Archivos Mensuales: agosto 2015

Proselitismo secesionista (II)

Si hay algo que a cualquiera de nosotros nos gusta es ver cómo nuestras “predicciones” más o menos se cumplen. En mi última entrada analizaba el intento actual del secesionismo por captar a una parte del electorado que, según su particular visión de las cosas, “no habla catalán” (frase con un montón de prejuicios e inexactitudes dentro, pero ese es su problema, si de verdad quieren captar al segmento al cual se dirigen).

Esta semana me encuentro hasta tres muestras de ese intento (tardío, seguro; eficaz, no lo sé, aunque a mí no me lo parece) de captación:

  1. El más llamativo. Xavier Sala-i-Martín pone a disposición del público su libro “És l’Hora dels Adéus” en castellano y de forma gratuitacon el título “¿La Hora del Adiós?“. Según explica en su web, se trata de una traducción mecánica, sin supervisión humana, de lo que deduzco que será una traducción tipo Google Translator o similar. Por la ojeada que le he dado, parece aceptable.
  2. Uno que genera opiniones encontradas. Un vídeo con Antonio Baños, Sor Lucía Caram, Juanjo Puigcorbé y Karmele Marchante conversando en castellano sobre el futuro de las pensiones.
  3. Una frase entresacada de un artículo de EL PERIÓDICO (precisamente, sobre el poco peso del separatismo en el Área Metropolitana de Barcelona) en que, refiriéndose a Eduardo Reyes, de SÚMATE, alguien (al parecer, Convergente) habría dicho: “Este es quien ha de estar en los barrios, comiéndose unas bravas y unos chocos, intercambiando chascarrillos con la gente“.

Como señalaba en mi artículo anterior, creo que el enfoque de estas iniciativas (que me parecen absolutamente lógicas, por cierto) parte de prejuicios y tópicos que sus potenciales receptores captan con suma facilidad:

  1. En el caso de Sala-i-Martín, ¿por qué no antes? (antes en castellano; que sea gratis o no, o la traducción mecánica, me da igual)
  2. En cuanto al vídeo: ¿Karmele? ¿A quién se dirige con esta elección? ¿Y la monja? Si estos personajes fueran las elegidas para difundir cualquier otra campaña, el mensaje sin lugar a dudas se vería ridiculizado.
  3. La frase. Aun admitiendo, que ya es admitir, que hay que contextualizarla, otra vez estamos ante el esterotipo y el prejuicio. Nadie promocionaría el proselitismo con grana de capellà i ratafia o moscatell (frutos secos y ratafía o moscatel, muy típico de una sobremesa de “pueblo”).

Proselitismo secesionista

Que el secesionismo no llega a la abrumadora mayoría social que pregonaba hace un par de años es una evidencia que ya expliqué hace tiempo y que refrescaba en el artículo anterior. No es tanto que lo diga yo, sino que se desprende del propio lenguaje secesionista, que ha pasado de la “mayoría social” a los 68 diputados para declarar la independencia. Si al final existe mucha gente o poca que apoya a la lista que propugna la independencia, ya se verá, y dejo ese análisis para otro momento.

Lo que ahora ya se ve, desde hace unas semanas, es que proliferan artículos en medios afines a la secesión que abogan por ampliar su mensaje más allá de las masas a las que tienen convencidas, hacia otros segmentos de población que han mostrado poco entusiasmo por la separación. Esto me parece lógico y es lo que hace cualquiera: intentar aumentar la cuota de mercado, que en este caso supone aumentar la base de votantes o apoyos. Para eso, se han fijado esencialmente en el área metropolitana de Barcelona o, por decirlo en los términos que leía en este artículo en Vilaweb, “la gent que no parla català“. En un movimiento que parece orquestado, aparecen de repente testimonios, reales o falsos, vaya usted a saber, como unas “cartas de mi primo andaluz” o el artículo enlazado firmado por Joan-Lluís Lluís. Digo orquestado -tampoco voy a hacer de ello un drama- porque, ¡oh sorpresa!, habitualmente este tipo de testimonios o le da la razón al secesionista o apenas presenta argumentos en contradicción. Vaya, que me parece que están creados para compartirlos por Facebook a lo loco y como medio de transmisión del mensaje de la secesión.

