Archivos Mensuales: junio 2018

El documental del 20-S y la manipulación de la información

Esta noche se ha colgado en los comentarios del blog esto:

Poniente pregunta qué pasaba con los Guardias Civiles. La respuesta es la siguiente:

  1. Si conserváis algo de memoria, que supongo que sí, tendréis presente que la Magistrada Instructora de la causa por sedición contra el antiguo mayor de los Mossos, sr.Josep Lluís Trapero, se llama Carmen Lamela.
  2. Si escucháis el fragmento del reportaje al que alude el tuit y la captura de imagen (sobre el minuto 21:15), percibiréis que la voz que interroga al sr.Trapero es claramente masculina.
  3. No es que yo tenga prejuicios sobre voces masculinas o femeninas, pero es que sucede que quien interroga en ese momento al antiguo mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, no es “el juez”, sino el Fiscal, Miguel Ángel Carballo. Aquí, una transcripción publicada por el diari ARA.
  4. Que quien viese el documental del 20 de septiembre (un poco después de ese fragmento lo dejé, sorprendido por no escuchar a la Magistrada; lo que pasa es que ya no hago ni caso), y a falta de una explicación clara y específica sobre lo indicado en el punto 3, se llevaba la manipulada, tergiversada y errónea impresión de que era una pregunta del Juez instructor. A saber qué Juez instructor, probablemente más de uno pensaría que el Magistrado Pablo Llarena. (O sea, que el documental da pie a no tener ni idea de lo que se está escuchando por partida doble: ni es el Juez quien pregunta, ni mucho menos el Magistrado del Supremo).
  5. No solo eso. El tuit dice que “así lo hizo constar en el auto“. Un tuit y segunda mentira. Aquí, el Auto de Procesamiento dictado por la Magistrada Carmen Lamela. Leedlo. Yo le he dado un vistazo rápido. No dice nada de dos guardias civiles.
  6. Ahora, el Auto de Procesamiento dictado por el Magistrado Pablo Llarena, quien nada tiene que ver con la causa por sedición contra el exmayor Trapero. Dice esto: “Bajo la sola protección de los dos Mossos d’Esquadra que diariamente se encargan de la vigilancia ordinaria en el acceso del edificio y que no recibieron refuerzo ninguno durante el día, los acontecimientos se desarrollaron bajo el asedio de hasta 60.000 manifestantes, cuya masa se agolpaba hasta tocar la propia puerta de entrada del edificio. No se estableció el perímetro de seguridad que la comisión judicial reclamó, y para discurrir entre los miles de manifestantes allí congregados no había otro paso que un estrecho pasillo humano que únicamente permitía el paso en fila individual“. Acabo de revisar el mismo fragmento al que se refieren las imágenes del tuit. Imaginad a cuántos Mossos se ve custodiando el edificio en el exterior.
  7. O sea: ni “el Juez” dice que fuera hubiera dos Guardias Civiles (ahora yo podría soltar mi hipótesis: el Fiscal se confundió y mezcló información; quería decir que su información era que solo había dos Mossos custodiando el edificio), ni el auto de procesamiento de la Magistrada Carmen Lamela hace mención alguna a la presencia de dos agentes del Instituto a la entrada del edificio de Economía.

CONCLUSIÓN. Si el programa fue visto por 982.000 personas, más o menos, y el 90% de la audiencia es adicta acríticamente a la información que ve en la TeleTres, mientras que el otro 10% nos mortificamos por el bien común (total o parcialmente; yo me sacrifiqué parcialmente, lo confieso), aproximadamente unas 883.800 personas salieron convencidas de que habían escuchado “al Juez” (¿pero qué Juez?) decir que solo había dos guardias civiles y además por dentro, en contra de lo que indican las imágenes convenientemente ilustrativas. Y por lo menos más de 1.000 tuiteros que ya se tragaron la anterior premisa, también se creyeron que esta mención se incluye en el auto de procesamiento “del Juez” (¿pero en qué auto de procesamiento? ¿de qué Juez? ¿es que tiene otra causa Trapero que no sepamos? Ojo, esta última pregunta la hago a modo retórico y sin ninguna broma hacia Trapero; obviamente la ironía va hacia otro lado).

