Archivos Mensuales: octubre 2014

Lecturas: Un Fernandes entre banderas, de Ricardo Fernández Aguilà

Tuve noticia del libro que hoy reseño, «Un Fernandes entre banderas. Cuando ser catalán y español es una apuesta posible» por la crítica de Manuel Cruz en EL PAÍS. Tras buscar un poco más, me pareció interesante y lo pedí. Recibido el viernes, ya está leído, prácticamente de un tirón, porque son ciento ochenta y una páginas de muy rápida lectura.

El autor, Ricardo Fernández Aguilà, desgrana un retrato agridulce de la situación actual en Cataluña, desde el punto de vista de quien ha vivido con absoluta normalidad y compatibilidad durante toda su vida la dualidad Fernández – Fernandes (que, para quien no lo sepa, es la pronunciación «catalana» del apellido), y ahora ve cómo esa placidez se resquebraja a pasos agigantados. Nada mejor para definir el perfil del escritor que una frase escrita en el capítulo ¿De dónde salen los Fernandes?, en que -y pese a que saco un poquito la frase de contexto, aunque no traiciono la idea, faltaría más- dice: “A un Fernandes, a alguien a quien le cambiaron el nombre y se quedó tan contento porque estaba por otras cosas que le importaban más…“. Quede claro, pues, que se trata de alguien sin prejuicios (“…nos cuesta decir sólo «sí» o «no» a ciertas preguntas y quedarnos satisfechos“) que se decide a exponer su criterio.

En esa crónica particular, Fernández detalla diversos aspectos, entre muchísimos otros, que han podido contribuir a generar y acelerar el proceso en que nos vemos inmersos. Reparte hacia la visión más cerrada, intransigente y poco comprensiva de España respecto a su pluralidad, pero tampoco ahorra en señalar algunos de los múltiples vicios y trampas utilizados para fomentar el sentimiento de separación entre Cataluña y el resto de España, que a nivel de percepción individual es más imaginado que real, como se encarga de mostrar en un particular recorrido por Madrid, Sevilla y Mequinenza. Aun así, no deja de percibir una cierta lejanía o un «esto no va del todo conmigo» en algunos casos y critica la ausencia de un liderazgo encaminado a hallar alternativas.

Uno de los riesgos de mostrar defectos de unos y otros es el de caer en la equidistancia, no tomar un partido firme, que es cosa muy distinta de la ecuanimidad a la que alude José Antonio Zarzalejos en el prólogo de la obra, refiriéndose a la descripción de los hechos observados por Ricardo Fernández. No cae en ello. Precisamente, cuando uno puede tener esa sensación al avanzar en la lectura, se posiciona de manera muy clara: “La promesa de que esto se arreglará si de un Estado hacemos dos, ni la veo clara ni la deseo.

La percepción crítica del independentismo -y no faltan ejemplos- queda perfectamente resumida en algo que todos los que vivimos en Cataluña escuchamos y leemos cada día: España es una palabra casi proscrita, sustituida habitualmente por el «Estado español». Sin embargo, esta palabra toma una visibilidad absoluta para acentuar cualquier cosa negativa, con su paradigma en el famoso «Espanya ens roba» (España nos roba), que, como todo lector habitual de este blog sabe, dirigentes de ERC niegan con todo el descaro haber dicho nunca.

El tono de Fernández Aguilà es en todo momento moderado, prescinde de las palabras exageradas o de la censura sin paliativos, y predomina la reflexión acerca de cuestiones ya habituales: ¿cómo se ha llegado hasta aquí? ¿cómo podrá salirse de esta complicada situación? Siendo ello importante, esencial en este libro es la desazón que lo impregna. Y es que la realidad Fernández / Fernandes vivida por el autor -que es su propia realidad, con la que muchos podrían encontrar similitudes- constituye una magnífica estampa de uno de los numerosos problemas que podría generar una opción radical como la secesión y sus variados costes. Y el coste personal, pues de eso trata el libro, de las personas, no es desdeñable.

Un Fernandes entre banderas. Ricardo Fernández Aguilà. Ediciones Península. 2014. 181 páginas. 12,95 euros.

