Archivos Mensuales: agosto 2017

Las miserias de la intelectualidad

Los terribles sucesos de esta semana empequeñecen en grado sumo muchas de las nimiedades a las que uno da importancia, como el ‘prusés™‘. Después de leer y escuchar tanta ponzoña como la que muchos llevan dentro, más vale volver al ‘prusés™‘, el separatismo y sus miserias.

Hace unos días comentábamos el asunto del informe encargado por el Ayuntamiento de Sabadell y el elemento angular sobre el que versó la polémica, centrada en Antonio Machado. Lo esencial ya se dijo: se trata de una tendencia del nacionalismo de carácter profundo y estructural. Todo aquello que no casa con su ideario debe ser rechazado y, si puede ser, eliminado. Un artículo muy acertado de Joan Coscubiela, con frases inapelables: “Aquesta polèmica no és més que expressió d’una tendència de fons, de naturalesa reaccionària, que fa temps s’està instal·lant en sectors de la societat catalana“.

Por otra parte, una vez más, se identifica la misma y repetida actuación del separatismo, que consiste en lo siguiente:

  1. El más cazurro del pueblo expresa lo que piensa de verdad la parte dominante del secesionismo, conocida como separatismo. Normalmente, sus invectivas, para reforzarlas, van acompañadas de un toque de silbato y un golpe en la mesa con los nudillos.
  2. Como es lo que de verdad piensan, a nadie le chirría ni le extraña lo que lee o escucha, por muy salido de madre que sea. Si acaso, discreparán por la manera bruta con la que se expresa, pero le ríen la gracia, porque están de acuerdo con su mensaje de fondo.
  3. Un día, ese pensamiento extremo salta a un canal en que no solo se discrepa, sino que no se da crédito a lo que se lee o escucha.
  4. Entonces, el separatismo salta y dice que, total, ha sido el cazurro del pueblo, no ellos, y que se han tergiversado o manipulado las palabras, su intención o que no ha sido como se presenta, de modo que el hecho objeto de polémica tiene algún tipo de justificación. O sea, que como mucho se trata de un hecho aislado o puntual y que solo la mala fe del lector asocia al cazurro con el separatismo. Es conocida mi mala fe; en cambio, del periodista de Diari de Girona, Albert Soler, es más conocida su mala leche: “Tants fets puntuals“.

Ahora veamos si se cumplen los cuatro puntos:

  1. El informe que dio pie a la polémica. En esta entrada de isabadell está disponible completo. Como es sobradamente conocido el contenido, e incluso la manipulación de las citas a Machado, prescindo de mayor comentario.
  2. A nadie le chirría. Cuando el Ayuntamiento de Sabadell dio traslado del informe a varias entidades de la ciudad, la concejal lo hizo indicando que esperaba que el informe fuera un “buen punto de partida“. Me tomo la libertad, ahora sí, de reproducir la imagen publicada en isabadell, por el evidente interés que reviste en orden a acreditar lo del “buen punto de partida”.
  3. Como es sabido, salta a los medios de comunicación nacionales el 15 de agosto. (El 5 de julio, en isabadell ya habían analizado el informe)
  4. La reacción del separatismo, en general, fue la de criticar el salto del informe a los medios de comunicación, incluso la lectura que del mismo se había hecho. Se ve que lo del “buen punto de partida” no se entendía. Y llegamos a la interpretación del hecho puntual, aislado o tergiversado, en este caso a cargo de Jordi Muñoz en el ARA (Neteja ètnica simbòlica), que escribe: “En cap cas es tracta de la posició de l’Ajuntament, però l’informe arriba a alguns mitjans de comunicació, que no dubten a emprar-lo com a arma llancívola contra l’Ajuntament de Sabadell i els partits que hi governen. Mentrestant, l’Ajuntament de Sabadell, el seu alcalde, i l’exalcalde i regidor d’ERC i molts altres membres de l’equip de govern se’n desmarquen categòricament“.

Mmmm… a ver. Que no existía una decisión concreta del Ayuntamiento es cierto. Que la Concejala de Cultura había escrito una carta acompañando el informe y calificándolo de “buen punto de partida”, también. Como dice Jordi Muñoz en su artículo, la lista era “demencial“. ¿Sabéis lo que hace cualquiera si le entregan un encargo de contenido “demencial”?