Como digo, tampoco me interesa demasiado si son testimonios reales o ficticios, y me fijo más en el contenido, en el que los interlocutores son medio bobos. Y por ahí va mal el mensaje, muy mal. Convencerán a sus propios condiscípulos, pero poco más. Veamos qué ha escrito el sr.Joan-Lluís Lluís en su “casual” paseo por Mollet del Vallès, en que “casualmente” topa con dos hombres de unos 30 años que “casualmente” son unos ignorantes.

Dice el sr.Lluís que no puede resistirse a inmiscuirse en la conversación privada que tenían esos dos jóvenes y evangelizarlos con la buena nueva de la secesión, tras oírles hablar de fronteras. Les intenta convencer de que no habrá fronteras con esta frase: “Perdoneu, però de mossos d’esquadra, a la frontera amb Espanya, no n’hi haurà… És impossible que n’hi hagi, per això de Schengen, el pas serà lliure per tothom…“. Resulta, según Lluís, que los hombres desconocían lo que era Schengen. Benditos ellos, que viven en la inopia. Como todos sabemos, los que no apoyan la secesión son unos ignorantes. Claro que Lluís se excede un poco en el contenido, porque extiende Schengen a la libre circulación de capitales y servicios, y ese no es el objeto del Acuerdo, pero se lo vamos a disculpar porque al menos conoce Schengen.

También nos explica Lluís que “…pensen que viure a Mollet del Vallès és viure a Espanya. Si més no, és així com volen sentir-se cada dia: a Espanya“. La libertad individual de los jóvenes, como todos sabemos, debe ceder frente al sentir del pueblo, representado por el autor del artículo. Claro que Mollet del Vallès, al menos hoy, forma parte de España. Respeto que el autor no lo comparta, pero ya vemos claramente por dónde va y por eso apuntaba antes que el mensaje lo enfocan bastante mal.

Joan-Lluís, al menos, reconoce que no podemos saberlo todo y escribe: “No podem saber-ho tot de tot, i no els culpo de la seva ignorància perquè, com ho diu un proverbi “La ignorància és un sac buit, la imbecil·litat és un sac buit amb un forat al fons” I veig que d’imbècils no en tenen res.“. Gratuito, sin duda.

Empieza la destrucción de sus razonamientos: “Raonen en funció dels paràmetres que coneixen, és a dir de les informacions que els forneixen els canals de comunicació espanyols.“. Aaaahhh, o sea, que los chicos viven capturados por los canales de comunicación españoles, esos que transmiten mentiras y miedos, como los que Salvador Cardús explica con total error. Evidentemente, si los chicos vieran TV3 y encadenaran la visión de Artur Mas y de Oriol Junqueras estarían mucho mejor informados y conocerían la verdad. Ya saben: escuchen a Pilar Rahola citando La Haya, Antoni Bassas atribuyendo los desórdenes de Can Vies a maquinaciones insidiosas, o Anna Simó negando haber dicho Espanya ens roba y estarán informados de verdad.

Me fascina también la perspicacia de Lluís para introducirse en la mente de los dos hombres y saber lo que piensan: “Així pensen que amb una Catalunya independent, hi hauria, a la ratlla fronterera, d’una banda mossos d’esquadra i de l’altra guàrdies civils, armats i malhumorats.“. Por cierto, tal y como está puntuada la frase y colocada la última coma ¿debo entender que tanto Mossos como Guardias Civiles estarían armados y malhumorados, o sólo los Guardias Civiles? Yo entiendo que la solución correcta es la primera. Que estén armados es comprensible, pero ¿malhumorados? ¿Por qué? Ayyyy, que creo que el subconsciente del autor le traiciona (como en todo el artículo, vaya).

Por suerte, la evangelización aporta calma y serenidad: “Els vull tranquil·litzar: “No notareu que passeu la frontera, etc (no hace falta el resto de la frase, ¿no?)“. De nuevo, ese subconsciente. ¿De qué les quiere tranquilizar? Claro, con esa actitud, no es de extrañar que no osen responderle, aunque en realidad lo que sucede es que, como he escrito antes, los deja por medio bobos. Lo cual es posible, y sospechosamente adecuado a los fines del artículo y el tufillo de suficiencia que desprende. [El lector habitual del blog ya habrá notado que ni me molesto en rebatir las “tesis” que desliza el articulista]