Si queréisa saber más del autor, aquí tenéis una entrevista.

Una consulta sin fundamento y su (posible) encaje legal (III): Marc Carrillo

Sigo con esta «apasionante» serie dedicada a demostrar la gran cantidad de opiniones autorizadas que se muestran favorables a la convocatoria de un referéndum, o consulta o como se le quiera llamar, pero sometida a reglas previas o necesarias reformas que la habiliten. Hoy le toca el turno a Marc Carrillo, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universitat Pompeu Fabra.

La postura de Carrillo, como la Eliseo Aja, queda explícitamente reflejada en su voto particular al Dictamen del Consell de Garanties Estatutàries referido a la Ley de Consultas. En su voto, Carrillo defiende:

1. Opina que la Constitución admite una consulta popular referendaria que tenga por objeto evaluar el apoyo de la ciudadanía de Cataluña a una futura reforma de la Constitución en un sentido determinado, aunque siempre requeriría la autorización del Estado.

2. No obstante, reconoce que su opinión choca con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional.

3. Opina que el objeto de la consulta tiene límites, de modo tal que la consulta no podrá afectar a las competencias del Estado ni, tampoco, a aquellas materias que corresponden a una decisión previa del constituyente. Dicho de otro modo: del resultado de la consulta o referéndum -autorizado por el Estado- no se podría derivar automáticamente la independencia.

En conclusión, y pese a los obstáculos que el mismo Carrillo identifica, llegamos al mismo punto de siempre: otra opinión de categoría que aboga por el referéndum, aunque en primer lugar habría que «despejar» el camino legal que lo posibilitara.

Si examinamos las tres opiniones bajo la óptica secesionista («volem votar», etcétera), todas ellas representan el «NO» maléfico que impide el ejercicio de democracia y toda la panoplia argumental que siempre se repite. Sin embargo, lo cierto es que todos ellos defienden un SÍ, pero… que el secesionismo no quiere siquiera plantearse. Por algo será, y no solamente por el inmovilismo del Gobierno.

Continuará.

Andreu Mas-Colell: No sé qué es un Estado No Independiente

Una de las muchas cosas que irritan, sin razón, a los partidarios de la secesión es que les digas que se trata de un intento de consulta dirigida a que el resultado sea Sí-Sí. Cuando ello me es cuestionado, una de mis preguntas favoritas es que me expliquen qué significa lo de Estado No Independiente, porque cuando el Presidente de la Generalitat Artur Mas firmó el Decreto de convocatoria del referéndum encubierto, no se explicaba en ese texto. Ni él, ni nadie hasta la fecha lo ha explicado, lo cual conduce a que mi pregunta tenga, por lo general la siguiente respuesta: ”                                                  “. En blanco.

Algunos con mayor formación técnica contestan que significa Estado federal, aunque acaban reconociendo que no es en absoluto claro que sea así, ni a qué tipología de Estado federal se refiere (no existe una homogeneidad que haga idénticos a los Estados cuya forma de Estado se basa en el federalismo). O sea, que no se puede explicar qué significa la pregunta. (Por cierto,  otros, demostrando la absoluta confusión sobre la materia, citan el confederalismo. No me extenderé al respecto aquí).

Estas conversaciones o discusiones las podemos situar -a mí incluido- en nivel amateur, pero en el programa Els Matins de TV3 del jueves 23 de octubre tenían a un invitado de nivel Salón de la Fama, nada menos que el Conseller de Economía Andreu Mas-Colell. Y en el transcurso de la entrevista, que se puede ver completa aquí, dice que si le preguntan qué es un Estado No Independiente, él responde que “no lo sé“. Impagable. A continuación, el vídeo con subtítulos (activables en la parte inferior derecha con el signo CC).

Mas Colell en TV3 – No sé qué es un Estado No Independiente

Conclusión. Poco cabe añadir ante una manifestación tan clara. La pregunta es ININTELIGIBLE incluso para un economista a quien se llegó a situar con posibilidades de obtener el Premio Nobel. Aun así, por el secesionismo se defiende la consulta-referéndum-megaencuesta como la quintaesencia de la democracia. ¿A quién quieren engañar con preguntas que no tienen respuesta? Y así todo.

