Archivos Mensuales: agosto 2018

Grandes citas falsas internacionales

Lo que traigo hoy es bueno. Un poco largo y laborioso, pero bueno.

Una mirada a Twitter me sorprende con frases y afirmaciones grandilocuentes vertidas por el secesionismo. De entre ellas, la que más me asombra es la de este tuit del vicepresidente del Parlamento de Cataluña.

Costa cita y, evidentemente, hace suya, una frase contundente e inapelable: “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera que la secesión es legítima aunque no esté prevista en la Constitución del Estado“.

Difusión por todo un vicepresidente del Parlamento, mil setecientos retuits y una peste a cita falsa que tira para atrás: ¿cómo puede ser que en agosto de 2018 nos enteremos de esta doctrina del TEDH a través de Henry McLeish y no del mismo Costa o cualquier otro promotor secesionista? Que yo desconozca esta doctrina, que no estoy muy al día de la jurisprudencia internacional, vale, pero que la maquinaria separatista tenga que recurrir al periódico… ya sabéis mi opinión del periódico como fuente jurídica “fiable“.

Vamos allá.

PASO 1. La entrevista a Henry McLeish en The National. En la entrevista, McLeish explica que en el mes de noviembre del pasado año 2017:

McLeish said a written question in the European Parliament last November expressed EU support for the Spanish government’s decision to impose direct rule in Catalonia, but the question added: “However, Spain’s suspension of Catalonia’s autonomy is not supported by the European Court of Human Rights, whose rulings the EU institutions are bound by Treaty to abide by.

The European Court of Human Rights considers that it is legitimate for a region of a member state to secede, even if the country’s constitution does not provide for that possibility.

It said to succeed, secession was subject to two conditions – use of democratic means, so no violence – and the societal model must be democratic. Catalonia fulfilled both conditions.

Así, y por ser técnicamente exactos, McLeish explica que en el mes de noviembre se presentó una pregunta escrita a la Comisión Europea, en la que, según esa pregunta “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera que es legítimo que una región de un estado miembro se separe, incluso si la constitución del país no prevé esa posibilidad.

Decía que para tener éxito, la secesión estaba sujeta a dos condiciones: el uso de medios democráticos, de modo que no había violencia, y el modelo social debía ser democrático. Cataluña cumplió ambas condiciones.

A continuación, McLeish efectúa unas consideraciones sobre la respuesta de la Comisión y ya está.

PASO 2. LA PREGUNTA ESCRITA. Pregunta escrita formulada por el europarlamentario Auke Zijlstra [edito por si os sirve de algo: del Partido de la Libertad de Geert Wilders; forma parte del Grupo Europa de las Naciones y las Libertades, o sea, Lega Nord, Rassemblement national o Vlaams Belang, entre otros], pregunta E-006915/17, que aquí os enlazo en inglés (hay versión en neerlandés; quien no se maneje bien con el inglés, puede recurrir a Google translate, que para lo que necesitamos ya sirve).

La parte que nos interesa de la pregunta dice:

The European Court of Human Rights considers that it is legitimate for a region of a Member State to secede, even if the country’s Constitution does not provide for that possibility. However, secession is subject to two conditions. Firstly, in order to secede, it is necessary to use democratic means, so no violence. Secondly, the model of society that the territory aspires to must be democratic(1).

Both the conditions formulated by the European Court of Human Rights have been fulfilled in Catalonia.

1. Is the Commission aware of the Refah Partisi judgment?

2. Does the Commission consider that the European Court of Human Rights decision should lead to a revision of the Commission’s support of the Spanish constitution?

3. How does the Commission, as guardian of the European Treaties, view the decision of the European Court of Human Rights?”

En resumen: según la pregunta, la doctrina del TEDH avala que una parte de un Estado Miembro se separe, incluso si la Constitución no prevé esa posibilidad. Para ello, solo es preciso el uso de medios democráticos, y no la violencia, y además el modelo de sociedad al que se aspira debe ser democrático, lo cual -según la pregunta- se cumpliría en el caso de Cataluña.

A la vista de ello, se preguntaba a la Comisión si conocía el caso Refah Partisi (en el que se basa la argumentación, según la pregunta), si a la vista de ello la Comisión se iba a replantear su apoyo a la Constitución Española y cómo veía la Comisión esta Sentencia.

PASO 3. LA RESPUESTA ESCRITA. Al lector avanzado del blog, no le sorprenderá la respuesta escrita de Jean-Claude Juncker, de 7 de marzo de 2018.