En fin. Si un documental que “puede servir como prueba“, “que desmonta el relato de hechos” y “blablablatergiversa la información hacia los espectadores de manera tan descarada, qué no será el resto. Seguro que será de tal modo que algún día, más pronto que tarde, le darán un premio. Me juego un café que doy por perdido.

¡Ah! No me sirve que en algún resumen escrito, como el de la propia TeleTres, se especifique que quien pregunta es el Fiscal. Cuando uno ve un documental por televisión no necesita un libreto al lado que le explique lo que ve. El documental tiene que ser autoexplicativo por sí mismo. Aquí, sin duda, es automanipulado. Repito: qué no será el resto. [Nota: hay más, pero es que DA IGUAL]

Y puestos a creer informaciones no contrastadas, habrá quien prefiera creer esta noticia que en otras ocasiones se ha enlazado. Quizás alguien quiera creer que es prueba y que conviene citar a Oriol March a juicio, al menos para ratificarse en la información o retractarse de ella. No hace falta preguntarle por sus fuentes: con preguntarle si ratifica el contenido de la información y su veracidad es suficiente. (Y para desnortados que creen que una contradicción en instrucción es absolutoria: que March ratificase su noticia tampoco sería prueba suficiente. Pero podría ser un indicio más a sumar a otras pruebas. Ay, por favor, que un proceso penal es algo muchísimo más complicado que un documental. Pero, bueno, ya sabemos que hay quien cree que graves enfermedades se curan con una imposición de manos o con agua de la charca).

¿Qué sería del ‘procés’ sin sus intelectuales?

Un asunto recurrente en esto del ‘procés’ ha sido el papel de los intelectuales y demás personajes prominentes de elevada formación afectos a la causa, quienes cuentan, entre otros logros, con una adhesión acrítica a la causa, tergiversar o manipular información y conceptos o, directamente, explicar versiones que no casan muy bien con la verdad.

Hoy leía un artículo de Germà Bel, mitad político-mitad intelectual, titulado “Fractura social?“, en el que aparte de culpar a los demás (en este caso, Ciutadans; da lo mismo, porque otro día será culpa del PP y otro más del PSC y, en cuanto se descuiden, los Comunes), leía esto: “Això permet entendre, per exemple, els fets del 6 i 7 de setembre passat, quan es va menysprear ostentosament el Parlament sota la falsedat manifesta que es va transgredir la llei, menystenint els drets dels representants. N’hi ha prou, per exemple, llegint les pàgines 27 i següents, i 69 i següents del diari de sessions del 6 de setembre per constatar que –contra el que ha esdevingut una falsificació grollera– es van debatre i votar esmenes a la llei de referèndum. Aquella actuació manifestament irrespectuosa de Ciutadans, a la qual es van sumar de bon grat el PP i de manera més difícil de comprendre el PSC, va ser tot un reclam d’atenció i d’invocació a la intervenció exterior investint-se metafòricament de minoria nacional a protegir.

Lo primero: las opiniones de Germà Bel son sus opiniones. En el blog, pasó el tiempo de divagar frente a planteamientos mentales de cuarzo-mica-feldespato.

Ahora bien, las manipulaciones en que incurre Germà Bel son eso, manipulaciones que, además, promueven que le pierda el respeto intelectual de que pueda gozar. Si el otro día explicaba que el respeto a Roger Torrent quedaba dañado (por cierto, ¿ha presentado querella o no lo piensa hacer?), tres cuartos de lo mismo con Germà Bel.

Sí, soy consciente de que los disparates del 6 y 7 de septiembre, destrucción incluida de la democracia y del respeto a la Ley, se comentaron bastante a fondo. Por eso está bien destacar de nuevo cómo es capaz alguien de elevada capacidad intelectual de autoengañarse y, con su autoridad intelectual, engañar a quienes le leen.

Dice Germà Bel: “Això permet entendre, per exemple, els fets del 6 i 7 de setembre passat, quan es va menysprear ostentosament el Parlament sota la falsedat manifesta que es va transgredir la llei, menystenint els drets dels representants“. No, no se transgredió la Ley, no. En absoluto.