Lecturas: ¿Hay derecho? La quiebra del Estado de derecho y de las instituciones en España

Hay DerechoComo no todo en esta vida gira alrededor del separatismo, hoy daré un breve repaso a un libro altamente recomendable que lleva por título «¿Hay Derecho?», con un subtítulo que lo complementa e indica la temática del mismo: «La quiebra del Estado de derecho y de las instituciones en España». Bajo el seudónimo de Sansón Carrasco, reúne la firma de Elisa de la Nuez (abogado del Estado), Fernando Gomá, Ignacio Gomá, Fernando Rodríguez y Rodrigo Tena (todos ellos Notarios), fundadores y editores del blog de actualidad jurídica y política ¿Hay Derecho?.

A lo largo de dieciséis capítulos, más una introducción y un epílogo, se realiza un profundo y ameno recorrido sobre los vicios, defectos y corrupciones varias que hostigan a nuestro Estado de Derecho, principalmente a causa -aunque no solamente- de un sistema que ha favorecido -y si no, se ha modificado a conveniencia- la consolidación del control y aprovechamiento de las instituciones por los partidos políticos, en todos los ámbitos de la actividad pública. Por supuesto, estas cuatro líneas son una simplificación, pero enfatizan con claridad un grave problema que los autores identifican sin miramientos y que reconocerá cualquiera que carezca de adscripción política concreta (y aun con ella).

El enfoque eminentemente jurídico de los temas tratados, como la reforma y actualización de la Constitución (necesaria, pero no suficiente), la hiperinflación legislativa autonómica (que no sólo es culpa de las CCAA), la baja calidad legislativa, el incumplimiento de las leyes por Administraciones o entidades poderosas, la desaparición de la efectividad de los controles internos en la Administración o la independencia judicial, pudieran retraer a más de un lector. No debería.

Y eso porque los autores han prescindido de aburridas y eruditas citas legislativas o jurisprudenciales para centrarse en el núcleo de la cuestión: por qué tenemos los problemas que analizan, explicados de manera suficientemente completa como para valorar con conocimiento de causa su relato, pero sin aturdir con detalles prolijos o excesivamente técnicos. Se incide en explicar a qué se deben y cómo, en su caso, podrían remediarse. Incluso, puede sostenerse que el objetivo principal del libro es el de identificar los vicios que agrietan nuestro sistema jurídico, porque una vez se han demostrado sus causas es (relativamente) fácil establecer medidas para erradicarlos. Aunque, claro, para erradicarlos es necesaria una voluntad que los partidos políticos dominantes no han demostrado hasta la fecha, que es otro de los núcleos esenciales del problema. En este sentido, por desgracia, en el libro se repite a menudo la explicación de un patrón similar: en principio, existe una regulación adecuada y unos sistemas razonables de control, pero los políticos de turno encuentran la manera de «puentear» esos controles o de minar la voluntad y la entrega de los funcionarios, de modo que al final todo se conduce según su criterio, sin cortapisas. Y ello abona la corrupción, el despilfarro, el amiguismo, los intereses cruzados o la ineficiencia, en perjuicio, por descontado, del administrado, sin apenas responsabilidades. (Todo hay que decirlo: como vemos últimamente, más de uno está pasando por el Juzgado para explicar lo que ha hecho en los últimos años).

Una de las conclusiones que se puede extraer es la necesidad de ordenar a fondo y de modo sincero las instituciones, ya que en otro caso nos vemos abocados a la irrupción de formaciones con aires de ruptura (como Podemos) que, con todas las críticas que puedan realizarse, representan al menos una discontinuidad frente a los partidos tradicionales, sindicatos y todos aquellos instalados en el aprovechamiento de lo público, que no parecen tener mucha intención de afrontar las reformas necesarias ni desprenderse de las prebendas que ellos mismos se han creado, o de las que se han beneficiado, durante décadas. Y si no cambian, es lógico que el electorado busque alternativas.

