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Secesión y nacionalidad explicada para dummies

De vez en cuando cae en mis manos, o en mi pantalla, alguna mención sobre la nacionalidad, la secesión y la doble nacionalidad que defienden los secesionistas. Las razones para descartar con altas probabilidades esa opción están ya más que trilladas. Pero como Democràcia i Llibertat (antes llamada Convergència; en la página 44 del documento enlazado) o ERC siguen insistiendo de vez en cuando sobre el tema, hoy toca entrada para dummies. Voy a prescindir de aburridas cuestiones legales y nos situaremos en escenarios hipotéticos.

A ver:

  1. Pongamos que dos millones de españoles residentes en Cataluña (o sea, catalanes, no voy a andarme con circunloquios que compliquen la explicación; es para dummies) logran la secesión y crean un nuevo Estado, llamado República de Cataluña.
  2. Los catalanes (ahora ya son siete millones y medio, aunque mayores de edad no llegan a cinco millones y medio) deciden que sólo quienes residen en Cataluña en la fecha de la secesión acceden a la nacionalidad catalana otorgada por el Estado catalán.
  3. Por lo tanto, los catalanes deciden que, en cuanto crucen la frontera en dirección a Cataluña, cuarenta millones de españoles con los que hasta la fecha han compartido nacionalidad, serán considerados extranjeros.
  4. Esos mismos catalanes que han extranjerizado a cuarenta millones de españoles (y no cuento a los que, residiendo en Cataluña, probablemente acabarían siendo extranjeros también) afirman que, en cambio, cuando cruzan la frontera en dirección a España, ellos son españoles porque tendrán la doble nacionalidad automática.
  5. A la vista de lo que se expone en los puntos 3 y 4, conteste el lector: ¿qué decisión le parece más probable que tomarían 40 millones de españoles, extranjerizados en Cataluña?: A) Los cuarenta millones de españoles deciden que si los catalanes los extranjerizan, alguna decisión recíproca deben tomar al respecto, como obligar a escoger entre la nacionalidad española y la catalana, y extranjerizar a aquellos que tomen la nacionalidad del Estado catalán. B) Los cuarenta millones de españoles se alegran de ser extranjeros en Cataluña y celebran que 7,5 millones de catalanes les consideren extranjeros en Barcelona; no sólo eso: celebran que todos esos catalanes serán connacionales cuando vengan a Zaragoza, por lo que no adoptarán ninguna decisión que pueda extranjerizar a los catalanes.
  6. Justifique el lector, en todo caso, su respuesta en caso de haber escogido la letra B. Si lo desea, también puede justificar la respuesta A.

 

La homogeneidad del nacionalismo y sus manipuladas fuentes

El otro día, y tras leer el documento «Razones para pactar, motivos para convivir» (enlace EL MUNDO) me indignó especialmente, como señalé en un comentario, el siguiente pasaje: “Empíricamente, el gasto social como porcentaje del PIB es superior en los países más homogéneos. (…) En países grandes, los gastos administrativos y los derivados de la congestión pueden superar las ventajas sustanciales de sus dimensiones. Cuando los países crecen, aumenta la diversidad de preferencias, cultura, lengua e “identidad” de la población. En este sentido, los estados más pequeños serían más homogéneos y se beneficiarían de un mayor grado de eficiencia.”.

Estos párrafos se basan, o pretenden basarse, en determinadas afirmaciones que contendría la bibliografía que se cita en el documento antes indicado. Como podéis imaginar, se trata de frases o conclusiones que, convenientemente entresacadas, intentan producir exactamente el efecto que literalmente se desprende de las mismas (la «pátina» de prestigio a la que el otro día me refería).

Tras investigar un poco la materia y la bibliografía citada se confirman dos tesis:

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La ética y los valores morales de la secesión

Es indudable que la pretensión secesionista tiene entre sus pilares fundamentales un sentido irreprochable de la ética y la moral. Mentira. Ese sentido puede existir, de manera sincera a la vez que irreal, entre los seguidores de la secesión. No entre sus élites, entre quienes crean los mensajes y sus transmisores, principalmente los medios de comunicación afectos. Ética, ninguna. Veamos un ejemplo práctico.

Salvador Cardús es uno de los intelectuales que da pátina de una cierta apariencia de prestigio a la secesión. Miembro del CATN, articulista, implicado políticamente con Junts pel Sí, entre otras muchas cosas. Desde su influyente posición contribuye, junto a muchos otros, a formar un estado de opinión que cambia como una veleta según interesa. Hoy digo una cosa, mañana la olvido y defiendo otra como si la primera nunca hubiera existido. Esto es algo que ya he comentado otras veces. Un simple repaso -no es exhaustivo, no vale la pena- a sus artículos semanales en el Diari Ara nos lo confirma. Resalto en negrita las frases más significativas de los párrafos que mejor sirven a lo que luego diré:

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