The judgment of the European Court of Human Rights in case Refah Partisi (the Welfare Party) and Others v Turkey (applications Nos 41340/98, 41342/98, 41343/98 and 41344/98) to which the Honourable Member refers is not relevant in the present context, as it concerns the dissolution of a political party by a state organ and the ensuing suspension of certain political rights of the hitherto leaders of that party, and it does not address the secession of a part of the territory of a state.

La traducción, que es un Google Translate de libro (lo siento, es tarde) con alguna pequeña corrección. Da igual si no es muy ajustada: “La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Refah Partisi (la Welfare Party) y Others v Turkey (solicitudes nos 41340/98, 41342/98, 41343/98 y 41344/98) a las que se refiere Su Señoría no es pertinente en el presente contexto, ya que se refiere a la disolución de un partido político por un órgano estatal y la subsiguiente suspensión de ciertos derechos políticos de los líderes hasta ahora de ese partido, y no aborda la secesión de una parte del territorio de un estado .

¿Menudo tortazo que le da Juncker al europarlamentario en el tema de la secesión, no? Y de rebote, meses después, quien lo debería recibir es McLeish, pues parece que no llegó a esta parte del final de la respuesta de Juncker, porque si no, la habría explicado en la entrevista.

La Comisión explica al europarlamentario que la Sentencia citada no se ocupa de la secesión de una parte de un territorio. No puedo decir que me sorprenda.

PASO 4. QUÉ DICE LA DOCTRINA DEL TEDH. Caso Refah Partisi contra Turquía, Sentencia de 13 de febrero de 2003 [enlace arreglado para móviles, que no funcionaba bien; si detectáis algún problema, decídmelo, anoche era muy tarde], que es al que aludía la pregunta. Buscad un párrafo en que diga “that it is legitimate for a region of a Member State to secede, even if the country’s Constitution does not provide for that possibility. However, secession is subject to two conditions. Firstly, in order to secede, it is necessary to use democratic means, so no violence. Secondly, the model of society that the territory aspires to must be democratic” o algo parecido. Evidentemente, no existe, me recuerda a la famosa Sentencia del Tribunal de La Haya. [Por cierto, que yo sepa Turquía no forma parte de la Unión Europea; la sentencia del caso Refah Partisi implica a Turquía]

Lo que SÍ dice el TEDH es lo siguiente: “…the Court considers that a political party may promote a change in the law or the legal and constitutional structures of the State on two conditions: firstly, the means used to that end must be legal and democratic; secondly, the change proposed must itself be compatible with fundamental democratic principles.

O sea: “…el Tribunal considera que un partido político puede promover un cambio en la ley o en las estructuras legales y constitucionales del Estado bajo dos condiciones: en primer lugar, los medios utilizados para tal fin deben ser legales y democráticos; en segundo lugar, el cambio propuesto debe ser en sí mismo compatible con los principios democráticos fundamentales“.

Vaya, menuda doctrina “novedosa“: que puedes promover cambios constitucionales siempre que los medios sean legales, requisito que en absoluto se cumplen en el caso que nos ocupa. Pero es que la cuestión no es esta, la cuestión es que también por “Europa” se INVENTAN DOCTRINA DEL TEDH, se traslada a Escocia y nos llega hasta aquí, de modo que, como siempre, personas influyentes y de alta consideración protocolaria difunden doctrina inexistente.

La doctrina real del TEDH se puede complementar con que se puede defender la independencia de un territorio, faltaría más, pero ello debe seguir los cauces legalmente establecidos, que es lo que reiteradamente ha dictado el Tribunal Constitucional y, también de forma reiterada, se ha ignorado por el secesionismo.

Pero, en cualquier caso, la Sentencia del asunto Refah Partisi no dice nada de la legitimidad de una secesión, incluso si la Constitución no lo prevé. La pregunta escrita se basaba en premisas digamos que erróneas, McLeish asume esas premisas y el vicepresidente del Parlamento las hace suyas y las difunde entre sus seguidores, con éxito sobresaliente.

PASO 5. DE DÓNDE SALE EL INVENTO DE LA SUPUESTA DOCTRINA DEL TEDH. Ay, amiguitos, si es que uno se lo tiene que leer todo. Hasta en neerlandés. Si os fijáis en la cita de la pregunta escrita, al pie figura este enlace: https://doorbraak.be/mensenrechten-madrid-catalonie-eu/.

