Archivos Mensuales: abril 2017

‘O secessió, o secessió’: las mayorías según J.Costa

Expliqué hace unos días que me había comprado el libro “O secessió o secessió” de Josep Costa, Letrado y Profesor de Teoría Política. Una de las bases de todo pensamiento crítico está en el conocimiento de las razones y argumentos que presenta quien mantiene posiciones distintas a la de uno mismo. Es por eso que mi “biblioteca de la secesión” tiene más títulos a favor (aunque uno lo uso para subir la altura del monitor y otro lo vendí en una feria de trastos, a cinco euros cuando su precio original debía ser de 17-18 euros) que en contra.

En cuanto al libro en sí mismo. Ni bien ni mal (bueno, con excepciones que se dirán). Explica teorías, sus puntos de vista -en ocasiones, bastante particulares- y sus conclusiones, desde una perspectiva netamente nacionalista; pero que muy nacionalista. Mirad, eso no es problema para valorar el texto. Tampoco lo es que se autoconvenza -creando una teoría que, ¡oh, casualidad!, encaja perfectamente con sus postulados- de que la secesión de Cataluña sea una “causa justa”, la más justa del mundo mundial y de la historia. Lo dice él. Y con el argumento de la causa justa, no veáis cómo se le simplifican y facilitan todos sus argumentos. Si hay algún problema, me pido el comodín de la causa justa y solucionado. Es inevitable que la “causa justa” aparezca en este análisis, pese a que no es el asunto principal. Porque una “causa justa” es absolutamente subjetiva. Y en una secesión, ni te cuento.

Si acaso, del libro destacaría que las conclusiones están predeterminadas desde el primer momento. Esto es muy distinto de tener un punto de vista o un sesgo, a lo que nadie escapa. Es indiscutible que si soy contrario a la secesión, mis puntos de vista se verán impregnados de esa visión. Ahora bien, lo que no es aceptable es que, teniendo un determinado punto de vista, que puede impregnar (o no) nuestra visión, los obstáculos lógicos se sorteen como por arte de magia o cambiando los términos de debate. Lo veremos en este comentario.

La segunda cuestión a destacar, y esta sí que me sorprendió un tanto negativamente nada más recibir el libro por mensajería, fue la corta y bastante sesgada bibliografía. Que el libro haya eludido las notas o referencias en el texto, esto es una opción. Todos sabemos que las notas a pie de página, o las que te remiten a la parte final del libro, son un engorro para una lectura fluida. Sin embargo, a estas alturas de la película secesionista, un texto con formulaciones teóricas como el de Costa, sin aparato crítico que lo acompañe, para mí se queda corto. Como digo, es una opción, pero yo lo quería diseccionar cual cirujano, y aunque reconozca algunos párrafos, pasajes o fragmentos basados o relacionados con algunos textos de la bibliografía que sí he leído (p.ej., en la primera parte del libro, las teorías de Kymlicka), me parece poco. Por concretar. Echo en falta bibliografía que contraste con la usada por Costa, que en su mayor parte ya tiene un sesgo secesionista. Por ejemplo, desde una perspectiva de derecho constitucional se ha escrito muchísimo y Costa no incluye nada. Pero nada de nada. Ni López Basaguren, ni Blanco Valdés, ni Eliseo Aja, ni Joaquín Tornos (administrativista, en este caso), Francesc de Carreras (ya cuento que este debe estar vetado), José Mª Ruiz Soroa , el mismo Joan Ridao y tantísimos otros. No digamos ya el famoso número de Teoría y Realidad Constitucional.

Aparte de esto, y por no comentar todo el libro (me he medio saltado la segunda parte, absolutamente prescindible, en la que Costa nos explica su punto de vista del tránsito desde 1978 hasta hoy), uno de los temas que más me ha gustado abordar en el blog, desde siempre, de forma reiterada, ha sido la de las mayorías. O, por ejemplo, que me justifiquen cómo es posible que si para reformar el Estatuto de Cataluña se requiere el voto favorable de dos tercios del Parlamento, en cambio se pueda lograr, supuestamente, la secesión con una mayoría absoluta de 72 diputados. Las respuestas de Costa oscilan entre lo insatisfactorio y lo más que discutible.

Comentaré unos apartados del libro de Costa sobre estos temas recurrentes y las soluciones que da.

Lo instatisfactorio. Página 152:…hi ha qui diu que si l’Estatut requereix una majoria de 2/3 per reformar-lo, no s’hauria d’exigir menys per aprovar la independència“. Fantástico. Por fin, desde una perspectiva secesionista, un jurista, letrado, un especialista en leyes y en Derecho, se atreve con este requisito establecido en el Estatuto catalán. Estoy dispuesto a escuchar. Respuesta de Costa: “La rèplica a aquest argument, per deixar en evidència la seua debilitat, podria ser que quan el 88% del[s] diputats varen consensuar l’Estatut no se li va reconèixer cap valor especial. Tampoc al resultat del referèndum que el va ratificar. El TC el va desmantellar per majoria simple dels magistrats, com ha fet després amb lleis aprovades per unanimitat o grans majories al Parlament sense contemplacions“.

Mi opinión: qué birria de respuesta. ¿Un Letrado, profesor de Teoría Política, da esta respuesta en un libro? Pero qué birria. Tanto desde una perspectiva jurídica como de teoría política. Pasemos a otra cosa.

Lo discutible. Página 55. Referéndums y porcentajes. Costa explica que siempre se plantea esta cuestión frente a un hipotético referéndum secesionista. Mantiene que, por lo general, “els defensors de l’statu quo” argumentan que una decisión de esta trascendencia debería requerir una mayoría cualificada. Incluso admite que, en caso de una previsión constitucional explícita, ello sería admisible, aunque previamente introduce una fuerte rebaja en la página 52 “…quan siguin acceptades per la nació minoritària com a part del pacte constitucional“. Porque Costa no lo dice abiertamente, pero dentro de su planteamiento como mucho admite una confederación, no una federación.