Efectivamente, o lo tira a la basura o coge al proveedor y le dice: “Mira, esto yo no lo puedo presentar en ninguna parte. Así que vamos a ser amigos y recortas toda la parte demencial, porque si no, no te voy a pagar” (bueno, aquí, el precio, al parecer, era de 600 €; por ese precio, qué queréis: amenazar con el impago tampoco es que arruine al informante si tiene unos mínimos ingresos).

Y si el proveedor se pone gallito (“nunca me han dicho que mi trabajo no esté bien hecho; llevo treinta años haciendo esto y es la primera vez que blablabla…“), una de dos: o no se le paga por manifiesta falta de calidad del trabajo y lo rehace; o no se le paga y se cambia de proveedor.

¡Oh, demonios! La Concejala de Cultura no hizo nada que se le parezca a todo lo anterior, o  a cualquier otra acción de sentido común que pueda ser de aplicación. Vaya, que si aceptó un informe con una lista “demencial“, no sé qué calificativos podría merecer la Concejala. Así las cosas, según Muñoz, se trata de una “polémica artificial” y responde a un “intent sistemàtic de construir un determinat relat polític“. El resto del artículo, si no tenéis nada más que hacer, pues vale, pero no vale la pena ni comentarlo porque se alinea con los tópicos del separatismo autojustificativo (“…presentar una imatge falsa d’un país en què es persegueix i s’oprimeix la gent que parla castellà…“; con el Manifiesto Koiné, también inventado por los contrarios al relato nacional-separatista, tengo suficiente. Etcétera y blablabla).

CONCLUSIÓN. Puedo equivocarme, pero me parece que el artículo de Muñoz encaja en el apartado 4 antes descrito. Intelectualidad al servicio del ‘prusés’, para justificar lo que sea.

¡Ah! Si yo hubiera encargado el informe, evidentemente que no lo pagaría. No sé si el Ayuntamiento de Sabadell lo ha pagado o no. Con lo que sí cuenta es con la conformidad de la Concejala de Cultura (en otro caso, no lo hubiera hecho llegar tal cual a las entidades) y, a la vista de la inexistente argumentación, creo que también de Muñoz (léase punto 2 de la teoría antes expuesta).

O eso, o es que se acepta dar la conformidad a cualquier cosa, que también es posible. Demos la conformidad a cualquier cosa en nuestro trabajo, a ver qué nos pasa.

El debate secesionista de la ¿participación?

A la espera de ver si se tramita o no por los cauces normales la Ley del Referéndum secesionista, pocas cosas hay para comentar sobre el proceso separatista.

Entre lo poco que hay, sí que existe un goteo constante de artículos publicados en medios y canales secesionistas sobre los mínimos de participación supuestamente exigibles a su referéndum, que se solapa, también desde el secesionismo, con una paradójica promoción de la participación dirigida a los contrarios a su antidemocrático, inmaduro e ilegal proceso separatista, que no son necesariamente los mismos que los “contrarios a la secesión“.

El asunto carece de excesiva importancia, ya que se trata de crear un argumentario de autoayuda entre su público, puesto que es bien sabido y conocido que, de forma abrumadora, solo se sienten concernidos por el supuesto referéndum separatista los partidarios de la causa separatista. Este hecho, nada difícil de percibir, pretende ser revertido por el secesionismo con argumentos poco elaborados, del tipo “no hace falta establecer un mínimo de participación, con lo que si no vienes a votar, será tu problema” o “si los contrarios a la secesión sois más, lo tenéis muy sencillo: venid a votar y demostradlo”.

A partir de aquí, la proliferación de artículos, algunos más elaborados, otros menos, con los que se quiere inocular a los más entregados a la causa el argumentario de autojustificación: la participación no es elemento a tener en cuenta en un referéndum de secesión.