En conclusión, se trata de un libro lúcido y necesario, expresivo de una clara conciencia ciudadana, que exige de los gobernantes -y de los aspirantes a serlo- un debate serio y unas propuestas elaboradas -no nos vale que se diga que se quiere reformar algo, para que luego no se concrete nada más allá de palabras vacías- para elevar la calidad democrática de España hasta el lugar que sus ciudadanos merecen. En este punto, el libro no se queda solamente, pues sería lo fácil, en otorgar la exclusiva de la culpa a los políticos y el entramado que los rodea: también se hace un llamamiento a que los ciudadanos, que somos los perjudicados de su actuación, actuemos en consecuencia.

¿Hay derecho? La quiebra del Estado de derecho y de las instituciones en España. Sansón Carrasco. Planeta de Libros. 304 páginas. 15,90 €.

Oriol Junqueras, Salvados y las previsiones económicas futuras de una secesión

Ayer domingo vi casi completo el programa de Salvados, en que el protagonista era el líder de ERC, Oriol Junqueras, quien explicaba y debatía sus razones secesionistas con una familia andaluza, en un ambiente de suma corrección y respeto.

En una cuestión tan compleja, quien hizo una de las preguntas clave a Junqueras fue Jordi Évole, una vez se puso en cuestión por varios de los intervinientes qué sucedería si las cosas no fueran bien económicamente, ya que habitualmente se da por supuesto por los defensores de la secesión que, en cualquier caso, siempre iría bien. En ese momento, Évole formuló la pregunta de manera explícita y planteó a Junqueras la posibilidad de que la independencia tuviera consecuencias negativas para Cataluña -en especial en el plano económico- y si, en tal caso, aun sabiéndolo, continuaría apoyando la secesión.

La respuesta de Junqueras fue significativa sobre las bases en que se sustenta la secesión: como cree que eso no pasará, se niega a contemplar dicha opción, ya que le parece implanteable. El corte concreto lo tenéis a continuación, aunque la parte entera en que se habla de esta cuestión se formula aquí, a partir del minuto 4:00 aproximadamente.

Créditos: La Sexta – Salvados

A ver: convengamos en que nadie conoce el futuro. Convendremos, pues, en que no se puede saber con seguridad si la secesión será positiva o negativa en términos económicos. Convendremos en que existe una parte de economistas (y es algo que no necesariamente tiene que quedar circunscrito a economistas) que consideran que las consecuencias serán buenas y otra parte de economistas que consideran que serán malas, cada uno con sus bases de apoyo; incluso, hay quien defiende que las previsiones de unos y otros son matizables (como sostiene Francesc Trillas en el libro Economia d’una Espanya plurinacional, al hilo de la controversia entre José Vicente Rodríguez Mora y Pol Antràs sobre las consecuencias económicas de la secesión). Convendremos, también, en que ni unos ni otros pueden asegurar su acierto y que, por lo tanto, cada uno de ellos, como hipótesis al menos, aceptará la posibilidad de que puedan errar o que se pueda modular su postura -recordemos que se «predice» el futuro-. Y eso no quita que defiendan con fuerza sus conclusiones, sosteniendo que las suyas son las correctas.

Ante ello, negarse a contemplar la opción contraria -o matizada de forma significativa- a la tuya sobre un evento futuro incierto, como sostuvo Junqueras, es poco realista y la salida fácil, diría infantil, frente a los obstáculos: se niega su posible existencia y problema solucionado. Cuando se habla de ausencia de debate, de pensamiento acrítico (aunque unir estas dos palabras es una paradoja) o de que se vende un mundo feliz me refiero a hechos como el comentado: no me gusta, no vale. Inaceptable.

Y es que los razonamientos de la secesión son de este tipo:

– Posibilidad de que las consecuencias económicas sean negativas: Imposible.

– Posibilidad de salir de la Unión Europea: Imposible.

– Posibilidad de inexistencia de doble nacionalidad: Imposible.

Y lo dejo ya, porque la lista de imposibles se alarga demasiado. ¿De verdad esperan que pueda estar de acuerdo con esta línea de pensamiento en que se niega la posibilidad de que sus predicciones no se cumplan?

