Archivos Mensuales: abril 2016

La distancia entre la (des)información y la realidad

Este blog nació, y de ahí toma su nombre, como consecuencia de una cita falsa, esa tan gloriosa de La Haya, La Haya, La Haya. Sonaba como música para los oídos separatistas y “sorprendentemente” se ajustaba a la perfección a sus deseos.  Desde esa fecha, cualquier noticia, cita o sentencia que se ajusta demasiado literalmente a lo que suele mantener el secesionismo, para mí requiere su demostración con la fuente original por delante. Porque si no, la cuelan.

Más o menos lo que sucede con esta “noticia” de Vilaweb que lleva por título “Un tribunal de Perpinyà declara que un referèndum d’autodeterminació és llibertat d’expressió“.

vilaweb

Mi primera reacción: aquí hay algo raro, así que vamos a leer entera la noticia. Ya dentro, se dice que el Tribunal declara que “…la defensa d’un referèndum d’autodeterminació forma part de la llibertat d’expressió“. Bien, ya hemos cambiado a la defensa, no a la celebración implícita en el titular. Sin embargo, al final de la noticia se dice que “…el Comitè per l’Autodeterminació de Catalunya Nord té l’oportunitat d’organitzar el referèndum popular tal com pretenia“, lo cual desmentiría mi anterior afirmación. A mí, desde una perspectiva jurídica, el conjunto de la noticia no me cuadra, así que me digo: vamos a la fuente, que no es otra que la sentencia o como llamen en Francia a una resolución judicial equivalente.

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La inmadurez secesionista

Esta mañana he tenido la oportunidad de escuchar la radio un rato y, sorprendentemente, el prusés no ocupaba el eje central de mis tertulias favoritas. Signo evidente de que pasa por un mal momento, de falta de acción y de ideas, consecuencia del insuficiente apoyo con el que cuenta. Es innegable que dispone de un apoyo amplio, pero insuficiente.

Esta atonía se transmite a mis digitales favoritos, sobre los que estos días ironizábamos acerca de lo reiterativo de las columnas de opinión y cómo, a estas alturas de 2016, todavía se siguen repitiendo las mismas palabras clave (Franco y franquismo -un absoluto hit parade-, Madrid y sus variantes mesetarias,  antidemocrático, etc). La falta de concreción efectiva de la secesión -inevitable, si no cuentas con el apoyo suficiente- conduce a postular conceptos etéreos (proceso constituyente, convención constituyente), crear terminología propia de noche de bar con un par de cervezas que alimenten la chispa (o no es propio de cráneo privilegiado el “matiz interesante” entre República catalana y República de los catalanes) o decir sin rubor que en “Westminster” ven con “interés democrático” el prusés.

Todo esto provoca que, salvo algún artículo lúcido (por una vez, bastante de acuerdo con el mensaje de fondo de Sanchis), el periodismo secesionista esté todavía anclado en 2012 y un discurso que, fruto de la emotividad, tuvo éxito en el periodo 2012-2015, pero que no ha evolucionado. Nada de nada. La inmadurez de quien no quiere aceptar la realidad.

Un ejemplo paradigmático es el artículo de hoy en Vilaweb de Pere Cardús, titulado “Les deu coses que cal fer per a proclamar la independència“. No es que considere a Cardús (Pere) un gurú del secesionismo, si bien disfruta de una caja de resonancia muy difundida como es Vilaweb, así que me ha parecido interesante fijarme en él para ejemplificar lo que comento.

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La (difícil y arbitraria) gestión del resultado de un referéndum

En Cataluña están pasando relativamente inadvertidos -en comparación con las supuestas bases en que se sustentan los argumentos de creación de un “nuevo” país- diversos procesos de participación ciudadana o “referéndums” de alcance territorial localizado. Es significativo que, en un momento en el que se apela a la participación ciudadana, a la que se quiere dar el poder directo de decidirlo todo, ni esos procesos generen toda la atención que en principio podrían tener ni, especialmente, después esas decisiones omnímodas se concreten de inmediato.

Varios de estos procesos de participación han coincidido en una característica especial: una parte significativa del “pueblo” o “el pueblo” vota distinto a lo deseado por las clases dirigentes. Y entonces pasa lo que pasa: los dirigentes hacen lo que les parece. Una gran lección para la democracia directa y la falta de principios imperante.

