Archivos Mensuales: abril 2015

Xavier Sala-i-Martín y la tontería que no cesa

Ayer (24 de abril) escuchaba RAC1 cuando, en las noticias, explicaban que en la categoría de libro de no ficción Xavier Sala-i-Martín había sido líder de ventas en Sant Jordi con su «És l’hora dels adéus?», lo cual es meritorio teniendo en cuenta que salió, más o menos, en septiembre.

Haciendo gala a su tontería eterna, en su «análisis» de las razones por las que fue líder de ventas, el economista dijo lo siguiente en lectura política: «Las ventas elevadas de un libro sobre el prusés, ayer, o de varios libros sobre el prusés, ayer, demuestra que la gente no se desanima… que estas amenazas, pues, o estos estos intentos de desinflar pues no funcionan, y de alguna manera, de alguna manera, ayer votaron, la gente que podía votar qué libro comprar, pues la gente otra vez salió y dijo: escucha, votamos a este».

A estas alturas, uno ya no puede pensar sino que estos intelectuales secesionistas, o los políticos, o los agitadores de masas, toman por idiotas a los partidarios de la secesión. En primer lugar, porque a Sala-i-Martín le traiciona su subconsciente y le sale la palabra «amenaza», que es una palabra muy usada por el secesionismo cuando se carece de argumentos: ¿amenazas? ¿hubo amenazas para no comprar libros? ¿y en especial el de Sala-i-Martín? Porque de «amenazas» a «intentos de desinflar» (¿cómorrrr?) existe un gran trecho, el de la tontería, por supuesto. Pero lo que ya es el colmo de la tontería es lo de la lectura del «voto»: comprar un libro como expresión del independentismo. ¡Por favor! Soy independentista y no lo sabía por culpa de mi curiosidad lectora. Por cierto, el domingo vendo ese libro en una feria de trastos viejos e inútiles a un módico precio y con sólo un par de anotaciones en lápiz.

Aquí tenéis el corte para escuchar (si de verdad lo creéis necesario) lo que dice Sala-i-Martín.

http://www.ivoox.com/sala-i-martin-lectura-politica_md_4404461_wp_1.mp3″ Ir a descargar

Si no tuviéramos suficiente con lo anterior, la siguiente tontería es la amnesia recalcitrante del secesionismo. En mis tiempos se decía que tenías que comer “cues de pansa” (el rabo de la pasa, para quien no lo entienda) para no ser olvidadizo, que es un mal muy extendido en el sector separatista. Lo ventilo rápido: ayer (24 de abril) se celebraba un mega-ultra-súperacto en el Sant Jordi con lleno absoluto de 16.000 personas. Hasta aquí, todo normal. Fantástico y nada que objetar. Sucede, sin embargo, que hace unos días a alguien se le ocurrió ponerse estupendo y fijarse como objetivo llenar por completo el anillo olímpico de la montaña de Montjuïc, como podéis leer aquí, aquí (se menciona la cifra de 40.000 personas), aquí y aquí. ¿Habéis escuchado algo de que se haya llenado el anillo olímpico? ¿Y algo de que NO se ha llenado? Aaaayyyy, esa flaca memoria de pez… Lo dicho, una tontería tras otra. Por cierto, creo que ni siquiera se ha llenado a rebosar en lo que tenía que ser una «demostración de fuerza».

Dejo para otro día el análisis de la terminología secesionista, entre bélica e infantil, cuyo corolario máximo ha sido lo de «vencer al dragón» por parte de Artur Mas, frase pueril -y que también toma por idiotas a los ciudadanos- encajada sin pestañear por los medios de comunicación provincianos (distinto de provinciales) del lugar.

Edito: En Vilaweb sí que tienen memoria.

