Archivos Mensuales: mayo 2016

Tortosa y el “derecho a decidir”

La consulta de Tortosa ha resultado oportuna: más de un secesionista ha tenido ocasión de comprobar la demagogia en que se basa el inexistente derecho a decidir.

¿No se trata de un derecho basado en un principio democrático, como participar de una decisión? ¿No se reclama participar de una decisión sin restricciones? ¿Y sin ningún tipo de limitación acerca de los asuntos a decidir? Eso se dice que es el derecho a decidir, ¿verdad? Pues una mayoría aplastante en el mundo secesionista (Tortosa aparte) se ha pronunciado a favor de que ni siquiera debería haberse votado y que debía cumplirse la Ley, socavando los principios más elementales del derecho a decidir.

Como es habitual, la más mínima puesta a prueba de los principios democráticos secesionistas hace saltar todos los costurones, retales y material de derribo con que se construyen las novísimas teorías en Cataluña. Por lo menos, Albert Om tuvo la decencia de reconocerlo en un artículo en el ARA: “Els últims anys, a Catalunya, hem presentat el dret a decidir com a expressió màxima de la democràcia i ara aquella teoria ens fa aigües a l’Ebre. Afirmem que s’ha de complir la llei de la memòria històrica, que és el mateix que ens diuen quan demanem poder votar la independència en referèndum: cal respectar la llei.

Om se hace una serie de preguntas interesantes, de las que generan sesudos tratados y teorías: “Sobre quines qüestions podem decidir els ciutadans i sobre quines no? (…) Podem interrogar els ciutadans sobre temes relacionats amb la moral o amb els drets humans?“.

Las preguntas son absolutamente pertinentes y tienen difícil respuesta. Ni siquiera los expertos en Filosofía del Derecho se pondrían de acuerdo (¡oh, perdón! no es una cuestión jurídica, es cuestión de voluntad política) y son contados los artículos de opinión en que se ha abordado el dilema, sea cual sea la solución (o interrogante) que el autor haya considerado oportuna. Opiniones para que se retire el monumento, todas las que se quiera; para que se mantuviera, menos, pero las había. Opiniones reconociendo el cinismo y las endebles bases del dret a decidir, que estallan por una consulta de un municipio de 34.000 habitantes, a cuentagotas.

Situémonos en las preguntas que se formula Om, intelectualmente inquietantes si se las formula, como da la impresión, por primera vez cuatro años después del acelerón separatista. Cuatro años intelectualmente perdidos si es ahora cuando uno se plantea si se puede preguntar todo, sin restricciones. Hay tantas preguntas por responder, como ¿quién determina el “todo”? Porque hay decisiones de ámbito nacional, autonómico, municipal, que se yuxtaponen. Y ese todo, ¿a qué materias se circunscribe? ¿A los derechos fundamentales? Bien. ¿Estaríamos todos de acuerdo, por ejemplo, en que la propiedad privada es un derecho fundamental? Apuesto a que habría discrepancias monumentales. Y aun habiendo consenso hoy, ¿qué impediría replantearlo dentro de seis años?

Sin embargo, el dret a decidir no se hace ese tipo de preguntas. Recurre a eslóganes como ‘todo el poder del pueblo para el pueblo’ y soflamas del mismo estilo. Y cuando debe ofrecer respuestas concretas, colapsa. ERC reproducía en Twitter una frase de Marta Rovira en Els Matins de TV3:

martarovira

Y punto. Qué queréis que os diga. Yo le daría la razón a Marta Rovira sobre la retirada: una Ley de Memoria Histórica que debería cumplirse, un monumento alzado durante la Dictadura… Pero, ¿los de Tortosa -y sólo los de Tortosa, los demás a callar- no tienen dret a decidir?

¿Quién decide el “y punto“? ¿Marta Rovira? ¿Y cuándo se decidió el “y punto“? No recuerdo la discusión y delimitación, lógicamente porque nunca han existido. Un día descubren -ya lo sabían- que su dret a decidir es una piltrafa intelectual y recurren al expediente “porque lo digo yo y punto“. Da mucha risa que quienes se han llenado la boca con la palabra “urna” y “voto” se pronuncien tan explícitamente en contra de las urnas y los votos, hurtando al pueblo su derecho a decidir.