Así, a bote pronto, se me ocurren tres casos:

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El pequeño prusés de Ben y Holly

Después de algún artículo de reflexiones y argumentos con los que subrayo la complejidad de una secesión y las débiles bases sobre las que, en mi opinión, se asienta en el caso de Cataluña, siempre va bien un poco de relajación. Algunos estaréis familiarizados con canales como Boing o Clan, otros apenas sabéis que están sintonizados en vuestro televisor, pero me ha parecido divertido citar a Ben y Holly (personajes infantiles, duendes y hadas de tamaño diminuto) como manera de reír un poco, después de tener noticia de otro “hecho aislado” en la UAB. Como hecho en sí mismo, es poca cosa y ni siquiera lo voy a comentar porque se explica por sí solo; sin embargo, son ya tantos los “hechos aislados” que resulta incuestionable que una parte (más o menos radical) del secesionismo se cree que Cataluña es su particular casa pairal (tradúzcase por casa solariega, aunque no es del todo exacto; para el concepto que quiero expresar, en castellano diríamos que se creen que es su cortijo). Así que no es tan poca cosa. 

Lo del pequeño prusés viene que ni pintado, pues a menudo se demuestra que no ven más allá de sus cortas ideas, así que vamos allá con algunos conceptos del pequeño prusés:

  1. La Comunidad internacional. Desde 2012 vengo escuchando que la Comunidad internacional o Europa obligará al Gobierno de la Nación a convocar un referéndum. He logrado una imagen que explica la falta de éxito hasta la fecha: con un futuro Rey y un mago poniendo pals a les rodes, el éxito resultaba complicado. Una conspiración más en contra de la secesión.comunidad del anillo
  2. El Ejército. Todavía tiemblan las vacas del Ripollès cuando recuerdan un vuelo a baja altura de aviones del Ejército español, que anunciaban una próxima “invasión”, el establecimiento de la Ley Marcial y, gracias a ello, la automática secesión de Cataluña por la presión internacional. Supongo que el Ejército se basaba en el fallido plan de Macià y por eso enviaron un pelotón cuya posición actual se desconoce, ya que nadie pensó que en la montaña no hay cobertura. Os dejo la imagen del día que partieron del cuartel, sin que se tenga más noticia.soldadostoystory
  3. Plebiscito perdido o ganado, proclamación de independencia, declaración de independencia que no es lo mismo que proclamarla, elecciones constituyentes, ratificación de la Constitución catalana de independencia o no, según se mire, y referéndum unilateral de independencia (RUI) con legalidad catalana, expectante a uno vinculante pactado con el Estado, sin el cual igualmente se declarará -o proclamará- la independencia en 18 meses, o menos si se puede, o más, no vaya a ser que no se pueda, en cuyo caso se habrá hecho todo lo posible. Imposible de entender, lo sé. Y cuando lo explican, todavía se entiende menos. La imagen fácil, y además repetida, sería la de los hermanos Marx. Así que por una vez os voy a colgar una imagen mía, para que seáis conscientes de aquello a lo que me enfrento cuando preparo un artículo intentando desentrañar los misterios y piruetas conceptuales del secesionismo.

Conclusión. Jajaja. ¡Ah! Estos son Ben y Holly

benyholly

La ingenuidad del referéndum y las mayorías

La palabra referéndum aparece de forma constante. Y es una pesadez porque seguimos con la misma invocación en blanco de siempre. Pedir un referéndum de secesión (consultivo, vinculante o como le queramos llamar) es fácil, que aguante los retos democráticos que plantea es distinto. De ahí que titule como “la ingenuidad” del referéndum, ya que se parte de una posición simplista que apenas ha analizado las múltiples cuestiones que deberían ser abordadas. Y es indiferente que quien invoque el referéndum lo haga a favor de la secesión o en contra.

Puede parecer que afirmo que quienes piden el referéndum no tienen ni idea de nada y sólo yo tengo razón. Es muchísimo más complejo que eso. En mi opinión, a menudo quienes piden el referéndum no han calibrado adecuadamente las consecuencias, o bien, teniendo una clara idea, llevan el debate hacia un terreno claramente sesgado. Son pocas las aportaciones teórico-prácticas a una materia de consecuencias tan graves como la secesión.