Costa dice -ojo, estamos en la parte teórica del libro- que cuando no existe una regulación pactada de la plurinacionalidad (parte ya de esta premisa en todos sus razonamientos) y la secesión , ambas opciones (unidad y secesión) tienen un valor moral similar, por lo que no parece razonable requerir una mayoría cualificada a favor de la secesión. Si no fuera por mis prejuicios, diría que Costa se está construyendo una teoría a su medida, hasta el punto de que en la página 57 dice, después de varias disquisiciones, que la mayoría simple en un referéndum debería ser considerada suficiente para legitimar la secesión de un estado que no se adapte “als paràmetres de justícia intercultural“. Interesante. Claro que todo esto huele a nacionalismo, pues como explica Costa, esta justicia intercultural “…propugna el reconeixement en peu d’igualtat dels grups culturals i nacionals“.

El problema de todo lo anterior no es que Costa propugne una mayoría simple, o el igual valor de la secesión (irreversible, como reconoce en otro punto del libro) frente a la unidad, sino que para fundamentarlo lo pase por el colador del nacionalismo y su exclusivo interés. Porque, pese a que no me interesa seguir este hilo de reflexión, a algunos os lo estoy oyendo: ¿grupos culturales y nacionales? ¿acaso no puede sostenerse que existen -o podrían existir en caso de secesión- dentro de Cataluña grupos culturales y nacionales? Como digo, aun interesante, este hilo de pensamiento no lleva más que al absoluto desastre.

Más cosas sobre lo comentado de la mayoría, en relación con la bibliografía. Aquí, Costa podía haberse explayado bastante más. Sabe que es un asunto polémico, pues así lo reconoce desde la primera línea. Pero opta por lo fácil: un toque de nacionalismo, otro de causa justa y arreglado. Mayoría simple y a correr. Con la excusa de que “generalmente” los defensores del statu quo defienden la exigencia de mayoría cualificada, sobre lo que no aporta fuentes ni citas, se construye la mayoría a medida, evitando analizar cuestiones controvertidas. Además que la exigencia de mayoría cualificada ya se sabe que es un requisito que piden “los enemigos del referéndum”. O no.

Vamos a ver qué dicen fuentes ajenas a España y la pulsión secesionista.

Por ejemplo, un artículo de 1990 de Avishai Margalit y Joseph Raz, titulado “National Self-Determination“. Este artículo, de carácter jurídico-filosófico (un día Costa propugnaba en Twitter la filosofía como solución frente a la estricta aplicación del Derecho), es profusamente utilizado en el libro de Pau Bossacoma “Justícia i legalitat de la secessió“, que sí es citado en la bibliografía de Costa.

Los autores escribían esto: “Given the long-term and irreversible nature of the decision (remember that while independence is up to the group, merger or union is not) the wish for a state must be shared by an overwhelming majority, reflecting deepseated beliefs and feelings of an enduring nature, and not mere temporary popularity“. La mayoría cualificada, pues, propuesta por defensores del statu quo de 1990.

Otro peligroso unionista, Alfred De Zayas, defensor del statu quo. Para el que no sepa quién es: escribió una carta muy celebrada por el separatismo, patrocinada por el Cercle Català de Negocis. Al calor de esa carta lo entrevistaron en Vilaweb, para conseguir que les den la razón en todo (por cierto, que desde ese día no hemos vuelto a tener noticias de este señor, ni del resultado de su carta, ni nada de nada). Le preguntan por el referéndum y apoyos:

Quines condicions hauria de complir el referèndum perquè fos vàlid i el resultat fos reconegut internacionalment?
—Jo suggeriria una participació del 70% o el 75% dels votants catalans (al Quebec hi va haver una participació del 93% dels votants), i una majoria substancial de dos terços dels votants. En qualsevol cas, amb supervisió de les Nacions Unides.

Fins a quin punt es pot exigir una participació mínima en el referèndum quan hi ha risc de boicot per part dels contraris a la independència?
—No obstant això, és necessari. Una abstenció és un vot negatiu. La secessió és una cosa molt important per a ser decidida per una minoria.

En defensa de Costa, en este caso hay que decir que se trata de una entrevista de marzo de 2017, posterior a la edición de su libro.

Sigamos. Más pérfidos unionistas, partidarios del statu quo. En este caso, Francesco Palermo, al que dediqué esta entrada. [Quien no tenga ganas de consultar: un experto constitucionalista italiano, muy favorable a las minorías, que formulaba, en unas jornadas organizadas por el Diplocat, una propuesta de mecanismo de secesión bastante exigente]

Seguro que es posible encontrar opiniones fundadas y fundamentadas de alguien que no tenga nada que ver con el secesionismo. Que no sea escocés, ni quebequés o cualquier otro que no tenga que ver directa o indirectamente con el separatismo. Ya he expuesto tres opiniones, totalmente ajenas al statu quo español, y si me entretengo en releer a Buchanan, seguro que propone algún requisito procedimental que dificulte la secesión. El tema de la mayoría cualificada, no es por statu quo, es por seriedad intelectual. [Lo escribí hace años: a ver si al final será más difícil cumplir los requisitos de un acuerdo de la Comunidad de Propietarios que lograr una secesión]

Como digo, al final no se trata de si fijas el requisito más exigente o menos. Se trata de que frases como “Generalment, els defensors de l’statu quo argumenten que una decisió d’aquesta transcendència hauria de requerir una majoria qualificada” se esgrimen como modo de minusvalorar esa posición, cuando lo que se pretende es incidir en la importancia de una decisión como la secesión.