En un pasaje del artículo, el autor cita el libro Sleutels tot ontgrendeling (según Google Translate se traduce como “Claves para desbloquear: desafío a la mayoría flamenca“; entiendo que sobre el “asunto belga” desde la perspectiva nacionalista flamenca) y escribe que el separatismo es legal (esto ya se sabía; lo que es ilegal es saltarse la ley, lamento la reiteración) y señala:

Het antwoord op de vorige vraag is ondubbelzinnig ja. Separatisme is een toegelaten politieke mening. Niet ik zeg dat, maar wel het Europees Hof voor de Rechten van de Mens (EHRM). De arresten worden aangehaald in het boek Sleutels tot ontgrendeling van de V-Kamerleden Hendrik Vuye en Veerle Wouters (p. 169 ev.). Het hof oordeelt (in het Arrest Refah Partisi) dat staatskundige verandering nastreven als politiek project toegelaten is. Er zijn twee voorwaarden: ten eerste moet men democratische middelen gebruiken, dus geen geweld, ten tweede moet het maatschappijmodel dat men nastreeft democratisch zijn. Beide voorwaarden zijn in Catalonië vervuld.
Vuye en Wouters halen nog interessante arresten aan. Het EHRM sprak zich verschillende keren uit over een afscheidingsbeweging in Bulgarije, de Partij United Macedonian Organisation Ilinden-Pirin. In die arresten zegt het hof onomwonden: het streven naar autonomie of onafhankelijkheid is op zich niet in strijd met de democratische beginselen. Het EHRM gaat zelfs nog verder: ’als een groep autonomie of onafhankelijkheid vraagt of zelfs de afscheiding van een deel van het grondgebied- en daardoor veranderingen in de grondwet en het grondgebied eist- kan dat geen rechtvaardiging zijn om hun samenkomsten te verbieden. Veranderingen eisen van het grondgebied in uitspraken en manifestaties, wil niet automatisch zeggen dat er een bedreiging is voor de integriteit van het grondgebied en de nationale veiligheid van het land.’ In een democratische samenleving kunnen politieke ideeën die de bestaande orde omver willen werpen, niet zomaar verboden worden. Dat is exact wat er vandaag in Spanje gebeurt. En het is een schande

La traducción, aquí sí que inevitable de Google Translate (y coincide sustancialmente en inglés):

La respuesta a la pregunta anterior es inequívoca sí. El separatismo es una opinión política admitida. No digo eso, sino el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (ECHR). Los juicios se citan en el libro Sleutels tot ontgrendeling de Hendrik Vuye y Veerle Wouters (página 169 y sigs.). El tribunal decide (en el fallo Refah Partisi) que se permite el cambio político como un proyecto político. Hay dos condiciones: en primer lugar, se deben usar medios democráticos, por lo tanto no hay violencia; en segundo lugar, el modelo social por el que se lucha debe ser democrático. Ambas condiciones se cumplen en Cataluña.

Vuye y Wouters presentan juicios interesantes. El TEDH habló varias veces sobre un movimiento secesionista en Bulgaria, el partido Ilinden-Pirin de la Organización Unida Macedonia. En esas sentencias, el tribunal dice sin rodeos: el esfuerzo por la autonomía o la independencia no es en sí mismo contrario a los principios democráticos. El CEDH va más allá: “si un grupo exige autonomía o independencia o incluso exige la separación de una parte del territorio -y, por lo tanto, cambios en la constitución y el territorio-, eso no puede justificarse al prohibir sus reuniones. Los cambios en los territorios en declaraciones y manifestaciones no significan necesariamente que exista una amenaza para la integridad del territorio y la seguridad nacional del país. “En una sociedad democrática, las ideas políticas que quieren derrocar el orden existente no pueden solo será prohibido”. Eso es exactamente lo que está sucediendo en España hoy. Y es una desgracia.

Bueno, ya veis la última frase, que tampoco es objeto del artículo ni será objeto de debate porque es la opinión del autor.

La cuestión es que el mismo artículo citado en la pregunta escrita, y el libro al que hace referencia, dice que “se permite el cambio político como proyecto político“, pero no menciona que la doctrine del TEDH avale que la secesión quede legitimada incluso sin estar prevista en la Constitución (o las leyes), por mucha democracia que se le quiera imprimir al asunto. Esto es bastante básico, porque seguro que, además, conocéis la doctrina de la Comisión de Venecia que ahora no hace falta repetir.