Lo que me propongo es aportar razones, argumentos y justificaciones de mi posición que, en el artículo de hoy, presenta bastantes aristas y puntos de discusión. Si esto lo dice un sencillo blog, ¿qué nos debería decir la realidad? Pues dice #volemvotar y listos. Un simplismo que no supera una mínima reflexión, como demuestra el libro de Pau Bossacoma, “Justícia i legalitat de la secessió“,  al que últimamente me refiero con bastante frecuencia. Puedo no estar de acuerdo en algunos, varios o muchos puntos del libro de Bossacoma, pero es innegable que sus argumentos quedan bastante lejos -por razonados- de la débil fundamentación habitual del secesionismo.

Tras comentar en las últimas semanas los problemas democráticos que genera la irreversibilidad de una secesión y el uso de un referéndum como amenaza, hoy comentaré otro asunto que los más veteranos recordaréis que he tratado en multitud de ocasiones, como es la cuestión de las mayorías, en este caso específicamente referidas al supuesto de una votación efectiva de un referéndum de objetivo secesionista.

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La quema de la Constitución

La última patochada de Empar Moliner consiste en quemar la Constitución en TV3.

Todavía no he leído reacciones -me refiero a artículos de opinión- sobre el asunto, ya que no ha dado ni tiempo. Seguro que más de uno y de dos dirá que la acción de Empar Moliner está amparada por la libertad de expresión. Estoy de acuerdo. Pero no en una televisión pública. Es así de sencillo: Empar Moliner puede quemar la Constitución en su casa, en un medio privado o donde le parezca. No en TV3.

¡Ay, qué error! No me acordaba de que TV3 es la seva. Ya saldrán los hooligans a defenderla.

Edito. Sólo para añadir que, como he indicado en un comentario, me parece una tontería que tampoco merece más atención que la ya prestada.

¿Deben desobedecer los Mossos?

Que en una democracia alguien se plantee esta pregunta sólo tiene cabida si pretende destruir el sistema. El sistema democrático, claro. Lo más grave es que este tipo de falsos dilemas se han instalado en el debate secesionista, lo cual delata los graves déficits democráticos de que adolece la aspiración separatista, que a falta de legalidad y legitimidad se marca como objetivo la destrucción del sistema por la vía revolucionaria.

Es cierto que Junts pel Sí votó -más o menos- en contra de esta pretensión de la CUP. También es cierto que fue así más por razones de oportunidad que por falta de ganas. ¿Que cómo fundamento semejante afirmación? Que en un Estado democrático un Parlamento se plantee votar esto lo demuestra:

4. Insta el govern, d’acord amb els punts sisè i vuitè de la declaració 1/XI, a desatendre els requeriments de l’Audiència Nacional relatius al procés de desconnexió democràtica de l’Estat espanyol i, en conseqüència, que el cos de Mossos d’Esquadra no els executi com a policia judicial.

El problema no es votar o no (habitual cantinela del secesionismo), el problema es que, como he dicho, la Mesa de un Parlamento (en este caso, Junts pel Sí) dé vía libre a votar una moción en la que se insta a ignorar el principio de legalidad que vincula a los poderes públicos. La CUP invita a la revolución (nada nuevo) y el derribo del Estado de Derecho con la anuencia de Junts pel Sí. Y ese debate se asume con naturalidad -aunque luego se vote en contra- para no indisponerse todavía más con el “socio”.  ¿Cómo verá “Europa” que Romeva y compañía sometan a votación semejantes propuestas? ¿Un Parlamento somete a debate y votación el principio de legalidad y el Estado de Derecho? ¿Qué será lo siguiente? ¿Votar la finalización de la democracia? Es probable que la Mesa admitiese a trámite la moción…

Con frecuencia he repetido que aunque esté totalmente en desacuerdo con la secesión es una aspiración legítima (con graves objeciones), etcétera. Plantearse ignorar el principio de legalidad no lo considero legítimo. Y se ha planteado. [Dicho sea de paso: si el secesionismo flirtea con este tema es porque tiene, además del problema de la legalidad, un problema de legitimidad. Pero eso es otra cuestión].