A continuación, y con algo más que suficiencia: “Però, aprofitant que són prou bones persones per deixar-me creure que em creuen, abordo l’altra qüestió: “De totes maneres, ningú us traurà la nacionalitat espanyola, la podreu guardar tranquil·lament”. Para escribir esto, o tienes muy baja la autoestima o, efectivamente, tomas por tontos a tus interlocutores, quienes sin rechistar concluyen en aceptar otra tesis aplastante: “Bé, tothom qui visqui a Catalunya serà català, però tothom qui vulgui podrà continuar essent espanyol, excepte si Espanya s’hi oposa, però no crec que ho faci”. I veig que no tenen cap dubte que mai Espanya no s’hi oposarà.” Un tema que genera hasta chispas virtuales en Internet entre la gente más vehemente (y algo radical, a veces), esos dos ositos de Mollet se lo creen sin oponer objeción alguna. Vaya, que cada vez me creo menos el texto.

El tercer y último tema de “debate” es: “simplement els pregunto: “Però no heu parlat mai amb gent de Súmate?” “…Amb qui?…” No saben res de Súmate, és evident, ja que els mitjans de comunicació que consumeixen es guarden prou de parlar-ne.” ¿Y qué medios de comunicación consumen? ¿Cómo lo sabe? ¿Porque hablan en castellano? ¿Porque no saben qué es Schengen? Ya puestos, en lugar de Súmate, les podía haber explicado el fulminante ascenso en el nivel educativo que supondría la independencia y que, pese a su edad, a ellos les afectaría de lleno.

Acaba el artículo haciendo unas reflexiones completamente llenas de prejuicios: “…arribar a tots els barris de Catalunya en què es fa una vida tan espanyola, o tant d’una altra cultura…” o “Una gran part d’aquests indecisos no parlen català habitualment i tenen uns hàbits diaris vinguts d’altres països -Espanya o molts altres…“.

Conclusión. Ironías, bromas y cachondeos aparte, si el proselitismo separatista se pretende llevar a cabo como pretende Joan-Lluís Lluís el fracaso está asegurado: tratar de ignorante a aquel al que quieres convencer, oponerte a su forma individual de conducir su vida (siempre que no choque con la convivencia y el respeto mutuo) y dejar traslucir claramente esa oposición porque lo desapruebas es una forma pésima de abrir camino. Y si no está lleno de prejuicios, a qué viene ese hincapié en que piensan que viven en España, o que hay barrios con una vida “tan española” (¿qué significa? ¿que comen langostinos con gabardina, si es que todavía existen?), o que tienen hábitos diarios venidos de otros países como España (¿se ducharán más en Lucena TACHADO POR TÓPICO Zaragoza que en Vic?).

Aun cuando, quizás, el articulista crea haber cuadrado una gran historia, a mi entender desprende lo peor de los prejuicios propios del secesionismo más extremo. De manera facilona, llena de suficiencia y un punto despectiva todavía se etiqueta a determinadas personas de una manera que podría haber anticipado simplemente con la lectura del primer párrafo. Y eso no es nada bueno. Ni para la convivencia ni para captar votantes o apoyos.

Mayorías de plastilina para una secesión

Este artículo fue publicado en diciembre del año pasado. Ahora que es inminente la convocatoria de elecciones para el 27 de septiembre, he considerado conveniente recuperarlo, sin tocar absolutamente nada, y comprobar en qué acerté y en qué me equivoqué. O si algún criterio de los que expongo ha sido erosionado por algún nuevo razonamiento. Lo dejo a criterio del lector, aunque alguno ya me recordó recientemente su lectura ;-D . Por otra parte, también me va bien para enlazarlo con otro, de mucha menor elaboración teórica y más empírica, que estoy elaborando, a raíz de una columna que he leído hoy.  El artículo, que tiene problemas de estilo y formato que ahora no voy a corregir, llevaba por título

Mayorías de plastilina para una secesión

1. La cuestión de las mayorías

Después de la conferencia de Artur Mas y su pretendida hoja de ruta, son ya varios los analistas que se han fijado en la cuestión de la mayoría requerida para culminar su pretendido plan secesionista, como Víctor Lapuente, Rafael Arenas, Jordi Carrillo, Carles Pastor o Francisco Morente.

Se trata del típico asunto que el secesionismo evita afrontar en profundidad y posterga para un dudoso futuro, mientras distrae la atención con elecciones plebiscitarias y listas únicas. Conocemos los mágicos beneficios de la secesión en todas sus vertientes, con toneladas de artículos, libros y documentación diversa para avalarla. Sin embargo, cuando se trata de definir un supuesto referéndum, sus bases y las mayorías legitimadoras para una hipotética independencia, esta información resulta escasa. Tanto hablar de referéndum y del deseo de votar, pero la cortedad argumental es palmaria, hasta el punto de que es un tema que uno diría que casi ni se plantea.