Un poco de teoría. Si de forma muy esquemática y simplificada seguimos las explicaciones de José Mª Ruiz Soroa (El esencialismo democrático, Ed. Trotta, 2010, p.26 a 31), podemos distinguir dos líneas respecto a las decisiones ciudadanas:

La sustantivista, para la que existe un ámbito excluido de la decisión de los ciudadanos, que se corresponderían con los derechos fundamentales y las reglas básicas del Estado de derecho. Si trasladamos esta visión a la consulta de Tortosa, podemos identificar a la CUP, que defendía que no se puede votar una decisión de este tipo, en la medida en que atenta a derechos fundamentales, o la entidad Òmnium, que sostenía que el referéndum es “una trampa“. En una línea sustantivista-autoritaria (“y punto”), Marta Rovira (es broma lo de autoritaria, así le quito un poco de adustez al asunto).

La procedimental. Se parte de la base de que la regla mayoritaria deviene la única regla de decisión, sin que puedan existir valores fijados al margen y por encima de la decisión de los ciudadanos. Desde esta perspectiva, la legitimidad democrática de las decisiones se halla en el procedimiento seguido para adoptarlas, no en el hecho de que sean respetuosas con unos valores predefinidos. Aunque el derecho a decidir que conocemos prescinde del procedimiento, sí que se identifica con la regla mayoritaria y la inexistencia de limitaciones propia de la aplicación radical de la línea procedimental, que rechaza que puedan existir cuestiones “predecididas en base a valores sustantivos depositados en los textos sagrados constitucionales“. O sea, se puede votar todo y de todo, sin cláusulas de intangibilidad.

Por supuesto, ambas líneas tienen sus críticas que ahora no procede discutir. Lo interesante proviene del hecho indiscutible de que la oposición a la consulta de Tortosa implica romper con los principios del derecho a decidir… salvo que se argumente la imposibilidad de la consulta por el respeto a la Ley, en este caso la Ley de la Memoria Histórica, como elemento que sustrae a la ciudadanía (en este caso de Tortosa) la posibilidad de decidir si quiere o no que el monumento permanezca en su actual ubicación.

En este sentido -y recuerdo que estoy aplicando la lógica secesionista, paradójica en sí misma- resulta desconcertante que desde el derecho a decidir se afirme que “hay cosas que no se pueden consultar, como la presencia del fascismo en la calle, tal como no se pueden consultar aspectos relacionados con el racismo o la violencia de género“. ¡Pero si el derecho a decidir significa(ba) capacidad de decisión sin restricciones! Para una concepción radicalmente democrática (y el secesionismo se jacta de radicalidad democrática) no puede existir jamás una consulta-trampa: el ciudadano tiene siempre un poder decisorio omnímodo… hasta que los guardianes de las esencias (sería más preciso decir de SUS esencias) determinan unilateralmente lo que está bien y lo que está mal [recuerdo, estoy aplicando la lógica secesionista]. Como algún lector ya ha apuntado, en realidad el derecho a decidir significa “decidir” siempre que la opción elegida coincida con los deseos del secesionismo; en el momento en que el ciudadano no toma la decisión correcta, el derecho a decidir ya no existe.

Conclusión. Votar la permanencia de un monumento levantado por la dictadura para su reinterpretación puede ser considerado peculiar. No obstante, más peculiar todavía es que uno apele todos los días al derecho a decidir como facultad omnímoda del pueblo, sin restricción de ningún tipo, y el día en que se lleva a cabo una consulta de contenido discutible, acordarse de los límites. Eso hay que decirlo antes. Y aplicárselo. Por eso la votación de Tortosa, que me trae sin cuidado, ha sido tan divertida examinada desde la (i)lógica del prusés™. 

Ya veis: una localidad de 34.000 habitantes, en la que apenas vota el 30% del censo con derecho a hacerlo, pone en jaque el dret a decidir. Si es que más débil no puede ser.

Jordi Domingo y la Comisión de Venecia

Mientras acabo de escribir un artículo sobre el boquete conceptual en el dret a decidir que ha supuesto la consulta de Tortosa, me he entretenido en leer una entrevista a Jordi Domingo, uno de los miembros de Constituïm, redactores de la Constitución catalana, en Mon.cat, que se inicia con este impactante titular:

constituimvenecia

Si leemos la entrevista, Domingo empieza, efectivamente, transmitiendo ese titular. Más adelante…:

“(…) Per exemple, des de la Comissió de Venècia s’han posat en contacte amb Constituïm. Aquesta Comissió supervisa a nivell de la Unió Europea les constitucions europees. No ha sigut la Comissió de Venècia oficialment, però sí que ens ha trucat un membre seu. I viatjarà a Barcelona per reunir-se amb nosaltres entre el 7 i el 10 de juny perquè li entreguem el text. Ens deia que estava molt interessat en discutir-lo amb nosaltres.