Como resaltaron los Mossos d’Esquadra David Miquel y Valentín Anadón en el programa L’Oracle de Catalunya Ràdio, la “obediencia debida” que propugna la CUP y la ignorancia de la legalidad resulta propia del fascismo o de dictaduras. Esto quizás hay que empezar a emplearlo más a menudo: el uso de conceptos por parte del separatismo que, vestidos por una falsa apariencia de legitimidad, encierran graves quiebras del sistema democrático. Aunque da igual, porque ni así quieren enterarse, como demostraron los dos tertulianos  -periodistas que comparecieron en el programa a recibir una lección tras otra cada vez que intentaban que los Mossos -con argumentos y conocimientos difícilmente rebatibles, además de una perceptible experiencia- contestaran lo que ellos querían escuchar.

En el momento en que la legalidad se cumple a capricho, según interese, abandonamos la democracia y el Estado de Derecho para insertarnos en la república bananera. Eso se proponía ayer y Junts pel Sí admitió que la república bananera tuviera acceso al debate en el Parlament de Catalunya, cuando se instaba a desatender los requerimientos de la Audiencia Nacional por parte de los Mossos d’Esquadra. ¡Qué bajo se ha caído!

Tras el aturdimiento, el nacionalismo identitario se envalentona

Una semana han tardado los radicales de la separación en reaccionar al Manifiesto. Y la reacción, la propia de los radicales. Dan pena. Ya sabéis que a menudo repito que me parece muy bien que cada uno opine lo que quiera, pero que yo no estoy de acuerdo por X y fundamento mi posición en Z, y bla, bla, bla. Esta vez no. Dan pena.

A ver: si uno considera en su mundo mental interior que la hipotética Cataluña independiente debería tener sólo como lengua oficial (o de uso público, o como se la quiera categorizar) el catalán, está en su derecho. Ahora, también se debe estar dispuesto a aguantar las críticas. Pero claro, aquí los radicales sólo admiten las alabanzas. Las críticas no van en su ideario y la respuesta suele ser la de tildar de fachas a los que no están de acuerdo con ellos. Repito. Dan pena.

El paradigma de artículos justificando o semijustificando el Manifiesto (sólo comento uno por no aburrir enlazando una docena), la columna de Antoni Bassas “Manifestos i danys col·laterals“, en la que dice que se ha hecho uso, abuso y distorsión (¡distorsión!) de la afirmación sobre inmigración y colonización involuntaria. Distorsión. Claro, claro. No criticará Bassas la frase, no. Quién sabe si la suscribe. Quién sabe qué interpretación oculta le ha descubierto. La culpa es del crítico, que produce una distorsión del espacio-tiempo de la inmigración y la colonización involuntaria.

Por si eso no fuera suficiente, Bassas acude al recurso estrella del separatista radical. Sí, atribuir la culpa al enemigo exterior: “…qualsevol debat que plantegi una millora de l’estatus legal del català és una ofensa per a aquells que van pel món afirmant sense envermellir que el castellà està perseguit a Catalunya…“. No sé, igual yo soy corto de entendederas -qué caray, no lo soy- pero creo que nadie en su sano juicio ha propuesto la eliminación del catalán de la vida pública como plan de mejora del castellano. Al revés, con este Manifiesto, sí. Y por favor, que no salga el penoso de turno a decir que “explícitamente” no hay una frase que diga que el catalán debe ser la única lengua oficial. Esto se puede leer en más de uno y de dos artículos.

¿Que quieres una Cataluña monolingüe? Perfecto, pero aguanta mecha. Espera que haya quien no esté de acuerdo y exprese sus opiniones en contra, de forma acerada y dura. Acostumbrados a que se le rían todas las gracias, los nacionalistas radicales de turno primero callaron (o escribieron que eso ara no toca) y cuando han pasado unos días han reaccionado de forma penosa y patética, acusando a los críticos no se sabe exactamente de qué. Bueno, sí, de tener la culpa de todo.

El problema del Manifiesto es, sencillamente, identitario. Todo lo que han negado e intentado esconder durante estos años. Identitario. La últimas dos frases de Bassas así lo delatan: “El problema més delicat de percepció del manifest és entre els que han fet del català la llengua amb els seus fills. Que, per sort, són un bon munt.“. Mire Bassas: ni por buena suerte ni por mala suerte. Esto no es un problema de “percepción“. Es un problema de exclusión. Muy explícito. No tiene nada que ver con el hecho de que en mi día a día, por ejemplo, yo hable en catalán el setenta, el ochenta o el noventa por ciento del día. Como si lo hablo el cien por cien o como si no lo hablo. Es el sentimiento de exclusión que el Manifiesto ha exteriorizado y que los corifeos del separatismo están confirmando un día sí y otro también.