El derecho a decidir era un engaño

Esto del prusés se le está haciendo muy largo a muchos partidarios de la secesión, y es por eso que los menos dotados escriben textos como el de este enlace (si no tenéis ganas de leerlo, el artículo se titula «Som millors», con lo que ya os podéis imaginar el contenido) o este otro (titulado «El prusés») en que el autor se queja amargamente de que muchos nos refiramos, con sonora retranca, al prusés y no al Procés, en mayúsculas y voz grave. El nivel de este sector radical es bajo y, aunque no sean una muestra representativa de nada, sí que delatan la exteriorización del mal fondo que anida en una parte del nacionalismo. Tampoco merecen mayor atención y pasamos al sector de superior responsabilidad, el del Full de Ruta u Hoja Parroquial ampliada.

Esa Hoja de Ruta, que consiste en un folio y medio (madre mía, un proceso de secesión en folio y medio), ha sido ampliamente celebrada por periodistas y medios afectos a la causa, aunque no puede decirse lo mismo del ciudadano medio que abraza el independentismo, que empieza a asumir de manera mucho más crítica los mensajes que se le pretenden endosar: se le dice que las elecciones serán plebiscitarias, pero muchos comprenden que eso es más que dudoso; que con una mayoría absoluta pelada de CiU, ERC y CUP declararán la independencia, pero eso parece como muy raro y genera dudas acerca de quién lo reconocería; que el Derecho a Decidir es un Derecho Humano y un Derecho Fundamental… y resulta que no aparece en la Hoja de Ruta. Vaya, que el Derecho a Decidir era un engaño, tal como suena. Esto, que tantos hemos repetido, se verifica por la vía de los hechos secesionistas.

Como esta entrada la inicié hace unos días y me cuesta mucho escribirla, va saliendo material -en forma de declaraciones u opiniones, no podemos esperar argumentos teóricos sólidos- que, de una forma u otra, corrobora mis tesis, como Quim Arrufat diciendo que “Hay que quitar identitarismo a la independencia” o el mismísimo Vicent Partal reconociendo que queda mucho trabajo por hacer cuando queda poco más de cinco meses para unas supuestas elecciones “plebiscitarias”. Las vacilaciones entre el secesionismo, que se expresaba antes con una seguridad arrolladora, son enormes. Eso no quita fuerza a la existencia de una potente corriente independentista, que no obstante se demuestra que no es tan mayoritaria ni cuenta con fundamentos ni principios del calibre que les gusta creer a algunos.

Otra nueva muestra ha sido la convocatoria de la ANC para llenar la Meridiana. No dudo de que será un éxito de dos o tres millones o más de personas, pero la iniciativa ha sido acogida con bastante frialdad, como no puede ser de otro modo. Y es que a la gente, así, en general, le parece ridículo que se celebre una “cumbre” sobre el yihadismo y los medios de comunicación sólo se preocupen de vigilar si Rajoy ha dicho una cosa o Mas ha dicho otra. El mismo rollo desde hace tres años, como hoy (este párrafo lo escribo el 13 de abril, pero la entrada la empecé hace semanas) incluso le ha apuntado Josep Cuní a Pilar Rahola (con otras palabras, por supuesto). Me da lo mismo que se trate de un medio favorable a la secesión, en contra o que se limite a reflejar lo que sucede. Es ridículo.

A todo esto, y como apunta el título de esta entrada, el Derecho a Decidir ha sido completamente borrado del discurso secesionista y, con ello, del discurso de todos los independentistas que me rodean. Algunos por aburrimiento, otros (mayoría), simplemente, porque ya no lo escuchan en los medios de comunicación y, en consecuencia, ya no lo repiten. Este es un discurso que también irrita mucho al separatismo: afirmar que existe un componente seguidista acrítico bastante importante. Como de costumbre, la realidad lo demuestra: difícilmente encontraréis en la actualidad a un partidario de la secesión que defienda tesis sobre el derecho a decidir. Te repetirán los deslavazados argumentos actuales, cuyo mensaje no se sabe muy bien distinguir, más allá de frases ampulosas y vacías, pero del derecho a decidir, ni rastro.

Es simple: el derecho a decidir no existe, era un engaño con el que se pudo mantener en tensión a mucha gente hasta que se han cansado. Si aparece el cansancio es porque se jugó con la emoción, y bien sabemos que la euforia no se puede mantener de manera indefinida. Pues a eso juegan, a la euforia.