O sea, que de una cita aparentemente correcta de un libro de autores flamencos, pasamos a una europregunta que le cambia el sentido: de la legitimidad de promover el ideal separatista y los cambios legales y constitucionales necesarios, a la legitimidad de la secesión sin previsión constitucional. De la europregunta, a McLeish, que suponemos no verificó el contenido. Y de McLeish al vicepresidente, jurista, que asume directamente la supuesta doctrina del TEDH que Auke Zijlstra, del Partido de la Libertad, recrea en su europregunta.

CONCLUSIÓN. Volvamos al tuit inicial.

Para no perder la costumbre, otra cita falsa. De alcance internacional. Difusión de lo primero que se nos cruza, más que nada porque encaja con nuestros deseos. 1.700 RT’s para una cita falsa (y eso, sin sumar a otros tuiteros del mismo corte que también han logrado centenares de RT’s). Como siempre: y así todo.

EDITO: Para añadir captura de imagen de otro ilustre que se informa por el periódico.

Cómo crear tendencias

1.La idea es sencilla: cuelga algo, cualquier cosa, que te guste a ti y, a poder ser, a un determinado público. Pongamos que el público secesionista. Obtendrás más de 2.000 retuits.

Pongamos que la noticia no es cierta. Porque te gustaba demasiado y no hiciste las comprobaciones pertinentes. O porque te equivocas sin mala intención, que también puede ser. Obtendrás la friolera de 29 tuits en 23 horas. Y eso que, supongo que por vergüenza torera, hasta lo sitúas como tuit fijado.

En otro ámbito de ideas, bien sabemos que el fenómeno generado por Enric Borràs no es único.

2. Por ejemplo, Germà Bel. Lo que pasa es que en este caso no es que rectifique, sino que opta por reincidir. Tengo la impresión de que la idea de que los días 6 y 7 de septiembre se produjo, como poco, una vulneración frontal se está imponiendo y por eso han aparecido varios tuits (Boye, el que citó Abraham de uno que creo se llama Mangues, el citado Bel) con los que intentan confundir a su público, bastante poco esclarecido (buena palabra, Abraham). Vamos con el tuit de Bel, que pretende contraponerse a ideas como las difundidas por Antón Costas (un artículo en La Vanguardia y otro en El Periódico) o los libros de Daniel Gascón y Pau Luque. Para los que caigáis por aquí de vez en cuando y no tengáis claro a qué me refiero, os remito a esta entrada del blog, que creo que Bel también ha leído. Y si no la ha leído debería, porque el segundo y tercer tuit capturados (en el marco de una conversación) dan entre risa y pena procedentes de una persona a la que le suponía un gran bagaje intelectual.

Por cierto, y por comentar algo del tuit fijado: en lugar de entrar honestamente a discutir si se produjeron o no vulneraciones, Bel recurre al clásico expediente separatista que consiste en cambiar de tema. Te dicen que has vulnerado todos los derechos y procedimientos, y frente a eso contestas “eres un identitario“. Evidentemente, no tiene nada que ver una cosa con la otra ni es argumento alguno como respuesta. Pues a eso recurre Bel. 1.200 retuits.

CONCLUSIÓN. Un error, especialmente atractivo: 2.000 RT’s. Su corrección: 29 RT’s. Reincidir en la deshonestidad intelectual y despreciar el procedimiento establecido en las leyes, que hasta nueva orden vinculan al mismo Parlamento: 1.200 RT’s. Y, como siempre, así todo.

El diari ARA, Germà Bel, quién sabe si hasta el vicepresidente del Parlamento (seguirá en próximas entregas, estoy en ello)…

 

 

“La secesión en los dominios del lobo”, de Pau Luque

Antes de comentaros el libro de Pau Luque, un par de apuntes:

El primero, este artículo de Cayetana Álvarez de Toledo en El Mundo, que anticipa el contenido del último libro de John Elliott (en inglés, “Scots & Catalans, Union and Disunion“; en otoño se publicará en castellano, según indica).

El segundo, sobre la salida de prisión de Santiago Arróspide Sarasola, Santi Potros. Estos días, mi lectura está ocupada por “Sangre, sudor y paz. La Guardia Civil contra ETA”, uno de esos libros que requiere tiempo y mentalización antes de enfrentarse a su lectura (lo compré antes de Navidades y ahora le puedo dedicar la atención que merece). Precisamente, se narra la detención de Arróspide a finales de septiembre de 1987 en Francia, contada por el comisario francés que dirigió la operación (p.150-151): “(…) Debajo de la cama encontramos a un individuo con la pistola en la mano pero paralizado por el miedo. Rápidamente lo identificamos como Santi Potros, y ya todos respiramos relajados”.

El libro de Pau Luque.