Lo sorprendente es que en la página 158 del libro Costa reconozca que: “…un dels factors de legitimació i consolidació d’un nou estat és el caràcter irreversible de la decisió de constituir-lo“. Y remata con: “…sigui per la via de demostrar el suport d’una supermajoria o la baixa intensitat de l’oposició….“. Irreversible, pero con mayoría simple.

Sofismas de la mayoría. Aparte de exponer de forma más o menos clara algunos postulados teóricos desde su perspectiva, ya he señalado que Costa de vez en cuando apunta algunas de las objeciones que se formulan. Eso está bien. Lo malo viene cuando inventa y sostiene sus argumentos con sofismas. Por ejemplo (págs.158 a 160), Costa explica la declaración del 9N2015, con 72 votos a favor y 63 en contra, reprochando a CSQEP que votase en contra, lo cual dio como resultado “una espècie d’empat… que tampoc no ajuda a resoldre el debat de la legitimitat“.

Os habéis quedado con los dos últimos párrafos que he escrito y lo que dice Costa: irreversibilidad, supermayoría, empate, debate de legitimidad sin resolver.

Pues a continuación escribe: “En qualsevol cas, es pot presumir, i és legítim fer-ho, que la majoria independentista del Parlament representa la voluntat del poble de Catalunya“. Ante la duda, yo (Costa) tengo razón porque me la doy y porque 72 diputados son la voluntad del pueblo de Cataluña (para el objetivo de proclamar la secesión, aunque aquí no lo diga expresamente). Costa dice que esta presunción solo se puede destruir con un referéndum. Ojo, referéndum del que, salvo error mío (ya os digo lo he leído distraidamente a partir de la segunda parte), tampoco explica con qué bases teóricas y procedimentales previas podría convocarse. Lástima que no se haya esforzado en definir esos presupuestos. Lo digo en serio y sin ironía: un jurista trabaja con textos previos y a partir de allí emite su juicio de predictibilidad. Aquí no hay texto, ni base teórica. Como mucho, algo del tipo: “siempre que yo quiera“.

Sigo. Estábamos con esa presunción (de voluntad del pueblo de Cataluña) que sólo se destruye con un referéndum. Y ahora, agárrense: “Per tant, si la majoria de diputats són independentistes hem d’acceptar que la majoria de la gent també ho és, llevat de prova en contrari“. Necesito ayuda para que alguien me explique cómo 72 diputados que reunieron el 48% de los votos emitidos y el 35-36% del censo electoral han conseguido multiplicarse para convertirse en más del 50% de los votos emitidos y del censo electoral. Los panes y los peces no son suficientes para explicarlo. Ni siquiera el método de recuento de la ANC para sus manifestaciones.

Sofisma de primera categoría que hace que pierda el interés en el libro, más enfocado en hacer pasar por buenos los postulados sin razonamiento lógico alguno que en justificar adecuadamente su postura. Cómo puedes decir que la mayoría de la gente es independentista porque lo son 72 diputados independentistas que representan el 48% de los votos de unas elecciones.

La propina. Un poco de nacionalismo. Costa no hace más que criticar, desde su punto de vista, el “nacionalismo estatal” y no hace más que hablar de choques de identidades, de coexistencias y no sé cuántas cosas que no son más que separación nacionalista. Escojo un párrafo de un capítulo que dedica a lo que podría ser lo que llama un estado plurinacional. Escribe unas líneas sobre federalismo, que a mí me parece más confederalismo que otra cosa. Igual me equivoco (pág.37): “Per tal que puguin coexistir diversos pobles o nacions, cadascun amb el seu àmbit territorial, les fronteres internes i la distribució de poders hauran de respondre a la voluntat d’assegurar que cada grup nacional pugui mantenir-se com una societat política diferent i autogovernada“.

Esta propina, evidentemente, se residencia en el ámbito de la preferencia política de Costa. Nacionalista, muy nacionalista. De federal, no le veo nada. Hay más, pero es que entonces ya explico todo el libro y parecerá una entrevista de Jot Down.

CONCLUSIÓN. Que el libro se escriba desde una perspectiva nacionalista y secesionista, me parece perfecto. Que la editorial que lo publique sea A Contra Vent Editor y, según leo con sorpresa en la contraportada y en el interior,  también figure como copublicadora la Fundació Josep Irla (la fundación de ERC), también me parece bien.

Que a la hora de afrontar los asuntos delicados tengas que recurrir a la causa justa (qué suerte, que coincide con la causa del escritor), la presunción a tu favor (qué suerte otra vez), a los “generalmente”, a que la carga de la prueba la tienen “los otros” (tercera vez con suerte) o inventarte el concepto de mayoría, pues qué queréis que os diga. No. Eso ya no me parece bien.

Tampoco me parece bien el nauseabundo y repetitivo recurso argumental del tipo ¿puede un Estado utilizar toda su fuerza represora contra un movimiento pacífico, festivo y democrático? La primera pregunta, que Costa esquiva con sus comodines sería: ¿pueden 72 diputados proclamar la secesión cuando sólo han reunido el 48% de los votos de unas elecciones y además no tienen la competencia ni atribuciones para hacerlo? Evidentemente, sé cuál sería la respuesta de Costa a mi pregunta.

La respuesta sería que como el separatismo moviliza a tanta gente, puede hacerlo. Lo dice (o casi lo dice). Página 61: “En comptes de parlar de secessions per vanitat, seria millor reconèixer una presumpció de causa justa a favor de qualsevol moviment capaç de mobilitzar prou suport en una societat relativament lliure. D’aquesta manera, la càrrega de la prova recauria efectivament en qui vulgui negar la legitimitat de la secessió en tals casos, i no a l’inrevés“. Menudo argumento: la secesión se logra según la gente que digas que hay en la calle. Por ejemplo, puede ser que haya 800.000 y digas que hay dos millones. O que digas que hay 80.000 y es que ni caben.