Como explicarlo desde cero es aburrido, vamos a leer otra vez algunos claros y sencillos (en conjunto, un poco largo, espero que no demasiado) fragmentos de la Sentencia del Tribunal Constitucional 114/2017, sobre la Ley del Referéndum (Fundamento Jurídico 6, letras c y d):

La proposición que dio lugar a la Ley impugnada se tramitó y aprobó, en efecto, al margen de cualquiera de los procedimientos legislativos previstos y regulados en el RPC y a través de una vía del todo inapropiada (art. 81.3 RPC). De ella la mayoría se sirvió para improvisar y articular ad hoc un insólito cauce en cuyo curso quedaban por entero a su arbitrio las posibilidades de intervención y los derechos del resto de los grupos y diputados.(…)

Lo que la mayoría impuso, propiciado por la Mesa y por la Presidencia de la asamblea, fue la creación de un atípico “procedimiento” para la ocasión, aparentemente a imagen del de lectura única previsto en el Reglamento del Parlamento de Cataluña (cuyo artículo 135.2, relativo a esa vía, estaba y sigue suspendido por providencia de este Tribunal de 31 de julio de 2017, en recurso de inconstitucionalidad 4062-2017). Mediante ello se planteó y consumó una arbitraria derogación singular de normas reglamentarias para la ordenación de la legislación y una patente infracción de las específicas previsiones del Reglamento del Parlamento de Cataluña para su propia reforma (disposición final primera y por su remisión artículos 126 y 127); previsiones, estas últimas, que garantizan en cualquier ordenamiento parlamentario una reserva de reglamento que es garantía, muy en primer lugar, de los derechos de las minorías (al respecto, SSTC 44/1995, de 13 de febrero, FJ 3, y 226/2004 y 227/2004, ambas de 29 de noviembre, FJ 2 de una y otra).

La mayoría de la Cámara pretendió ampararse para ello en el artículo 81.3 RPC, pero es de todo punto manifiesto que esta previsión reglamentaria no consiente tal operación. Dispone esta norma que el orden del día del Pleno puede ser alterado si este así lo acuerda a propuesta de dos grupos parlamentarios y añade que “si debe incluirse un asunto, este debe haber cumplido los trámites reglamentarios que lo permiten, salvo un acuerdo explícito en sentido opuesto, por mayoría absoluta”. Esta genérica previsión (parangonable, pero con diferencias a veces significativas, a otras contenidas en distintos reglamentos de asambleas autonómicas y en el propio Reglamento del Congreso de los Diputados: artículo 67.4) está recogida en el título IV del Reglamento del Parlamento de Cataluña (“Del funcionamiento del Parlamento”), al margen, pues, de la ordenación de los procedimientos legislativos.

Aun en el discutible caso de que pudiera acudirse a esa norma para incorporar al orden del día del Pleno, con pretensiones decisorias, un asunto que no hubiera culminado aún su tramitación legislativa previa, resulta innegable que para ello el procedimiento legislativo debiera estar al menos ya iniciado y en curso, a través de cualquiera de las vías previstas como numerus clausus en el Reglamento del Parlamento de Cataluña. Solo entonces, incoado ya y en marcha el procedimiento (el “común” o cualquiera de los especiales), serían también identificables los trámites realizados y los aún pendientes y la posibilidad o no de omitir o excluir fundadamente alguno de estos últimos para la incorporación del asunto a un orden del día del Pleno (…)

Lo que no está en manera alguna en el artículo 81.3 RPC es una habilitación en favor de la mayoría para la creación a su arbitrio de “procedimientos” legislativos extra ordinem; ello llevaría a la conclusión absurda, e intolerable en derecho, de que todos y cada uno de los procedimientos efectivamente previstos y ordenados en el Reglamento del Parlamento de Cataluña serían ya meramente dispositivos y sustituibles, mediante libre decisión de aquella mayoría. Así se entendió aquí, sin embargo, por el Pleno del Parlamento de Cataluña, que recurrió a este expediente de alteración del orden del día cuando la iniciativa legislativa, recién admitida a trámite por la Mesa, no había iniciado siquiera su andadura procedimental por uno u otro de los cauces que el Reglamento dispone y sin que fueran conocidos los concretos trámites a seguir y, a partir de ello, los que pudieran acaso ser obviados.