Se divide en tres capítulos o partes, a saber: 1) su visión e interpretación de los hechos que transcurren desde principios desde septiembre de 2017 hasta las elecciones del 21 de diciembre (“el otoño catalán”, por síntesis); 2) reflexiones de carácter filosófico, jurídico y político acerca de la pretensión secesionista; y 3) un examen o exploración acerca de un hipotético referéndum de secesión. La primera parte la comento más a fondo, básicamente porque he tenido más tiempo libre y ganas, mientras que las otras dos las comento de manera más esquemática (también son más conceptuales que la primera parte, pegada a los hechos).

Sobre la primera parte. Inicia, como no puede ser de otra manera, con los días 6 y 7 de septiembre. La posición de Luque es muy clara y la resume así (p.25): “…la mayoría independentista atropelló a la minoría parlamentaria (….) El rastro baldío que dejaba la presidencia de Forcadell esos días contenía el siguiente mensaje implícito: los ciudadanos catalanes representados por la oposición son ciudadanos de segunda clase sin derecho a participar en igualdad de condiciones y con las debidas garantías en el Parlament.”.

Con esta clase de premisas, cualquiera podría pensar que a partir de aquí todo es cuesta abajo. Lo cierto es que Luque no ahorra críticas para la conducta y maneras del independentismo, del mismo modo en que tampoco lo hace respecto al dispositivo ordenado para el uno de octubre, descarta la rebelión y casi apenas considera existente la sedición.

Ello no supone la clásica equidistancia habitual del “sí, pero no, aunque tal…”, ni indulgencia o justificación a favor del separatismo con el que en ocasiones se nos obsequia en algunas columnas por miedo a parecer un “antinoséqué”. Es más: en varios pasajes del libro, Luque se plantea algunas de las autojustificaciones esgrimidas por el independentismo y descarta que gocen de solidez alguna, como las excusas que supuestamente habrían empujado al separatismo hacia la unilateralidad (“no teníamos otra opción”), el atropello parlamentarios o acusaciones del tipo “Se dice que la reacción del Estado contra el movimiento independentista fue extrañamente sincronizada, unificada, como si el Estado hubiera sido un todo uniforme” (p.52). A lo que, después de un breve análisis, el autor concluye con una lógica que solo se discute desde planteamientos paranoicos (o sea, argumentos del tipo el mundo vive obsesionado conmigo y contra mí): “El Estado constitucional de Derecho es, como se sabe, la unión de tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Cuando se “defiende” hay una especie de división del trabajo, cada poder se ocupa, digamos, de lo suyo. Las acciones que se toman no están unificadas, ni siquiera tienen por qué ser coherentes (…), pero sí están destinadas a un mismo objetivo, esto es, la defensa del Estado constitucional”.

Se discrepará o no de la opinión de Luque, pero lo que está claro es que vio los mismos hechos que todos nosotros. Y eso que vive en México.

Luque dedica una sección a la técnica del golpe de Estado, y cita entre otros a Malaparte y a Kelsen. Sobre la definición del segundo -recordad un artículo de hace unos meses sobre la nulificación del ordenamiento jurídico- Luque sostiene que solo desde una postura excesivamente formal es posible mantener que el independentismo perpetró un golpe de Estado en los días 6 y 7 de septiembre de 2017. Considera que no es suficiente.

Ahora bien, a continuación, defiende -con matices- que existió un autogolpe de Estado “posmoderno”. ¿Y qué sería ese golpe posmoderno? Según Luque, una renuncia a la violencia conjuntada con la difusión masiva en redes sociales y medios de comunicación poniendo en cuestión, o negando, certezas sólidas, por no decir inventarlas (esto no lo dice él, pero es una de las conclusiones a extraer). Luque aporta algunos de los casos: el derecho a la secesión como consecuencia de una emoción subjetiva contra la que nada se puede oponer; la negación machacona de que una secesión no supondría salir de la Unión Europea; todos los eventos, incluso los negativos, se reinterpretan a favor del independentismo (durante el tiempo que seguí Twitter, Eduard Voltas era uno de los mayores expertos en el asunto; por loca que fuera la reinterpretación, siempre tenía éxito); de gobernar con el apoyo del PP, en una tarde Artur Mas pasó a abrazar el secesionismo; pese a que la propaganda sostiene que el separatismo circuló de abajo hasta arriba, Luque tampoco se lo traga: “…las organizaciones independentistas que consiguieron movilizar a tanta gente estuvieron amamantadas, logística y, por vías indirectas, también fiancieramente, por las elites políticas que habitan la Gneralitat desde hace décadas” . La retahíla de circunstancias posmodernas que detalla es enorme y se resume en esa telaraña que, durante décadas, ha tejido el nacionalismo para controlar todos los resortes cotidianos y, con ello, y la (supuesta) ausencia de violencia lograr en un futuro, sirviéndose del nuevo universo paralelo creado y “errores” del Estado, el reconocimiento como Estado independiente o, en su caso, la convocatoria de un referéndum de secesión.