En fin. Tampoco es que el libro sea un cúmulo de despropósitos. Ni mucho menos. Expone su punto de vista, que no comparto. Los fundamentos técnico-teóricos son correctos. El problema es de aplicación a los puntos controvertidos, donde no me convence nada porque recurre a elementos ajenos a la discusión. Y, honestamente, creo que así es difícil que pueda considerar aceptable su argumentación. Convencer, yo ya sé que no me convencerá; y a la inversa. Puede que alguien no te convenza, pero puede que tengas que aceptar -aun a regañadientes- que la postura de tu contrario tiene su fundamento, es admisible. Lo que pasa es que no la compartes. Perfecto, no pasa nada.

La vida es compleja y admite varias soluciones, quizás hasta todas correctas, con matices cada una de ellas. Lo que no acepto es que “como la mayoría de los diputados son independentistas, la mayoría de la gente lo es“. Por favor, que no pasa de la primera pregunta de un concurso televisivo…

A dónde vamos con esa clase de razonamiento. A ninguna parte. Una lástima, porque el debate intelectual se rebaja al debate del “yo tengo más razón que tú, que no tienes ninguna y yo soy el bueno” (póngase voz de niño repelente al entrecomillado). Qué lástima.

Mecanismos legales que se utilizan cuando interesa

En más de una ocasión se ha comentado que el secesionismo no ha utilizado los mecanismos legales a su alcance. Ya sea para instar una reforma constitucional, ya sea para instar modificaciones legales, que no son nada difíciles de plantear.

Cuando planteo esta clase de cuestión, el argumento principal radica en comprobar dos aspectos fundamentales: 1) el apoyo que suscita la iniciativa; 2) la seriedad -léase, el contenido del texto completo- de esa iniciativa. Es conocido que mi tesis es que el secesionismo NO ha querido, que nunca ha sido su intención. Y que esta falta de iniciativa de reforma constitucional o legal no tiene nada que ver con su más que probable rechazo.

¿Confirmación? Hoy leo esta noticia en varios medios: “El Parlament tramita una propuesta para pedir al Congreso despenalizar la eutanasia“.

Me llama la atención porque, en primer lugar, algo parecido (en realidad, bastante más desarrolladofue rechazado en el Congreso hace poco más de un mes, en este caso a iniciativa de Podemos. Así que, si fue rechazado, ¿para qué instar nada?

Pero es que, además el Parlament de Catalunya hace uso de los mecanismos legales a su alcance para proponer la modificación del artículo 143.4 del Código Penal (el que en este caso sería el relativo a la eutanasia). ¿Y en qué se basa?

Pues en el artículo 61.b del Estatuto de Cataluña:

Corresponden al Parlamento, además de las funciones establecidas por el artículo 55, las siguientes:

(…)

b) Elaborar proposiciones de ley para su presentación a la Mesa del Congreso de los Diputados y nombrar a los Diputados del Parlamento encargados de su defensa.”

Y el artículo 173 del Reglamento del Parlamento catalán:

1. El Ple del Parlament, conformement amb l’Estatut d’autonomia de Catalunya, pot acordar de presentar una proposició de llei a la Mesa del Congrés dels Diputats o de sol·licitar al Govern de l’Estat que adopti un projecte de llei. Aquestes iniciatives es tramiten pel procediment legislatiu ordinari, llevat del tràmit de remissió de la proposta al Govern.” (El Pleno del Parlamento, de conformidad con el Estatuto de autonomía de Cataluña, puede acordar presentar una proposición de ley a la Mesa del Congreso de los Diputados o solicitar al Gobierno del Estado que adopte un proyecto de ley. Estas iniciativas se tramitan por el procedimiento legislativo ordinario, salvo el trámite de remisión de la propuesta al Gobierno [de la Generalitat])

¿Y qué propone el Parlamento de Cataluña? Algo tan sencillo y tan complicado como la modificación del artículo 143.4 del Código Penal, con este texto según figura en el siguiente enlace del BOPC:

«4. No obstant allò previst en els paràgrafs anteriors, estarà exempt de responsabilitat penal qui, per petició expressa, lliure i inequívoca d’una persona que patís una malaltia greu que conduiria necessàriament a la seva mort o de patologia incurable que provoca sofriment físic i/o psíquic greu i que es preveu permanent, causés o cooperés amb actes necessaris a la mort segura, pacífica i sense dolor d’aquesta persona, en el marc de la Llei establerta.» (No obstante lo previsto en los párrafos anteriores, estará exento de responsabilidad penal el que, por petición expresa, libre e inequívoca de una persona que padece una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte o de patología incurable que provoca sufrimiento físico y / o psíquico grave y que se prevé permanente, causara o cooperara con actos necesarios a la muerte segura, pacífica y sin dolor de esta persona, en el marco de la Ley establecida.)

Aquí se puede examinar la tramitación entera.

CONCLUSIÓN. ¿El Parlamento sirve para elevar a la Mesa del Congreso de los Diputados una propuesta de modificación del Código Penal, pero no sirve para elevar una propuesta de reforma constitucional o, simplemente, legal? Mirad que me he desgañitado veces diciendo que no se ha hecho nada por utilizar los cauces legales. Y, como siempre, lo confirman.

Claro que hay detalles significativos:

  • El primero, que, al margen de cumplir escrupulosamente la ley, esta iniciativa tiene el apoyo de JxSí, CUP, PSC y CSQEP. El apoyo es significativamente superior. No es lo mismo presentar una iniciativa de reforma del Código Penal con el apoyo de 99 diputados que una secesión con el apoyo de 72 diputados. Quizás por eso no se presenta, quién sabe. A efectos meramente filosóficos: ¿tendría el apoyo de CSQEP una iniciativa de reforma constitucional planteada desde el Parlamento de Cataluña? Ni idea. Lo que sí sé es que no se ha hecho nada en 19 meses.
  • El segundo, que no ha sido óbice para la tramitación de esta iniciativa un posible resultado negativo en el Congreso. Porque el resultado puede ser negativo, ¿no? No sabemos si ahora se atenderá o no la petición. Lo que parece claro es que el Parlament no se plantea un resultado negativo predeterminado a priori. Porque si fuera así, ya no se hubieran molestado en tramitar, ¿o sí?