Con el pretendido amparo, por lo tanto, de una regla para la excepcional innovación del orden del día, la mayoría, en definitiva, innovó el Reglamento del Parlamento de Cataluña mismo y arbitró para el caso no la mera supresión, como sus portavoces dijeron, de uno u otro trámite procedimental, sino un “procedimiento” inédito que concibió e impuso a su conveniencia. Bien se comprenderá que, así las cosas, no es lo más grave, desde el punto de vista de la constitucionalidad, la restricción, mayor o menor —aquí desde luego máxima— de concretos derechos de los representantes, sino la supeditación y consiguiente degradación de todo derecho al imperio, fuera de norma alguna, de la mayoría. Estos derechos hubieran seguido siendo objeto de violación radical, así como el debido procedimiento para legislar, aun en la hipótesis de que la mayoría hubiera dejado un mayor margen de participación para las minorías. Las facultades de los parlamentarios —especialmente las asociadas al derecho fundamental que enuncia el artículo 23.2 CE— se ejercen y respetan según derecho, no por deferente condescendencia (STC 109/2016, de 7 de junio, FJ 5).” 

Dice Germà Bel que es falso que se transgrediera la ley o que se actuara con desprecio a los derechos de los representantes que no estaban de acuerdo.

A tenor de los fragmentos reproducidos de la Sentencia del TC, lo falso es lo que dice Germà Bel. La mayoría separatista SE INVENTÓ un procedimiento, incluyó en el orden del día una iniciativa que NI SIQUIERA había iniciado la tramitación legislativa (disparate que en otros ámbitos se llamaría prevaricación) y, en definitiva, HIZO lo que le dio la gana, como quedó a la vista de todos. Y Bel, con su autoridad intelectual, nos dice que es falso. Falso.

Sí, sabemos que el manual del buen separatista afirma que le da igual lo que diga el TC, que no va con él. De acuerdo, si con eso se da por satisfecho, porque no cambia nada. Se INVENTARON un procedimiento y TRANSGREDIERON la Ley, hasta su propia Ley, por todos lados. Y Bel dice que es falso. Por favor.

¡Ah, oh, sí! Que dice Bel que “es van votar i debatre esmenes” y que eso, objetivamente, es cierto. Hombre, claro, dentro de un procedimiento inventado puedes votar y debatir lo que quieras, como quieras y cuando quieras, siempre que la mayoría sea CONDESCENDIENTE contigo. De verdad, que tanta falta de respeto a la inteligencia es increíble viniendo de todo un Catedrático cuya relación con la verdad material, al menos en este caso, es algo tangencial.

2. Pararía aquí, pero no cuesta nada reproducir lo que dijo el TC sobre el hecho de que la mayoría separatista decidiera saltarse al Consejo de Garantías Estatutarias:

La Cámara decidió asimismo, en el sumarísimo curso de este anómalo “procedimiento”, la cancelación de lo que su Presidenta llamó “trámite” de solicitud de dictamen al Consejo de Garantías Estatutarias sobre la conformidad de la proposición de ley a la Constitución y al Estatuto de Autonomía de Cataluña, garantía creada por el propio Estatuto [art. 76.2 b)], en pro de la mejor acomodación de las iniciativas legislativas al bloque de la constitucionalidad, para cuya concreta ordenación el mismo Estatuto remite a “los términos que establezca la ley” (inciso inicial del mismo art. 76.2 EAC), que no es otra que la 2/2009, reguladora del propio Consejo. Es preciso señalar que en esta Ley se legitima para pedir dictamen sobre la “adecuación al Estatuto y a la Constitución de los proyectos y proposiciones de ley sometidos a la aprobación del Parlamento, incluidos aquellos tramitados en lectura única” [art. 16.1 b)] a dos grupos parlamentarios o a una décima parte de los diputados [art. 23 b)]. Esta solicitud se tramita a través de la Mesa de la Cámara, que ha de acordar su admisión o inadmisión, y da lugar, si se admitiera y cursara al Consejo, a la suspensión del correspondiente procedimiento legislativo en tanto el dictamen se emitiera o hasta que transcurriera determinado plazo sin haberse emitido (arts. 26.1 y 4 y 27.bis.1 y 5). El Reglamento del Parlamento de Cataluña contempla, adicionalmente, un trámite de enmiendas subsiguiente a estos dictámenes (art. 120).