I ho fa en nom de la Comissió de Venècia?
És un membre de la Comissió, però potser no ho fa en nom de la Comissió. No es poden pronunciar respecte el procés català fins que els catalans fem l’últim pas. No es mullaran per després quedar-se en evidència, en cas que els catalans no siguem capaços de fer el que hem de fer. Una Comissió com aquesta no es mullarà per ningú.

Bien. Ganas de llamar la atención.

EDITO y añado: Un artículo de opinión sobre Constituïm (I vostès, qui són?), de Isabel Llauger, difícil de encontrar en la prensa subvencionada.

Puntualizando (y comprobando) datos

Ya es triste que la fiebre separatista le lleve a uno a dudar de todo, hasta de los datos que da un profesor de Derecho Constitucional en el Parlament de Catalunya. Erróneos, para variar. En su descargo, diré que los mencionó de memoria, si bien en una entrevista más pausada en Vilaweb persiste en el error.

¿importancia del error? Relativa. Ahora bien, si partimos de la base del nuevo artefacto lanzado por el separatismo llamado Referéndum Unilateral de Independencia y el hecho de que los datos del citado profesor se usarán para justificar una parte de los argumentos del RUI, entonces ya es algo más importante. Así que mejor comprobar, y en su caso puntualizar, por si un día a alguien se le ocurre en TV3 o cualquier medio subvencionado dar datos que no ha contrastado.

Contexto de la puntualización. El pasado 17 de mayo de 2016, comparece en la Comisión de Estudio del Proceso Constituyente, el profesor Antoni Abat Ninet. En el curso de su intervención -y en un momento en que se plantea de una forma u otra el tema de participaciones y mayorías- cita el referéndum celebrado en Irlanda del Norte el 8 de marzo de 1973 (la fecha no la precisa), y afirma  que participó menos del 40% del censo electoral (votaron sólo los unionistas, precisa Abat) y que, con un apoyo del 90%, el resultado fue a favor de mantenerse en el Reino Unido, sin que nadie en la Comunidad Internacional discutiera ese resultado.

Maravillados por su comparecencia, el pasado martes 24 se publica una entrevista en Vilaweb, en que Abat indica que se equivocó al dar esos datos y que en realidad: “La participació a Irlanda va ser del 52%, però només el 39% del cens total va votar de quedar-se.

Seamos claros y algunas veces lo hemos comentado: no me interesa lo más mínimo lo que haya sucedido en Irlanda del Norte, por la sencilla razón de que nunca será extrapolable a Cataluña. Y quien dice Irlanda del Norte dice Escocia, Canadá, Letonia, Estonia, Lituania, Eslovenia, Croacia, la República Checa, Eslovaquia, Austria, Dinamarca o Sudán del Sur, sólo por mencionar alguno de los muchos países citados por el secesionismo. Incapaces de generar un discurso propio, siempre recurren al “ejemplo” de terceros, aunque no sean ejemplos ni sirvan para nada.

Aun no interesándome el “ejemplo” citado, veamos qué sucedió en un referéndum LEGAL (detalle sin importancia) celebrado en Irlanda del Norte el 8 de marzo de 1973, con unas circunstancias históricas que NADA tienen que ver con Cataluña en 2016 (otro detalle sin importancia). Si consultamos varias fuentes, nos dan una participación del 58,66% del censo electoral y un 98,9% de los votos emitido a favor de que Irlanda del Norte siguiera formando parte del Reino Unido. O sea, un 57% del censo electoral a favor y no un 39%.

Consultable aquí (Wikipedia en inglés), aquí (BBC; destaca que menos del 1% de los católicos votaron), y también aquí (CAIN Web Service).

Lo he dicho antes y lo reitero: Abat tira de memoria y se equivoca. Eso no es problema para mí. El problema vendrá cuando alguien invoque los datos de Abat sin haberse molestado a saber siquiera de qué habla. Y además querrá añadirle que la participación y la mayoría es irrelevante porque “fíjate en Irlanda del Norte y la Comunidad del Anillo internacional  nada opuso“. Sería interesante que alguien determinara qué tenía que oponer, en su caso, la Comunidad internacional.