En resumen. Mecanismos legales, los hay. Sucede que se utilizan cuando interesa. Y cuando no interesa, se recurre a la propaganda y el plañido, no sea que alguien se dé cuenta de que el Parlament puede tramitar una ingente variedad de iniciativas, sin que asuste, en absoluto, la posibilidad de que puedan verse rechazadas.

(NOTA: He editado la entrada para que se muestre cronológicamente como la última publicada hasta la fecha)

Artur Mas en París. Internacionalizando (casi) en secreto

Ayer me extrañó que la prensa subvencionada no publicase alguna noticia sobre la internacionalización del prusés™ por parte de Artur Mas. Tocaba París, lugar emblemático donde realizar buena propaganda. Lo máximo que he encontrado, una breve reseña en ElMon.cat, además con una foto en el Ateneo de Barcelona. ¿Cómo? ¿No hay foto de París? Aquí hay tema. Seguro.

Busco en Twitter. Foto de Diplocat.

Créditos: Diplocat

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Y Cristian Segura hizo su trabajo

En EL PAÍS deberían considerar seriamente si a Cristian Segura habría que añadirle un plus de peligrosidad. Escuchar conferencias de Lluís Llach debería estar triplemente bonificado (aparte de que los Servicios de Prevención de Riegos Laborales tienen ahí un riesgo que con seguridad nunca se habían planteado).

Lo que más me ha llamado la atención de las revelaciones sobre las conferencias de Lluís Llach:

  1. Parece claro que el secesionismo deja la tarea de difusión para sus peones más prescindibles. Primero Santi Vidal, ahora Lluís Llach.  La figura de lo que se llama un tonto útil personaje de buena fe completamente utilizado.
  2. Lluís Llach dice en alguna ocasión que todo el tema de la obediencia/desobediencia parece ser que no preocupa demasiado. Irresponsabilidad es poco.
  3. Si el secesionismo se tiene que plantear el asunto obediencia/desobediencia, con referencia incluida a “sectores” de los Mossos que no le ven nada claro, es indiscutible que están dispuestos a generar una situación de conflicto. Conflicto no entre el “Estado” y el “separatismo catalán”, no. Dispuestos a generar conflicto entre ciudadanos catalanes. Qué gentuza.

Para la historia, también, la reacción de nuestro estimado Vicent Partal, adalid de la prensa libre, quejándose por la publicación de una información.

El nivel general (y Junqueras)

Con esto del “nivel” del secesionismo que ha sido objeto de las últimas entradas, la mayoría de lectores sabe que me refiero al nivel de consciente degradación intelectual de los propagandistas de la separación. Calculo que, más o menos, son igual de listos y de tontos que la media, sin distinción entre inclinaciones políticas. (Bueno, según Isona Passola, los listos son los secesionistas, pero sobre esto ya me eché unas risas en verano).

En lo que sí existe una clara distinción es en el nivel de tomadura de pelo, hoy a cargo de Oriol Junqueras. En resumen, ha dicho que no descarta la Declaración Unilateral de Independencia si se bloquea la celebración del butifarréndum. Vale la pena reproducir el fragmento de la crónica en ABC, que coincide esencialmente con los demás medios:

Después de que Sala Martín se haya mostrado partidario de plantear un «ultimátum» al Estado en el sentido de «o hay referéndum o hay independencia», Junqueras ha puntualizado que «esto ya está recogido en el programa electoral» de Junts pel Sí (JxSí) y «se llama cláusula de desbloqueo». Esta cláusula, ha recordado, «fue introducida previendo que algún día se pudiese producir» una situación como esta.

 «Somos partidarios de respetar siempre los compromisos que tenemos», ha apostillado Junqueras, que con esta afirmación ha arrancado los aplausos de los asistentes al acto.

Como sabe cualquiera que siga mínimamente el Prusés™, tras el 27S lo que estaba previsto era la declaración unilateral de independencia. Ni cláusula de desbloqueo, ni referéndum, ni nada de nada. Era una DUI. Impracticable e inviable, pero DUI.

Full de Ruta

Como acredita el fragmento antes reproducido, Junqueras se ríe en la cara de los asistentes al acto que ha celebrado con Sala-i-Martín y ¡¡¡LE APLAUDEN A RABIAR!!!

El nivel de Junqueras y el nivel general. Lo demás, ganas de llamar una atención que no merece.

CONCLUSIÓN. Como de nivel andamos bastante bajos, recomiendo leer este artículo de Pere Lluís Huguet sobre la irrelevancia de que todos los diputados separatistas firmen la convocatoria del butifarréndum.

El nivel de ERC

Dentro de unos meses ya veremos, pero ahora mismo el prusés™ ha vuelto a su nivel más genuino y nos brinda una Semana Santa de cuchufleta que no puede ser desaprovechada, para gozo de quien sepa apreciar este espectáculo.

El tema es breve y sencillo: filtración de la grabación a David Bonvehí. Reacciones de todo tipo. La autoría de la filtración apunta directamente a ERC.

Respuesta, de nivelazo, de ERC: “Els enemics del Referèndum tenen moltes eines i no dubten a fer-les servir.” (Los enemigos del Referéndum tienen muchas herramientas y no dudan en utilizarlas). Ya sabéis: los enemigos del pueblo, los enemigos de Cataluña y, ahora, los “enemigos del referéndum“. Traduzco: ERC es (presuntamente) culpable de la filtración, no midieron las consecuencias, se les ha vuelto en contra y pretenden desviar la atención contra unos insólitos “enemigos del referéndum“. Cada día que pasa, el nivel se supera. Ojalá una Semana Santa que dure todo el año.

