin embargo…
  3. La reacción del Estado. Como ya dije (tampoco es un mérito especial) cuando se presentó la propuesta de resolución, su efecto fue el de facilitar futuras actuaciones del Gobierno. Nadie se plantea la conveniencia del recurso (o si se lo plantea, apenas lo discute más allá de los matices), ni su contenido, ni sus consecuencias directas (lo mismo: sólo se cuestiona los matices, en cuanto a los requerimientos y su aplicación directa). La única discusión se centra en lo que vendrá después, lo cual, a mi entender, todavía está en un plano teórico y, ciertamente, indefinido. Ahora mismo, no es el problema acuciante.

A ver qué sucede en los próximos días.

4 comentarios en “Unas rápidas impresiones

  1. Iba a poner algo sobre elecciones plebiscitarias, sujetos colectivos, pueblo, radicalidad democrática, referéndum y creación, desaparición y ordenación de prioridades, más una pequeña referencia al sofoco de Pilar Rahola para aligerar, hasta que he leído que Baños ha dicho que ve las elecciones en marzo como un peligro para el independentismo porque puede bajar en votos. Alucino. Borges mismo, inventor de la expresión “agotada la infamia” se habría quedado sin palabras de conocer a esta caterva de sinvergüenzas. O sea, que toda la basura de mayoría indestructible y que no para de crecer y hay que ver qué demócratas somos, cuánto nos gusta votar… ya no vale, todos saben que es mentira, reconocen que es una trola y a nadie le importa, luego de cinco minutos vuelven al mismo discurso tan contentos. Mayorías reforzadas ¿pa’qué? Y este es el coherente. El señor Don “se ha perdido el plebiscito, no hay DIU… pero hay proceso constituyente”. No me extraña que haya independentistas que se hayan alejado de este proceso y otros que nunca se acercaron. Ya no es ley, derecho, convivencia, política…es un mínimo de dignidad. Ser ecuánime está empezando a ser un reto muuuuuy duro.

    1. Recuerdo una de tus primeras intervenciones en el blog -quizás, la primera, tampoco voy ahora a revisar los comentarios- en que me felicitabas (gracias) por una visión desprejuiciada del tema, cosa que no impide tomar posición. Esto es algo que el separatismo (con todas sus letras) se niega a entender: uno no critica tanto el ideal secesionista (también criticable) como las formas, maneras, procedimientos y envoltorios falsos con los que se quiere justificar para llegar hasta él.
      Estamos ya en una fase delirante, que va mucho más allá del libro “Una Comunidad ensimismada”, en que Manuel Cruz recopilaba hace un par de años un conjunto de artículos suyos publicados en años anteriores. En la contraportada se dice: “…una exaltada movilización cuya auténtica función es no solo la de soslayar el necesario debate político, sino, tal vez, sobre todo, transmitir la imagen de una Cataluña unánime, homogénea y, en definitiva, ensimismada, que no se corresponde, en modo alguno, con la realidad.
      El jueves escuché, casi por accidente, la tertulia del programa de Mònica Terribas. Aparte del delirio general de los contertulios, Magda Oranich (abogada, exdiputada por ICV hace unos 20 años y ahora próxima a CDC, estuvo incluso en la directiva del Barça, ahora no lo sé) repetía casi al estilo Rahola “estem rebent uns atacs fortíssims” (estamos recibiendo unos ataques fortísimos). En la media hora de trayecto repitió lo de los ataques como seis o siete veces. Concretar en qué consistían esos ataques (juro que esperaba que lo hiciera, porque creo creía que Oranich de tonta o ridícula no tiene nada) no lo hizo ninguna.
      Si esta semana has seguido los editoriales de Partal -y, en general, la caverna separatista- el delirio es máximo: lo mismo dice que una asamblea “secreta” de los 72 diputados separatistas es una buena idea y que a ver si llegan a un acuerdo con esa fórmula (cuando casi todo el mundo se dio cuenta de que era una propuesta retórica; bueno, casi todo el mundo menos Germà Bel, que iba tuiteando también en ese sentido y la mayoría le decía que no era en serio), como que los planes de compra del BCE incluirán deuda de regiones o ciudades y que eso le servirá a Cataluña. Así, en crudo.
      Lo más triste, no obstante, sigue siendo comprobar la enorme cantidad de gente que no es capaz de cuestionarse nada de nada. Una parte muy importante de la sociedad mirando para otro lado…

      1. Está semana he leído todo Partal con creciente asombro. Le suelo leer porque me parece que sus editoriales son un termómetro infalible de los altibajos anímicos a los que induce olvidar la realidad y el voluntarismo como solución para todo. A estas alturas además ya leo el original catalán.
        En general, (salvedades y eso) los independentistas no entienden la diferencia entre defender la necesidad de los procedimientos del Estado de Derecho y defender la “sacrosanta” Constitución y la “sagrada” unidad de España. No mire, ni sacrosanta ni sagrada pero si uno se salta las reglas las destruye todas y nada queda salvo la fuerza y la violencia. Las reglas de la democracia no nacen ni del capricho ni de las ganas de fastidiar, son el producto de una evolución histórica de prueba y error. Eso no las hace ni sagradas ni inmutables, sólo funcionan mejor que otras o que su ausencia. Sólo por eso conviene no tomarlas a la ligera.
        Precisamente hoy Manuel Cruz ha escrito un artículo titulado ¿Masa crítica o masa acrítica?

        1. Me gusta lo de los altibajos anímicos de Partal, que también he detectado. Un veleta que hoy dice una cosa, mañana otra y pasado todo lo contrario. Algo parecido pasa con Xevi Xirgo, el director de El Punt Avui. Allá por el mes de julio tuve en borrador un artículo titulado “Ciclotimia de la secesión”, que acabé abandonando por falta de contenido sustantivo real, cuyo eje era lo que comentabas. Si no recuerdo mal, lo centraba en Xirgo (y si era otro, da lo mismo) y era una antología de la deshonestidad: hoy la lista única es buena idea, mañana es mala y pasado es el seguro a la mayoría absoluta en votos y escaños, al siguiente no se veía cómo encajar lista civil y políticos, y bla, bla, bla.
          El artículo de Manuel Cruz es un buen termómetro de lo que sucede y lo que muchos captamos.

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