Conclusión. De nuevo, otro dato o afirmación que se nos quiere colar. Lo relevante no es que Abat se equivoque con los porcentajes (pese a que el 57% del censo electoral votó a favor de seguir en el Reino Unido; mayoría absoluta del censo electoral), lo relevante es que se nos quiere hacer creer que a la Comunidad del Anillo internacional le daría igual que en la Cataluña de 2016 se celebrara un referéndum ilegal en el que votase menos de la mitad de su censo electoral con unos porcentajes favorables a la secesión difíciles de creer. Y encima se pretenden paralelismos entre Irlanda del Norte de 1973 y la Cataluña actual. El solipsismo secesionista no tiene fin, así que si un día alguien os cita Irlanda del Norte y 1973 disfrutad de la puntualización… a la que os contestarán que es mentira “porque lo dijo un profesor de Derecho Constitucional en el Parlament y yo lo leí en Vilaweb“. Sí, ya lo sé, es inútil que les enseñéis cualquiera de los enlaces que he dejado. En fin.

 

Palos de ciego

El secesionismo se encuentra, ahora mismo, en una fase en que no acierta una y sólo da palos de ciego, a ver si por casualidad logra reactivarse.

Artur Mas -convertido en una triste sombra errante, quién lo ha visto y quién lo ve- dijo que plantea contar votos en otras plebiscitarias como alternativa a un referéndum. “Contar votos”, “otras plebiscitarias”, “alternativa”, “referéndum”. Se me ocurren varias infracciones a principios fundamentales del movimiento secesionista como “nous avons gagné“, “àmplia majoria en vots i escons“, “desconnexió democràtica“, “procés constituent“, “creació d’un estat català independent“, “pantalla passada” y demás palabrería habitual. Quien escuchara a Mas durante todo el año pasado y lea ese embrión de “propuesta” diría que no se trata de la misma persona que se postulaba para President. Una hoja de ruta tan clara y tan firme que quien estaba predestinado a culminarla dice ahora que se olvide, que no sirve para nada.

Si será grave la situación actual para el separatismo que hasta Tian Riba (I la proclamació?) se huele un engaño (más vale darse cuenta en 2016 que en 2032) o el mismísimo Partal escribe que hasta aceptaría un referéndum, aunque fuera unilateral (bueno, citando a Partal hago trampa: es capaz de escribir una tesis y la contraria en dos días consecutivos y tener razón siempre). Está tan mal el asunto que, ahora mismo, en el diari ARA no hay ni una sola noticia bajo el acostumbrado recuadro “Procés Sobiranista“. Ni una noticia del prusés™, algo insólito.

Por favor, sí, unas nuevas elecciones, que sería la monda escuchar cómo justifican “contar votos en otras plebiscitarias como alternativa a un referéndum, que valdrían como un referéndum sin serlo, en el que la opción ganadora sería la suya cualquiera que fuese el resultado, que para eso pondrían las reglas, pese a que el Decreto de convocatoria de las elecciones sería el normal de unas autonómicas, no obstante lo cual como ‘todo el mundo’ ya sabe que va a lo que va, entonces valdrían como plebiscito para hacer la independencia, incluso sin el 50% de los votos porque eso es una regla que os inventáis, que no está escrita en ninguna parte, y si no lo conseguimos ni así, tranquilos que ya volveremos a convocar otras elecciones, antidemócratas, que lo que pasa es que no queréis votar“.

O mejor no, que nos dejen ya en paz de una vez.

Cadena de favores

Hoy no toca una reflexión, un estudio o comentario. Toca la constatación del día: el pago de favores.

De la misma manera que nos hemos acostumbrado a escuchar lo del capitalismo de amiguetes con Madrid y Valencia como máximos exponentes, habría que acostumbrarse a nombrar lo que podríamos llamar la interesada cadena de favores catalana, que se puede abreviar como cadena de favores.

Ya conoceréis que Francesc Homs ha propuesto a Miquel Calçada, el artista antes conocido como Mikimoto, como primero de la lista al Senado por CDC. Como digo, se trata de una constatación y no una reflexión, opinión o comentario.

Según le gusta decir al secesionismo, el prusés es un movimiento de abajo hacia arriba. Significa que los de abajo siguen las consignas de los de arriba, quienes se hacen favores unos a otros y después se los cobran. Una bonita cadena de favores.

La estelada como imposición

Ahora que se habla tanto de la exhibición de estelada como signo del legítimo ejercicio de la libertad de expresión, no debemos olvidar su uso como imposición. Si el vecino tiene total y perfecto derecho a ir con la estelada al cuello, quien ya no lo tiene es una institución pública, ni que la estelada ocupe el espacio y edificios públicos, tal y como nos encontramos por toda la geografía catalana.

Si la Sentencia de 29 de abril de 2016 de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo hubiese llamado tanto la atención como la prohibición de las esteladas y su suspensión, también nos iría mejor.