El nivel intelectual del prusés™

Esta mañana (del 12 de abril) se iniciaba un debate acerca del nivel de muchos articulistas que se comentan en el blog, y que a menudo nos dan para más de una sonrisa, cuando ha empezado una sucesión de hechos que confirman una de las diversas tesis que por aquí se mantienen: el escaso nivel intelectual del prusés™, sea por falta de capacidad (normalmente, no lo es) sea por absoluta pérdida de honestidad (caso habitual).

El asunto surgía con Salvador Cardús (intelectual de exreconocido prestigio) de protagonista por este artículo en el ARA, conforme al que los contrarios a la secesión lo somos -entre otros motivos irracionales- por miedicas. Cardús es (o era) un intelectual de primera fila y ha sido objeto de crítica (recurrente) en Cita Falsa, como en un momento u otro personas como Ferran Requejo (CATN), Quim Torra (Born Centre Cultural, Òmnium), Isona Passola (L’Endemà) o Vicent Sanchis (TV3, “casualmente”), cada uno con mayor o menor relevancia, pero con un punto en común que no me pasa en absoluto inadvertido y que aumenta considerablemente su importancia: todos ellos estaban en la Plaça de Sant Jaume el día 20 de septiembre de 2012, haciéndole la pelota a Artur Mas cuando Artur Mas volvió de entrevistarse con Rajoy para pedir el “pacto fiscal”, aplaudiendo a manos llenas. O sea: (pseudo)intelectuales mezclados obscenamente con el poder, como muy bien detalla Jordi Amat en las páginas introductorias de “El llarg procés”. Aquí no hay nada casual.

Bien. En esas estábamos, cuando se desencadena toda la fuerza de los comentarios del blog y se suceden tuits y noticias de elevado nivel:

1. Carles Puigdemont publica un tuit de nivel superior.

2. Ramon Tremosa tuitea esto.3. Se hace público que Carter, en contra de lo que se daba a entender por la Generalitat, no quiere saber nada del separatismo y que se arreglen.

4. No sólo eso. También la embajada estadounidense en España emite un comunicado. Y atención al subtítulo, con la “reacción” del Govern, que toma por idiota estúpida a la ciudadanía.

5. Sin olvidar, y esto ya es cosecha mía, cómo no, una vez más, que Mariano Rajoy es el Master del Universo, capaz de dominar y poner a sus pies al país más poderoso del mundo: los Estados Unidos de América. Lo hizo con Obama y lo ha vuelto a hacer con Trump. Si uno escucha tertulias separatistas, se convence de que España es un país irrelevante, el hazmerreír internacional. Resulta que no, que tenemos al estadista más poderoso de la Historia, pese al épico fragmento de Partal (del 10 de abril): “Fent-ho així, actuant amb la violència amb què actuen, cometen errors d’un volum difícil d’entendre. S’enfronten amb aliats potencials. Insulten institucions de prestigi internacional. Ridiculitzen gent poderosa. Fan xantatge. Incomoden figures polítiques de pes que el dia adequat podran venjar-se de la manera més freda“. Recordemos que Partal da conferencias; al nivel Santi Vidal, claro. O sea: discurso disparatado ante una numerosísima y crédula concurrencia.

CONCLUSIÓN. Un nivel elevadísimo. Tan elevado que su propia soberbia los desnuda. ¿Soberbia? “Carles Puigdemont i Jimmy Carter es reuneixen per abordar la qüestió catalana“. Parece que el titular no es muy ajustado a la realidad. Y el texto, calculadamente ambiguo, tampoco: “El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, s’ha reunit avui a Atlanta, als Estats Units, amb l’expresident nord-americà Jimmy Carter per parlar sobre la situació política de Catalunya i el referèndum que se celebrarà en els propers mesos“. Si leemos atentamente el comunicado que publica La Vanguardia, parece que, efectivamente, Puigdemont se reunió con Carter para “hablarle” (ojo a la importancia del “le”) del tema y no para hablar (sin “le”) del tema. Pero bueno, eso son sutilezas mías, que me paso de intelectual…

Captura: La Vanguardia

Un referéndum vacío de contenido

He leído estos días que puede ser que en el mes de junio se haga pública la fecha del referéndum unilateral secesionista y la pregunta. Resulta extraño que estos sencillos datos sean tan difíciles de anunciar si Marta Rovira asegura que la Ley del Golpe de Estado será inimpugnable. Misterios que no están a mi alcance.

Más extraño y misterioso resulta que no se anuncie, como mínimo, de manera informal. Dicho de otro modo: pones al idolatrado y caído en desgracia temporal Santiago Vidal en una conferencia para que diga “la pregunta es esta y la fecha esta otra” y eso es imparable.

Bueno, sea como sea, incluso con requerimientos del TC por en medio, es posible concretar fecha y pregunta. En junio, en abril, en enero y hasta en octubre del año pasado. Sin embargo, a cinco meses y medio de la supuesta fecha del referéndum más importante de la Historia Universal, no tenemos ni fecha ni pregunta.

Veamos la cuestión de hoy, que es divertida. Como el otro día, voy a aceptar los postulados secesionistas. Incluso, sin compartir el ideal separatista. Acabo de convertirme en partidario del referéndum (obviamente, se trata de una “conversión” a puros, exclusivos y únicos efectos dialécticos) y he firmado el Manifiesto ese tan flojito. Me dispongo a ejecutar los designios inherentes a tan magno objetivo, pero… me asaltan muchas cuestiones. Tantas, que creo que esto es como firmarle a alguien un contrato con los datos esenciales en blanco para que rellene lo que le parezca.