Empecemos por mi argumento principal: y a mí qué más me da si se fija o no un mínimo de participación en un referéndum ilegal y antidemocrático. Y también inmaduro, porque si, desde el mismo secesionismo, alguien se plantea todavía a estas horas la necesidad o no de fijar mínimos de participación significa que no han pensado suficiente sobre la cuestión. Que la tienen un poco verde. Porque si tú has pensado y debatido en profundidad, esto sería una cuestión resuelta que no pasaría de lo marginal. Se conoce, sin embargo, que no se ha pensado ni debatido. Ni mucho ni poco. Nada.

Con todo, que se esté creando este argumentario autojustificativo no tiene nada que ver con un supuesto boicot al referéndum (me pregunto: ¿es boicoteable un referéndum ilegal y antidemocrático?), sino con algo que muy acertadamente describía Josep Costa el pasado 8 de enero de 2017 en su artículo “La participació no és el problema d’un referèndum unilateral”. Me atrevería decir, incluso, que tenía toda la razón del mundo:

L’independentisme haurà de demostrar una fortalesa social i institucional que a dia d’avui encara no ha hagut d’exhibir mai. Si convoca el referèndum i aguanta el pols amb l’Estat fins a la data fixada, no hi haurà un 9N bis”.

Efectivamente, se trataría -caso de convocarse y realizarse de manera efectiva- de un referéndum convocado (y organizado y regulado) por el independentismo. No es preciso mayor desarrollo argumental para justificar que el supuesto referéndum es exclusivo del independentismo. Tampoco es que vaya a escandalizarme por esto: si convoco un premio para zurdos, las reglas están pensadas para zurdos y quiero que gane un zurdo, es normal que no cuente con los diestros (el ejemplo no es brillante; de hecho, odio esta clase de ‘ejemplos’) a la hora de diseñar el premio y la convocatoria. Eso sí, les animaré a participar, que para algo son muchos más en la sociedad: que vengan y demuestren que pueden ganar el premio. Y si gana el premio un zurdo (bueno, el premio está pensado para zurdos), que no se quejen.

Un referéndum convocado (si se convoca de verdad, no de mentirijillas) por el independentismo -obviemos ahora mismo las cuestiones democráticas y de legalidad- es un referéndum para el independentismo uniforme dominante. Eso lo ve cualquiera. Hasta Jordi Muñoz, en su artículo del 2 de agosto (Convindria fixar un llindar de participació l’1-O?) escribía: “…la majoria parlamentària sobiranista aposta per no fixar cap llindar mínim de participació, ni a la llei ni com a compromís polític explícit”.

La cuestión, amiguitos, no es de fijación de mínimos de participación. Al fin y al cabo, si el referéndum fuera legal y se convocara en su día con todos los requisitos exigibles, nadie se plantearía la existencia de un mínimo de participación: las reglas se habrían establecido con anterioridad, serían conocidas desde tiempo atrás y habrían contado con la participación, consentimiento y aceptación -incluso en el caso de ser contrarios a una regulación de esta clase- de la abrumadora mayoría de agentes implicados.

Aquí solo hay un agente implicado, que tanto Costa como Muñoz identifican con total exactitud y les doy la razón: el independentismo, la mayoría parlamentaria (sic) “soberanista”. Ni Cataluña, ni los catalanes, ni una abrumadora mayoría de ciudadanos catalanes, ni nada que se le parezca (ni, por supuesto, el conjunto de ciudadanos españoles). Sólo el independentismo (y algún diputado más que parece dispuesto a avalar al independentismo). [Nota: si el 70-80% de los catalanes desean un referéndum de secesión, el tema era muy fácil de desencallar. Se organizan unas elecciones plebiscitarias y se dice: “el que vote SÍ, quiere referéndum; el que no vote SÍ, estará votando NO”. Nótese la ironía y la sonrisa del autor, parafraseando a Romeva en la presentación de JuntspelSí]

El supuesto debate sobre eventuales requisitos de participación, pues, resulta superfluo. Pero tiene una justificación de fondo, que es la realmente buscada por el secesionismo, al margen de la ilegalidad del referéndum que se dice querer celebrar. Es de puro sentido común, pero ya fue observado por la Comisión de Venecia en su dictamen sobre el proyectado referéndum de independencia de Montenegro (sobre el que, por cierto, existía una previsión constitucional):

(a) the higher the level of participation, the more political authority will be attached to the result of the referendum, both inside and outside Montenegro”.