Como he apuntado antes, Luque defiende que no hubo violencia, pero sí “un cierto grado de intimidación por parte del movimiento independentista” (p.74), entre los que detalla también algunos de los episodios por todos conocidos, incluyendo “…cuando una turba intenta impedir que la Guardia Civil salga de la consejería de Economía…”. Es decir, que descarta la violencia física pero admite la intimidación, incluso como probable elemento indispensable de la técnica “posmoderna” para la expansión de los mensajes secesionistas. O sea, y aquí ya observaréis la vía que abro, Luque señala que sin la intimidación, de la que -esto lo digo yo- será sujeto pasivo todo aquel que no comulgue con el independentismo, la conducta secesionista no sería completa, aunque especula con ello y la ausencia de violencia: “…nunca podremos saber si la ausencia de violencia fue una genuina elección moral o estratégica por parte del independentismo otoñal o si, simplemente, fue una cuestión meramente táctica, impuesta por las circunstancias en las que se pretendía operar”.

Con todo lo anterior, Pau Luque se acaba preguntando (p.81) si hubo intento de golpe de Estado, puesto que, en su opinión, los hechos de los días 6 y 7 de septiembre no eran suficientes y debería venir acompañado del control del territorio: “¿Hubo intento de tener el control del territorio, es decir, hubo intento de convertirse en un Estado decimonónico a moderno? Y la respuesta es sí, pero a diferencia de Tejero, por ejemplo, que apostó por una técnica directa, militar y violenta, es decir, decimonónica, o de Pilsudski y Bonaparte, que emplearon una técnica moderna e híbrida, la técnica independentista era indirecta, blanda o posmoderna. El independentismo quiso tomar el control del territorio por una vía inaudita y a medio plazo, pero quiso tomarlo, desde luego. Decir que no quiso tomarlo, aunque fuera mediante ese [sic] vía anómala, decir que no intentó la conquista del poder a través de la secesión, significaría admitir que dejó -e incluso, en un sentido, propició- que la policía aporreara a los ciudadanos el 1 de octubre en balde”.

Pese a todos los razonamientos e interpretaciones anteriores de los hechos, con los que sustancialmente coincido, os he comentado que Luque descarta la existencia de rebelión y, prácticamente, de sedición. Pues ya lo siento por la visión del autor, quien relega la conducta independentista casi a la irrelevancia penal, pero creo que él mismo ofrece algunas respuestas para la causa que se sigue ante el Tribunal Supremo y el juicio que habrá.

Sin necesidad de prejuzgar el fondo del asunto, es decir, sin tener que determinar con exactitud si hubo o no rebelión, sedición, desobediencia o el delito que fuese, en grado de consumación o de tentativa, ¿acaso no trasluce -os remito a la total lectura del libro, por supuesto- de las anteriores frases de Luque un relato fáctico complejo y plurisubjetivo, con diversos papeles atribuidos mediante conductas que, individual y aisladamente consideradas, podrían resultar impunes y, en cambio, conjuntadas todas ellas conducen a ese intento de “conquista del poder” al que alude el autor, fuera de las vías legales, sirviéndose de todos los mecanismos a su disposición -de forma abiertamente ilegal- para tomar el poder, utilizando la estructura institucional a su servicio, pero fuera del uso legítimo de dicha estructura institucional?

Reitero: la calificación jurídica final que merezca todo el asunto, ya se verá, pero de lo que no cabe duda es que la teoría del “aquí no pasó nada”, entendida como un “esto no sucedió”, no es precisamente la versión que acoge Luque. Los hechos, insisto, los vio igual que todos y los interpreta de forma parecida a la que por aquí hayamos podido concluir.

Sucede que considera que la técnica posmoderna del (auto)golpe de Estado no encaja en el Código Penal. Sin embargo, admite -entre otras conductas- la vulneración de toda norma y derecho en los días 6 y 7 de septiembre, un ambiente intimidatorio, el control de los resortes comunicativos y sociales, hasta llegar a la declaración unilateral de independencia, con el objetivo de controlar el territorio y lograr la secesión, mediante una política -esto es mío- de una especie de “hechos consumados”.