Una consulta sin fundamento y su (posible) encaje legal (II): Eliseo Aja

Tras la primera entrega, con la opinión de Joaquín Tornos, acerca de la falta de encaje del referéndum de secesión y sus posibles soluciones, hoy le toca el turno a Eliseo Aja. Catedrático de Derecho Constitucional, su nombre es familiar para cualquier estudiante de Derecho, ni que sea por el libro “Constituciones y períodos constituyentes (1808-1936)“, escrita junto con Jordi Solé Tura.

Sin más dilaciones, su tesis la encontramos en el Dictamen del Consell de Garanties Estatutàries sobre la Ley de Consultas (pág.124 y siguientes). Aja se pronunció en contra de la constitucionalidad de la Ley. A la vez, realizaba una propuesta de reforma legal, o solución que, a su entender, podría dar cobertura al referéndum de secesión. Por lo tanto, no es contrario al referéndum en sí, sino al modo en que se pretende llevar a cabo. Y entiende que los mecanismos a través de los que se podría alcanzar sería:

1. En primer lugar, propone una reforma (actualización, en los términos por él expresados) de la Ley Orgánica 18/1980, de referéndums, mediante la cual se precisaran términos y modalidades. En términos generales, igual que Joaquín Tornos.

2. La aprobación de la Ley Electoral catalana, que tras 35 años desde la aprobación del Estatuto de 1979 no ha llegado a ser promulgada, por razones de exclusiva responsabilidad del legislador catalán. Con esta Ley se podría establecer reglas específicas para referéndums, variaciones del cuerpo electoral o las garantías del proceso.

En consecuencia, estima que tanto el Estado como la Generalitat -responsabilidad de ambos- deberían aprobar o reformar las leyes necesarias para facilitar un marco jurídico adecuado.

Como en el caso de Tornos: ¿Han oído a secesionistas plantear o admitir alguno de estos marcos? No. Por descontado. La razón principal es que admitirlos implica llevar a cabo unos esfuerzos -políticos, de negociación, jurídicos, de explicación y argumentación- muy superiores a los del “Volem votar“.

Sobre la «consulta» y sus garantías

Sobre el referéndum de secesión he escrito algunas cosas: unas mejores y otras no tanto. También he leído bastante: algunos artículos mejores, otros no tanto.

Incluso, seguro que todos recordaremos los motivos por los que Joaquim Brugué dimitió de la Comisión de Control de la «consulta», en especial la ausencia de garantías democráticas.

A ello se le suma el artículo que publica hoy EL PAÍS, firmado por Xavier Pons Ràfols, Catedrático de Derecho Internacional, titulado «Las exigencias internacionales y la consulta». Su lectura es imprescindible, ya que mejor no se puede explicar.

Una consulta sin fundamento y su (posible) encaje legal (I): Joaquín Tornos Mas

Una de las censuras habituales frente a la pretensión de consulta secesionista es su falta de encaje legal. Otra, la ausencia de reglas predefinidas. Y aun otra, la falta de honestidad. Hay quien sostiene las tres a la vez, o quien sostiene sólo alguna de ellas.

En esta serie que ahora inicio, que no sé cuántos capítulos llevará, ni cuándo la acabaré, ni su completo contenido, comentaré algo de lo que los secesionistas no quieren oír hablar ni en pintura: la forma de hallar un encaje legal, quizás hasta con propuesta de reglas, que permita un referéndum con el objetivo de la secesión. Por supuesto, me refiero a la gran cantidad de voces que defienden la posibilidad de encajar el referéndum secesionista en la Constitución, sin necesidad de instar una previa reforma constitucional por la vía agravada, o con ella del modo que en particular cada autor defiende, mas en general con la idea de que pueda celebrarse en algún momento. De una forma u otra, su postura pasa por reformas legales o por vías distintas a las utilizadas por la Generalitat de Cataluña o el Parlamento. Se quiera o no, guste o no, numerosos juristas de prestigio aceptan la posibilidad de llevar a cabo un referéndum de secesión, aunque también indican que es preciso acometer reformas que permitan ese referéndum dentro de la Constitución. [A estas alturas, y dado el cariz que ha tomado todo, me temo que ya da lo mismo lo que opinen unos u otros. Aun así, supongo que con paciencia acabaré teniendo una bonita galería de opiniones bien fundadas.]