PRIMERA CUESTIÓN. Estoy a favor del referéndum. Bravo. Quiero hacer campaña. ¿Cómo? ¿Que no está convocado el referéndum? Entonces, ¿cómo sé yo qué día se celebra el referéndum? ¿Me tengo que creer que el referéndum es en septiembre? ¿Y qué día? ¿Cómo organizo mis actos de campaña? ¿Y mi acto central y fundamental? ¿Cómo lo programo? Me dicen que hay partidos y organizaciones que han empezado a hacer campaña. Pero ¿campaña de qué? ¿De algo que no está siquiera convocado? Perdón, yo no me puedo gastar el dinero sin la autorización del interventor, que me dirá que si no hay algo tangible y real convocado, ni un céntimo para campañas.

SEGUNDA CUESTIÓN. También que alguna organización o algún partido dice que ha comenzado, incluso, la campaña del “SÍ”. El “SÍ” ¿a qué? ¿Pero no dijo el otro día Puigdemont que el SÍ podía ser la pregunta “¿Quiere que Cataluña continúe formando parte de España?? Menudo lío. Entonces, ¿en qué sentido hago campaña? ¿SÍ o NO? ¿Qué clase de chapas encargo? Perdón, pero a ver si voy a difundir el NO y luego tengo que hacer campaña por el SÍ.

TERCERA CUESTIÓN. ¿Quién gana? ¿Cómo se gana? ¿Cuáles son las reglas de la votación? ¡Ah, sí! No sé qué de Venecia que tampoco han aclarado.

Contraargumentos a mis cuestiones: “si lo dicen, el Gobierno lo impugnará”. Por favor, qué poca confianza en Marta Rovira. Casi hasta me indigno.

CONCLUSIÓN. Quiero hacer campaña y quiero captar adeptos. No puedo, porque ni siquiera de manera informal o disimulada me explican cómo puedo hacerlo. Y no voy a malfurriar mi dinero si no hay nada serio convocado.

O sea, quieren que me apunte a un referéndum en blanco: “tú apúntate al referéndum, que las condiciones te las pondré después, por sorpresa y en dos horas. Tú fíate de mí”.

Como cualquiera con un mínimo de perspicacia habrá advertido, las tres cuestiones que planteo –y habría muchas más- son perfectamente planteables por cauces informales o alegales. Y ni siquiera eso se sabe. O sea, que estamos ante un referéndum vacío de contenido, cuya formulación en términos de deseo es, hasta la fecha, puramente instrumental. Los adheridos al referéndum lo serán muy de buena fe, pero no son más que meros peones.

Me esfuerzo en armarme intelectualmente para “aceptar” el resultado de un referéndum de secesión (la secesión gana una de diez y ya es para siempre), para “adherirme” al referéndum en sí, y no hay manera. No me formulo más que preguntas que nadie responde, pese a la inimpugnabilidad de Marta Rovira. Dicho de otro modo: ni siquiera desde una perspectiva intelectual favorable al referéndum los postulados secesionistas resultan honestos. Muchas preguntas y ninguna respuesta. Y cuando hay respuestas, son de una más que débil consistencia.

Por cierto, ¿he dicho instrumental? Como el prusés™ sigue carente de contenido intelectual para discutir, me ha parecido oportuna la siguiente cita (intento limitar las citas, porque su exceso me parece un innecesario instrumento de exhibición intelectual, también conocido como pedantería; por otra parte, no es extraño que cites a alguien porque “te favorece” y cuatro líneas más abajo “te perjudique”, así que más vale crear un discurso propio) de un artículo del constitucionalista Alberto López Basaguren (comentado en otras ocasiones, no siempre de acuerdo con él) sobre el uso instrumental del referéndum:

…hay que preguntarse si la realización de un referéndum sobre una cuestión tan trascendental como la independencia de un territorio es idónea democráticamente cuando el apoyo a la independencia no es cualitativamente mayoritario, y de forma estable y consolidada, y es el instrumento de consolidación y desarrollo de una determinada opción política; es decir, cuando el referéndum se convierte en instrumental para el reforzamiento de una determinada opción política, en lugar de instrumento de confirmación democrática de una situación sobre cuya sólida consolidación existen indicios incontrovertibles. Y, al mismo tiempo, si la expresión de una posición de desarrollo reciente, sin garantía de representar una posición consolidada del electorado, puede ser tomada como una decisión incontrovertible sobre la voluntad de independencia de un territorio.

No sé a qué me recuerda.

La foto de un día

La entrada de hoy juega en campo contrario: la hipótesis del referéndum. Al límite de la inconsciencia, voy a aceptar como criterio la mayoría simple. O sea, quien más votos tenga gana. Y sin mínimos de participación.

Claro que pongo condiciones: seriedad. No hacer trampas ni cambiar los términos previamente fijados (por ejemplo: 18 meses “a partir de las elecciones plebiscitarias”, reinterpretados como “18 meses a partir de la formación de gobierno” o, mejor aún, “no lo decía ningún programa”).

Un punto más de inconsciencia: voy a dar por buenos los datos de las encuestas del CEO sobre la secesión. En concreto, la pregunta: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente? 

Veamos qué pasaría en esta hipótesis de referéndum secesionista, planteado de la manera más favorable posible al separatismo. Nos servirá de referencia el gráfico elaborado por El Periódico, que es mucho más legible y visible que el del CEO. Estos son los resultados desde diciembre de 2014 hasta marzo de 2017.

En el gráfico se registran DIEZ resultados. En NUEVE de ellos, se impone el NO a la secesión, mientras que el a la secesión se impone UNA SOLA VEZ, en concreto en julio de 2016, por una diferencia de 5,3 puntos. Hasta en seis ocasiones consecutivas ganaría el NO, a la séptima va la vencida y gana el SÍ, mientras que en las tres siguientes vuelve a vencer el NO.