Como bien sabemos, esos “hechos consumados” se basaban en la movilización de los partidarios de la secesión (por ejemplo, llamando a bloquear la Consejería de Economía). Que en el momento final y definitivo no se llamara a movilizar a ese conjunto (como ejemplos empíricos, recuerdo ahora mismo a Voltas explicando algo así como que él estaba esperando “instrucciones”, al igual que otras decenas de miles de personas por los canales de Telegram o Twitter), en mi opinión -y caben otras- puede ser relevante a la hora de considerar el tipo penal frente al que nos hallamos y su aplicabilidad o no. Para los menos entendidos en Derecho: lo que estoy diciendo, por ejemplo, es que la falta de órdenes -al menos conocidas y de forma abierta- para “implementar” (en la terminología secesionista) la Declaración de Independencia los días 10 y 27 de octubre, podrían ser valoradas para que la tipificación como delito de rebelión o sedición, en lugar de ser considerados como consumados lo fueran en la modalidad de conspiración, provocación o proposición. Antes de que alguien quiera entrar en la tipificación: lo anterior lo explico a meros efectos teóricos y en abstracto. Me abstengo de condenar antes de celebrar juicio. Lo que digo, en estrictos términos jurídicos, es que discrepo de quienes consideran que no existen indicios racionales de haberse cometido, presuntamente, graves delitos.

Haciéndonos la composición de hechos de otro modo: ¿si no se hubieran iniciado los trámites para la aplicación del artículo 155 de la Constitución, qué hubiera sucedido? ¿Acaso no se habría aprobado una declaración de independencia frente a la que no habría existido mecanismo de oposición alguno? La solución de recurrir al Constitucional la declaración, todos recordamos el “éxito” que tuvo en cuanto a la suspensión de las leyes de ruptura y argumentos del tipo “el referéndum es legal porque no ha sido prohibido” (dígase de paso lo absurdo del argumento, exitoso por otra parte).

Así las cosas, a mí me parece que si la declaración de independencia no se ejecuta hasta las últimas consecuencias es, efectivamente y tal y como defiende buena parte del separatismo, porque se acuerda la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Es decir, que el agotamiento de la conducta secesionista en todos sus términos se evita por el 155 y no por la irrelevancia jurídica de su conducta. Porque, al fin y al cabo, ejecutaron todos los pasos que, supuestamente, les habilitaban para la secesión.

Que las caras de los parlamentarios fueran de funeral, que no existiese euforia o que no se arriase la bandera española en el Palau de la Generalitat (sí se hizo en la Delegación de Girona) era irrelevante, jurídicamente hablando. O quizás no es irrelevante jurídicamente, pero para eso existen los juicios.

En resumen: mismos hechos, interpretación similar, discrepancia jurídica, como mínimo en lo que indiciariamente (esto es terminología jurídica, así que argumentos del tipo “tú mismo dices ‘indiciario’, no lo dices de forma rotunda” van directamente a la basura) puede determinarse a estas alturas. Lo demás, como digo, si se les condena por un delito, por otro o si se les absuelve, se verá en un juicio y no antes.

Sobre la segunda parte. A continuación, Luque inicia un recorrido sobre las fronteras y su formación, arbitraria y como accidente de la Historia, para proseguir con el apartado quizás más interesante de esta parte, que es la discusión del “quién”. Luque concluye que la decisión por la que se determina el “quién” no es autoevidente ni democrática (algo que, por otra parte, también le había leído a José María Ruiz Soroa), puesto que “no es posible determinar democráticamente el demos. El “quién” es algo que necesariamente precede al método democrático”, lo cual afecta a cualquier demos del mundo.

Todo ello lleva al análisis de algunos de los argumentos esgrimidos tradicionalmente para determinar ese demos, incuidos algunos de corte nacionalista (Margalit y Raz), que son descartados, incluyendo el argumento lingüístico, que únicamente sirve desde una perspectiva etnolingüística “…inaceptable para cualquier persona sensible con los postulados de la igualdad entre ciudadanos”.

Y la conclusión de Luque -citada hace unos días en los comentarios- es que la identificación de los sujetos políticos soberanos, el demos, resulta del hecho de que “se tiene la suficiente fuerza política para que los actores del orden internacional lo acepten”, de manera que cuando se carece de esa fuerza política, el pretendido sujeto político soberano simplemente no será identificado como tal. Así, se trataría de una solución de hecho, por lo que el primer paso siempre consistirá en que, dentro del Estado de que se forma parte, se reconozca que existe un demos distinto.

