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La gota malaya del agravio

Es un poco cansado estar cada día criticando cualquier cosa que se publica desde puntos de vista secesionistas. Más cansado todavía es escuchar la cancioncilla de fondo del agravio, una gota malaya que se cuela en esa paranoia de la persecución constante.

Esta mañana me encuentro un titular en EL PUNT AVUI que, para más inri, es cierto: «Catalunya té menys jutges que la mitjana espanyola«. Si el titular es cierto, ¿dónde está el problema? Pues en lo de siempre: el enfoque, el dato incompleto, la presentación de la realidad dirigida a crear la sensación de agravio. Venga, ni siquiero critico el titular; critico el conjunto de la noticia.

Lo simplifico al máximo:

  1. Es cierto que en Cataluña hay 9,9 jueces en activo por cada 100.000 habitantes, que es inferior a la media nacional.
  2. En el interior de la noticia también se dice: «Aquesta falta de jutges, que també es deu a la falta de vocacions catalanes, s’arrossega de manera documentada des de fa una dècada«. Así, la noticia vuelve a ser objetiva cuando dice que la falta de jueces en Cataluña se debe, en parte, a la falta de opositores catalanes.
  3. Lo que convendría explicar, de manera tan clara como el dato de jueces en activo, es que según los datos acumulados desde la Promoción 1996-97 hasta la Promoción 2016-2017 de Jueces en Prácticas, el 7,94% de los Jueces en Prácticas tenían como lugar de residencia Cataluña.
  4. De los 5.366 jueces en activo que refleja el informe del CGPJ, 742 estarían en Cataluña, es decir, un porcentaje del 13,82%. Y eso sin contar que en Cataluña hay más plazas vacantes que en otras partes. Pero da igual, de verdad.
  5. Si conjuntamos ese 7,94% de las Promociones de los últimos 20 años y el 13,82% de jueces en activo del total de la plantilla, no hace falta ser un hacha para darse cuenta de que, con la estúpida lógica del nacionalismo, robamos Jueces al resto de España. Sí, lo sé, la conclusión es de lo más tonto que he escrito en este blog: pues algunos parecen no enterarse de que esta es la «lógica» del separatismo, que se dedica sibilinamente a llenar de prejuicios la ignorancia.
  6. La crítica a mi discurso: que veo fantasmas donde no los hay. Que el artículo describe un dato objetivo que yo mismo reconozco e, incluso, se reconoce la falta de opositores. Puede ser. En tal caso, mis datos ilustran una noticia incompleta que puede dar lugar a interpretaciones indeseadas. Así que nada mejor conocer el dato de que el porcentaje de jueces en activo en Cataluña (13,82%) es, en proporción, un 75% superior al porcentaje de Jueces en Prácticas residentes en Cataluña (7,94%) en los últimos 20 años. Por supuesto, la correlación en 2016 no será perfecta.
  7. Con todo, creo que lo de «la gota malaya» es válido.

¿Un proyecto «inclusivo»?

Sí, es probable que con este artículo le esté prestando una atención incluso excesiva al Manifiesto. Da tanto de sí que vale la pena insistir una vez más, máxime cuando ya he leído alguna opinión de esas que le quita importancia a un «Manifiesto» que ha tenido la simpática virtud de concretar de forma tangible evidencias no siempre demostrables de forma empírica.

Su importancia va más allá del estricto contenido y radica, como he apuntado en otras intervenciones en el blog, en quién lo firma y da su apoyo. Sucede que la relevancia del apoyo intelectual al Manifiesto sobrepasa la anécdota y de ahí su verdadera importancia.

Si lo consideramos en abstracto, la aspiración de que un Estado tenga una lengua oficial es tan admisible como que tenga dos, cuatro o las que se considere oportuno. Sucede que los Estados tienen un elemento personal concreto que son sus ciudadanos, y allí es donde esa aspiración en teoría admisible se vuelve un aberrante despropósito para el caso que nos ocupa.

El proyecto explícito del Manifiesto, pues, consiste en primer lugar en privar a todos los ciudadanos catalanes del uso público del castellano, con un claro objetivo de que a medio y largo plazo prácticamente desaparezca su uso privado. Es indiscutible que algunos vivirían más aliviados en su fuero interno si fuera así, pero tanto en abstracto como en concreto pasar de dos lenguas a una, en nuestro supuesto, no tendría otro nombre que el de privación.

En segundo lugar, se desea privar del privilegio que constituye dominar catalán y castellano, una riqueza personal y social que se quiere destruir. Habrá quien se considerará privado de un simple complemento útil, otro de una porción de su vida, el de más allá una herramienta valiosa, incluso quien lo considerará un complemento que no le sirve para nada pero prefiere conservarlo y, también, quien lo considere un tesoro. Cada persona tendrá sus motivos personales y, por una razón u otra, no estará muy dispuesta a perderla.