No solo eso. También indicaba la Comisión otra obviedad: “24. First of all, the issue at stake is possibly the most important decision that a political communitymay take by democratic means: its independence. Hence, the matter requires the broadest possible commitment of the citizens to the resolution of the issue”.

Con estas simples líneas parece clara la intencionalidad del discurso secesionista: por una parte, instruir a su público con un “tranquilos, no hace falta ninguna clase de mínimo de participación; un resultado con un 40% de participación y un 90% de votos favorables tendrá de inmediato el reconocimiento de Angela Merkel”; por la otra, para el (incierto) caso de que se produjera la votación, cruzar los dedos y rogar un milagro por el que se hubiera logrado una participación significativa entre los contrarios a la secesión, tras crear un discurso imaginario de referéndum supuestamente vinculante. O sea, tras crear lo que se podría llamar un “discurso del miedo” del tipo: “oye, a ver si será verdad que el referéndum ilegal, si es que se aprueba, basado en una Ley Suprema de derogación parcial de la Constitución y del Estatut, acordada por un número indeterminado de diputados, superior a la mayoría absoluta e inferior a los dos tercios que requiere cualquier modificación del Estatut y que, entre otras cosas, ha sido un obstáculo insalvable para aprobar una Ley electoral catalana hasta la fecha, es vinculante” [risas-carcajadas-risas-nuevas carcajadas- nuevas risas]

Si esto no es así, uno no comprende haber leído recientemente:

a) Artículos recientes explicando que no es necesario fijar mínimos de participación en Vilaweb (Per què la participació no és un element determinant per a legitimar el referèndum de l’1-O?), ElNacional (Fixar llindar de participació per l’1-O: una mala idea?,) o ElPunt (Un referèndum de màxims). No podía faltar el soporte teórico de Jofre Llombart (Amb només un 48% de participació?). [La relación no es exhaustiva, ni lo pretende]

b) Artículos que, sorprendentemente, llaman a la participación de un hipotético “NO”, como este de Josep Costa (“Les urnes i les armes“) o Bernat Dedéu ( “Albano-Dante Fachin, portaveu del ‘no’“).

Qué sutileza, qué riqueza conceptual, qué fair play: partidarios de la secesión llamando a los contrarios (fachas, antidemócratas, franquistas, reaccionarios y no sé cuántas cosas más) para que, por favor, vayan a jugar con ellos a la pelota, que se dejarán meter un par de goles para disimular, pero no más.

CONCLUSIÓN. Al margen de la ilegalidad del referéndum y al margen de su (improbable) celebración en caso de que un día se convoque un referéndum con verdadera intención de ser celebrado, lo importante del asunto que comento es algo que no le pasa por alto a nadie con un mínimo de intelecto: si no existe siquiera un consenso interno (no existe, ni de lejos) y, además, tu referéndum es ilegal, no sirven para nada todos los esfuerzos argumentales -acertados, desacertados, ciertos o manipulados- que hagas.

El referéndum podría ser ilegal, pero contar con el apoyo claro y explícito de ciento veinte diputados. No es el caso. Lo entiende cualquiera y por eso el esfuerzo (de poca elaboración) para hacer creer que “si no participas, valdrá igual” o “si sois más, demostradlo”. Quieren organizar un evento, pero sospechan que muchos no se apuntarían incluso si se llegase a celebrar.

El referéndum del “independentismo” (Costa) o de la “mayoría parlamentaria soberanista” (Muñoz) sería su referéndum (si se celebra). Busquen participantes (si se celebra) en otro lado, que no cuela.

Epílogo: interesante artículo de Sergio de Maya en Revista Treball: “Si realment es volgués el referèndum”. Al margen de no estar de acuerdo con todo, etcétera y blablabla, suscribo el título del artículo.

Epílogo 2: esta entrevista a Suso de Toro y el titular “Tras el referéndum, el interlocutor será Angela Merkel”, en Elnacional. Leed con alguien al lado, porque las carcajadas pueden ser de atragantamiento y eso es muy peligroso.

 

El “derecho de excepción”, según Josep Rull

Afirmar que el discurso secesionista está dominado por la demagogia y la ignorancia puede resultar molesto para algunos y muy cierto para otros.

