Malas personas y maleducados

Desde hace unas semanas, y por varios motivos, estoy dejando de participar en Twitter, que es un canal que puede resultar muy entretenido, pero en el que resulta muy difícil una contraposición de ideas desarrolladas. Eso lleva a que los mensajes sean extremos: a favor o en contra, sí o no, dejando poco lugar a los matices. También me desagrada la magnificación que se realiza, a veces, de los mensajes que pueden dejar un grupito, lo cual es aprovechado para tomar a una parte (mayor o menor) por el todo.

Esto es aplicable, por ejemplo, a las malas personas que el otro día dejaron en Twitter mensajes inaceptables, a raíz del siniestro del avión de Germanwings, relacionados con la condición de catalanes de una parte de las víctimas. Malas personas sin corazón, incapaces de empatizar con la desgracia de unas personas fallecidas y sus familias rotas. Se acurrucan tras una pantalla y el anonimato para escribir monstruosidades que no serían capaces de repetir mirando a la cara. Deleznable. Ser mala persona probablemente no constituya delito, pero sí que te califica como indeseable para la sociedad. Quizás más que buscar la magnificación de la conducta -es probable que tamañas monstruosidades no sean delito, porque ser mala persona, en general, no lo es- lo que debería hacerse es incidir en la cuestión moral: malas personas, indeseables, despreciables… En una sociedad en la que a menudo se llega al extremo de que si no es delito, no está mal (o no está tan mal), con toda seguridad sería más aleccionador incidir en los graves problemas de personalidad que presenta quien se expresa de modo tan aterrador. Porque si eres incapaz de empatizar, de respetar el dolor de los demás, probablemente eres un psicópata. Quizás algunos recapacitarían.

Como decía, ese extremo tiene otro: el de quienes toman la parte por el todo y no les faltó el tiempo para decir que “mira los españoles”, “qué odio nos tienen” y toda la artillería habitual para victimizarse. Porque si semejantes barbaridades las hubiera dicho el Presidente del Gobierno, quizás podría darles la razón (en lo de “mira los españoles”, porque en lo de que no merecen el calificativo siquiera de personas, no cabe duda). Pero resulta que las sueltan personajes más o menos sin identificar o absolutamente insignificantes. Y, en comparación con lo que es España, pues no son sino una gota en el océano. No los justifico ni minusvaloro lo que escribieron, no: digo que unos cuantos imbéciles, que es el calificativo mínimo que merecen, no representan el todo. Y mucho menos cuando carecen de relevancia social: si eso lo dijera un intelectual reconocido, un dirigente de cierto nivel o un personaje público, la cosa cambia, porque tienen una influencia y una responsabilidad social frente a todos, de mayor o menor grado.

A continuación, los maleducados, que son una parte de los mismos que se victimizan. Esos maleducados son los que tienen previsto pitar cuando suene el himno español con motivo de la Final de la Copa del Rey, o lo justifican. Amparados por la libertad de expresión, por supuesto, pero maleducados. Los mismos que se ofenderían por pitos al himno de Cataluña, o por escuchar rumores de fondo cuando alguien habla en catalán, justifican silbar al himno español. Artur Mas o Xavier Trias son dos de esos individuos que, en lugar de expresar rotundamente lo inapropiado de una conducta de ese tipo, lo justifican. Despreciar los símbolos de cualquiera (con el que además se dice, cínicamente, que serás buen vecino) está mal, muy mal, y que te ampare la libertad de expresión no significa que sea de buena educación, ni que sea aceptable. Maleducados. Siempre he pensado que si se me ocurriera silbar al himno de Cataluña o sus símbolos (idiotez que no entra en mis planes), aparte de demostrar una mala educación tremenda, estaría silbando a muchos de los que me rodean y a muchísima gente que conozco y aprecio. Dudo que considerasen que se trata de libertad de expresión, sino que pensarían que soy un impresentable. ¿Por qué personas tan relevantes como Mas o Trias justifican silbar contra el himno español? Será la incapacidad de empatizar y de respetar a los demás.

Al final, resulta ser cierto que los extremos se tocan y que no son sino las dos caras de la misma moneda. Un tópico, pero real.