Por los partidarios de la secesión todo se reduce a “la voluntad del pueblo”, “queremos votar” y eslóganes muy efectistas, pero que nada tienen que ver con el Estado de Derecho ni el encaje real y de verdad de esa «consulta». Se niegan a cualquier solución que no sea la suya -que es votar y punto, pese a las múltiples contradicciones y objeciones que encierra esa fórmula tan simple-, y esta es, también, una de las razones por las que el monotema a día de hoy está encallado. Es muy sencillo, y también da fáciles beneficios, echarle la culpa al inmovilismo de “Madrit”, como forma de ocultar los propios errores procedimentales -y de garantías- al plantear la pretensión secesionista.

En cuanto a mi posición concreta, rastreable a través de los diversos artículos que he escrito hasta la fecha, la dejaré para el final de la serie. Ahora mismo, lo que me interesa destacar es que una enorme cantidad de voces autorizadísimas han quedado silenciadas porque al secesionismo el debate no le interesa: o le das la razón, o no la tienes. Y como no la tienes, te silencio o no te hago caso, aunque te llames Tornos, Carrillo, Aja, Arbós y otros que iremos viendo en las próximas semanas.

Dejo todas estas consideraciones y paso al primer capítulo, que protagoniza Joaquín Tornos Mas, abogado y Catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de Barcelona. Es el primero porque hace unos días lo entrevistó Josep Cuní en su programa 8aldia y me hizo recordar esta idea que había dejado aparcada y ahora desarrollo. Sigue leyendo Una consulta sin fundamento y su (posible) encaje legal (I): Joaquín Tornos Mas

Vicent Sanchis, la llibertat d’expressió i la cita falsa

Fins i tot a mi em sorprèn que encara no hagi aparegut Vicent Sanchis en aquest bloc. Si no el coneixeu, és un opinador rotund, ferm, habitualment amb un to desagradable en la defensa de les seves tesis i algun altre adjectiu que no ve al cas. Tampoc és tan estrany perquè només de tant en tant comento les opinions d’altres i, això s’ha de reconèixer, no es dedica difondre informació falsa, malgrat sovint la comenti de manera molt discutible i esbiaixada. És la seva opinió.

Però precisament, avui comentaré aquesta opinió, com a exemple del que passa amb la llibertat d’expressió a Catalunya: l’opinió discrepant o no favorable a la secessió rep d’immediat una allau de censures i desqualificacions. No, no parlo de Twitter i els maleducats que s’emparen en l’anonimat o en la seva irrellevància personal per insultar. Parlo de persones que tenen projecció pública, més o menys influent, com ara Vicent Sanchis, que és una firma habitual en els mitjans de comunicació, com RAC1, TV3 o El Punt Avui, a més d’altres participacions directes en entitats rellevants, com ara Òmnium Cultural.

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Una consulta poc democràtica

Oblidem per un moment els múltiples motius pels quals no es pot celebrar la consulta, el primer d’ells perquè es tracta d’un referèndum encobert. Oblidem també els múltiples subterfugis amb què se li pretén donar cobertura i cenyim-nos al contingut material del Decret de convocatòria de la consulta. Malgrat que els promotors de la consulta no fan més que repetir la paraula democràcia, una breu anàlisi demostrarà que democràtica no és la paraula que millor lliga amb consulta:

1. Què és un Estat no independent? Aquesta interrogació ha estat recurrent des del mateix moment en què es va anunciar per Artur Mas la doble pregunta. Els més entregats a la causa repetien que, tot i que pogués ser cert que pecava d’indefinició, això quedaria resolt en el Decret de convocatòria. Per descomptat, brilla per la seva absència l’explicació del significat d’Estat no independent, la qual cosa suposa una crida a votar quelcom d’inconcret. El Decret de convocatòria i els seus annexos són la «Llei» de la consulta, de manera que el concepte no pot quedar al lliure arbitri de tercers, que és el que aquí succeeix. En cas de victòria del SI-NO, ningú podria interpretar amb exactitud el que significa, sinó que cadascú tindria la seva pròpia versió, ja que no es donen orientacions del tipus d’implementació que tindria aquesta opció. Poc democràtic.