Hagan una prueba: pregunten sobre las ventajas económicas de la independencia y pregunten por la mayoría necesaria para declarar la independencia. Mientras que tratarán de arrollarnos con respuestas a la primera pregunta, en cambio con la segunda las vacilaciones serán evidentes: ¿una mayoría excepcional?, ¿una mayoría clara?, ¿mayoría absoluta en el Parlamento?, ¿mayoría simple de los votantes de un hipotético referéndum?, ¿mayoría reforzada?, ¿mayoría absoluta del censo electoral? Muchos interrogantes y pocas respuestas para una cuestión fundamental.

Por este motivo, entre otros, uno piensa que la confianza en la existencia de una mayoría social, término usado por el secesionismo, es poca y se prefiere rebajar al máximo los requisitos exigibles para alcanzar una hipotética independencia. En este artículo se comentará el tránsito desde la amplia mayoría social con la que se dice contar hasta la disminución rampante del peso de las mayorías que se exigiría para una declaración de independencia, todo ello de forma abiertamente contradictoria con los mensajes lanzados en los últimos años.

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Salvador Cardús, Unió Europea, discurs de la por i mentida

Ja sabem que un dels arguments preferits, o l’argument preferit, dels partidaris de la secessió davant de qualsevol raonament en contra és el d’acusar-te de fer “discurs de la por”. Amb això acaben tot debat i s’hi mantenen amb absoluta tenacitat, amb la finalitat de negar qualsevol opció diferent a la seva.

Sense anar més lluny, avui diumenge dia 2 d’agost trobo dos articles de premsa que en el seu títol porten la paraula “por”, que com dic és una mena d’amulet de la sort que fan servir, també contra els anomenats “indecisos”, a qui solen acusar de deixar-se intimidar per les mentides (sic) que, segons el seu criteri, implica qualsevol contradicció als seus arguments. Aquí, el primer i el segon article.

D’aquests dos, comento l’article “Eleccions contra la por“, de Salvador Cardús, qui diu: “… des del punt de vista dels qui estem disposats a assumir els riscos derivats d’aconseguir la independència de Catalunya, el perill no està en la pròpia secessió, sinó en l’èxit de les pors inventades pels qui volen impedir-la. És a dir, el problema no són les pors raonables per haver de seguir un camí gens fressat, sinó les pors derivades de la credibilitat que es doni als espantalls amb què l’adversari vol atemorir l’independentisme. I d’aquestes pors ens n’hem defensar sense reserves“.

Com a exemple d’aquestes “mentides” i “pors inventades” recorre a un dels clàssics: la Unió Europea i “l’expulsió” del si d’aquesta organització pel cas de secessió. En l’article llegim: “Per posar-ne un exemple: dir que la independència significa l’expulsió de la Unió Europea és simplement mentida. La veritat és que és difícil que Europa vulgui i pugui prescindir d’una regió tan pròspera com Catalunya, i que a més sempre s’ha mostrat molt pragmàtica perquè sobretot és una comunitat d’interessos, i el més probable és que es busquin fórmules transitòries per evitar els trasbalsos econòmics i fins que sigui possible una solució definitiva. La veritat, doncs, redueix el temor a la seva justa mesura.

En primer lloc, com sempre tenim l’ús deliberadament imprecís del llenguatge. Tècnicament, no es produiria una expulsió, sinó que el territori català quedaria exclòs, en no formar part d’Espanya. Però és evident que expulsió sona molt pitjor que exclusió. De fet, la primera paraula dóna a entendre una certa injustícia, mentre que la segona suggereix que la responsabilitat és teva.

En segon lloc, l’argumentació de Cardús, que no aporta gaire justificacions, més enllà del “pragmatisme” o “fórmules transitòries” gens definides, queda desmentida per Carles Viver Pi-Sunyer, qui en la Comissió d’Estudi del Dret a Decidir, i comentant l’informe sobre les vies d’accés a la Unió Europea va explicar: “…Dir: «És que ens quedarem a dintre.» Doncs, ara veurem que possiblement no ens quedarem a dintre.”. Ho diu de manera força clara i suposo que Salvador Cardús no el tractaria de mentider, o sí?