En tercer lugar, y no menos grave, el propósito consiste en extranjerizar a buena parte de los hoy conciudadanos. ¿Qué pretenden, si no?

Cuando a partir de ahora el secesionismo vuelva a decir eso de que es un proyecto «inclusivo» y que quiere ensanchar su base social, el que trabaje convencido por esos objetivos tendrá que buscarse unos buenos argumentos, porque los que blandían hasta ahora se los han destruido.

Como han pronosticado algunos, este Manifiesto va a durar bastante tiempo. Por supuesto. No lo han firmado unos indocumentados, aunque lo parezca.

Dice Albert Sáez en EL PERIÓDICO: «Este manifiesto será utilizado con razón por quienes siempre han defendido que el catalanismo o el independentismo eran un nacionalismo totalitario con piel de cordero«. Yo no sería tan atrevido como para meter catalanismo e independentismo en el mismo sitio (Sáez advierte unas líneas antes que ese exclusivismo jamás ha formado parte del catalanismo), ni tampoco para calificar a todo el secesionismo de totalitario, aunque a menudo sus élites (o una parte significativa) se acercan a comportamientos y propuestas incompatibles con una sociedad democrática. [Os habréis fijado en que insisto reiteradamente en lo de las élites. Lo haré tanto como sea necesario, ya que identifica bastante bien (con el consabido peligro de las generalizaciones) dónde radica la cuestión y así no meto en la crítica a «la gente«].

Otro lector apuntaba ayer que en la web ElClauer (es decir, ANC y Òmnium), a la pregunta «El castellà serà cooficial a les institucions d’una Catalunya independent?» la respuesta no podía ser más clara: «…el castellà haurà de tenir un estatus de reconeixement especial a l’Estat català, si els legisladors així ho consideren«. O sea, influyentes entidades, hoy explícitamente integradas en Junts pel Sí con un posicionamiento que no es ambiguo, tienen un posicionamiento que es claro. De hecho, también recordábamos ayer en un comentario que José Rodríguez ha escrito un reciente artículo en que rectificaba o matizaba enormemente su posición sobre la cooficialidad para asumir posiciones exclusivas, según él tras hablar con Carme Forcadell o Sílvia Senz (a quien no conocía hasta hace un par de días). Pues si Carme Forcadell es Presidenta del Parlamento catalán, está integrada en Junts Pel Sí y Rodríguez dice que ha cambiado de opinión tras escucharla, será que Forcadell no asume el programa de Junts pel Sí ¿o me lo invento yo? [Os hago estas preguntas porque quizás me equivoco, o quizás cabe otra interpretación, ya me lo diréis. Tanto escribir tras una pantalla puede darme la falsa sensación de tener razón, que es lo que pasa cuando uno sólo se escucha a sí mismo].

Xavier Martínez Celorrio y Lluís Cabrera también en El Periódico: «Acaban de dar una munición identitaria a los identitarios del otro lado, que explotarán durante mucho tiempo a ver si cumplen con el presagio de Aznar y logran la ruptura de la sociedad catalana desde dentro«. Efectivamente, es cierto que este valioso material constituirá un documento para la posteridad. Ahora bien, como es norma, toda crítica al secesionismo (en este caso compartiendo el ideal) tiene que llevar a su lado algo que disminuya el alcance del reproche: nunca pueden faltar palabras como Aznar, PP, Ejército, Monarquía o España, no fuera que la dura reprobación al Manifiesto los convierta en rebeldes a la causa. No, el reproche o la exigencia no te convierte necesariamente en contrario a una causa… salvo el secesionismo. 

Conclusión. Tiene su gracia que prácticamente nunca haya querido hablar en el blog de lengua, salvo un artículo sobre algunas Sentencias en tema de educación del que nunca publiqué la segunda y hasta tercera parte. Asunto muy delicado y cada palabra tenía que ser medida. Los del Manifiesto han logrado que lo haga, así que les felicito: supongo que es lo que buscaban.

Leo también que Tardà ha salido en defensa de una hipotética cooficialidad. Mirad, no voy a dudar de Tardà. Dudo de buena parte de los que están a su alrededor.

Acabo. Otro lector me ha recomendado leer la entrevista a José M.Clavero, presidente en funciones de Súmate. La respuesta a la última pregunta justifica leer la entrevista:

«– Sou partidaris de la cooficialitat, doncs?
—Sobre l’oficialitat, hi ha un idioma propi, que és el català, i un altre que ha de ser cooficial, que és el castellà. Com a mínim durant uns anys, que hauran de ser moltíssims anys veient com va la immigració.«.

Como mínimo, unos años, después…