Hace unos días, el jurista digital de cabecera separatista decía en Twitter algo como que, dado que legalmente se decía que el referéndum no era posible, habría que plantearse el asunto desde la perspectiva de la Filosofía del Derecho. Filosofemos un poco (sin pasarse).

Cualquiera que examine el gráfico y sus potenciales consecuencias, con seriedad y sin trampas, habrá advertido que constituye un claro ejemplo de uno de los muchos motivos que se aducen contra un referéndum de secesión como el que pretende el separatismo: en una hipotética sucesión de referendos, la separación habría sido derrotada hasta seis veces, logrando repetir una séptima, en que se habría impuesto por un margen de cinco puntos. ¿Estaría justificado, en esa hipótesis, iniciar una secesión que, por definición, tiene carácter irreversible? Es más: en tres posteriores referendos, volvería a imponerse el NO a la secesión. En ese caso, ¿qué habría que hacer? ¿Continuar con la secesión, pese a saber y conocer que la población no la apoya? ¿Retrotraer y anular los efectos de la secesión y solicitar que se inicien los trámites de reunificación?

Cuando se dice que el separatismo busca la “foto de un día“, las encuestas del CEO (y eso, dándolas por buenas, lo cual tiene su aquel) confirman esta tesis. Diez referéndums, el separatismo “gana” uno por un margen poco significativo y resulta que el único que tendría verdadero carácter decisivo, vinculante y definitivo sería el favorable a la secesión. Esto es lo que plantea el separatismo: probar, probar y probar a ver si un día, por casualidad, las circunstancias operan de tal modo que se consiga un resultado favorable. Lo que se llama una “voluntat popular expressada a les urnes de forma sostinguda en el temps” (voluntad popular expresada en las urnas de forma sostenida en el tiempo; véase último párrafo del artículo citado. Aviso que es de Nació Digital, por si tenéis un tiempo limitado en vuestras vidas).

CONCLUSIÓN.  Tras este breve experimento, he recordado las palabras de Elie Kedouire en “Nacionalismo” (p.187; Alianza Editorial): “En realidad, no hay nada concluyente respecto de los plebiscitos excepto que una cierta población sometida a propaganda, presiones o estímulos opuestos votó en un día determinado de una y no de otra manera. El resultado, si es aceptado de una vez para siempre, tiene el mismo componente de arbitrariedad que cualquier otro que pueda resultar por razón de conquista o de negociación“.

¿No querían Filosofía? Ahora que leo que son tan aficionados a las cábalas (vía CEO) del referéndum unilateral, sería de agradecer que reflexionasen sobre cuestiones como la tratada en este artículo. No se preocupen: no hay peligro. Demasiada exigencia para todos esos intelectuales de los que Ignacio Vidal-Folch (autor del inolvidable y antológico “Trenes llenos de psiquiatras“; no viene a cuento, pero me gusta recordarlo) se acordaba ayer en su artículo “La responsabilidad de los intelectuales“. Soluciones y reflexiones, seguro que las puede haber de diversas clases, con distintos márgenes de apreciación. Todo lo que no suele afrontar el separatismo.

Edito: para añadir que la idea de la entrada surge a raíz de ver un tuit de Ignasi Guardans, en el que escribe lo de “foto de un día” con relación al gráfico objeto del artículo.

Puigdemont confirma en Aljazeera el “discurs de la por”

Como es habitual, el asunto se explica solo. Un fragmento de la entrevista en Aljazeera a Carles Puigdemont. Dice que el día después de la secesión, los 7,5 millones de catalanes seguiríamos siendo ciudadanos europeos gracias a nuestro pasaporte español (él dice europeo, pero sería pasaporte español). No obstante, a continuación, explica cuál es la única posibilidad para que ello no sea así. La explicación NO OS SORPRENDERÁ.

A ver:

  1. Es de suponer que una fantasiosa hipotética Cataluña independiente pretendería el reconocimiento mundial, incluido el de España. De hecho, si la secesión se llegara a imponer, tarde o temprano llegaría el reconocimiento. Otra cosa es si eso tarda un año, dos o los que sean y lo que sucede en ese tiempo de incertidumbre. No me interesa lo que sucedería en el periodo provisional. Me interesa lo que sucedería con carácter DEFINITIVO (dicho sea de paso: el separatismo sueña con una provisionalidad infinita, lo que le permite jugar siempre en el campo de la ambigüedad).
  2. Reconocimiento = fuera de la Unión Europea. No es difícil de entender. Si Cataluña, de hecho y de derecho, dejase de ser España, ya no formaría parte de la Unión Europea. Puigdemont lo confirma. [por cierto, mención aparte merece el lenguaje no verbal y el retintín con que dice que esa posibilidad pasa por que España “reconociera” la secesión; muestra adicional de la frivolidad e irresponsabilidad con que el separatismo afronta todo el Prusés™]
  3. La nacionalidad. Obviemos tecnicismos. Puigdemont admite que, para ostentar la doble nacionalidad de forma automática, se requeriría un Tratado internacional (la hipótesis de doble nacionalidad automática NUNCA se ha dado en el Derecho Internacional). Aquí se ha explicado en múltiples ocasiones lo remoto de una doble nacionalidad automática. Puigdemont lo confirma.

CONCLUSIÓN. No hay más preguntas. Una secesión real y efectiva comporta la salida de la Unión Europea y la pérdida de la nacionalidad española. A Puigdemont casi le da la risa porque sueña con que España nunca reconozca una hipotética (y fantasiosa) secesión, que es una forma muy adulta y madura de afrontar un proceso separatista. Me pregunto si también desea que Francia o Alemania no reconozcan nunca esa hipotética (y fantasiosa) secesión.

Frivolidades aparte, Puigdemont confirma el “discurs de la por”: si Cataluña dejase de formar parte de España, quedaría fuera de la Unión Europea y no habría doble nacionalidad automática. Gracias por la confirmación, President, pero eso se sabe desde hace años.