2. Qui guanya la votació? Tots recordem també que una altra de les qüestions a resoldre era la manera en què es formularia el còmput de vots. Com es concreta l’opció guanyadora queda en el complet oblit: sí que es determina que en la publicació de resultats s’indicarà el nombre de vots obtingut per cada opció, inclòs el vot en blanc, i el nombre de vots vàlids i nuls, però no s’indica en la convocatòria com s’arriba a la conclusió sobre quina és l’opció guanyadora i, per tant, el tipus de mandat (no ens enganyem, no es demana l’opinió, i això de consultiu és poc menys que una entelèquia en aquest cas) que s’ha expressat en la votació. Poc democràtic.
L’article 8 de la Llei de Consultes diu que els poders públics que l’han convocat s’han de pronunciar sobre la incidència del resultat en l’actuació pública sotmesa a consulta en el termini de dos mesos a partir de la seva celebració. És a dir, que el Govern de la Generalitat pot fer el que prefereixi: si l’opció més votada té un quaranta per cent de suport, pot considerar que s’ha d’actuar en funció d’aquest resultat, encara que ni tan sols compti amb majoria absoluta. En qualsevol cas, la convocatòria no ho aclareix. De manera més completa, l’absència de sistema electoral ja ha estat analitzada per José Fernández-Albertos.

3. Els estrangers també decideixen el futur polític de Catalunya? Seguim aquí el raonament principal en què es fonamenta la consulta: es demana l’opinió (encara que tots sabem que en realitat es tracta d’una participació política encoberta) per implementar un resultat polític, la independència, en el cas que aquesta fos l’opció guanyadora. Crida l’atenció que, per decidir sobre qüestions de sobirania, s’atorgui dret a vot a qui no tindria -almenys, a priori- dret a la nacionalitat catalana en el moment de crear-se un hipotètic nou Estat. A més, els estrangers no poden votar en eleccions generals ni autonòmiques -sí a les municipals en cas de ciutadans comunitaris o si hi Acord de reciprocitat-, pel que és sorprenent que se li atorgui l’oportunitat de votar sobre el futur polític de Catalunya – encara que s’ hagi de sol·licitar específicament- a qui no té dret a fer-ho per les vies legals: ni més ni menys que se li atorga vot per iniciar una reforma constitucional d’Espanya a qui amb tota probabilitat en el cas d’una secessió de Catalunya no podria votar la seva Constitució. En aquest cas, no és que sigui poc democràtic, és que es tracta d’una altra de les vestidures del frau en què consisteix la consulta. Per cert, en el substancial, aquesta qüestió va ser comentada per persones tan poc sospitoses d’oposar-se a la consulta com Vicent Partal o Carles Boix.

4. Una campanya de quaranta-dos dies per decidir la independència? Si la campanya s’inicia el diumenge 28 setembre i finalitza (això és pura teoria) a les zero hores del nou de novembre, la campanya informativa es desenvoluparia en tan sols quaranta-dos dies. La Llei de Consultes diu que la votació s’ha de celebrar entre els trenta i els seixanta dies naturals a partir de l’endemà de la publicació del decret de convocatòria. Una qüestió tan important com decidir el futur polític de Catalunya, un creu que almenys hauria de merèixer el termini màxim, però segons sembla deu ser que el resultat és ja molt clar i la fase d’informació, innecessària. Amb això queda clara la baixa qualitat de la democràcia deliberativa i participativa a la qual s’apel·la, doncs ni tan sols es molesten a aparentar un interès en què hi hagi discussió argumental entre les diverses posicions que caben en el marc teòric de la consulta. Poc democràtic.

De manera breu, s’han esbossat diverses de les objeccions que se li poden oposar a la convocatòria del referèndum encobert, al marge fins i tot de les qüestions constitucionals i legals que impedeixen la seva celebració. Seria bo que els que s’arroguen l’exclusivitat de la legitimitat democràtica fossin capaços de donar una resposta honrada, encara que potser no és possible, a quatre interrogants per a aquesta consulta plantejada de manera tan poc democràtica.