Se desprende inequívocamente de toda esta ordenación que la solicitud de dictamen al Consejo de Garantías Estatutarias es, para los grupos y diputados legitimados por la Ley al efecto, una garantía que trae causa del propio Estatuto de Autonomía de Cataluña y que se incardina como tal facultad, por previsión de la Ley 2/2009 y del Reglamento del Parlamento de Cataluña, en el curso del procedimiento legislativo. En tanto que garantía en favor de la regularidad constitucional de las iniciativas legislativas y facultad también de los diputados y grupos legitimados al efecto, la posibilidad de pedir dicho dictamen no puede ser suprimida por la Cámara sin merma de la integridad del propio procedimiento legislativo y a la vez de los derechos de los representantes a ejercer esta concreta facultad que la ley les confiere y que se incorpora a su estatus jurídico-constitucional (art. 23.2 CE). El Pleno, sin embargo, canceló sin más esta facultad, y la consiguiente garantía, en la singular tramitación que dispuso para la proposición de ley “del referéndum de autodeterminación”. Lo hizo por su exclusivo imperio, entre las constantes protestas de diputados miembros de las minorías y pese a la advertencia expresa del propio Consejo de Garantías, órgano que por acuerdo del mismo 6 de septiembre de 2017 recordó al Parlamento, ante solicitudes presentadas por dos grupos parlamentarios, “el carácter preceptivo, en el seno del procedimiento legislativo, de la apertura subsiguiente a la publicación de cualquier proposición de ley del plazo de solicitud de dictamen a este Consell”.

Esto también lo comentamos en los días de la destrucción: el Parlamento no podía saltarse la petición de dictamen al CGE si se solicitaba por quienes estuvieran legitimados para ello, y aun así se lo saltó. Y dice Bel que no hubo transgresión de la Ley.

CONCLUSIÓN. Leyendo a Germà Bel me asalta la duda: ¿lo hace deliberadamente? ¿a sabiendas o de oídas? ¿por ignorancia o por pereza?  ¿vio unas sesiones distintas a las del resto del mundo? Quizás sea que, en su papel medio político-medio intelectual, cumpla el papel del creador intelectual del ‘procés’, ese que con su (supuesto) prestigio social, académico o de la índole que sea, es capaz de hacer creer a su público cualquier postulado contrario a la verdad.

A la Sentencia del TC (con esta es suficiente, luego vendrían las de los grupos parlamentarios que también acudieron al TC), al sentido común y a lo que vimos me remito.

Brevísimo apunte judicial

Un artículo legal de redacción clara para quien no tiene idea de Derecho.

En este caso, el 406 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que dice: “El juicio de responsabilidad penal contra Jueces y Magistrados podrá incoarse por providencia del Tribunal competente o en virtud de querella del Ministerio Fiscal, o del perjudicado u ofendido, o mediante el ejercicio de la acción popular“.

Lo entendéis todos. Hasta Torrent, quien tras conocerse el archivo de la denuncia formulada contra cuatro Magistrados del Supremo, según ElNacional ha dicho: “Sabíem que el Suprem podria plantejar aquesta excusa per no anar al fons de la qüestió“. Lo sabía, dice. Y, bueno, llamar “excusa” a un requisito de procedibilidad…

Como me he prometido evitar los calificativos, me los ahorro. Pero sí se puede decir que la respetable consideración que uno pueda tener de Roger Torrent se ve algo lastimada.

CONCLUSIÓN. Presentar a sabiendas una denuncia ante el Tribunal Supremo para que te la archiven.  Otra jugada maestra. Cuando el vicepresidente del Parlamento dé una fundada explicación del asunto en Twitter ya me avisaréis.

