Privación de nacionalidad, pérdida de nacionalidad y secesión

El actual estado de la pulsión separatista ha disparado las visitas al artículo que escribí en febrero de 2014, hace año y medio, acerca de las probables, o posibles, consecuencias de una hipotética secesión sobre la nacionalidad. Está necesitado de una actualización, ya que desde esa fecha y hasta hoy se ha escrito bastante -en su mayoría, durante 2014-, aunque como anticipé el secesionismo se ha encargado de clarificar más bien poco.

El pico de la pulsión lleva a que se pueda leer, de nuevo, cómo en foros o discusiones de Twitter todavía se confunde privación y pérdida de la nacionalidad. No digamos ya el desconocimiento del fenómeno de la Sucesión de Estados subsiguiente a una Secesión. En el artículo antes mencionado, lo explico, pero le voy a dedicar esta entrada, de contenido muy básico:

PRIVACIÓN DE LA NACIONALIDAD. Se trata de la figura por la que, como sanción a algún tipo de conducta, se retira la nacionalidad española. La Constitución prohíbe la privación a un español de origen.

PÉRDIDA DE LA NACIONALIDAD. Todo ciudadano español, incluso siéndolo de origen, puede perder la nacionalidad española. Básicamente (prescindamos de los detalles), ello sería debido a la adquisición de otra nacionalidad. Por lo tanto, SE PUEDE PERDER. La Ley menciona supuestos para la conservación o pérdida, y si estos fueran de aplicación para el caso de una hipotética secesión, nada más sencillo que modificarlos. Un Estado es soberano para decidir los requisitos para la adquisición, conservación y pérdida de los vínculos jurídicos de los ciudadanos con el Estado.

SECESIÓN. La separación (efectiva) de una parte del Estado supone la pérdida de vigencia del ordenamiento jurídico en ese territorio y la desvinculación del mismo. Por lo tanto (y lo simplifico, pero es la idea final) se pierden los vínculos con el Estado del que te separas. En terminología infantil, se le llama “desconexión”.

En cuanto a la nacionalidad, se ha dicho que “La nacionalidad es, pues, una cualidad jurídica de la persona, que se concreta por su vinculación a un Estado y que determina el conjunto de derechos y deberes de esta persona con relación a ese Estado” (López López, Montes Penadés, Capila Roncero, Roca Trías y Valpuesta Fernández, Derecho Civil, Parte General, 3ª edición, Tirant lo Blanch, Valencia, 1998. Lección 21; citado por María José Cazorla González en Adquisición de la Nacionalidad por Descendientes de Españoles; Editorial Reus S.A.).

A partir de estas sencillas y breves premisas creo que cualquiera está en disposición de pensar racionalmente acerca de las posibles (o probables) consecuencias de una hipotética secesión, la nacionalidad y la pérdida o no de la nacionalidad española derivada de ella.

Un último añadido. Una parte del artículo 9 del Tratado de la Unión Europea: “(…)Será ciudadano de la Unión toda persona que tenga la nacionalidad de un Estado miembro. La ciudadanía de la Unión se añade a la ciudadanía nacional sin sustituirla.“.

Año y medio después, y la confusión reina todavía en la materia. Interesadamente, por supuesto.

5 comentarios en “Privación de nacionalidad, pérdida de nacionalidad y secesión

  1. Las mentiras recurrentes del independentismo: Sentencia La Haya, Quebec, 16.000 millones… Esto es del Plan Ibarretxe “Reconocimiento de ciudadanía y nacionalidad vasca a todos los habitantes de la Comunidad, permitiéndoles el disfrute o acreditación de la doble nacionalidad vasca y española. El ostentar una u otra nacionalidad no supondría merma o incremento de derechos y obligaciones, por cuanto que estas cuestiones estarían aparejadas a la ciudadanía y no a la nacionalidad”. Con los buenos juristas que hay en Euskadi esto es lo mejor que supieron hacer.
    Por cierto, vista desde fuera, la evolución de tus post desde el frío análisis, jurista profesionalmente ofendido por el desprecio a la ley y lo paupérrimo de la argumentación hasta llegar a la ironía de ahora (choteo a veces), es algo así como la negación del alarmismo y el miedo que se supone que tienen todos los no independentistas. Es que es difícil tomárselo en serio, es un problema grande pero no hay un lenguaje común. Como dijiste una vez todo se reduce a”volem votar”.

    1. Gran definición la obtenida en Euskadi. Sobre lo del alarmismo y el miedo, eso es algo muy propio del lenguaje secesionista: a cada arranque (llámese manifestación de 11/09, 9N o lo que sea) les falta tiempo para decir que los “otros”, o los del “otro bando” (hace unos días le pegué un revés a uno afeándole el sentido de fractura social de esa expresión; están tan imbuidos -algunos- de ese lenguaje que no se dan cuenta. Rectificó, de mala gana, pero rectificó), o los “unionistas” están alarmados o con gesto amargado. Lo que hay aquí es un hastío considerable.
      Y entre la gente con la que puedes hablar con normalidad y sin cabrearte -no tantos como sería deseable-, un cierto reconocimiento de que se les pide mucha adhesión y que no se les ofrece tanta argumentación irrefutable como creyeron al principio.

    1. Acabo de leerla. Xtraordinario. Seguro que si lo introdujera mañana como cuestión de debante, más de uno intentaría justificarme lo de Mas y que “es verdad, el acuerdo no lo dice”. En ese nivel estamos. Es para decir “yo ya paso”.

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