La presunta corrupción de CDC y los articulistas por la secesión

Hasta que no exista Sentencia condenatoria firme, la corrupción de CDC es presunta. Eso es verdad, como que no es necesaria una Sentencia penal para que existan responsabilidades políticas, algo que en España resulta desconocido. No seré yo quien me anticipe a condenar a CDC, aunque en este brillante artículo de Diari de Girona (“Empreses generoses”) se sugieran razones más que lógicas que invitan a pensar mal.

Y es que respetar la presunción de inocencia no impide la sana crítica, exigir explicaciones convincentes o, incluso, adoptar posiciones prudentes -tibias, diría yo- evitando pronunciarse hasta que el asunto se aclare. Esto es algo que los comentaristas afectos a la secesión han olvidado, hasta el punto de erigirse en abogados defensores de Convergencia. Si un periodista escribiera un artículo en defensa de Bárcenas, Griñán, Chaves, Cristina de Borbón, Rato o tantos otros involucrados en asuntos penales de diversa consideración como los que hoy existen esparcidos por toda España, me parecería alguien con oscuros intereses. En su total derecho de defender a alguien que no ha sido condenado -cosa que ya hacen sus Abogados y las personas más próximas a ellos, como los compañeros de partido, eso no me sorprende en absoluto- y que espera juicio o es investigado, pero poco comprensible que se pronuncie a favor de una defensa que no le incumbe.

A los periodistas defensores de Convergencia sí les incumbe. Personalmente, pues muchas veces tienen tantos favores que devolver, o una relación tan íntima con CDC y los resortes de poder, que su obligación es la de salir en defensa de su interés. O les incumbe colectivamente, ya que, como ellos mismos se encargan de pregonar, investigar a CDC es lo mismo que atacar a Cataluña -las esencias de Cataluña descansan únicamente en ellos- o poner en tela de juicio el propio secesionismo. Defender a CDC es lo mismo que la legítima defensa, según su forma de ver el mundo.

Tomemos el ejemplo de Vicent Sanchis y la secuencia de artículos que estos días podemos leer en El Punt Avui:

  • 22 de octubre. Artículo “Els convergents són idiotes?“. Sanchis escribe frases como “Ara una sèrie d’accions judicials encadenades amb coets i masclets mediàtics vol fer creure a l’opinió pública que Convergència encara es finança il·legalment.“. Y concluye que no cree que los convergentes, con antecedentes como el caso Palau, fueran tan idiotas como para seguir con corruptelas o, creo que entender, que los pillaran.
  • 23 de octubre. Artículo “L’altre 3 per cent“. Sanchis se lamenta de que, supuestamente, no se haga tanto caso a la corrupción del PP como a la presunta de Convergencia. Estoy de acuerdo con que se persiga la corrupción popular a fondo, coincido con Sanchis; no obstante, creo que Sanchis no está tan conforme en el caso de CDC.
  • 24 de octubre. Artículo “Els dos 3 per cent“. Atención al giro -que solo dura un párrafo- de Sanchis, que firma lo siguiente: “N’hi ha que han volgut lligar Convergència Democràtica a aquest blasó. Ho han aconseguit. I els fets, per ara, semblen donar-los la raó. La informació que ha filtrat la fiscalia sobre els darrers escorcolls i detencions dels responsables de les finances del partit fa referència a comissions disfressades sota la fórmula legal d’aportacions, intent de destrucció de documents i corrupció generalitzada que afecta el moll de l’os de Convergència.“. No creáis que Sanchis ha dejado su toga de abogado, porque a continuación escribe: “Hi ha un abans i un després del cas Palau i resulta molt difícil de creure que els responsables de Convergència hagin caigut en els mateixos pecats, i encara més repetint la mateixa fórmula de triangulació entre la seva fundació i el partit. I més encara considerant, com consideren els convergents i com demostren els fets, que estan en el punt de mira de l’Estat des que es van decantar cap a l’opció independentista.“.
  • 25 de octubre. Artículo “Lladres i nazis“. El cúmulo de donaciones que se vinculan a supuestas comisiones que se ciernen sobre CDC hacen que Sanchis opte por el lloriqueo: “a Mas y Convergencia les llaman nazis y ladrones [en lugar de Mas y Convergencia, sustituidlo por “a los secesionistas/los catalanes nos llaman…“]“. Es sintomático que se dé por aludido, en un artículo que empieza nada menos que con “Més enllà de la frase, poc o molt afortunada, “Espanya ens roba”, que darrerament ja no se sent gens…” (no dejo de salir de mi asombro con determinados articulistas) y que acaba clamando, rogando, suplicando la intervención de la autonomía: “L’odi se’ls escapa per les agalles. Un odi profund, salvatge. Insult rere insult, proclamen la seva superioritat moral i nacional contra lladres i totalitaris. Això és molt bèstia. Perquè precedeix la intervenció. Justifica la intervenció.“.