És cert que més endavant, Viver afluixa una mica (recordem, president del CATN) i diu: “…les tesis que afirmen que un eventual estat independent quedaria automàticament fora de la Unió Europea i per integrar-s’hi caldria que li apliquessin l’article 49, que és el de l’adhesió ordinària…, si això no està previst expressament, aquestes tesis són tesis que –com a mínim, des del punt de vista jurídic– utilitzen uns arguments que no són incontrovertibles, per no dir que no són sòlids jurídicament. Però, al mateix temps, cal reconèixer que tampoc pot aportar arguments sòlids la tesi contrària, els que diuen: «Ens quedem segur a dintre.» No, miri, no està previst. I, per tant, ni podem afirmar que ens quedem segur a dintre, ni poden afirmar, els que mantenen la tesi contrària, que ens quedarem fora i que haurem de seguir la via ordinària, no?“.

Viver diu que tant pot ser que sí, com que no i que no hi ha arguments sòlids per a cap postura. Disculpin, però jo discrepo. Ja hem vist, però, que Cardús queda desmentit per Viver, o sigui que s’equivoca (per no utilitzar un altre verb) quan diu que és mentida que Catalunya quedaria fora de la Unió Europea. Com a mínim, i segons admet Carles Viver, és possible.

I és que si atenem a l’explicació de Gregorio Garzón Clariana, Catedràtic de Dret Internacional Públic i exjurisconsult del Parlament Europeu (o sigui, el qui més en sap de tots tres sobre aquesta matèria), resulta que en la mateixa Comissió d’Estudi del Dret a Decidir, quan va comparèixer va dir: “En general la successió d’estats, com he dit abans, és complexa i hi ha diverses solucions, però per a aquesta hipòtesi concreta s’ha de dir que la pràctica és gairebé uniforme. I quina és la solució? Doncs, la solució és que l’estat membre que pateix una secessió continua sent membre de l’organització –si no desapareix del tot, aleshores la qüestió ja és una altra hipòtesi que ja no és la secessió, naturalment– i, en canvi, l’estat producte d’aquesta secessió hi ha de demanar l’adhesió seguint els procediments habituals.“.

Més endavant, Garzón es planteja la qüestió aplicada concretament a la Unió Europea i és fàcil d’entendre el seu discurs: “Tenint present tot això, la bona qüestió seria quin és el pronòstic sobre la posició que podria prendre el tribunal, no? –seria la bona qüestió. Bé, aquí el que s’ha de saber, per començar, és que, com a regla general, el que fa el tribunal quan hi ha solucions de dret internacional és aplicar aquestes solucions excepte si veu una bona raó per no fer-ho. Aquesta n’és la línia de la jurisprudència des de sempre, i alguns de nosaltres ens hem pogut il·lustrar fent pronòstics sobre sentències del tribunal precisament partint d’aquesta hipò- tesi: l’encertes mot més per tindre aquesta hipòtesi que si parteixes de la contrària, això és el mínim que es pot dir. Això també és normal perquè, entre altres coses, els tractats de la Unió són tractats internacionals, s’han d’interpretar segons les regles de dret internacional, i una d’aquestes regles –vostès la trobaran en l’article 31 del Conveni de Viena sobre el dret dels tractats de l’any 1969– és que les disposicions s’han d’interpretar a la llum dels principis rellevants, pertinents de dret internacional aplicables.

La solució jurídica de la qüestió, doncs, és clara, segons aquest Catedràtic (bé, i segons els principis generals de la pràctica internacional, encara que Cardús ho negui i Viver no acabi de donar-li crèdit i digui que no és clar), que, dit sigui de pas, descarta que la tesi de l’ampliació interna tingui algun tipus de base jurídica, de forma bastant contundent: “Bé, aquest és un enfocament efectivament atractiu i interessant, però –ho diré immediatament– mancat de base jurídica als tractats; no en té.

Per tant, i en la persona de Salvador Cardús, quan nega que una Catalunya independent pugui quedar exclosa de la Unió Europea, tenim una prova fefaent de que el discurs de la por és un invent del separatisme per tal de no abordar alternatives desfavorables que, com en aquest cas, tenen un sòlid fonament jurídic.

Com sempre, és també inqüestionable que altres solucions són possibles (m’estalvio ara el càlcul de probabilitats, no és el tema), però no diguin que la possibilitat d’una sortida de la Unió Europea en cas de secessió sigui mentida. Perquè, aleshores, el qui diu això es converteix en mentider.