Hace unos días, escuchaba una entrevista al Conseller Josep Rull, quien aludía, como base legitimadora de la Ley del supuesto referéndum, al derecho internacional. Citaba el principio democrático y un misterioso principio – derecho (no tengo claro si es un principio o un derecho, tras escuchar a Rull) denominado “derecho de excepción. Según Rull, tal derecho es invocable cuando, supuestamente, uno ha intentado de buena fe, de todas las maneras posibles, conforme al derecho interno [en este caso, español], “poner las urnas”. Si la respuesta, se entiende, ha sido negativa, entonces surge el supuesto habilitante para crear “una ley propia” que permita “poner esas urnas”.

Literalmente, esto es lo que dijo Rull en RAC1:

“(…) Haurà d’obeir a una llei, insisteixo, emanada d’un Parlament, que és un Parlament legítim, i un parlament democràtic, incorporant dos principis de dret internacional: el principi democràtic per una banda i el dret d’excepció. Quan tu has provat de bona fe, de totes les maneres possibles, d’acord amb el dret intern espanyol, de poder posar les urnes, aleshores tu estàs legitimat, per d’acord amb una llei pròpia, posar aquestes urnes”.

[“Tendrá que obedecer a una ley, insisto, emanada de un Parlamento, que es un Parlamento legítimo, y un Parlamento democrático, incorporando dos principios de derecho internacional: el principio democrático, por un lado, y el derecho de excepción. Cuando tú has intentado de buena fe, de todas las maneras posibles, de acuerdo con el derecho interno español, poder poner las urnas, entonces tú estás legitimado para de acuerdo con una ley propia, poner estas urnas”.]

Si alguien quiere, puede perder una parte del valioso tiempo de su vida en Google buscando un principio de derecho internacional llamado “derecho de excepción”. No lo encontrará.

A lo sumo, encontrará referencias a los “estados de excepción”, en los cuales se regula, como sabe cualquiera sin necesidad de especiales conocimientos, la suspensión de derechos fundamentales o la alteración de los equilibrios entre los diversos poderes del Estado, de forma usual mediante concentración de poderes en el Ejecutivo. Así se explica en la siempre interesante sinopsis de la Constitución en la página web del Congreso, en el comentario al artículo 55: “Porque un Estado de Derecho que se precie de serlo ha de contemplar no sólo el funcionamiento de las instituciones en situaciones de normalidad, sino que ha también de prever, en la medida de lo posible, las situaciones de crisis o anormalidad. Y lo hace a través del llamado “Derecho de excepción”, que se resume en la previsión de dos medidas: la suspensión de derechos y libertades, por una parte, y, por otra, la alteración del equilibrio de poderes Ejecutivo-Legislativo.

Si no os da sueño, con esta tesis doctoral (Meléndez Padilla, Florentín (2003) Los derechos fundamentales en los estados de excepción según el Derecho internacional de los derechos humanos) se puede aprender mucho sobre los estados de excepción y su enfoque internacional. No dice nada de la convocatoria ilegal de un referéndum, ni de la derogación por la vía de hecho de derechos fundamentales, ni de la arrogación ilegal de poderes ejecutivos. Incluso, he leído algún fragmento inconcebible para el separatismo dominante: el estado de excepción es un medio de defensa de la Constitución y, para más inri, basado en la Ley.

Así que, como de costumbre, una de dos: o el “derecho de excepción” invocado por Rull no existe -por lo menos, de la manera en que lo anuncia, que parece copiada o inspirada en algún discurso de Santiago Vidal-, o lo que quería decir era que el Govern de la Generalitat piensa aplicar un “estado de excepción” cuya validez internacional sólo existe en las palabras del Conseller y en ninguna otra parte, salvo alguna perturbadora tesis de Carl Schmitt.

CONCLUSIÓN. Si hubiera que marcar en un mapa dónde se ubica el lugar en que habita la demagogia, es sencillo localizar una candidatura bastante fuerte.

Si la escuchamos por voz de un Conseller, se acredita -una vez más- que la supuesta fortaleza argumental del secesionismo no pasa de la propaganda, que alcanza en su público objetivo un total grado de certeza.