Cuatro días, cuatro artículos y cuatro defensas acérrimas a Convergencia. No es la excepción.

De este artículo de Toni Soler en Ara, “Hi ha més preguntes, senyoria” reproduzco lo siguiente: “(…) Però només en el cas que ens ocupa -les preteses males pràctiques del pujolisme i els seus hereus- el que seu al banc dels acusats no és tan sols una persona ni una sigla, sinó l’independentisme (que passa d’ideal a cortina de fum ) i la mateixa idea de Catalunya com a nació (que es demostra incapaç d’autodepurar-se). Després del resultat del 27-S, quan es continuen utilitzant expressions com “Junts pel 3%”, s’està dient que som un país infectat. Comissiolàndia.“.

En la línea del último artículo de Sanchis, ya tenemos la identificación secesionismo – Cataluña – catalanes de verdad, que da un poco de vergüenza. Según este artículo -y no hace falta escribirlo explícitamente, salvo para quien no sepa realizar un comentario de texto- solo es catalán quien es independentista. El resto, qué más le importa a Soler, que identifica la lista de Junts pel Sí (Junts pel 3%) con la totalidad: “s’està dient que som un país infectat“. Más victimismo y lloriqueo. Sentido crítico, ninguno.

Me interesa destacar esta relación entre secesionismo y corrupción. Yo no estoy de acuerdo con quienes afirman que el movimiento secesionista se ha precipitado desde las élites para esconder su presunta corrupción. Sí es verdad que se ha intentado aprovechar la corriente para obviar investigaciones y recurrir al victimismo: nos investigan por separatistas y no por presunta corrupción. Claro que se olvidan dos cosas:

  1. La primera, que la investigación se produce a consecuencia de las ramificaciones de la denuncia de una concejal de Esquerra Republicana de Catalunya. A menudo gusta decir que hace más de 10 años que se investiga [en referencia a la frase de Pasqual Maragall], pero el tema no viene de ahí, sino de Torredembarra.
  2. La segunda, que el secesionismo ha hecho bandera de un mensaje en el que se asocia España con corrupción, que sería algo ajeno a la idiosincrasia secesionista. Un mal exclusivamente imputable a las costumbres españolas y que en Cataluña no existe. Toparse con investigaciones de este tipo, que afectan a lo más granado, elitista y exclusivo como es CDC es un terremoto de alta intensidad. Eso es cierto.

Por eso los articulistas afines a la secesión -creo que no hace falta enlazar más artículos- defienden a Convergencia. Porque en caso de demostrarse el cobro de comisiones ilícitas, la imagen de ejemplaridad que quiere transmitir el secesionismo (no tardarán nada en decir que no es verdad y que cada palo aguante su vela) se hunde. Porque esa “diferencia” con España no existiría. Porque los presuntos corruptos son “de los suyos”, los catalanes de verdad. Esa es la cuestión de fondo: los catalanes de verdad.

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Juanmari
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Juanmari

Excelente post, al igual que el anterior. Escribes muy buenos y documentados análisis jurídicos (algunos indispensables). Al parecer también escribes muy bien echando más tripa. Felicidades.

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[…] Hoy, nada menos que Jordi Basté, el periodista más escuchado por las mañanas en Cataluña. Durante la tertulia, Xavier Salvador ha apelado a la falta de autocrítica del secesionismo y argumentaba que así surgen luego afirmaciones del tipo “Espanya ens roba“, que tanto hemos escuchado y que, como todos sabemos, se ha negado su existencia por gente como Anna Simó, o se ha dicho que la frase podía ser mucho o poco afortunada, como Vicent Sanchis. […]