Traslado de presos preventivos: estaba resuelto hace tiempo

Detrás de las grandes parafernalias y debates sobre el eventual traslado de los presos preventivos se esconde una memoria de pez. O las pocas ganas de leer. O la ignorancia deliberada. O las ganas de generar debates donde no los hay para entretener a la masa con el ‘procés’, el nuevo opio de una parte de la población. Aparte de que un sencillo artículo del Reglamento Penitenciario (art.31) cuya lectura ahora es innecesaria, estipula la competencia desde hace más de veinte años.

Remontémonos al mes de enero de este año dos mil dieciocho.

Con fecha 11 de enero de 2018, se recibió en el registro general del Tribunal Supremo “…escrito presentado por la representación de D. Oriol Junqueras i Vies, en el que, por encontrarse en situación de prisión preventiva por esta causa, solicitaba su traslado a un centro penitenciario de Barcelona.” (incluía otras peticiones, ahora innecesarias).

El auto dictado en fecha 12 de enero de 2018 por el Magistrado Instructor de la Causa Especial 20907/2017 resolvió la petición: “Denegar la petición de traslado de centro penitenciario cursada por D. Oriol Junqueras i Vies, sin perjuicio de que tal reclamación pueda ser cursada a la autoridad penitenciaria competente.

Como siempre, apuesto a que incluso sin conocimientos de Derecho habéis entendido que el Magistrado le decía a la defensa de Junqueras que lo pidiera a la autoridad penitenciaria.

Así lo debió entender, porque según esta noticia de La Vanguardia (y en otros medios) a finales del mes de abril Oriol Junqueras pedía el traslado de centro a Instituciones Penitenciarias (la noticia incluye el escrito presentado).

No obstante lo anterior, en fecha 24 de mayo la defensa de Oriol Junqueras y Raül Romeva vuelve a solicitar, entre otras medidas, “…la necesidad de su traslado a prisión situada lo más cercana posible a su domicilio…”. El final es conocido y el Auto de 14 de junio de 2018 dice que no es competencia “del instructor definir el concreto centro penitenciario en el que deben quedar confinados“.

La novedad no existe porque, con unas palabras u otras, en enero de 2018 se remitía la cuestión del traslado a Instituciones Penitenciarias.

CONCLUSIÓN. A partir del 12 de enero de 2018, si alguien tenía dudas o, simplemente, no lo sabía, la cuestión estaba resuelta. Lo demás, una pérdida de tiempo.

«El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia», de Daniel Gascón

Hacía unos cuantos meses que no me compraba un libro sobre el procés. Sin querer resultar arrogante, las últimas lecturas me habían aportado matices o resaltaban algún aspecto sobre el que quizás no había prestado mucha atención, pero lo que se dice novedad, novedad, apenas había. Esto es fruto de haber vivido -como todos- los hechos en directo y al detalle, por lo que todas las narraciones confluyen en los mismos puntos. Por ejemplo, el recomendable «Empantanados», de Joan Coscubiela, contiene reflexiones muy interesantes. Ahora bien, en cuanto a los hechos, y a salvo de explicar algunas interioridades vividas personalmente, no aporta hechos clave: los vimos todos por igual.

Las entrevistas a Daniel Gascón que se publicaron la semana pasada en diversos medios sobre su libro «El golpe posmoderno. 15 lecciones para el futuro de la democracia» me decidieron a su adquisición. El libro es interesante, aunque si vivisteis y seguisteis los últimos años del ‘procés’ al detalle, os adelanto que obtendréis una muy acertada síntesis conceptual y no muchas novedades. Quiero decir con ello que el libro es bueno y que encontraréis exactamente los mismos temas y asuntos que hemos tratado en el blog estos años, con un enfoque similar. Con la diferencia de que Gascón evita escribir emocionalmente -que no quiere decir frío- para centrarse con precisión en las averías intelectuales del procés, lo cual, como bien sabemos, no ha sido óbice para su éxito.