Esto conduce, como no puede ser de otro modo, al análisis del problema conceptual que supone “Tabarnia” para las autoevidencias independentistas: “…la justificación del independentismo para negar el derecho a la secesión de Tabarnia sería, obviamente, que mientras que Cataluña es una nsación, Tabarnia no lo es (…) Lo que no hace sino añadir carne al esqueleto de la idea según la cual reconocer a Cataluña como sujeto político soberano no tienen tanto que ver con la democracia como con qué cuenta como nación”.

Por último, se aborda el análisis de las tesis secesionistas basadas en el sentimiento, las emociones, ese sentimiento de agravio general que justificaría que los demás miembros de la sociedad no tengan algunos de los derechos de los que sí gozarían los miembros de la nación minoritaria. Es decir, la aspiración a ostentar una serie de derechos particulares, entre ellos el derecho a la secesión.

A continuación, expone su visión del asunto de Kosovo -hasta la fecha, si no recuerdo mal, con el reconocimiento de más de cien países- y su contraposición al hecho de que si bien en el primer caso se ha dado ese reconocimiento, en el caso de Cataluña su “independencia” no ha venido acompañada de reconocimiento alguno. Cero. De donde se deduce que, como se explicaba antes, el demos y el reconocimiento dependen de una cuestión de hecho, de la actitud que adopten los demás países frente a ti. Razón no le falta, aunque quizás, en un supuesto como el que nos ocupa, la cuestión meramente jurídica también tenga un peso bastante mayor para abordar el caso de Cataluña.

Tercera parte. El libro acaba con lo que llama la “gramática de la secesión”, es decir, unas ideas generales que deberían regir una hipotética demanda secesionista duradera y persistente en el tiempo, de una importancia imposible de ignorar.

Es decir, una visión realista, fáctica, más allá de la teoría, con la que se abriría la posibilidad de un referéndum vinculante de secesión. La teoría nos dice que esto sería posible. Ahora bien, el autor también expone las razones prácticas que ahora mismo lo impedirían: “Hay una precondición general para esta ruta: debe ser hecha en un clima de relativa buena fe y lealtad entre unos y otros. O sea, todo lo contrario a lo ocurrido en el otoño catalán y en los años anteriores al mismo. La sarta de posverdades vertidas o propiciadas indirectamente desde la Generalitat invalida cualquier inicio de negociación política. No digamos de referéndum. Iniciar una negociación política en los años venideros, cuando todavía pulule en el aire el universo semántico creado por la técnica posmoderna, sería ceder a un chantaje”.

Creo que en esto existe una coincidencia general, casi hasta consenso: los días 6 y 7 de septiembre de 2017, en particular, y las semanas siguientes, en general, tuvimos ocasión de comprobar que el separatismo estaba dispuesto a saltarse todo para lograr sus fines. Ante una acción de tal calibre, la reacción es clara. ¿Referéndum?: no.

Si en alguna ocasión habéis buceado por el blog, o habéis pillado alguna de las series de artículos de 2014-2015, quizás hasta 2016, por aquí se había teorizado con el referéndum, unos requisitos de mayor o menor dureza, etcétera. A día de hoy (de hecho, hace bastante tiempo, no sabría decir cuánto), mi posición ha cambiado: no. El motivo es evidente: el independentismo no está dispuesto a aceptar un resultado desfavorable. Y si para conseguir el resultado favorable tiene que pasar por encima de más de la mitad de los catalanes, se hace, que no pasa nada y solo se trata de alguna “pequeña irregularidad” procedimental sin mayor importancia.

Acaba esta tercera parte con una advertencia y es que el referéndum, aun llevándose a cabo, no es una fiesta: no habría nada que celebrar.

CONCLUSIÓN. Como habréis observado, el libro de Pau Luque resulta estimulante e interesante. Una percepción de los hechos similar a la de casi cualquiera de los lectores del blog, una interpretación también similar y una conclusión jurídica muy distinta. Unas reflexiones teóricas instructivas y, en fin, una postura pragmática ante un hipotético referéndum de secesión que, no obstante, no aparece en el horizonte. De aconsejable lectura porque, aun con los muchos puntos en común que uno puede encontrar, también cuenta con aspectos discutibles, que a estas alturas, si están formulados desde posiciones intelectuales razonables y honestas -y en el caso de Pau Luque, no me cabe ninguna duda- me parece que deben ser tenidos en cuenta, por mucho que difiera.