Extraños compañeros de viaje

La demagogia de una parte del separatismo catalán lleva, incomprensiblemente, a simpatizar con gente como Arnaldo Otegi, en aplicación de unos criterios morales más que dudosos.

Algunos se felicitan porque Otegi no sé cuándo tuvo una epifanía y lo aceptan no sólo como compañero de viaje (todo el mundo puede rectificar, etcétera) sino también como cabeza de cartel. Yo, en cambio, como Isabel Llauger, me acuerdo de sus silencios.

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Juanmari
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Juanmari

Una cosa que me sorprende del fenómeno hagiográfico de Otegi es que personas inteligentes y que rechazan la violencia terrorista puedan sostener a la vez dos afirmaciones contradictorias o al menos paradójicas. Una, Otegi es el gran artífice (a veces parece que único) de que ETA no asesine ni aterrorice a nadie. Dos, ni Otegi ni Batasuna (y demás) tienen nada que ver con ETA.
Igualmente me sorprende la importancia que se ha dado en los medios digitales catalanes, (ya sabes cuales) a la salida de Otegi. Lehendakari, Mandela, el anti-Podemos y no sé qué. Más de lo que se le ha dado en Euskadi fuera de su propio mundillo. Y hasta aquí lo que voy a dejar por escrito sobre Otegi.

Juanmari
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Juanmari

Curioso que no hayan caído en la cuenta de que al PNV y medios afines el proceso les importa solo si afecta a los privilegios fiscales vascos. Si fuera el caso, no te extrañe ver a los burukides reclamando la españolidad de Cataluña. Supongo que igualmente se rompería la hermandad revolucionaria de los pueblos si la izquierda abertzale llega al gobierno vasco (mira Navarra,callados, callados). Cualquiera prefiere gestionar 100 que 60.
Alguna vez, y aprovechando que soy vasco, algún independentista me ha intentado explicar esa especie de fascinación y la decepción porque no sea mutua pero no creo que entendieran lo básico: para un nacionalista vasco el núcleo del autogobierno es el concierto económico. Ni la lengua, ni la cultura, ni nada de eso. Sin complejos: dinero.