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El “derecho de excepción”, según Josep Rull

Afirmar que el discurso secesionista está dominado por la demagogia y la ignorancia puede resultar molesto para algunos y muy cierto para otros.

Hace unos días, escuchaba una entrevista al Conseller Josep Rull, quien aludía, como base legitimadora de la Ley del supuesto referéndum, al derecho internacional. Citaba el principio democrático y un misterioso principio – derecho (no tengo claro si es un principio o un derecho, tras escuchar a Rull) denominado “derecho de excepción. Según Rull, tal derecho es invocable cuando, supuestamente, uno ha intentado de buena fe, de todas las maneras posibles, conforme al derecho interno [en este caso, español], “poner las urnas”. Si la respuesta, se entiende, ha sido negativa, entonces surge el supuesto habilitante para crear “una ley propia” que permita “poner esas urnas”.

Literalmente, esto es lo que dijo Rull en RAC1:

“(…) Haurà d’obeir a una llei, insisteixo, emanada d’un Parlament, que és un Parlament legítim, i un parlament democràtic, incorporant dos principis de dret internacional: el principi democràtic per una banda i el dret d’excepció. Quan tu has provat de bona fe, de totes les maneres possibles, d’acord amb el dret intern espanyol, de poder posar les urnes, aleshores tu estàs legitimat, per d’acord amb una llei pròpia, posar aquestes urnes”.

[“Tendrá que obedecer a una ley, insisto, emanada de un Parlamento, que es un Parlamento legítimo, y un Parlamento democrático, incorporando dos principios de derecho internacional: el principio democrático, por un lado, y el derecho de excepción. Cuando tú has intentado de buena fe, de todas las maneras posibles, de acuerdo con el derecho interno español, poder poner las urnas, entonces tú estás legitimado para de acuerdo con una ley propia, poner estas urnas”.]

Si alguien quiere, puede perder una parte del valioso tiempo de su vida en Google buscando un principio de derecho internacional llamado “derecho de excepción”. No lo encontrará.

A lo sumo, encontrará referencias a los “estados de excepción”, en los cuales se regula, como sabe cualquiera sin necesidad de especiales conocimientos, la suspensión de derechos fundamentales o la alteración de los equilibrios entre los diversos poderes del Estado, de forma usual mediante concentración de poderes en el Ejecutivo. Así se explica en la siempre interesante sinopsis de la Constitución en la página web del Congreso, en el comentario al artículo 55: “Porque un Estado de Derecho que se precie de serlo ha de contemplar no sólo el funcionamiento de las instituciones en situaciones de normalidad, sino que ha también de prever, en la medida de lo posible, las situaciones de crisis o anormalidad. Y lo hace a través del llamado “Derecho de excepción”, que se resume en la previsión de dos medidas: la suspensión de derechos y libertades, por una parte, y, por otra, la alteración del equilibrio de poderes Ejecutivo-Legislativo.

Si no os da sueño, con esta tesis doctoral (Meléndez Padilla, Florentín (2003) Los derechos fundamentales en los estados de excepción según el Derecho internacional de los derechos humanos) se puede aprender mucho sobre los estados de excepción y su enfoque internacional. No dice nada de la convocatoria ilegal de un referéndum, ni de la derogación por la vía de hecho de derechos fundamentales, ni de la arrogación ilegal de poderes ejecutivos. Incluso, he leído algún fragmento inconcebible para el separatismo dominante: el estado de excepción es un medio de defensa de la Constitución y, para más inri, basado en la Ley.

Así que, como de costumbre, una de dos: o el “derecho de excepción” invocado por Rull no existe -por lo menos, de la manera en que lo anuncia, que parece copiada o inspirada en algún discurso de Santiago Vidal-, o lo que quería decir era que el Govern de la Generalitat piensa aplicar un “estado de excepción” cuya validez internacional sólo existe en las palabras del Conseller y en ninguna otra parte, salvo alguna perturbadora tesis de Carl Schmitt.

CONCLUSIÓN. Si hubiera que marcar en un mapa dónde se ubica el lugar en que habita la demagogia, es sencillo localizar una candidatura bastante fuerte.

Si la escuchamos por voz de un Conseller, se acredita -una vez más- que la supuesta fortaleza argumental del secesionismo no pasa de la propaganda, que alcanza en su público objetivo un total grado de certeza.