Y encima, ahora se las dan de valientes. Lo típico del nacionalismo identitario.

Las virtudes del Manifiesto

El Manifiesto (no hace falta dar más datos, nadie puede confundirlo con el Manifiesto Comunista) se ha convertido en una vara de medir bastante buena porque las medias tintas son claramente interpretables, lo cual constituye toda una virtud.

Esto es lo que pasa con Neus Munté. Hoy le han preguntado en rueda de prensa por el Manifiesto. Ha manifestado su “respeto” (bien desde su cargo institucional), que en todo caso el debate sobre la lengua correspondería al proceso constituyente (ay, que no te atreves a posicionarte y creo que vas en la línea de la página Elclauer) y que la lengua castellana tendrá reconocimiento y garantía de uso (no, no se ha posicionado). El resumen de e-noticies es fiel a la realidad. ¿Qué problema tiene Munté para referirse al bilingüismo o el monolingüismo? ¿Cree que levantará polémica lo que diga? ¿No la levanta el apoyo al inexistente derecho a decidir? ¿Ni que ella crea en su mundo interior que puede “hacer” la independencia? De hecho, ¿no está “haciendo” la independencia? ¿Pues por qué no la explica? Note el lector que Munté no ha tenido valor para salir con la respuesta más sencilla, como era remitirse al programa de Junts pel Sí. No sé, para mí que ese punto no la convence. Serán imaginaciones mías.

Como digo: toda una virtud del Manifiesto para saber “lo que de verdad piensan y a veces dicen“. Si te parece una tontería, lo dices claramente como Tardà. O como Ramoneda en este artículo.

Por cierto, ya sé que una cita de Hobsbawm  (Naciones y Nacionalismo) es un recurso barato y lo intento evitar, no siempre con éxito: “En todo caso, en el fondo del nacionalismo de la lengua hay problemas de poder, categoría, política e ideología y no de comunicación y cultura“. Más claro, ni el agua.

Algo a tener en cuenta

Estos días me hallo enfrascado con otro artículo alrededor de la cuestión del referéndum. Nada nuevo que no haya escrito, si bien con mayores (u otros) matices sobre temas ya tratados. El reposo de los asuntos, la reflexión, todo lo contrario al #tenimpressa, permite armar mejor los argumentos y valorar los peligros de dejarse llevar por un sugerente y a la vez tramposo #volemvotar.

Algo parecido creo que señala Miquel Iceta -ahora que existe una cierta polémica sobre una supuesta aproximación a Podemos por el referéndum- un punto de la entrevista que aparece completa en la versión catalana de EL PAÍS (edito: aquí la entrevista en castellano):

P. Al PSC encara hi ha veus que reclamen l’anomenat “dret a decidir”.

R. Ningú no sap què vol dir això. El dret d’autodeterminació existeix però no és d’aplicació a Catalunya i si es parla de referèndum cal dir què es vol preguntar. Cada vegada sóc més primmirat en els termes.

P. El programa del PSC del 2012 defensava l’“exercici del dret a decidir a través d’un referèndum o consulta acordat en el marc de la legalitat”.

R. La reforma constitucional és una consulta legal i acordada? Jo crec que sí. El que el PSC diu ara no és tan diferent del que deia llavors. Jo no faig servir l’expressió “dret a decidir” perquè no és clara, igual que quan ara algú demana el referèndum li dic que concreti la pregunta i la resposta.”

Celebro enormemente que un político, quien sea, diga que se ha vuelto puntilloso (“primmirat“; en EL PAÍS lo traducen como picajoso) con los términos y las fórmulas que se plantean cuando se habla de un hipotético referéndum. Más que nada porque, al menos, tengo la certeza de que alguien es capaz de formular objeciones no sólo basadas en la literalidad constitucional, sino también en la argumental opuesta a las simplezas del separatismo. Veremos cómo evoluciona y lo tendré en cuenta.

Con todo, la razón real del “Algo a tener en cuenta” es la entrevista a Jordi Turull en RAC1, donde, según recoge también EL PAÍS habría dicho con relación al Manifiesto contra el castellano que “ha de tenir-se en compte“. Sin lugar a dudas, lo tengo en cuenta y muy presente. Procuraré que no se me olvide.