Para haceros a la idea de la posición de Gascón, en la introducción habla de golpe posmoderno y, como también hemos hecho en el blog, recurre a la definición de Hans Kelsen («un golpe de Estado se produce cuando un orden legal es anulado y sustituido de forma ilegítima, es decir, de una manera no prescrita por el primer orden») para afirmar que eso mismo es «lo que ocurrió en el Parlament el 6 y el 7 de septiembre». Y, a continuación, también escribe: «Pero el golpe, o el intento, también ha sido ambiguo, no declaradamente violento, siempre negable. La forma de cruzar una línea roja es hacerlo muy despacio, de manera que no se sabe exactamente cuándo la has atravesado…». O sea, que encontraréis un punto de vista muy parecido al general del blog. (En resumen: que no me vengáis a buscar si luego os lo compráis y no encontráis nada sustancialmente nuevo).

El libro se estructura en quince breves capítulos y se lee con facilidad e interés, en una síntesis conceptual (las quince lecciones) de los hechos que hemos vivido y tantas veces comentado. Por mostrar algunas frases de los cuatro primeros capítulos, que aquí (no necesariamente yo mismo) se han escrito también en estos años:

  1. Capítulo 1: Cómo combinar lo viejo y lo nuevo. Pág.17: «Una sociedad diversa quedaba reducida a una cuestión binaria: el deseo de un pueblo y los que querían coartar su libertad.»
  2. Capítulo 2: Cómo se diseña una revolución. Pág.24: «Como muchos nacionalismos, el catalán parte de un relato victimista que refleja al mismo tiempo sentimientos de inferioridad y superioridad: somos un poco mejores que los demás pero nos tratan mucho peor que a ellos; somos una minoría perseguida pero a la vez somos la mayoría»
  3. Capítulo 3: La apuesta por el plebiscito. Pág.37 (sobre el 6 y 7 septiembre): «Por mucho que se hablara de principios democráticos, lo que hacía el secesionismo se parecía más a instaurar una dictadura soberana siguiendo la doctrina de Carl Schmitt».
  4. Capítulo 4: La independencia no es de izquierdas. Pág.50: «Para buena parte de la izquierda a la izquierda del PSOE (…) exige mucha voluntad entender el secesionismo como un movimiento progresista. Tampoco termina de ayudar el tono despectivo que este muestra a veces hacia los desfavorecidos de otras partes de España».
  5. Y una muestra adicional del capítulo 9 («El discreto encanto del supremacismo»), con la cita del inolvidable artículo de Jordi Cabré (“Som millors“), apariciones de Toni Albà o Jordi Galves y su no menos inolvidable artículo sobre “el colectivo castellanohablante” de Cornellà, pasando por el ADN cultural catalán que nos hace “más germánicos y menos romanos” en palabras de Artur Mas.

Hay muchas frases, citas, artículos e ideas que encontraríamos en las entradas y comentarios del blog. Lo que sucede es que Gascón las pone en orden, las describe y aporta su reflexión, advirtiendo que la proximidad de los hechos no nos permite todavía valorar adecuadamente lo que ha sucedido («Todavía no podemos calcular con precisión la gravedad de los hechos, ni sabemos lo fácil -o posible- que será recomponer lo que se ha roto…»).

Como leéis, mucha novedad fáctica no hay y sí interiorización del modo en que se ha actuado por el separatismo para desbordarlo todo: la (i)legalidad, el abuso de lo emocional, la (pos)verdad y tantas otras estrategias diseñadas para derribar la democracia aduciendo que se actúa como un verdadero demócrata. El libro de Gascón resulta valioso como síntesis conceptual precisa del conjunto ideado y llevado a cabo por el separatismo.

CONCLUSIÓN. Lo que está claro es que, como también hemos repetido en muchísimas otras ocasiones, personas con ideas y enfoques distintos hemos percibido casi exactamente lo mismo durante estos años y llegado a conclusiones casi idénticas: un golpe posmoderno en que no se utiliza la violencia militar directa, sino un complejo mecanismo de venta de un producto manipulado desde varios frentes para llegar a ese mismo resultado (el golpe), por vías enmascaradas de un “pacificismo” que no ha sido  precisamente tan inocuo como lo venden.

El rigor secesionista

Esto que escribo es casi un comentario largo, así que leedlo como tal. Todo viene a raíz de la publicación en el ARA del vídeo de Junqueras y demás.

Sin bromas. Sin valorar lo acertado o desacertado de publicar un vídeo de la vida en prisión de Junqueras y otros. Sin valorar tampoco si tiene o no tiene valor periodístico. El asunto es otro. El de siempre.