El asunto enjuiciado. Como es público y notorio, en Cataluña la estelada cuelga del balcón de gran número de Ayuntamientos (no digamos en rotondas y otros espacios públicos). Con ocasión del inicio de todo el proceso electoral correspondiente a las elecciones municipales de 2015, por Societat Civil Catalana (SCC) se puso de manifiesto a la Junta Electoral Central (JEC) la presencia de la estelada en espacios y edificios públicos y consideraba que ello era incompatible con la obligación de neutralidad de los poderes públicos. Poco después, la Junta Electoral Provincial de Barcelona (JEP) elevó una consulta a la Junta Central ante las diversas solicitudes de retirada de esteladas que había recibido.

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Esteladas

Yo no prohibiría el acceso de esteladas al Vicente Calderón. Si queréis, luego entramos en el debate de los símbolos que deberían acceder o no a un evento deportivo (efectivamente, los colores de cada club) o el estricto contenido legal, pero así, de entrada, yo lo permitiría.

Dicho esto: asistimos a nuevos aspavientos y lloriqueos de sepulcros blanqueados, fariseos hipócritas que hacen de la victimización una forma de vida. Esta mañana, Jordi Basté le ha dedicado la portada del programa y ¡¡20 minutos!! a repasar la cuestión. Y, cómo no, ha tirado del tópico de que esto “crea más independentistas” [risas enlatadas]. Si Basté considera que la prohibición de la estelada en un campo de fútbol genera independentistas, por favor, en qué bajo concepto intelectual tiene a esos independentistas. Ni de patio de colegio.

Son los mismos hipócritas que a este cartel del Ayuntamiento de Bescanó (5 km de Girona) no le vieron problema alguno. La foto la tomé yo personalmente en agosto de 2014.

Bescanó campanya

Apoyo a quienes consideran que debería poderse exhibir la estelada en el Calderón.

¿Me apoyarían a mí si digo que este cartel propugnaba la imposición de una idea única por parte de una institución pública? Sólo recuerdo respuestas de que el Ayuntamiento podía hacer lo que quisiera, que para eso existía una mayoría separatista. [Y ejemplos de imposición “democrática”, empezando por la estelada en los Ayuntamientos y acabando con los paladines de la secesión democrática del 35% del censo electoral, los tenemos a montón. Claro que Basté y demás sólo lloran con la estelada, que les da réditos en forma de votos separatistas. Nótese la ironía porque es el mismo argumento, cambiando los términos, que se usa para decir que al PP todo esto le da votos].

Pues eso: hipócritas fariseos.

La doble nacionalidad y la propuesta de Constituïm (o sea, yo tenía razón)

Durante meses, las entradas relativas a la nacionalidad y la supuesta doble nacionalidad (ampliación del anterior, dos ladrillos de considerable longitud que la mayoría ya habéis leído, en cualquiera de las dos versiones) en caso de secesión fueron las más visitadas del blog. Recordemos las tesis básicas al respecto:

  1. Consideraba que el hipotético Estado catalán atribuiría su nacionalidad a quien tuviera la vecindad civil o administrativa catalana. Por simplificar, a quien tuviera su residencia en Cataluña a la fecha de la secesión. Esta sería la perspectiva del nuevo Estado catalán.
  2. Consideraba posible (y muy probable) que, en teórica secesión, España fijara un derecho (u obligación) de optar entre la adquisición de la nacionalidad catalana, con pérdida de la española, o conservar la nacionalidad española, con renuncia a la catalana.
  3. Ante la eventualidad de la pérdida de la nacionalidad española, el secesionismo ha difundido la teoría de que la doble nacionalidad sería automática, lo cual, siendo posible, aparece como altamente improbable. En cualquier caso, la decisión sobre la conservación o pérdida de la nacionalidad quedaría en manos de España, aspecto que se silencia.

Las mayores “críticas” que pude leer a esos artículos:

  1. Que se desconocía la identidad del autor. Bien, esto yo lo interpreté como incapacidad/imposibilidad de oponerse con conocimientos jurídicos a un texto (especialmente el segundo artículo, ampliatorio) con cincuenta y nueve notas a pie de página más tres o cuatro libros jurídicos específicos manejados como bibliografía de fondo.
  2. Que me basaba en hipótesis y era ciencia-ficción. Todo en el prusés™ es una hipótesis y fantasía (no ciencia-ficción), así que me lo tomo con buen humor. Tampoco encontré quien demostrara que, a lo largo de la historia, tras una secesión se ha producido el fenómeno de la doble nacionalidad automática o que ello sería obligado.
  3. ¿Y si España no reconoce la secesión? Esta clase de preguntas me confirman la falta de seriedad -y de reflexión- de quien la formula. Harto del tema, escribí esta entrada.

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