Siempre hay alguien -más o menos relevante, no anónimo- que sale a defender a capa y espada lo que hacen “los suyos” solo porque son los suyos.

Muy ilustrativa en este sentido la noticia que publica e-noticies sobre las reacciones de Marta Rovira y otros a la difusión del vídeo.

Lo que más me interesa es el tuit de Ricard Ustrell (33.800 seguidores, 425 RT’s a su tuit) que dice que “evidentemente” los del ARA han hablado con las familias y la contestación de Clapés (96.400 seguidores, 32 RT’s a su tuit) diciéndole que no lo afirme con tanta rotundidad. Clapés dice que de una de las familias “le consta” que no han hablado con ellos.

Y el riguroso de Ustrell, tras haber afirmado que “evidentemente” han hablado, le contesta “pues a mí me dicen esto…“. Clapés se refiere a información de primera mano, pero Ustrell aún tiene valor de contestar y contradecir a quien afirma que tiene noticia directa y no un “me dicen“. Qué rigor. [Después, Ustrell insiste con que “sí, se lo han dicho” y excusas varias cuando, como siempre, quiso decir una cosa para luego cambiar a otra].

CONCLUSIÓN. Si alguien todavía se pregunta la razón de que tengamos medio abandonado leer o escuchar al secesionismo, ahí tiene alguna respuesta. Hablan de oídas y contradicen al que tiene la información directa o sabe de lo que habla. Me suena…

El lenguaje del secesionismo

Esto del ‘procés’ da muy poco de sí. La anterior entrada ha durado más de 155 comentarios y cambio porque ya me parece demasiado.

Cada vez se leen palabras más gruesas y de menor contenido. Es gracioso -cuántas veces habré repetido la fórmula “es gracioso”- que se las leamos a mentes preclaras del secesionismo, porque según ellos eso solo es posible en el caso de los pérfidos contrarios al separatismo. Esa contradicción intelectual constante y no precisamente porque se hagan preguntas divagatorias.

Un ejemplo banal, por echar la risa del jiji-jaja del día. Escribía Toni Soler en su columna dominical en el ARA: “BLOCS. La població catalana ara mateix es divideix entre enrabiats (els votants fidels del PP i de Ciutadans), motivats (els votants del PSC i la major part dels comuns), esperançats (una altra part dels comuns i potser la meitat d’ERC i el PDECat) i escèptics (la part més dura de l’independentisme, repartida entre els tres partits sobiranistes i en l’entorn de Puigdemont i Torra).

En otra época me habría echados las manos a la cabeza: “¡oh, bloques! ¡otra vez los bloques! ¡qué simplificación más cutre! ¡necesita marcar enemigos!“.

Ahora, como he escrito que era la risa jiji-jaja, pues mejor recordemos el titular de ayer en ElNacional: “L’enrabiada de Llach amb el nomenament de Borrell com a ministre“.

Evidentemente, esto es lo que pasa cuando los listos son los de tu tribu y los demás son tontos perdidos: que tus propias palabras te ahogan y descubres que Llach, según la curiosa (insultante, vaya) terminología de Soler, es votante fiel de PP y C’s.

Lo cierto es que este no es el auténtico jiji-jaja. El verdadero jiji-jaja es este momento cumbre de una entrevista al mismo Soler, hace apenas diez días, en Naciodigital:

– Ens van convèncer que era possible i nosaltres ens ho vam creure portats per l’entusiasme?
 
– Possiblement (…)

O sea, que Soler se olvidó en su artículo del ARA la categoría de los “crédulos entusiasmados“. Maldita mala memoria.

CONCLUSIÓN. Mala memoria al margen, el secesionismo es recurrente en su imperiosa necesidad de encuadrarnos a todos en bloques, a poder ser pétreos y que se ajusten a su limitado escenario de buenos y malos. O rabiosos y bestias, por una parte, y buenos/buenísimos/fetén, por otra. Un lenguaje muy pobre que, de tan pobre, te pilla al cabo de veinticuatro horas.

Nota: podéis seguir comentando lo mismo que en anteriores entradas porque esta la he escrito solo por cambiar.